Jueves 1 de Octubre de 2026 - 11:12:20 pm

Agustín Pasqualini: “El reloj biológico sigue siendo el mismo, por más que socialmente uno es distinto”

Salud septiembre 30, 2026

El especialista habló sobre fertilidad, edad reproductiva, congelamiento de óvulos y la importancia de tomar decisiones con información.

La edad en la que las mujeres deciden buscar un embarazo cambió y, con ella, también cambiaron las consultas en los centros de medicina reproductiva. El Dr. Agustín Pasqualini, especialista en medicina reproductiva y presidente de la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (SAMeR), pasó por el programa de Marina Alperín y analizó una realidad que atraviesa a muchas familias: la maternidad y la paternidad se postergan, mientras la biología mantiene sus propios tiempos. Su actividad al frente de SAMeR también aparece reflejada en la agenda científica de la institución durante 2026.

“Sí, nosotros es algo que venimos viendo hace unos años: que las mujeres empiezan a buscar embarazo más tarde, eso es una realidad”, explicó Pasqualini al comenzar la conversación. El especialista señaló que esa modificación social también se observa en las edades de quienes llegan a los centros de fertilidad. “Estamos viendo que también la franja de 45 a 50 años ha aumentado en cuanto a cantidad de tratamientos y de búsqueda de embarazo”, sostuvo.

La postergación de la maternidad plantea, de acuerdo con el especialista, una contradicción entre los cambios culturales y los tiempos biológicos. “Hoy sabemos, y por eso tratamos de difundirlo siempre, que el reloj biológico sigue siendo el mismo, por más que socialmente uno es distinto”, afirmó. Y agregó una frase que resume uno de los principales desafíos de la medicina reproductiva contemporánea: “Los 50 de hoy probablemente sean los 20, los 30 de hace bastante unos años, y no hace tantos años en realidad. El reloj biológico sigue siendo el mismo”.

Para Pasqualini, el período de mayor potencial reproductivo femenino tampoco se modificó con los cambios sociales. “El momento reproductivo, el pico de la reproducción en la mujer es de 30 a 35 años. Y eso sigue siendo lo mismo”, explicó.

La cuestión adquiere una dimensión todavía mayor cuando se la vincula con la caída de la natalidad. El especialista señaló que se trata de un fenómeno que se observa en distintas partes del mundo y que también comenzó a tener un impacto significativo en Argentina. “La gente busca menos embarazos, las familias son más chicas”, describió. Según explicó, ambos fenómenos están relacionados: “Al empezar a buscar más tardíamente tienen menos chances de embarazo, incluso espontáneo, y después las familias terminan siendo más chicas”.

Durante la entrevista también se habló de cómo cambió el promedio de hijos. Pasqualini explicó que “antes el promedio de hijos era 3,5 y hoy estamos en menos de 2”. En ese sentido, sostuvo que la natalidad se encuentra “en 1,8, por debajo del reemplazo poblacional”.

El fenómeno, sin embargo, no se manifiesta exactamente de la misma manera en todos los sectores sociales y regiones del país. “Esto empezó a pasar en el primer mundo, países más desarrollados, pero esto lo vemos más en la franja media, quizás el poder adquisitivo mayor. Ahí es donde cae más”, explicó. Según su observación, en el norte argentino la caída puede ser algo menor, aunque el descenso se registra en todo el territorio. “Quizás el poder adquisitivo más elevado, de medio para elevado, es donde más se nota profundamente, pero también está bajando en otros sectores”, señaló.

En medio de ese escenario existe, sin embargo, un dato que el médico considera positivo: la disminución de los embarazos adolescentes y de los embarazos no deseados. “Algo importante es que quizás lo que se nota también, que ese es un punto bueno, es que disminuyó el embarazo en adolescentes, el embarazo no deseado en adolescentes”, destacó. Al ser consultado por las razones, vinculó esa evolución con “la anticoncepción, prevención, las campañas que se han hecho”.

Pero ¿por qué se posterga la maternidad? Para Pasqualini no existe una única explicación. “Creo que es multifactorial”, respondió. Entre los factores mencionó especialmente “la inserción laboral de la mujer y prioridades”, aunque aclaró que la edad también afecta la reproducción masculina, aunque de una manera diferente.

“El hombre se ve afectado, la reproducción del hombre se ve afectada por la edad también, pero a distinto nivel que la mujer”, explicó. En el caso masculino, detalló, pueden producirse modificaciones en parámetros del espermograma, como la cantidad y la movilidad de los espermatozoides. Sin embargo, remarcó que el impacto no es idéntico al que tiene la edad sobre el óvulo. “Las chances de embarazo puntualmente están dadas por la edad del óvulo, no por la edad del espermatozoide. Entonces, el impacto es distinto”, afirmó.

Para el especialista, hablar de estos cambios no significa responsabilizar a las mujeres por la postergación de la maternidad. “No es que sea culpa de la mujer, es simplemente cambios sociales, cambios culturales que se van dando, y creo que ahí nuestro rol es informar”, sostuvo.

La conversación también abordó una situación cada vez más habitual: jóvenes que manifiestan a edades tempranas que no desean tener hijos. Pasqualini consideró que es una decisión que debe ser respetada, pero planteó la importancia de que quienes toman esa decisión conozcan también cómo funciona su fertilidad. “Vemos muchos jóvenes que de pronto deciden no maternar o no paternar. Ya a 18, 20 años dicen: ‘No, yo no voy a ser madre’, está perfecto”, afirmó. Sin embargo, agregó que muchas veces “lo que vemos nosotros después es que es maternidad tardía, no es que nunca iban a ser madres”.

En ese punto aparece uno de los conceptos que el médico considera centrales: la planificación reproductiva. No necesariamente como una obligación de tener hijos, sino como una herramienta para conocer las posibilidades y tomar decisiones informadas.

“Básicamente a donde apuntamos es a que reciban información, que saquen consulta con un especialista, un ginecólogo especializado en medicina reproductiva, fertilidad, y que reciban un asesoramiento”, explicó.

Ese asesoramiento puede incluir la evaluación de la reserva ovárica y de determinados antecedentes médicos. Pasqualini mencionó específicamente la endometriosis y llamó la atención sobre un síntoma que muchas mujeres pueden naturalizar: el dolor menstrual. “Nosotros siempre trabajamos mucho en que el dolor menstrual no es normal, porque eso indirectamente nos puede estar hablando de que puede haber una endometriosis”, afirmó.

Por eso insistió en que consultar no implica necesariamente comenzar un tratamiento. “Después uno verá si se quiere hacer algún estudio o no, pero me parece que lo fundamental es tomar decisiones con información y empezar a hablar un poco de lo que es la planificación reproductiva”, sostuvo.

La planificación reproductiva también supone pensar qué se quiere hacer con la propia capacidad reproductiva y cómo cuidarla. “Hoy por hoy sabemos que los hábitos saludables tienen que ir a la cabeza: la actividad física, el buen dormir. Bueno, un montón de cosas que uno puede hacer para cuidarse hacia futuro”, señaló.

Uno de los temas que más preguntas genera es la posibilidad de congelar óvulos. Pasqualini fue claro al explicar que no se trata de una indicación universal ni de una obligación para todas las mujeres. “La posibilidad de congelar óvulos existe. Entonces, al momento de existir, no es para todo el mundo, no todo el mundo la tiene que hacer, pero sí es importante que la gente sepa que existe esa posibilidad”, afirmó.

El objetivo, según explicó, es que cada mujer pueda evaluar su situación personal y decidir con información. “Es simplemente quedarse tranquilo de que recibió la información y ya está”, resumió.

La edad también aparece como un factor relevante una vez que el embarazo finalmente se produce. Pasqualini explicó que los riesgos obstétricos aumentan con la edad, especialmente después de los 40 años, aunque aclaró que eso no significa que un embarazo a esa edad necesariamente vaya a presentar complicaciones.

“A partir de los 40 años el riesgo empieza a aumentar, independientemente cómo se logre el embarazo”, explicó. También hizo una aclaración importante respecto de los tratamientos de fertilidad: “Los tratamientos de fertilidad no imponen riesgo más aumentado que la naturaleza”.

El especialista remarcó que “la mayoría de los embarazos siguen siendo normales” y que un embarazo después de los 40 no constituye automáticamente una contraindicación. Sin embargo, comparativamente con edades más tempranas, “es más riesgoso”.

A partir de los 50 años, según explicó, la situación adquiere otra dimensión porque los riesgos aumentan de manera considerable. “Siempre se habla de los embarazos hasta los 50 años porque ahí es donde empieza exponencialmente a aumentar los riesgos para la madre y para el bebé”, sostuvo.

En Argentina, además, existe una particularidad relacionada con la cobertura de los tratamientos de fertilidad. Pasqualini señaló que la normativa de cobertura de fertilización asistida contempla los tratamientos de ovodonación hasta determinada edad, aunque aclaró que esto no equivale necesariamente a una prohibición absoluta de realizar tratamientos después de ese límite.

“Nosotros en Argentina tenemos una ley de cobertura de fertilización asistida que hace que los tratamientos de ovodonación se cubran hasta los 51”, explicó. Y remarcó: “No es una reglamentación de no hacer tratamientos a partir de los 51”.

La evaluación médica, por lo tanto, debe contemplar múltiples variables. “El riesgo obstétrico es inherente a la edad”, afirmó, aunque también mencionó otros factores que pueden aumentar los riesgos, como el sobrepeso, la obesidad, la hipertensión o determinados antecedentes obstétricos.

La entrevista ingresó luego en uno de los temas más complejos de la reproducción asistida: la gestación por sustitución. Frente a la consulta sobre el llamado “alquiler de vientre”, Pasqualini planteó que no alcanza con considerar únicamente a quien llevará adelante la gestación.

“Cuando uno hace gestación por sustitución tiene que darle bolilla a la edad de los padres”, explicó. Se trata de los llamados padres comitentes, es decir, quienes serán los responsables del proyecto parental aunque no sean quienes gesten.

Para el médico, la edad de esas personas también debe ser contemplada porque hay que pensar en el niño por nacer y en el futuro de esa familia. “Tampoco es cuestión de que dos personas de 70 años hagan un tratamiento de gestación por sustitución”, sostuvo. Y aclaró que no se presenta como juez de esa situación, sino como profesional que considera necesario incorporar esa dimensión al análisis.

La cuestión ética atraviesa de manera transversal a la medicina reproductiva. Pasqualini recordó que durante un tiempo se llegó a hablar de una edad máxima conjunta para los integrantes de una pareja. “En un momento se decía que los dos padres no sumen más de 100 años”, relató. Más allá de esa referencia histórica, destacó que la discusión actual requiere contemplar diferentes dimensiones médicas, legales y éticas.

“Obviamente nuestra especialidad está atravesada transversalmente por un montón de cuestiones éticas respecto de la generación de los gametos en general, espermatozoide y óvulo, pero sí lo que son los embriones, los tratamientos”, explicó.

En ese recorrido por la historia de la reproducción asistida, Pasqualini recordó la visita a la Argentina de Louise Brown, reconocida como la primera persona nacida mediante fertilización in vitro. Durante el XXII Congreso Argentino de Medicina Reproductiva de 2026, que tuvo a Pasqualini como presidente, se realizó precisamente un reconocimiento a Brown.

“Ella obviamente cuenta la historia de los padres”, explicó el médico. Y recordó a los investigadores Robert Edwards y Patrick Steptoe, responsables del desarrollo de aquella técnica que transformaría para siempre la medicina reproductiva.

“Recién el embarazo de Louise Brown vino después de 10 años de investigaciones de ellos. Primero investigación en animales y después tratamientos en mujeres”, relató. El especialista puso el acento en el tiempo que llevó transformar una hipótesis científica en una práctica médica reproducible. “No es que de un día para el otro salieron los tratamientos”, afirmó.

La historia de aquellos pioneros también sirve para comprender cuánto cambió una especialidad que en sus comienzos despertaba enormes cuestionamientos. Pasqualini recordó que quienes trabajaban en fertilización in vitro llegaron a ser llamados “los Frankenstein de la medicina” y atravesaron fuertes resistencias dentro del ámbito médico.

Con el paso de las décadas, aquella práctica experimental se convirtió en una disciplina médica altamente especializada y multidisciplinaria. Y justamente allí apareció otro de los puntos centrales de la conversación: quiénes integran actualmente un equipo de medicina reproductiva.

“Nosotros somos como un director de orquesta”, explicó Pasqualini. La comparación no es casual. La medicina reproductiva requiere la intervención coordinada de diferentes profesionales. “Hoy por hoy sí es una de las especialidades más multidisciplinarias que hay”, sostuvo.

El especialista mencionó a andrólogos, genetistas, psicólogos, enfermeros y embriólogos, entre otros profesionales. “Nosotros somos como la cara visible de alguna manera, pero después están andrólogos, genetistas, psicólogos, enfermera, bueno, los embriólogos obviamente que llevan toda la parte del backstage de lo que se hace en el laboratorio y son tan o más importantes que nosotros”, explicó.

El trabajo conjunto, agregó, es indispensable porque la cantidad de información que debe recibir una persona que atraviesa un tratamiento de fertilidad es enorme. “Un paciente informado y un paciente tranquilo, acompañado, es lo mejor que nos puede pasar”, afirmó.

La necesidad de acompañamiento adquiere especial importancia porque los tratamientos no siempre producen un embarazo en el primer intento. “Que se quede embarazada en el primer intento es lo menos frecuente”, explicó. Por eso consideró necesario preparar a las personas para un proceso que puede requerir más de una instancia.

“Uno tiene que estar preparado para este camino, recorrerlo varias veces”, sostuvo. Y volvió a insistir en una idea que atravesó toda la entrevista: “Un paciente informado y acompañado es lo mejor”.

En relación con el momento adecuado para consultar, Pasqualini aportó criterios concretos. “Una pareja que busca embarazo por más de 12 meses y la mujer tiene más de 35 años, ahí es la situación ideal para ya empezar a consultar. Y si la mujer tiene menos de 35 años, con seis meses de búsqueda, ya empezar a buscar”, explicó.

La evaluación, además, debe involucrar a ambos integrantes de la pareja. “Edad de la mujer y tiempo de búsqueda, es eso. Es el criterio para decir: ‘Bueno, aunque sea una primera consulta de asesoramiento’”, sostuvo.

Pasqualini destacó que las causas de infertilidad pueden estar vinculadas tanto con factores femeninos como masculinos y mixtos. “Es un tercio mujer, un tercio hombre, un tercio mixta”, explicó. Por ese motivo, su propuesta es estudiar a ambos al mismo tiempo y evitar demoras innecesarias.

Pero no todas las personas que llegan a un centro de reproducción asistida lo hacen desde el mismo lugar emocional. El especialista diferenció entre las parejas que llegan después de un largo recorrido de frustraciones y quienes necesitan las técnicas de reproducción asistida como primera alternativa para concretar su proyecto familiar.

“Tenemos la pareja que llega a la consulta desgastada, con la frustración de haber buscado, intentado y no pueden, y recurren como manotazo a las técnicas de reproducción”, describió. En paralelo, explicó que existe “una población enorme, que cada vez es más, que necesita de las técnicas, pero que las técnicas son su solución y vienen contentos a la consulta”.

En los últimos años también se modificó el perfil de quienes consultan. “Cada vez se ven un poco más mujeres en proyectos monoparentales y mujeres en pareja de mujeres”, señaló. “La verdad que se ve bastante y cada vez con más frecuencia”, agregó.

Para Pasqualini, esa diversidad de proyectos familiares forma parte de la transformación que vive la medicina reproductiva y obliga a los profesionales a acompañar realidades diferentes.

Finalmente, el especialista explicó cómo identificar a profesionales y centros especializados. Señaló que SAMeR trabaja en la certificación profesional y en la acreditación de centros. “La sociedad tiene dos pilares importantes, que uno es la certificación profesional”, explicó.

Según detalló, los profesionales pueden validar sus conocimientos y trayectoria mediante los mecanismos de certificación y recertificación de la sociedad. La propia SAMeR informa actualmente su actividad institucional y científica, con Pasqualini como presidente durante el período 2025-2026.

Además, destacó el sistema de acreditación de centros. “Son centros que se voluntariamente se postulan para ser auditados”, explicó. Esos procesos incluyen evaluaciones externas y criterios destinados a revisar cómo funcionan las instituciones y los procedimientos que aplican.

Para quienes necesitan iniciar una búsqueda, Pasqualini recomendó consultar la información disponible en la página de SAMeR, donde se pueden encontrar profesionales y centros acreditados.

La conversación terminó con una idea que atravesó prácticamente todos los temas abordados: frente a las transformaciones sociales, los avances tecnológicos y las nuevas posibilidades de la reproducción asistida, la información sigue siendo una herramienta fundamental.

La maternidad puede postergarse, los modelos familiares pueden transformarse y la ciencia puede ofrecer alternativas que décadas atrás parecían imposibles. Pero, para el especialista, ninguna de esas posibilidades debería reemplazar la consulta, el asesoramiento y la toma de decisiones conscientes.

“Me parece que lo fundamental es tomar decisiones con información”, resumió Pasqualini. Una frase que sintetiza el desafío de una especialidad que trabaja en la frontera entre la ciencia, los deseos personales, los cambios culturales y las preguntas éticas que aparecen cuando la medicina permite ampliar las posibilidades de construir un proyecto familiar.

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