Miércoles 14 de Enero de 2026 - 6:16:00 am

ANTONIO GRIMAU: “Los cuatro, junto con el director, estamos absolutamente identificados con el espíritu de la obra”.

Espectáculos enero 14, 2026

El actor Antonio Grimau pasó por Radio Zonica y habló sobre "Vamo' los pibes".

“Creo que hay varios puntos de identificación entre el público y la obra que representamos porque es entrañable, una edad que todos vamos a transitar. Y lo reflejan de una manera emotiva y también con humor. No hay mucho que explicar para el que la vio. Creo que eso es lo que provoca Vamo’ los pibes, una identificación y también transitar la aventura de estos muchachos locos que por querer ayudar a un amigo terminan encontrando un motivo para seguir viviendo, teniendo planes y un mañana. Desde las entrañas mismas de la obra creo que se hace la idea de tener un mañana. Hace poco escuché en televisión a una señora que decía que la ciencia, a la gente de nuestra generación, nos ha regalado 20 años más de vida, de modo que tenemos que honrar ese tiempo. Y la verdad es que de eso también habla la obra, de no detenerte más allá del paso del tiempo, seguir teniendo objetivos y seguir teniendo propósitos que es la única manera de sobrellevar el paso del tiempo, o por lo menos una de las maneras. Yo te digo que los cuatro, junto con el director estamos absolutamente identificados con el espíritu de la obra porque creemos que también hay una injusticia respecto a la gente de la tercera edad que no tiene un bienestar como el que debiera. De modo que toca muchos puntos que le llegan a la gente de una manera muy emotiva y muy cercana”, cuenta Antonio Grimau, uno de los protagonistas de la obra teatral Vamo’ los pibes, junto a Raúl Lavié, Osvaldo Laport  y Osvaldo Santoro.

Acerca de las repercusiones, precisa: “Estamos teniendo la enorme y satisfactoria sorpresa de encontrar en la gente más risas y más emoción de lo que teníamos presupuestado. Lo del público es una respuesta que el actor tiene desde la platea muy grata, muy satisfactoria. En la medida que íbamos comprobando, en esta primera semana de funciones cómo resultaba la obra en la gente nos fuimos sintiendo todavía más cómodos y por supuesto, de alguna manera, con la aprobación final que es la del público, sin ninguna duda. Uno trabaja, uno ensaya, está la mirada del director que por supuesto es muy certera y muy profesional, de parte del querido Federico Palazzo, que también es autor de la obra. La verdad es que la respuesta final está en el público, el guste del espectáculo o no, y el aplauso final de pie prueba que hay un saldo satisfactorio. Es un gran honor la presencia de Raúl Lavié porque era con el único con el que no había trabajado. La verdad es que ya en el período de ensayos fui conociendo una gran persona, además del gran artista que admiraba y al que aplaudí más de una vez desde la platea. Fui conociendo una persona realmente maravillosa, un gran compañero en el escenario y en la vida, de manera que estamos trabajando entre amigos. Eso es muy a favor del espectáculo, siempre la comunión entre los actores representa la armonía y la buena comunicación hace que el espectáculo también tenga un resultado generalmente bueno. Es un punto de partida fundamental”.

“La verdad es que nos ayudamos, nos apoyamos, estamos todos en función de Vamos los pibes y en lo personal a mí me cerró todo desde el vamos. En general me ha pasado siempre con las propuestas de Carlos Rottemberg. Me gustó la obra, me gustó la dirección, la posibilidad de trabajar con quienes estamos trabajando. El teatro, porque también la calle Corrientes es importante hacerla de vez en cuando, de manera que después de pensar bastante en algunos otros proyectos, todo me dio por llevarme al sí definitivo y estoy muy contento de que haya sido así porque es muy satisfactorio hacerla. Hacer dos funciones los sábados es duro pero la verdad es que, insisto, es tan lindo hacerla y el público ayuda tanto con sus risas, con su emoción. Bueno, a poco de empezar la segunda función uno ya tiene muchas ganas hasta el final. Después claro, después del final uno ya cae bastante agotado porque ya pibes somos nada más que en el título. Es muy lindo hacerla. Sobre la obra Los Invertidos obtuvimos los premios más importantes del teatro; fue un espectáculo bisagra porque yo estaba necesitando mucho salir del rol en el que estaba encasillado desde hacía bastante tiempo ya y me parecía importante no perder de vista la posibilidad de volver al teatro con algo importante. Yo me formé de la mejor manera con Juan Carlos Gené y para trabajos que yo consideraba de envergadura, como para que me exigieran como actor. Y el rol de galán si bien no hizo algo más que abrirme puertas, en el sentido de la propuesta artística no era demasiado interesante entonces apareció esta obra. También en este caso todo me entusiasmó porque era en el San Martín donde yo no había trabajado nunca”, rememora Grimau.

“Un teatro por el que pasaba por la vereda y yo decía ‘¿cuándo me convocarán para hacer algo acá? Había tenido un paso muy breve pero esta oportunidad era encarar un protagónico muy importante y con características muy especiales. Para mí era una preocupación muy grande romper el molde del rol de galán. Lo que pasa que el galán tiene fecha de vencimiento y yo no quería terminar mi carrera a los 35 años, más bien el afán era continuar y de la mejor manera. Y esto fue fundamental porque a partir de este trabajo me empezaron a tener en cuenta que directamente ni me conocían y que a mí me interesaban. Eso hizo por prepotencia de trabajo y por tener un propósito concreto de continuar mi carrera tuve la suerte de tener llamados de esos directores, y pude continuar hasta hoy trabajando ya en otros roles que me interesaba mucho transitar. Lo que hicimos en las calles, que fue una experiencia maravillosa, porque el público estaba en gradas como en una cancha de fútbol y abarcaba hasta cuatro cuadras de calles reales. Algunas escenas se hacían en casas reales, aparecían autos de época, era un espectáculo espectacular, valga la redundancia. Eso era Un guapo del 900. Mientras la obra El Reñidero lo hicimos en el Teatro Regio. Recuerdo también Filomena Marturano, con la querida Claudia Lapacó. Otra obra que no olvido es El Avaro, con dirección de Corina Fiorillo y un gran elenco, fue realmente agotador porque en simultáneo yo grababa Sandro de América. Grababa aproximadamente desde las 8 de la mañana hasta las 6 de la tarde, y de ahí empalmaba con el teatro para estar a las 20 hs y hacer la función de El Avaro. Cuando me propusieron hacer Sandro yo le dije a mi representante que no tenía nada de él, que estaban locos. No tenía ni el carisma ni el físico. Y a la palabra de Adrián Caetano cuando llegué a conversar con él, yo no lo conocía pero si ambicionaba trabajar con él. La cuestión es que me dijo que no me preocupe con lo que yo creía acerca del parecido, que si fuera por eso hubiera llamado a un imitador. Pero él quería un actor que transite con la mayor veracidad las escenas y situaciones que propone el libro”, concluyó.

Antonio Grimau: del “sueño del pibe” y las veces que el arte lo salvó al día que pensó que no iba a volver a caminar

El actor vuelve a la calle Corrientes para protagonizar una comedia dramática junto a un grupo de amigos

Antonio Grimau es una de esas personas que piensa que hay que estar activo para no oxidarse. Y es lo que hace, a conciencia. Por eso festejó que Carlos Rottemberg lo haya convocado para protagonizar Vamo’ los pibes, que estrena el 2 de enero en el Multiteatro, de la mano de Osvaldo Laport, Raúl Lavié y Osvaldo Santoro.

En una charla Grimau repasa su vida: recuerda su sueño de pibe y cuenta cómo lo cumplió, habla de cómo el arte lo salvó muchas veces, y rememora que en pandemia estuvo internado más de un mes, bajó 22 kilos y tuvo miedo de no volver a caminar.

-¿Cómo es hacer esta comedia dramática con amigos?

-Es fabuloso. Sobre todo, tenemos una linda relación con Cacho Santoro y con Osvaldo Laport. Con Raúl no nos habíamos cruzado lamentablemente, pero estamos fomentando un lindo vínculo ahora porque es un tipo divino. Ya conocía a un gran artista, y ahora estoy descubriendo a un gran tipo; francamente un compañero hermoso, joven de espíritu y físicamente, porque es un muchacho más (risas). Con Cacho Santoro había hecho algo en televisión, pero no en teatro y los dos teníamos mucho deseo de encontrarnos en un escenario y se dio. Y con Osvaldo hice televisión y teatro.

-¿Eso te convenció para decir que sí?

-El proyecto me cerró en todo sentido porque, en general, las propuestas de Carlos Rottemberg siempre me hacen mucha ilusión; son muy atractivas artísticamente y además él pone todo como productor. Además, la dirección de Federico Palazzo es muy acertada; yo había trabajado con su padre, Jorge Palaz, director de televisión y autor… Justamente esta obra la escribió él. Me felicito por haber aceptado.

-¿Qué cosas tiene tu personaje de vos?

-Es un tierno que tiene muchas cosas mías; yo me identifico mucho con él y eso también me ayuda a llevarlo adelante. Tiene mucha lealtad en cuanto a la amistad, es un tipo noble, una buena persona que está siempre un poquito al azar del personaje de Osvaldo (Laport), que es el que organiza y tiene el liderazgo del grupo. Yo, en cambio, no tengo ese perfil… Soy el que se demora en las respuestas, el rezagado; siempre espero un poco que otros tomen la posta, y después, por supuesto, apoyo o no esa decisión posible. Pero espero a ver qué dice el resto y eso me ayuda a evaluar mucho mejor la respuesta que pueda dar. Me gusta meditar y no apresurarme, también con eso me identifico.

-Es la historia de cuatro amigos a lo largo de la vida, ¿vos tenés algún amigo de tantos años?

-Sí, tengo esa experiencia con un amigo en particular, Aníbal. Nos conocimos trabajando en una fábrica de zapatos a los 15 años; entramos como aprendices y hasta el día de hoy mantenemos esa amistad, cosa que me parece un milagro y algo muy entrañable y muy lindo. Compartimos la vida entera, con sus más y sus menos, con las alegrías y las penurias, siempre ayudándonos y apoyándonos. Una hermosa amistad. Por suerte, aparecen esas identificaciones, lo que ayuda mucho a la interpretación.

-Hacía tiempo que no estabas en Buenos Aires, en temporada de verano…

-Mucho… Creo que lo último fue Hello, Dolly! antes de la pandemia. También hice Rotos de amor, pero en gira, y en Carlos Paz y Mar del Plata. Fue uno de los tres o cuatro elencos que volvimos después de la pandemia, con protocolos estrictos.

-Contaste que pasaste una pandemia bastante dura porque tuviste covid, estuviste internado y bajaste mucho de peso. ¿Qué recuerdos tenés de ese momento?

-Sí, la pasé muy mal y tuve covid en varias oportunidades, incluso en Mar de Plata, con todo el elenco de Rotos de amor, y tuvimos que suspender funciones. En una oportunidad estuve internado más de un mes y bajé 22 kilos. Era piel y huesos.

-¿Y te costó reponerte?

-Me costó mucho porque había perdido mucha masa muscular en apenas un mes y pico de internación. Me consumió estar tirado en una cama, pero tuve una gran persona que me ayudó, una kinesióloga que me levantó la moral de una manera impecable. En un momento me pregunté si iba a volver a caminar. Y ella me dijo: “¿Pero cómo no vas a volver a caminar con el pasado de deportista que vos tenés?”. Eso me ayudó muchísimo. Porque es cierto, tengo un pasado muy apegado al deporte.

-¿Qué deportes practicaste?

-Casi todos, salvo los de alto riesgo. Hice boxeo, rugby, fútbol. Y claro, el cuerpo tiene memoria y es lo que ayudó mucho a mi recuperación. Pero, además, esta mujer fue fundamental. Empecé levantando una pierna y después la otra, tirado en la cama. Después pude pararme y a caminar para atrás y para adelante. Aprendí a caminar otra vez, en definitiva, como una criatura. Fue muy duro, y realmente pensé que no me iba a poder recuperar porque estaba destruido, anímicamente y físicamente. Pero, por lo visto, hay un impulso, unas ganas de seguir en pie que puede con todo. Y todas esas vivencias son importantes para un actor, porque las volcás en los personajes.

-Alguna vez contaste que esta vocación te salvó la vida varias veces. ¿Cómo fue?

-Muchas veces. Crecí en una familia humilde y jamás imaginé ser actor. Mi vida es un culebrón. Tuve una infancia muy feliz, fui un niño mimado, pero a mis 11 años fallecieron mi hermana mayor, mi papá y mi mamá, todos en apenas siete meses. Y de ser Los Campanelli pasamos a ser tres hermanos y una hermana que vivía en Paso de los libres, en Corrientes, y con quien teníamos poco contacto. Mi hermano se convirtió en mi tutor. Estudié hasta tercer año del industrial con especialidad en motores Diesel, que era el futuro. Pero no era lo mío, no soportaba el olor a nafta. Entonces mi hermano me dijo que si no estudiaba tenía que trabajar. Y eso hice. Trabajé en un bazar, en una fábrica de fideos, fui peón de obra. Y en una fábrica de zapatos en Barracas fue que descubrí mi vocación.

-¿Cómo fue eso?

-Un día vi un aviso en un diario en el que buscaban actores y fue insólito para mí. Era para conformar un elenco teatral en un club deportivo en Almagro, el Charles Chaplin. Me acompañó un amigo, Pepe Elizalde, pero hasta la puerta porque ya era de noche y en el fondo del pasillo se veían unos tipos con libretos y le dio miedo. Yo entré y me quedé cuatro años (risas). Estaban ensayando Los fusiles de la madre Carrar, de Bertolt Brecht, me dieron un monólogo para aprender en media hora; lo leí y cuando me tocó subir al escenario lo hice con una naturalidad y una comodidad insólitas. Ya me había picado el bichito, porque mis hermanas y mi madre escuchaban radioteatro y a mí me fascinaba. Fue ese teatro que me invitó a descubrir los libros, la música y me formó durante cuatro años en muchos aspectos. En un momento llegué a ser protagonista y dije “esto es demasiado fácil”. Evidentemente en mí había un actor nato… Y también me salvó cuando perdí a mi hijo Lucas [falleció en 2010]; estaba haciendo El anatomista y (José María) Muscari me propuso suspender las funciones por el tiempo que necesitara. Le pedí una semana y no lo hice por el espectáculo sino por mí. Necesitaba meter la cabeza en el laburo (se emociona).

 

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