Alfredo Suhring: “Zivals no es solo un negocio: es parte de la historia de nuestra música y de nuestra cultura”
Interes General octubre 22, 2026El responsable de la histórica librería y disquería cuestionó la posible expropiación del local para construir una estación de la futura Línea F del subte.
La esquina de Corrientes y Callao guarda una parte fundamental de la memoria cultural de Buenos Aires. Allí, desde hace 55 años, funciona Zivals, una librería y disquería que trascendió el carácter comercial para convertirse en un punto de encuentro de generaciones de lectores, melómanos, artistas y visitantes. La posibilidad de que el tradicional establecimiento sea expropiado para construir una estación de la futura Línea F del subte porteño encendió las alarmas entre sus responsables, sus clientes y buena parte del mundo de la cultura. En diálogo con Prensa Aseguradora, por Radio Zónica, Alfredo Suhring, responsable del local, explicó cómo atraviesan este momento, describió el respaldo que reciben de la sociedad y sostuvo que la discusión va mucho más allá de una compensación económica: lo que está en juego es la continuidad de un espacio que forma parte de la identidad de la ciudad.
“Actualmente, en realidad, no hay mucha novedad. Al parecer, y por lo que se ve en las redes, están avanzando con este proyecto. Nosotros, básicamente, lo que estamos tratando de hacer es impedir que se llegue a votar esto, que nos parece desde ya descabellado, mínimamente”, expresó Suhringal comienzo de la entrevista, al ser consultado por el estado de las negociaciones y las posibilidades de frenar la iniciativa.
La preocupación de los responsables de Zivals se vincula con el proyecto que contempla la expropiación del inmueble para avanzar con la construcción de una estación de la futura Línea F del subte. La propuesta abrió una discusión que excede la planificación del transporte público y plantea un interrogante sobre la convivencia entre las grandes obras de infraestructura y la preservación de los espacios que construyeron una identidad cultural a lo largo de décadas.
La reacción de la comunidad fue inmediata. En las redes sociales comenzaron a circular mensajes de apoyo, pedidos de firmas, convocatorias para acercarse al local y expresiones de solidaridad de músicos y artistas. La campaña para defender la permanencia de Zivals en su histórica ubicación encontró eco entre quienes consideran que la posible desaparición del establecimiento significaría una pérdida para el patrimonio porteño.
Consultado sobre el alcance de esas manifestaciones, Szuring reconoció que uno de los aspectos que más lo conmueven es la respuesta afectiva de la gente. “Hay una cosa que me conmueve bastante, que es justamente esa empatía que tiene nuestro público, los artistas. Creo que no se está teniendo en cuenta lo que está pasando acá. Yo creo que sí, hablo de parte del Gobierno. La gente lo comprende bien, los artistas lo comprenden bien”, afirmó.
El responsable del comercio contó que reciben numerosos mensajes de apoyo todos los días y que la propia empresa procura mantener informada a la comunidad mediante publicaciones en las redes sociales. A esa iniciativa se sumaron artistas que comenzaron a grabar videos para expresar su solidaridad y contribuir a que el reclamo llegue a más personas.
La movilización demuestra que Zivals no es un comercio más para quienes recorren el centro porteño. Su nombre está asociado a encuentros, descubrimientos musicales, compras de libros, búsquedas de discos difíciles de conseguir y recuerdos personales que se transmitieron de padres a hijos. En una ciudad que cambió de manera profunda durante las últimas décadas, la esquina de Corrientes y Callao conservó un lugar reconocible en la memoria colectiva.
Durante la conversación, la entrevistadora evocó las históricas vidrieras del establecimiento, con las tapas de los discos de vinilo expuestas como parte de un lenguaje visual que acompañó distintas épocas de la música argentina. Entre esos recuerdos apareció la imagen de Octubre, el emblemático álbum de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, como ejemplo de una propuesta que no se limitaba a vender productos, sino que también construía una manera de mostrar y compartir la cultura musical.
La relación de Zivals con el rock argentino forma parte de esa historia. Szuring recordó que Los Redondos pasaban por el local antes de salir a tocar. La anécdota permite dimensionar el vínculo entre el establecimiento y una escena musical que marcó a distintas generaciones de argentinos. En ese sentido, la tienda fue mucho más que un espacio de comercialización: también funcionó como un lugar de circulación de discos, referencias, conversaciones y experiencias que acompañaron el crecimiento de numerosos artistas y públicos.
“Zivals es parte de la historia de nuestra música, de nuestra cultura”, remarcó Szuring. Y agregó que, frente a la posibilidad de perder el inmueble, parece no comprenderse del todo la dimensión de lo que se está afectando con la decisión. Para el entrevistado, el problema no puede analizarse exclusivamente desde la perspectiva de una operación inmobiliaria o de una obra pública, porque allí existe un patrimonio construido durante más de medio siglo.
Otro de los aspectos destacados durante la entrevista fue la amplitud del catálogo que ofrece el establecimiento. La entrevistadora mencionó que el local reúne alrededor de 50.000 títulos, una cifra que da cuenta de la diversidad de su propuesta. Esa variedad responde a una política comercial y cultural que, según explicó Szuring, procuró ampliar permanentemente las posibilidades de acceso a la música y a los libros, en lugar de concentrarse solamente en los productos de mayor venta.
“Zivals siempre reinvirtió en abrir los catálogos, no ir siempre a lo seguro, culturizar; traer cosas que eran apuestas, básicamente”, señaló. La estrategia consistió en incorporar materiales que no necesariamente garantizaban una ganancia inmediata, pero que contribuían a ampliar la oferta cultural disponible para el público.
Szuring explicó que esa decisión implicó, muchas veces, priorizar la diversidad del catálogo por encima de la búsqueda de una rentabilidad rápida. La apuesta permitió que los clientes encontraran propuestas de diferentes géneros, artistas y procedencias, incluso en momentos en los que determinados discos o producciones tenían una circulación limitada en el mercado argentino.
Las bandas sonoras fueron uno de los ejemplos que surgieron durante la charla. La incorporación de títulos y repertorios que no estaban fácilmente disponibles convirtió al local en una referencia para quienes buscaban algo más que los lanzamientos comerciales de mayor difusión. Ese trabajo de selección y búsqueda fue parte de la identidad de Zivals y de su aporte a la vida cultural de Buenos Aires.
La presencia de libros y discos bajo un mismo techo constituyó, además, una característica distintiva. La combinación permitió que el público recorriera universos diferentes y estableciera conexiones entre la literatura, la historia, el cine y la música. Para quienes visitaban el lugar, la experiencia no se reducía a ingresar, elegir un producto y retirarse: también incluía la posibilidad de descubrir algo inesperado, consultar un título, escuchar recomendaciones y dedicar tiempo a explorar.
La entrevistadora comparó la relevancia de Zivals con la de otros lugares tradicionales de la avenida Corrientes, espacios que se convirtieron en referencias urbanas y que forman parte de los hábitos de los porteños. Mencionó, entre otros ejemplos, a La Giralda, asociada históricamente con el chocolate con churros y las salidas nocturnas, para describir esa clase de establecimientos que funcionan como coordenadas afectivas dentro de la ciudad.
En ese mapa sentimental, decir “nos encontramos en Zivals” significó durante años acordar una cita en un punto conocido por todos. La esquina fue un lugar de referencia para quienes iban al teatro, recorrían las librerías de Corrientes o simplemente necesitaban encontrarse antes de continuar hacia otro destino. Su ubicación y su identidad hicieron que el nombre trascendiera a los propios clientes habituales.
La entrevistadora recordó incluso la familiaridad con la que se podía indicar a un taxista que el destino era Zivals, sin necesidad de ofrecer mayores explicaciones. La anécdota sintetiza una forma de pertenencia urbana: algunos comercios se convierten en referencias tan arraigadas que pasan a formar parte del lenguaje cotidiano de una ciudad.
La posible desaparición de ese punto de encuentro abre, por lo tanto, una discusión sobre qué se conserva cuando se preserva un edificio y qué se pierde cuando se modifica radicalmente su función. En el caso de Zivals, el reclamo no se concentra solamente en mantener una actividad comercial, sino en proteger las condiciones que permitieron que ese espacio se integrara de manera orgánica a la vida de Buenos Aires.
Uno de los rasgos arquitectónicos y urbanos que se pusieron de relieve durante la entrevista es la particularidad de la esquina que ocupa el establecimiento. La entrevistadora explicó que, a diferencia de las otras tres esquinas del cruce de Corrientes y Callao, la de Zivals no tiene un edificio de viviendas sobre el local. Esa configuración aparece vinculada con la posibilidad de instalar allí parte de la infraestructura proyectada para la nueva estación.
Sin embargo, la existencia de un espacio que podría resultar conveniente desde el punto de vista de la obra no significa, según el planteo de los responsables del comercio, que sea la única alternativa posible. La discusión pasa por determinar si la necesidad de ampliar la red de transporte justifica afectar de manera irreversible un lugar que lleva décadas integrado al patrimonio cultural de la ciudad.
La cuestión económica también apareció en la conversación. La entrevistadora recordó que, durante la pandemia, los propietarios habrían recibido una oferta cercana a los seis millones de dólares por el inmueble, que no aceptaron, y señaló que la compensación que se estaría planteando ahora sería sustancialmente menor, del orden de un millón y algo más de dólares.
Szuring prefirió no convertir la discusión en una comparación aislada de cifras. Reconoció que las expropiaciones tienen características particulares y que las valuaciones pueden ser objeto de debate, pero insistió en que el eje del conflicto no es cuánto dinero podría recibir la familia propietaria.
“Fernando aclaró eso: dijo que nosotros podemos poner dos Zivals con lo que nos ofrecen, pero acá no se trata de eso”, relató, en referencia a Fernando, integrante de la familia propietaria. La frase resume el argumento central del reclamo: el valor del establecimiento no se agota en el precio del inmueble ni en la posibilidad de abrir otro local en una ubicación diferente.
El entrevistado insistió en que, aunque Zivals es una empresa y debe sostener una actividad económica, lo que se busca defender es algo que no puede reproducirse automáticamente mediante una inversión. La relación con el público, la historia acumulada, la disposición del espacio, el vínculo con los artistas y la permanencia en una esquina emblemática forman parte de una identidad que no se traslada sin consecuencias.
La discusión sobre una eventual compensación económica tampoco puede desligarse de los efectos que tendría una obra de varios años sobre la actividad cotidiana del comercio. Durante la entrevista surgió la posibilidad de construir dos pisos para que, una vez finalizados los trabajos, Zivals pudiera volver a funcionar en el mismo lugar, con un sector destinado a librería y otro a disquería, además de una compensación económica adicional.
La propuesta, según explicó Suhring, no se encuentra actualmente entre las alternativas que se estén considerando de manera concreta. Además, aun si llegara a plantearse formalmente, existiría un problema de difícil resolución: el tiempo durante el cual el establecimiento no podría operar con normalidad y las consecuencias económicas y laborales de esa interrupción.
“Calculale un mínimo de tres años. Un mínimo, porque sabemos cómo se avanzan estas cosas”, advirtió. Para el responsable del local, sostener durante ese período una estructura de alrededor de 40 trabajadores sería prácticamente imposible en todos los aspectos. La continuidad de los salarios, la actividad comercial y el funcionamiento cotidiano exigirían recursos y condiciones que no pueden darse por resueltos con la promesa de una futura reapertura.
La entrevistadora señaló que ese escenario implicaría que la empresa debiera hacerse cargo de mantener a sus empleados mientras la obra impidiera desarrollar la actividad habitual. Suhring coincidió y explicó que el problema no se limita al lucro cesante, sino que también involucra la propia naturaleza del negocio y la relación entre el espacio físico y la experiencia de compra.
“Está más que probado que cualquier negocio que está en un piso pierde toda esa parte orgánica”, sostuvo. En su descripción, una de las principales fortalezas de Zivals es la fluidez con la que las personas pueden entrar, recorrer el lugar, mirar los productos y decidir si quieren comprar. El local se integra al paisaje de la avenida y permite que la visita se produzca de manera espontánea, incluso para quienes no llegan con una compra definida.
Ese funcionamiento cotidiano es difícil de reproducir en un espacio organizado en distintos niveles. La necesidad de subir escaleras, cambiar la circulación o distribuir los productos en plantas diferentes modificaría la experiencia de los clientes y, con ella, una parte importante de la identidad del establecimiento.
Para Suhring, no se trata de una cuestión meramente estética. La organización del lugar está vinculada con la manera en que el público se acerca a los libros y los discos, con la posibilidad de detenerse, buscar y descubrir, y con el carácter abierto que convirtió a Zivals en un sitio de paso y encuentro. Una reconstrucción podría conservar el nombre comercial, pero no necesariamente reproduciría la misma dinámica.
Por eso, el entrevistado consideró que una alternativa de dos plantas no resolvería por sí sola el problema. La continuidad de la marca no garantiza la continuidad del negocio si las condiciones materiales y comerciales que lo hicieron posible desaparecen durante años o se transforman de manera sustancial.
La preocupación alcanza también a los trabajadores. El establecimiento sostiene una estructura laboral que depende de la actividad diaria y de la circulación de clientes. Una interrupción prolongada pondría en riesgo los puestos de trabajo y afectaría a personas que forman parte de la historia cotidiana del comercio. En ese contexto, la defensa de Zivals incluye tanto el valor cultural del espacio como la continuidad de quienes trabajan allí.
La entrevistadora preguntó qué alternativas imagina la familia propietaria en caso de que el proyecto avance, no se consigan las firmas necesarias para frenar su tratamiento en la Legislatura y la expropiación siga adelante. Suhring respondió que todavía resulta difícil pensar en ese escenario porque confían en que las autoridades comprendan la dimensión del problema.
“Sinceramente, hablamos de plantearnos algunos escenarios, pero no podemos creer esto que está pasando. Así que vamos a seguir pensando, las alternativas las miraremos, pero realmente creemos que en algún momento ellos se van a dar cuenta de lo que está pasando”, afirmó.
El responsable de Zivals sostuvo que la prioridad es que se entienda la importancia de preservar lugares como este. No se trata de rechazar la necesidad de mejorar el transporte público ni de desconocer la relevancia de una nueva línea de subte, sino de discutir cómo llevar adelante una obra de infraestructura sin destruir innecesariamente un espacio cultural que ha acompañado a generaciones de porteños.
En ese punto, la entrevista abordó posibles ubicaciones alternativas para la estación. La entrevistadora preguntó si la elección de la esquina respondía a que se trata de una parcela con una configuración particular y planteó la posibilidad de desplazar el proyecto hacia otros sectores cercanos, entre ellos el entorno del antiguo hotel Bauen.
Suhring respondió que las opciones mencionadas le parecían viables y, según su evaluación, más convenientes desde el punto de vista económico y patrimonial que afectar a Zivals. Mencionó también el pasaje Discépolo y la posibilidad de revisar el trazado original, con ajustes de ubicación de alrededor de 100 o 200 metros.
“Todo lo que estás diciendo es viable, es mucho más viable y mucho más económico que afectar Zivals. Tenés el Bauen, tenés el pasaje Discépolo, tenés el lineamiento original. Hay muchas maneras”, afirmó.
La discusión sobre esas alternativas requiere, naturalmente, evaluaciones técnicas de ingeniería, circulación, accesibilidad, seguridad y costos. Sin embargo, el planteo del entrevistado es que la existencia de opciones que merezcan ser estudiadas obliga a revisar si la expropiación del establecimiento es realmente indispensable para construir la estación.
La posibilidad de desplazar una estación algunos metros puede parecer un detalle menor en el plano de una obra de gran escala, pero adquiere otro significado cuando la alternativa permitiría evitar la desaparición de un lugar con más de medio siglo de historia. El desafío, en ese sentido, es compatibilizar la planificación urbana con la protección de los espacios que dan identidad a los barrios y a la ciudad.
Suhring volvió entonces sobre la dimensión humana de Zivals. Contó que, durante sus 23 años de trabajo en el establecimiento, escuchó innumerables historias de clientes que se acercan para recordar momentos personales relacionados con el lugar. Algunos vuelven acompañados por sus hijos o nietos para contar que allí conocieron a sus parejas, que sus padres los llevaban a comprar libros o que, cuando no tenían dinero suficiente, encontraban en el local un espacio al que igualmente podían acercarse.
“Estoy hace 23 años ahí y Zivals no es solo un negocio”, expresó. En esa afirmación confluyen la experiencia personal del entrevistado y el sentido colectivo que adquirió el establecimiento. Las historias que escucha a diario muestran que la relación con el público no se construyó exclusivamente a partir de las ventas, sino también mediante la continuidad de un espacio que acompañó distintas etapas de la vida de quienes lo visitaron.
El vínculo intergeneracional es uno de los elementos más significativos de ese relato. Una persona puede haber conocido Zivals durante su juventud y regresar décadas después con un hijo o un nieto. En ese recorrido, los libros y los discos dejan de ser únicamente objetos de consumo y se convierten en parte de una memoria compartida. El establecimiento permanece como escenario de experiencias que las personas reconocen como propias.
La entrevistadora coincidió en que Zivals forma parte de Buenos Aires y anunció que desde el programa contribuirían a difundir el reclamo para evitar su expropiación y eventual desaparición. La emisión mostró mensajes que sintetizaban la campaña: “No a la expropiación de Zivals” y “No a la desaparición de Zivals”.
El cierre de la conversación estuvo atravesado por un pedido que busca reunir dos objetivos que no deberían presentarse como incompatibles: que la Línea F se concrete, porque la ciudad necesita ampliar y mejorar su transporte público, y que la estación se construya en una ubicación que no destruya el patrimonio cultural. Szuring agradeció el espacio y la posibilidad de visibilizar la situación, mientras la entrevistadora insistió en la importancia de difundir todas las alternativas posibles.
La controversia alrededor de Zivals expone una pregunta que atraviesa a las grandes ciudades: cómo modernizar su infraestructura sin borrar los lugares que construyeron su identidad. Las obras públicas pueden transformar la movilidad y mejorar la conexión entre distintos barrios, pero las decisiones sobre su trazado también tienen consecuencias sobre la vida comercial, social y cultural de los espacios intervenidos.
En el caso de Zivals, el reclamo se apoya en una historia que comenzó en marzo de 1971, cuando abrió sus puertas en la avenida Callao al 395. Impulsado por la familia Laviz, el establecimiento fue ampliando su propuesta y sumó libros a su catálogo musical, hasta consolidarse como un espacio donde convivieron géneros, autores y expresiones culturales diversas. La combinación de música y literatura contribuyó a distinguirlo de las disquerías tradicionales y a convertirlo en una referencia para públicos con intereses muy diferentes.
Con el paso de las décadas, el comercio atravesó cambios profundos en la industria musical: la transición del vinilo al casete, la expansión del CD, la transformación del mercado discográfico y el crecimiento de la distribución digital. También tuvo que adaptarse a sucesivas crisis económicas que modificaron los hábitos de consumo y pusieron a prueba la supervivencia de numerosos negocios vinculados con la cultura.
La permanencia de Zivals en ese contexto se relaciona con una política de diversificación y ampliación del catálogo, pero también con la fidelidad de un público que reconoce el valor de la selección y la posibilidad de encontrar títulos difíciles de conseguir. En una época en la que buena parte de la música se consume mediante plataformas digitales, el local mantiene una experiencia presencial basada en la búsqueda, el descubrimiento y el contacto directo con los objetos culturales.
Esa historia se extendió también a la producción musical. A través de Acqua Records, el sello vinculado con Zivals, la empresa desarrolló una tarea de edición y difusión centrada en expresiones de la música argentina, con especial atención al tango, el folklore y otros repertorios que no siempre ocupan el centro de la industria comercial. El proyecto amplió el papel del establecimiento: además de reunir y vender obras de distintos artistas, participó en la producción y circulación de un patrimonio sonoro.
Durante la entrevista, Suhring reivindicó precisamente esa función. Cuando la conversación pasó del recuerdo de las vidrieras a la actividad del sello, confirmó que Acqua Records sigue siendo una de las banderas de la empresa. “Acqua Records, básicamente, apoya todo lo que tiene que ver con el folklore y con el tango, el jazz, todo lo perteneciente a lo no comercial en términos de negocio”, explicó.
La definición no implica que esos géneros carezcan de público, sino que su producción y difusión muchas veces requieren una lógica diferente de la que domina los mercados masivos. El trabajo con repertorios que merecen ser preservados y escuchados forma parte de la identidad cultural que Zivals construyó a lo largo de los años.
Ese compromiso ayuda a explicar por qué la discusión actual despertó reacciones que van más allá de la clientela habitual. Para los músicos, los lectores y quienes consideran que la cultura necesita espacios físicos donde encontrarse, la posible pérdida de la esquina representa la amenaza sobre un ecosistema que no puede reducirse al destino de un inmueble.
El reclamo también interpela a quienes toman decisiones sobre la planificación de la ciudad. Una estación de subte puede ser necesaria y una expropiación puede formar parte de los instrumentos legales disponibles para realizar una obra pública, pero su aplicación sobre un lugar con una trayectoria cultural reconocida exige analizar cuidadosamente las alternativas, los costos sociales y las consecuencias a largo plazo.
No alcanza con pensar en una compensación económica o en la eventual construcción de un local nuevo. La continuidad de una institución cultural depende de muchos factores que no se reconstruyen automáticamente: la ubicación, el vínculo con los vecinos, la circulación espontánea de personas, la historia compartida y la posibilidad de mantener una actividad durante el tiempo que demande una obra.
Por eso, el pedido de Suhring no se limita a reclamar que se conserve un negocio. Busca que se reconozca la importancia de Zivals como parte de una memoria urbana que pertenece también a quienes lo visitaron, a quienes encontraron allí una obra que buscaban desde hacía años y a quienes lo incorporaron a sus recorridos cotidianos por Buenos Aires.
“Zivals no es solo un negocio”, insistió durante la entrevista. En esa frase se resume el sentido de una defensa que pone en primer plano el valor cultural, social y simbólico de un establecimiento que logró atravesar transformaciones económicas y tecnológicas sin abandonar su lugar en la esquina de Corrientes y Callao.
Mientras el proyecto de la Línea F continúa su recorrido institucional, el futuro del comercio permanece ligado a una discusión que todavía necesita respuestas. Para sus responsables, el objetivo es evitar que la obra avance sobre el local sin que se hayan evaluado alternativas capaces de protegerlo. Para quienes acompañan la campaña, el desafío consiste en lograr que el desarrollo de la ciudad no se traduzca en la desaparición de uno de sus espacios culturales más reconocibles.
La historia de Zivals se escribió con discos, libros, artistas, trabajadores y miles de visitantes que encontraron allí algo más que una compra. Ahora, esa misma comunidad busca que la esquina continúe siendo un lugar de encuentro y que la modernización del transporte pueda avanzar sin borrar una parte de la memoria porteña.
La pregunta que deja abierta la entrevista no es si Buenos Aires necesita nuevas estaciones de subte. Es si, para construirlas, resulta inevitable perder espacios que forman parte de su identidad. Alfredo Suhring y quienes defienden Zivals sostienen que no, que existen otras posibilidades y que todavía hay tiempo para discutirlas. En esa convicción se apoya una campaña que reclama preservar la esquina, cuidar el patrimonio cultural y demostrar que una ciudad puede proyectar su futuro sin renunciar a los lugares que la hicieron reconocible.
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