Alejandro Giles y Merceditas Elordi: “Todos necesitamos segundas oportunidades”
Teatro abril 15, 2026Los artistas pasaron por “Mañana te cuento” y hablaron sobre Memorias de un crepúsculo, la obra que protagonizan y dirigen en el complejo Ítaca, donde el amor pendiente, el paso del tiempo y los reencuentros se convierten en una experiencia profundamente conmovedora.
Alejandro Giles y Merceditas Elordi visitaron “Mañana te cuento” para presentar la segunda temporada de Memorias de un crepúsculo, la obra que puede verse los jueves a las 20 en el complejo Ítaca, en Almagro. En una charla íntima y atravesada por la emoción, ambos artistas reflexionaron sobre el amor, los recuerdos, las segundas oportunidades y el presente del teatro independiente, dejando una definición que resumió el corazón de la propuesta: “Todos necesitamos segundas oportunidades”.
En el inicio de la entrevista, Alejandro Giles celebró la continuidad del espectáculo y expresó la alegría de seguir compartiendo una obra que, según contó, aman profundamente. El actor y director destacó que se trata de una experiencia ágil, sensible y cercana al público, mientras Merceditas Elordi subrayó el encanto del espacio teatral en plena zona de Almagro, ideal para cortar la semana con una salida diferente.
Al presentar la trama, la directora explicó que la pieza está basada en un texto del autor norteamericano Stephen Belber, adaptado a una geografía emocional más cercana al público argentino. La historia se instala en el reencuentro de dos personas que, tras 26 años, vuelven a verse con el peso de un recuerdo que nunca dejó de latir. “Toda la vida fantasearon con esa segunda oportunidad”, explicó la entrevistada, dejando entrever que ese deseo acumulado es el gran motor dramático de la obra.
El entrevistado retomó esa idea y la llevó al terreno más humano, al hablar de cómo el paso del tiempo nos devuelve constantemente a escenas del pasado. Recordó incluso una experiencia con la gran actriz María Concepción César, quien en plena labor teatral evocó recuerdos de su infancia en Flores. A partir de allí, Giles sostuvo que con los años “el pasado se hace cada vez más presente”, una sensación que conecta de manera directa con el universo de Memorias de un crepúsculo.
La actriz agregó que la obra trabaja justamente con esa lógica del recuerdo que vuelve una y otra vez. “Los personajes cuentan a través de la memoria”, dijo, y remarcó que en escena esos momentos son recreados con una fuerte carga sensorial. Olores, espacios, veranos, silencios y confesiones reaparecen como piezas de un rompecabezas emocional que el espectador completa desde su propia experiencia.
A lo largo de la conversación, ambos coincidieron en que la recepción del público es profundamente identificatoria. Según relató la directora, cada espectador encuentra un punto de conexión distinto con la historia: un amor de verano, una persona del pasado, una decisión que pudo haber cambiado la vida o esa sensación universal de preguntarse qué habría pasado si. “En algún punto siempre interpela”, remarcó.
En uno de los tramos más cálidos de la charla, la obra fue definida como una invitación a reencontrarse con esos amores platónicos, esos romances estivales o esas personas que dejaron huella sin siquiera saberlo. Elordi contó que la adaptación sitúa la acción en Miramar, donde un chico de pueblo y una joven de San Isidro se conocen en la infancia durante unas vacaciones. Ese paisaje, tan reconocible para el público argentino, hace que la identificación sea inmediata.
“¿A quién no le pasó enamorarse en un verano?”, deslizó Alejandro Giles, entre la nostalgia y la sonrisa, reforzando la idea de que la obra se mete en fibras profundamente cotidianas. Esa cercanía emocional es, justamente, uno de los grandes logros del espectáculo.
Sobre las emociones que atraviesan la puesta, el actor no dudó: “Tiene todas”. Explicó que la obra combina humor, agilidad, nostalgia, felicidad, angustia y deseo, en una construcción que evita caer en el melodrama. Según remarcó, la dirección de Merceditas Elordi fue clave para sostener ese delicado equilibrio entre profundidad dramática y ligereza narrativa.
La entrevistada coincidió con esa mirada y aseguró que tanto desde la dirección como desde la actuación decidieron confiar en la inteligencia del espectador. “Es el público el que termina de armar la obra”, sostuvo, defendiendo una puesta que no subraya emociones de manera excesiva y deja espacio para que cada uno complete sentidos desde su propia historia.
Ese punto se refleja también en la famosa confesión que, según adelantaron sin spoilear, cambia por completo el rumbo de la trama. Ambos coincidieron en que ese giro deja la obra “resonando” mucho después de terminada la función. De hecho, contaron que muchos espectadores salen del teatro con ganas de seguir conversando la historia durante la cena o mientras toman algo.
La frase que mejor resumió ese efecto fue la de Merceditas Elordi, quien recuperó una idea de Mauricio Kartún para explicar lo que sucede con la obra: queda “sobrevolando la milanesa después”. Esa permanencia emocional en la conversación posterior es, quizás, la mejor señal del impacto que genera.
En otro pasaje muy rico de la entrevista, el diálogo se corrió hacia el teatro argentino y su identidad. Alejandro Giles, con experiencia internacional, elogió especialmente la espontaneidad y la vida escénica de los intérpretes locales. “Amo a los actores nuestros”, dijo, destacando la agilidad expresiva que distingue al teatro argentino frente a otras tradiciones más estructuradas.
La charla también se abrió al presente del teatro independiente, un terreno que ambos conocen profundamente. Allí, la directora fue contundente al describir la situación actual: “Ahora es más independiente que nunca”. Señaló que, pese al esfuerzo económico y humano que implica montar una obra, el circuito sigue vivo y hasta más potente en tiempos de crisis.
El entrevistado sumó una reflexión muy potente sobre cómo, en los momentos sociales más complejos, el teatro se transforma en una forma de supervivencia emocional. Recordó que durante la crisis de 2001 recibió cientos de llamados de personas que querían estudiar actuación, no como terapia sino como una vía de autoconocimiento y encuentro con uno mismo.
En ese sentido, ambos artistas defendieron la creación artística como un refugio frente a un contexto hostil. Elordi explicó que estar ensayando, actuando o gestionando proyectos conecta con otra realidad, una más luminosa, más propia, más vital. “El teatro es presente”, sintetizó, en una de las frases más bellas del reportaje.
Ya sobre el final, la conversación derivó naturalmente hacia el paso del tiempo y la madurez. Allí, Merceditas dejó una confesión profundamente luminosa: “Siento que este es mi mejor momento”. La actriz y directora reivindicó el presente como el lugar donde se construye la verdadera plenitud, lejos de la nostalgia idealizada del pasado.
Giles, por su parte, acompañó esa idea desde otra perspectiva, al sostener que ya no se permite quedarse demasiado tiempo en aquello que genera sufrimiento. “Quiero aprovechar la vida”, expresó, ligando esa decisión vital con el espíritu mismo de la obra.
El cierre de la entrevista volvió al centro emocional de Memorias de un crepúsculo: el amor, el error, la posibilidad del perdón y la necesidad humana de volver a intentar. Allí, Alejandro Giles dejó la frase que resume no solo la obra, sino también la fibra íntima que conecta con el público: “Todos necesitamos segundas oportunidades”.
Con una puesta sensible, cercana y profundamente humana, la obra se consolida como una de esas experiencias teatrales que conmueven, hacen pensar y dejan al espectador con una pregunta latiendo mucho después de bajar el telón.
Escuchá “Mañana te cuento” todos los Martes 18 hs. por Zonica +