Viernes 21 de Agosto de 2026 - 2:15:11 pm

Bárbara Bonelli: “Trabajemos por una Argentina en donde la vivienda sea un derecho”

Interes General agosto 21, 2026

La politóloga y directora de Hábitat para la Humanidad Argentina pasó por “Un nuevo contrato social” y habló sobre la crisis habitacional, los alquileres y la necesidad de nuevas políticas públicas.

“¿Qué tal, Delfi? ¿Cómo estás?”. Con esa frase, Bárbara Bonelli comenzó una conversación que rápidamente se transformó en un diagnóstico profundo sobre uno de los problemas estructurales de la Argentina: el acceso a una vivienda digna. Politóloga y con trayectoria en el ámbito de las políticas públicas, la actual directora ejecutiva de Hábitat para la Humanidad Argentina puso el foco en una problemática que, según planteó, no puede resolverse con una única herramienta ni exclusivamente desde el Estado.

“Hábitat para la Humanidad Argentina es una asociación civil que forma parte de una red global que está en más de 60 países y, digamos, que la vivienda, como vos decías recién, como un mercado es concebida como una mercancía, ¿no? Entonces en todo el mundo, la verdad no es algo exclusivo de la Argentina. Y ese cuestionamiento, digamos, o ese tema de percibir que la vivienda, que es un derecho básico, una necesidad básica de las personas, se conciba como una mercancía, lleva a que un montón de cuestiones que deberían absorberse y resolverse desde las políticas públicas estén completamente ausentes”.

“¿Qué pasa? Cada vez más el mercado avanza sobre el sistema habitacional. Muchas partes, digamos, o muchos aspectos dentro de las viviendas son concebidas como un commodity, digamos, una inversión, y cada vez tenemos más personas que no tienen acceso a la vivienda en todo el mundo”.

La discusión, para Bonelli, comienza justamente allí: en la transformación de un derecho en un bien de mercado. “Exactamente. O sea, está completamente desvirtuado”, sostuvo cuando la conductora planteó que se había pasado de hablar de vivienda como derecho a hablar de acceso a una vivienda.

“Y eso tiene mucho que ver con que en muchas partes del mundo, pero particularmente en la Argentina, si bien es un derecho constitucional, durante muchísimos años, tantísimos años el Estado se retiró de la provisión de la vivienda”.

La consecuencia de ese proceso, explicó, se observa también en una transformación cultural y económica que atraviesa a las nuevas generaciones: la llamada inquilinización. “Argentina, que es un país donde históricamente la vivienda era un bien al que accedía gran parte de la población, durante los últimos 30, 50 años, se viene dando un fuerte proceso de inquilinización. Es decir, cada vez más las personas acceden a su vivienda por medio del alquiler”.

“¿Esto es algo malo? No necesariamente. Es algo contracultural a lo que estamos acostumbrados en la Argentina. Venimos de ese arraigo cultural de tener nuestra casa”.

Pero el problema aparece cuando el alquiler no es una elección sino la única alternativa posible. “Exactamente, también de la estabilidad. En Argentina, ¿por qué la gente ahorra en ladrillos? El que puede, digamos, ahorra en ladrillos porque también hay una experiencia traumática de haber ahorrado en dólares en el banco y haber perdido todos esos ahorros”.

Para Bonelli, la cuestión habitacional está atravesada por múltiples factores que exceden el precio de una propiedad. “Se empiezan a dar como estos distintos componentes que hacen que el subsistema de la vivienda sea bastante complejo, porque ya de por sí es un mercado difícil de entrarle, de generar la vivienda, de que las personas accedan, y encima se da esta otra situación de que quien puede ahorrar encima compra una vivienda. Eso obviamente pone más presión en el valor de las viviendas”.

La inquilinización argentina, además, tiene una particularidad. “Esto que vos estabas mencionando recién, de un proceso de inquilinización, es medio forzado en la Argentina. No es que se da como en otros países del mundo que decís, bueno, la gente ni piensa en comprar una propiedad. No, acá también por una situación de inestabilidad económica y de inestabilidad de la vida misma, uno dice, bueno, yo en la medida que puedo tener una propiedad y garantizarme que eso lo tengo cubierto y que no voy a tener que estar pagando alquiler, lo hago”.

“Ahora, eso cada vez es más lejano y más imposible para gran parte de la población”, advirtió. “¿Por qué? En parte por lo que vos estás diciendo. Si tenemos más del 40% de la población trabajando de manera informal, ¿quién va a poder acceder a un crédito, quién va a poder acceder a comprar una vivienda con los valores que hoy en día tienen?”.

Desde esa perspectiva, la discusión sobre el alquiler deja de ser una cuestión secundaria y pasa a ocupar un lugar central. “Hábitat desde hace muchos años viene sosteniendo este planteo que en un momento fue como difícil: decir, bueno, a ver, la vivienda en alquiler es una solución habitacional, no hay que luchar contra eso. Al contrario, lo que hay que hacer es poner el foco y el ojo en decir, bueno, cómo las condiciones de alquiler pueden darse de una manera certera, segura, las personas acceden a un alquiler seguro y con determinadas garantías”.

La propuesta implica también abandonar una mirada exclusivamente concentrada en la vivienda propia. “Durante muchos años había quienes decían, no, este planteo precarizante, las personas tienen que acceder a la vivienda en propiedad. Pero lo cierto es que cada vez corremos más por detrás del crecimiento del déficit, del crecimiento de la precarización habitacional”.

“Y no dar cuenta de eso y seguir con esta idea de decir no, bueno, que el Estado haga políticas públicas para entregar viviendas en propiedad o que se generen los créditos, cuando hay un montón de otras variables que intervienen, se ha vuelto más difícil”.

Bonelli planteó que no existe una única política capaz de resolver la crisis. “Tener políticas públicas de entrega llave en mano de propiedades, tal vez los créditos podrían tener otro tipo de dinámicas, pero el Estado construyendo por su cuenta y entregando llave en mano con créditos blandos, bueno, en los últimos años qué experiencias hemos tenido”.

La alternativa, según explicó, requiere combinar distintas herramientas. “Cada vez más gente se empieza a volcar al alquiler y otra gente que ni siquiera puede acceder al alquiler formal y empieza a generar su propio hábitat en condiciones que muchas veces son muy deficitarias porque también el Estado tiene una gran falencia en todo lo que tiene que ver con la planificación urbana y con generar espacios que habiliten la posibilidad de los hábitats”.

En ese punto apareció otro de los grandes temas de la entrevista: el Área Metropolitana de Buenos Aires. Para Bonelli, la problemática habitacional no puede analizarse con límites administrativos rígidos.

“Imaginate el Área Metropolitana de Buenos Aires”.

“Y bueno, es muy necesario porque la verdad es que cada vez más nadie quiere dejar de tener el poder. Ir a plantearle a los intendentes del conurbano, hagamos un… compartir también la posibilidad de ejercicio de ese municipio, me parece que viene por ahí la cosa”.

La necesidad de pensar el AMBA como una unidad no se limita a la vivienda. “El Área Metropolitana en términos habitacionales, bueno, debería tomarse como un todo”.

“En todo sentido pensá que tenés temas de transporte, temas de salud, temas de educación, de basura ni que hablar, temas habitacionales, temas laborales también. Toda la gente que se traslada para trabajar de un lado y del otro. Claramente es una necesidad y es un debate pendiente del Área Metropolitana y coincido que todo el mundo coincide pero nadie lo hace”.

La dificultad, para la entrevistada, no es necesariamente encontrar los grandes acuerdos sino animarse a construirlos. “Tal vez lo logramos, sí. Políticamente, bueno, ya sabés que muchas veces se encuentra esa barrera”.

“Yo siempre digo que a veces pasa generacionalmente que uno puede sentarse con otras personas que políticamente pueden representar otro tipo de ideología o pensamiento. Y la verdad es que, bueno, salvo en los últimos años con este gobierno nacional que sí es diametralmente diferente en muchos, tantísimos temas, después uno se sienta y dice: bueno, a ver, estamos a favor de la educación pública, estamos a favor de la salud pública, estamos a favor de que las personas accedan a la vivienda, estamos a favor de un área metropolitana”.

“Y la verdad que sí, bueno, después hay que poder sentarse y llegar a esos acuerdos. Pero en los grandes temas no es que lo que los últimos 20 años se planteó muchas veces como la grieta, como algo completamente diferente. Yo creo que no”.

“Bueno, hay temas en los que sí, hay temas en los que no, pero lo que no sucede en Argentina hace muchísimos años es que las personas se sienten y digan: bueno, a ver, ¿en qué sí? ¿En qué nos podemos poner de acuerdo? O ¿en qué tal vez no estamos de acuerdo pero sabemos que es una problemática a la que le tenemos que encontrar una vuelta, a la que tenemos que poder llegar a un acuerdo porque como viene hoy ya no funciona, no es funcional para la ciudadanía en general?”.

La conversación llegó entonces a una experiencia concreta desarrollada por Hábitat para la Humanidad Argentina. “Bueno, mirá, Hábitat hace 15 años tomó una acción muy en este contexto que te decía antes de que se daba este debate: tengamos alguna acción respecto del alquiler”.

“Tuvo mucha valentía y compró un conventillo en el barrio de La Boca que estaba en riesgo de derrumbe y construyó con filantropía, que hoy es muy difícil de pensar”.

“En ese momento se pudo y construyó un edificio con nueve departamentos. Que los destina al alquiler a personas que tienen capacidad de pago, o sea que pueden afrontar el pago de un alquiler, de expensas y de servicios, pero que por su condición de informalidad en términos laborales o por otras variables, por ejemplo, muchos casos de familias monomarentales que tienen chicos y chicas chiquitos y no les alquilan en ningún lado”.

El objetivo es intervenir sobre las barreras que deja afuera a una parte de la población. “Lo que hace Hábitat es decir, bueno, vos tenés esta capacidad de pago, yo no te voy a poner las barreras que te impone el mercado formal”.

“No te voy a exigir que tengas un recibo de sueldo, que pruebes más que hagas una declaración jurada, tengas un garante que a veces es un familiar pero no es una garantía propietaria, tampoco es un seguro de caución, y pagues un alquiler durante tres años en el edificio de La Boca”.

El modelo contempla además un subsidio escalonado. “Tenés un subsidio escalonado, o sea es un valor de mercado subsidiado el primer año en un 40%, el segundo año en un 30 y el último en un 20”.

La experiencia permitió comprobar, según Bonelli, que la estabilidad habitacional tiene consecuencias que van mucho más allá de contar con un techo. “El espíritu de todo lo que hacemos desde Hábitat es que en la medida en que vos tenés resuelta tu situación habitacional de una manera segura, sabés que vas a acceder a tener una vivienda con determinadas condiciones, con ventilación, o sea con buenas condiciones edilicias, vas a poder llevar adelante otros proyectos de tu vida”.

“Yo siempre digo, y vos seguramente lo conocés por tu historia de militancia, imaginate que vos sos madre, tenés dos hijos, estás en un hotel pensión en donde pagás 300 lucas por mes y viene el que ejerce la propiedad de esa habitación que vos alquilás y te dice: escuchá, mañana me tenés que pagar 500. Y vos decís: no, yo no puedo. Bueno, acá están tus cosas y te vas a la calle”.

“Porque no hay regla en ese mercado informal de alquileres. No hay previsibilidad”.

La falta de previsibilidad, insistió, también consume energía y posibilidades personales. “Completamente indefenso, y en una situación de inminente desalojo permanente. Eso es lo que yo percibo, esa situación de decir, bueno, yo en cualquier momento me puedo quedar en la calle. ¿Qué otro proyecto de vida vas a emprender? O sea, ¿te da la cabeza para no sé… ponerte a estudiar?”.

Y puso como ejemplo una historia concreta. “Yo siempre cuento un caso muy paradigmático de una vecina de La Boca que ya se egresó del proyecto, ya estuvo los tres años. Ella es cafetera, Lorena”.

“Nosotros le decíamos, ¿por qué no sacaste el monotributo social? Porque digo, perfectamente. ‘No me daba el ancho de banda para ponerme a hacer eso’. O sea, no tenía tiempo mental para dedicarme a eso, porque todo el tiempo estaba resolviendo esa urgencia”.

“Y la urgencia habitacional es una urgencia muy grande, digamos, porque te podés quedar en la calle de la noche a la mañana. Y no tenés a dónde recurrir”.

El desafío siguiente es cómo transformar una experiencia puntual en una política capaz de alcanzar a una población mucho mayor. “Se podría escalar en la medida en que haya una política pública detrás de eso”.

“Pensá que Hábitat como organización de la sociedad civil es propietaria de ese inmueble, acompaña socialmente a esas familias, cobra el alquiler, tenemos un componente también de ahorro que en la medida que la familia paga en tiempo y forma se ahorra un porcentaje del alquiler que al egresarse se le capitaliza y se le devuelve con el objetivo de que, bueno, tenga un monto para afrontar una mudanza”.

Y allí aparece uno de los datos centrales de la experiencia. “En el 89% de los casos las familias que egresan de nuestro proyecto no vuelven a la situación de informalidad habitacional que tenían anteriormente”.

“Ahora, respecto de la escalabilidad que vos me preguntás, bueno, claramente como ONG es muy difícil hacerte de muchas propiedades que puedan meterse en esta lógica de un mercado informal”.

La respuesta que encontró Hábitat es avanzar sobre la oferta y no solamente sobre la demanda. “¿Qué es en lo que estamos avanzando ahora? En otro proyecto que busca por un lado atender a esta misma población, a esta población que demanda viviendas desde una condición de cierta fragilidad laboral si se quiere o que no tiene para ofrecer garantías o que encuentra estas barreras de ingreso. Pero también abordar a la oferta de viviendas”.

“Generar un stock de viviendas que justamente permitan esa escalabilidad. La escalabilidad no la va a dar Hábitat para la Humanidad por sí solo, necesita aliados. Y necesita propietarios que vuelquen sus propiedades a este mercado”.

Ese modelo es el que la organización denomina Inmobiliaria Social. “¿Y qué incentivo tratamos de generar nosotros para atraer a esas propiedades a este mercado? Porque obviamente es difícil para un propietario decir, bueno, ok, lo pongo en alquiler a una población si ya de por sí en un mercado formal de alquileres muchas veces es difícil porque es una relación de confianza, en donde hay un patrimonio en el medio”.

“En la Ciudad de Buenos Aires particularmente, solamente en la zona sur, en la zona en donde Edesur presta el servicio, hay 150.000 viviendas que están vacías, medidas por esto, por el consumo eléctrico”.

La propuesta busca encontrar una solución para viviendas que están fuera del circuito. “Muchas veces son viviendas que tienen alguna falencia edilicia, esto que vos decías antes, bueno, tengo un jubilado que en algún momento ahorró, construyó una vivienda o adquirió un departamento, pero no está mantenida. Se fue deteriorando con el tiempo y no logra alquilarla hoy en día. Y también hay muchas veces estas situaciones legales inconclusas”.

“¿Qué es lo que ofrece este proyecto que se llama Inmobiliaria Social? Intermediar entre esta oferta y esta demanda. Ofreciéndole a la oferta, o sea ofreciéndole a los propietarios financiar los mejoramientos que son requeridos para poner esa vivienda en alquiler”.

“En alquiler a esta población. Entonces, tenés que hacer un mejoramiento, la inmobiliaria interviene, se genera ese mejoramiento y a lo largo de los años que vos lleves adelante ese alquiler, vas repagando digamos con un monto del alquiler ese mejoramiento”.

“En definitiva vos casi que ponés tu propiedad pero no desembolsás, vas recuperando. O sea, no vas recibiendo lo que cobrarías de un alquiler pleno, pero capitalizaste tu propiedad, toma más valor”.

Para Bonelli, la propuesta también permite mirar de otra manera el patrimonio que hoy permanece vacío. “Por otro lado, dejando de tener un costo hundido, que también es una realidad, que todos los meses vos tenés que pagar servicios, impuestos, y si es una propiedad horizontal, expensas”.

“Entonces, en ese proyecto estamos avanzando, generando aliados, buscando encontrar distintas maneras de, bueno, a ver cómo se financian esos mejoramientos. Nosotros tenemos un fondo semilla, pero a ver cómo se financia, qué otras alianzas podemos, aliarnos con empresas aseguradoras, para brindar garantías a esta población”.

La búsqueda de aliados incluye también a organizaciones religiosas y entidades que administran propiedades recibidas por herencia o legado. “Justo hoy tengo una reunión con Cáritas, porque ellos tienen también mucho de los legados, las familias o personas que dejan sus propiedades cuando fallecen y donan a la iglesia”.

“Así que estamos en ese proceso de búsqueda de aliados, búsqueda de propietarios. Lo cierto es que nosotros este proyecto tenemos un financiamiento para en julio del año que viene tener siete propiedades para hacer una prueba piloto. Ojalá podamos hacer más”.

La iniciativa supone además un cambio de mirada sobre la filantropía. “La intención es encontrar como la manera también de financiar algo que dinamice. La mano invisible del mercado no estaría funcionando, se llama Hábitat”.

“Claramente no. Y bueno, y de alguna manera probar que algo que también es como un cambio de chip, incluso para el tercer sector, que es que también se puede hacer acción social o filantropía o responsabilidad social empresaria, como lo quieras llamar, con algo que sea redituable, no necesariamente es una donación”.

“Exactamente. De hecho hay modelos, en Brasil hay una ONG que se llama FICA que lleva adelante un proyecto muy parecido, y que las empresas son como madrinas de edificios. Pero hay una capitalización”.

Y aclaró que la Inmobiliaria Social no está pensada necesariamente como una herramienta de subsidio permanente. “Nosotros en el caso de la inmobiliaria social no estamos hablando siquiera de subsidiar el alquiler, estamos hablando de pagar un alquiler de mercado, porque el déficit es tan grande que en realidad hay personas incluso que no necesitan un subsidio para alquilar, que pueden pagar un precio de mercado pero como está segmentando las necesidades”.

Para Bonelli, el desafío habitacional requiere complementar las distintas herramientas disponibles. “Totalmente. Yo lo que a mí me da mucha, acá me adentro un poco en el caso de la ciudad, por ejemplo, tenemos una ley de herencias vacantes. Vos lo sabés porque las propiedades las liquida el banco. Las remata”.

“Y son unidades funcionales que con esto entrarían perfectamente, o sea es como muy simple poder decir, bueno, esta propiedad que hoy en día la remato y va un fondo que va a la educación pública, en definitiva, hago un…”.

El diagnóstico no se limita a Buenos Aires. “Muchísimas ciudades del interior de la provincia de Buenos Aires y del país también tienen una problemática muy grande de estas características. De hecho, hemos tenido conversaciones con la provincia y hay interés también de pensar, porque como te decía antes, es como que corremos muy por detrás de la problemática”.

“El crecimiento de la problemática habitacional es tan exponencial que si no empezamos a hacer cosas nuevas, cada vez va a ser peor la situación”.

En ese punto, la planificación urbana aparece como otro de los grandes déficits. “Argentina es uno de los países más urbanizados del mundo”.

“Más del 90% de la población. No hay una ley de ordenamiento a nivel nacional. Muchísimos de los municipios no tienen normativa de ordenamiento, digamos como códigos urbanos”.

La falta de planificación tiene consecuencias territoriales, sociales, económicas y ambientales. “No, y además todo el desorden que se da en el crecimiento de esa. Porque ponele que vos decís, bueno, la mezcla, que tampoco es muy virtuosa, pero el tema es que, incluso pensá la Ciudad de Buenos Aires cómo hemos crecido a nivel mancha urbana en los últimos 20, 30 años y el costo que eso tiene”.

“Porque llevar infraestructura a todos los barrios de Nordelta para el norte que está bien, o sea sí, son de lujo, todo lo que queramos, pero hay un costo en llevar adelante, sin densificar la Ciudad de Buenos Aires o los primeros cordones, si se quiere”.

“Con encima el impacto que eso conlleva en el transporte, que hay todo lo ambiental, de uso del tiempo, de calidad de vida. Todo eso habla de que no hay planificación”.

Y así como crecen los desarrollos urbanos de mayor poder adquisitivo, también se expanden los barrios populares. “Y así como no la hay en los barrios de lujo, eso tiene como contrapartida el crecimiento de los barrios populares y los asentamientos de las personas que tienen que resolver de alguna manera su situación habitacional”.

“Porque esto también es una realidad. Uno dice, no, bueno, no hay vivienda. Lo que sucede en la realidad es que la gente, salvo la gente que está en situación de calle, que digamos es un número de población, pero en términos de toda la problemática es un punto, es un número más chico, la gente resuelve de alguna manera su situación habitacional”.

“Construye a lo largo de los años sin asesoramiento técnico incrementalmente, o el hacinamiento”.

Ese hacinamiento, sostuvo, no es un fenómeno aislado sino el resultado de un sistema que no consigue ofrecer alternativas suficientes. “Eso, digamos, es el resultado de que no hay planificación estatal, ni desde el mercado”.

“El mercado está como focalizado en un segmento ABC1 de lujo que no da respuesta. Y ahí vuelvo a lo que te decía antes: yo creo que hay como una falta de ver también que en un país en donde más del 40% de la población trabaja en la informalidad, ahí también hay un enorme mercado”.

“Un enorme mercado que es súper redituable, el tema es que se da en las condiciones de total imprevisibilidad, inseguridad, malas condiciones de vida”.

La apuesta de la Inmobiliaria Social consiste justamente en intervenir sobre ese mercado. “Si se pudiera como trabajar sobre ese mercado, que es un poco la intención de la Inmobiliaria Social, decir, bueno, a ver, yo reconozco que acá hay una población grande, que está alquilando en estas condiciones superdeficitarias, ¿cómo puedo yo intervenir ese mercado brindando mejoras de condiciones?”.

La conversación terminó regresando a la pregunta que había dado origen al ciclo: qué debería contener un nuevo contrato social para la Argentina. La respuesta de Bonelli fue directa y puso a la vivienda en el centro de ese acuerdo.

“Bueno, yo sin duda diría que trabajemos por una sociedad, una Argentina en donde la vivienda sea un derecho, en donde haya compromisos del Estado, del sector privado, del tercer sector, por trabajar en conjunto para que todas las personas tengan un lugar digno para llamar su hogar”.

Ese fue el compromiso que Bárbara Bonelli dejó planteado al cierre de la entrevista: pasar de una discusión fragmentada a una política que entienda que vivienda, trabajo, educación, transporte, planificación urbana y calidad de vida forman parte de un mismo problema.

“Gracias”.

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