Boff Serafine: “La principal diferencia con mis excompañeros es que yo seguí componiendo”
Música octubre 29, 2026El histórico guitarrista de Riff repasó su historia con Pappo, el legado de la banda, la evolución de Fin de una Era y sus nuevos proyectos musicales.
Boff Serafine atraviesa una etapa de renovación artística sin renunciar a la historia que lo convirtió en uno de los nombres reconocidos del rock pesado argentino. El guitarrista histórico de Riff, compañero de ruta de Norberto “Pappo” Napolitano y protagonista de una época fundamental para el desarrollo del hard rock nacional, continúa apostando por la composición, la búsqueda de un sonido propio y la posibilidad de llevar su música hacia nuevos territorios. Al frente de Fin de una Era, el músico trabaja en canciones inéditas, prepara nuevos lanzamientos y sostiene una postura clara frente a quienes esperan que su carrera permanezca ligada exclusivamente al repertorio de aquella agrupación emblemática.
Durante su paso por el programa “Atrapados por el Rock and Roll”, emitido por Radio Zónica, Serafine conversó sobre sus comienzos, las circunstancias que lo acercaron a Pappo, las experiencias que marcaron su participación en Riff y el camino que decidió emprender después. También adelantó detalles de la producción musical de Fin de una Era, habló de la importancia de encontrar una identidad artística y confirmó la presentación de la banda prevista para el 29 de octubre en Makena Bar, en Palermo.
La charla permitió conocer al guitarrista desde una perspectiva diferente: más allá del músico que formó parte de una de las bandas fundamentales del rock pesado argentino, apareció el compositor que continúa trabajando, experimentando y buscando nuevas posibilidades sonoras. “La principal diferencia con mis excompañeros es que yo seguí componiendo”, afirmó, en una frase que sintetiza buena parte de su presente y de su manera de entender la profesión.
El encuentro comenzó con una noticia vinculada directamente con esa actualidad. Serafine explicó que había atravesado una jornada intensa de grabaciones y que estaba trabajando en nuevas canciones para Fin de una Era. El movimiento creativo no se detiene, incluso después de la publicación de un álbum que representa una etapa importante para el proyecto.
“Estamos haciendo canciones nuevas, aunque te parezca mentira”, comentó entre risas. El músico contó que el sello discográfico PopArt le había preguntado si la banda tenía material inédito y que la respuesta era afirmativa. En ese contexto, mencionó el lanzamiento de “Borderline”, cuyo material audiovisual puede encontrarse a través de los canales oficiales vinculados con la discográfica.
El trabajo creativo, según explicó, forma parte de un proceso permanente. Serafine compone, prueba arreglos, modifica ideas y evalúa diferentes posibilidades hasta encontrar la forma adecuada para cada canción. En esa búsqueda surgieron cinco composiciones que comenzaron a tomar una dirección más definida. Algunas de ellas, señaló, tienen características que podrían facilitar su llegada a un público amplio.
El guitarrista se detuvo especialmente en el significado de la palabra “comercial”, un término que durante muchos años generó resistencias dentro de determinados sectores del rock. Recordó que, en otra época, reconocer que una canción tenía posibilidades comerciales podía provocar críticas entre los propios músicos. La autenticidad artística parecía estar enfrentada a la posibilidad de alcanzar una audiencia numerosa.
Con el paso del tiempo, esa mirada fue cambiando. Para Serafine, una canción puede conservar su identidad y, al mismo tiempo, tener una estructura capaz de conectar con el público. La discusión, en definitiva, no debería reducirse a una oposición entre calidad y popularidad.
“Van pasando los años y vas diciendo: ‘Está bien, pero ¿y si no es comercial? Estamos en problemas’”, reflexionó. Su planteo no implica abandonar la búsqueda musical, sino comprender que una producción también necesita encontrar su lugar dentro de una industria que funciona con determinadas reglas.
En esa línea, destacó el trabajo que viene desarrollando junto con Anneta, su socia y cantante de Fin de una Era. Según contó, ella consiguió darle una estructura definida a parte del material nuevo, que se encuentra en una etapa de revisión y preparación. El objetivo inmediato era avanzar con las grabaciones preliminares para presentar las maquetas al sello discográfico.
El plan de lanzamiento también muestra una transformación en la manera de publicar música. Serafine explicó que “Borderline”, integrado por diez canciones, representa el cierre de una etapa en cuanto al formato discográfico. A partir de ahora, la propuesta apunta a presentar sencillos individuales acompañados por sus respectivos videos, con una frecuencia aproximada de tres meses.
“Una canción, un video y cada tres meses”, resumió. La modalidad le permitiría a la banda mantener una actividad sostenida, ofrecer material nuevo de manera periódica y desarrollar una evolución musical sin depender necesariamente de la publicación de un álbum completo.
El músico también adelantó que Fin de una Era continuará refinando su sonido. La potencia seguirá siendo una característica central, pero habrá una mayor atención a los detalles compositivos, los arreglos y la construcción de las canciones. Para él, esa evolución no comenzó ahora: se viene desarrollando desde los trabajos anteriores y encuentra en “Borderline” un punto de referencia.
La conversación derivó entonces hacia los primeros pasos de Serafine en la música. El guitarrista explicó que proviene de una familia en la que el vínculo con los instrumentos estaba presente desde su infancia. Su padre era músico y había tenido una academia, por lo que el contacto con los sonidos y las interpretaciones formó parte de su ambiente cotidiano.
“Evidentemente debe ser genético”, comentó al recordar aquella influencia familiar. Su padre se dedicaba a la música latina y tenía conocimientos musicales que marcaron el entorno en el que creció. Sin embargo, el camino de Boff hacia la guitarra no fue inmediato ni estuvo exento de situaciones que hoy recuerda con humor.
Curiosamente, su primer encuentro con una guitarra no fue precisamente una experiencia reveladora. La primera que tuvo cerca era un instrumento que había comprado su madre, quien también había manifestado interés por aprender a tocar. Serafine recordó que, cuando la tomó, sintió que aquel instrumento no era para él.
“Agarré la guitarra y dije: ‘Esto no es para mí ni en pedo’”, contó. El problema, según descubriría más adelante, no estaba necesariamente en la guitarra como instrumento, sino en las condiciones del ejemplar que había llegado a sus manos. Las cuerdas estaban demasiado alejadas del diapasón y tocarla resultaba muy difícil.
Antes de regresar definitivamente a las seis cuerdas, exploró otras alternativas. En su casa había un acordeón a piano y un teclado, de modo que comenzó a experimentar con ese instrumento. Esa aproximación terminó convirtiéndose en una herramienta importante para su desarrollo posterior como compositor y arreglador.
Aunque reconoce que no es un pianista especializado, Serafine explicó que los conocimientos adquiridos le permiten comprender los arreglos que realiza y trabajar con una base musical más amplia. En ese proceso también cuenta con la colaboración de Danilo Moschen, tecladista de Rata Blanca, quien lo ayuda a modificar y corregir determinados aspectos de sus composiciones.
El músico no se presenta como un instrumentista dedicado exclusivamente al piano, pero sí como alguien que conoce los recursos que utiliza. Esa diferencia resulta importante para su método de trabajo: no se trata de colocar notas al azar, sino de comprender qué función cumplen dentro de una composición.
Después del teclado, también probó el bajo y la batería. Ninguno terminó de convencerlo. La batería, recordó, tenía una ventaja elemental: cada golpe producía un sonido. Con la guitarra y el bajo, en cambio, la ejecución exigía una precisión que todavía no había desarrollado.
Finalmente, un amigo le hizo notar que el problema estaba en el instrumento que utilizaba. Le sugirió que lo regalara o que lo destinara a una maceta, porque aquella guitarra no ofrecía las condiciones necesarias para tocar cómodamente. La observación fue tan directa como reveladora. Serafine comprendió que parte de sus dificultades provenía de las limitaciones del instrumento y no de una supuesta incompatibilidad con la música.
La situación cambió cuando consiguió una guitarra Faim, modelo Les Paul. A partir de entonces comenzó a sentirse más cómodo y pudo avanzar en el aprendizaje. El descubrimiento llegó acompañado por una etapa de estudio y experimentación que se extendería durante años.
En su casa, además, tenía acceso a una colección musical amplia y diversa. Su padre reunía discos de distintos géneros y artistas, entre ellos Elvis Presley, Oscar Alemán y Les Paul. Fue precisamente al escuchar a este último cuando Boff sintió que algo se transformaba en su relación con la guitarra.
“Cuando escuché Les Paul sí me voló el cráneo. Dije: ‘¿Y este extraterrestre de dónde salió?’”, recordó. Aquella impresión le permitió identificar con mayor claridad la orientación musical que más lo atraía. Entre las distintas influencias que convivían en su entorno, el rock comenzó a ocupar un lugar central.
Sin embargo, el entusiasmo no reemplazó el aprendizaje. Su padre advirtió que quería tocar la guitarra, pero todavía no sabía afinarla ni cambiarle una cuerda. En lugar de desalentarlo, aquella observación le permitió comprender que debía comenzar por los fundamentos del instrumento.
Serafine reconoció que encontrar su propio estilo le llevó mucho tiempo. Durante los primeros años, como sucede con numerosos músicos, intentaba acercarse a la manera de tocar de otros guitarristas. Con la experiencia entendió que la imitación podía ser una etapa del aprendizaje, pero no debía convertirse en el destino final.
“Me costó muchos años encontrar un estilo, encontrar mi formato, encontrar mi forma, no copiar ni parecerme a alguien”, explicó. En su reflexión apareció el nombre de Gary Moore, a quien mencionó como ejemplo de un guitarrista cuya personalidad musical resulta prácticamente imposible de reproducir sin perder la propia identidad.
Para Boff, el desafío consiste en aprender de los grandes intérpretes sin renunciar a una voz personal. La técnica y la admiración pueden funcionar como herramientas, pero la identidad aparece cuando el músico deja de perseguir una copia exacta y comienza a desarrollar su propio lenguaje.
Su primera banda se llamó Electricidad Blues Band. Allí compartió sus comienzos con Fabián Jolivet, hermano del reconocido Conejo Jolivet. El grupo se movía por la zona de Belgrano y estaba integrado por jóvenes que comenzaban a construir su recorrido dentro del rock. Aunque todavía estaban lejos de alcanzar una repercusión importante, aquella experiencia representó un paso decisivo para su formación.
El nombre de la banda también quedó asociado a una etapa de descubrimientos y primeras presentaciones. Serafine recordó aquellos años como un período en el que el gusto por el rock ya estaba definido y comenzaba a traducirse en proyectos concretos.
Pero el episodio que cambiaría su vida musical llegaría a través de su relación con Pappo. Cuando el entrevistador le preguntó cómo había llegado a Riff, Boff respondió con una frase inesperada: “Por error”.
La explicación tuvo más que ver con las circunstancias y las casualidades que con una búsqueda deliberada. Serafine conocía a Pappo desde antes de la década del ochenta, a través de un amigo que trabajaba en el ámbito de la publicidad y la producción en España. Ese vínculo lo acercó al entorno del músico y, con el tiempo, comenzó a visitar la casa de los Napolitano.
Allí se fue construyendo una relación que terminaría teniendo consecuencias decisivas. Pappo sabía que Boff tocaba la guitarra y, en diferentes oportunidades, le pedía que se sentara a tocar frente a él. Sin embargo, Serafine confesó que no se animaba.
La anécdota expone una faceta menos conocida de aquella relación. Aunque existía confianza, tocar frente a uno de los guitarristas más influyentes del rock argentino representaba una presión difícil de manejar. Cada vez que el Carpo lo invitaba a tocar, Boff encontraba alguna excusa para retirarse.
“Ni en pedo toco adelante de este monstruo”, recordó que pensaba. En una ocasión alegó un dolor en la mano y, en otra, encontró una razón diferente para marcharse. La admiración que sentía por Pappo le impedía actuar con naturalidad frente a él.
El guitarrista también recordó la dimensión que tenían algunas de las canciones que escuchaba en aquella casa, como “Azafata del tren fantasma” y “Sucio y desprolijo”. La posibilidad de ponerse frente a Pappo e interpretar material asociado con semejante figura le parecía una situación difícil de afrontar.
El encuentro decisivo se produjo cuando el Carpo apareció en una sala donde Boff estaba ensayando con su propia banda. En esa oportunidad, ya no había una puerta por la que escapar ni una excusa para evitar que lo escuchara tocar. Pappo pudo observarlo en su ambiente musical y comprobar sus condiciones.
A comienzos de los años ochenta, Serafine contaba con un equipamiento que llamaba la atención para un músico joven que todavía no tenía reconocimiento público. Tenía un amplificador Marshall con sus dos bafles y una Fender Stratocaster a la que le había modificado los micrófonos, incorporándole pastillas de doble bobina.
Recordó que algunos conocidos se burlaban de aquellas modificaciones y llamaban “cucarachas” a los micrófonos. Con el tiempo, cuando ese tipo de configuraciones se volvió más habitual entre los guitarristas de rock, la anécdota adquirió otro significado.
El momento de la convocatoria llegó después de que Boff sufriera un accidente automovilístico. Mientras se recuperaba, Pappo fue a buscarlo a su casa y le propuso participar en una nueva banda.
La conversación, según la reconstrucción que hizo durante la entrevista, comenzó con una invitación que no parecía demasiado concreta. El Carpo le explicó que necesitaba un guitarrista. Boff incluso le ofreció su instrumento, pero Pappo aclaró que no buscaba solamente una guitarra: necesitaba a la persona que pudiera tocarla.
Cuando Serafine estuvo en condiciones de acercarse, preguntó cómo se llamaría el grupo. La respuesta fue sencilla: Riff.
En aquel momento no imaginó el alcance que tendría esa decisión. La idea le pareció una iniciativa que podía cambiar de rumbo en cualquier momento, especialmente porque conocía la trayectoria de Pappo y los cambios que habían atravesado sus proyectos anteriores.
“Yo no me lo tomé en serio. Para nada”, reconoció. La propuesta, sin embargo, terminó convirtiéndose en una de las experiencias más importantes de su carrera.
Riff se consolidó como una referencia fundamental del rock pesado argentino. Su sonido, su potencia instrumental y su estética contribuyeron a construir una identidad que atravesó generaciones de seguidores. La banda ocupó un lugar destacado en el desarrollo del hard rock nacional y dejó un repertorio que continúa presente en la memoria del público.
El recorrido del grupo estuvo marcado por diferentes etapas, formaciones y regresos. Pappo, Vitico, Michel Peyronel y Boff Serafine integraron la formación histórica que se convirtió en uno de los emblemas del género. La trayectoria de Riff quedó asociada a discos, recitales y canciones que definieron una época.
Con el paso de los años, la banda se transformó en una referencia difícil de reemplazar. Por eso, durante la conversación en Radio Zónica, el entrevistador le planteó a Boff una reflexión sobre la imposibilidad de reproducir exactamente el sonido original de grupos históricos cuando faltan integrantes fundamentales.
Serafine coincidió con esa mirada. Comparó la situación con la de otras agrupaciones emblemáticas y sostuvo que una formación puede volver a interpretar canciones conocidas, pero eso no significa que recupere automáticamente la identidad de su etapa original.
“No hay nada igual y no lo va a haber tampoco”, afirmó al referirse al legado de Riff. Para explicar su posición, mencionó a Soda Stereo y Serú Girán como ejemplos de proyectos cuya historia está ligada a la personalidad de sus integrantes y a una combinación de factores que no puede reproducirse mecánicamente.
El guitarrista también se refirió a su relación actual con los antiguos compañeros. Explicó que mantiene contacto con Michel Peyronel y que conversan ocasionalmente, mientras que hace tiempo no habla con Vitico. En ese contexto, expresó su desacuerdo con la idea de que una sola persona represente por completo la identidad de Riff.
“Somos tres”, remarcó, en referencia a los integrantes históricos que continúan vinculados con el legado de la banda. Su reflexión no desconoce la importancia de aquella etapa, sino que cuestiona que la historia colectiva quede reducida a una sola mirada.
La conversación también se detuvo en uno de los trabajos discográficos más recordados de Riff: “Que sea rock”, conocido entre sus seguidores como el álbum negro. Serafine destacó la reedición en vinilo realizada por PopArt y valoró el trabajo de recuperación del material.
El músico recordó las circunstancias particulares de la grabación, realizada con Álvaro Villagra en los estudios vinculados al Abasto. Para él, el sonido de las guitarras ocupó un lugar central en aquella producción, en la que trabajó especialmente sobre el audio de su instrumento.
La sesión estuvo atravesada por un momento personal difícil para Pappo, cuyo padre falleció durante ese período. Serafine recordó que el guitarrista le pidió que se hiciera cargo de las guitarras en determinadas canciones. La grabación continuó y Boff asumió una responsabilidad adicional en un contexto complejo para el grupo.
Entre las composiciones que destacó se encuentran “Estamos hartos” y “Reza duro”, canciones que considera especialmente significativas por su participación en el proceso creativo. También mencionó “En una calma de Agadir”, otro de los temas vinculados con aquella etapa.
El recuerdo de esas sesiones permitió comprender que su participación en Riff no se limitó a ejecutar partes de guitarra. Serafine también intervino en la construcción de canciones, en decisiones relacionadas con el sonido y en un trabajo colectivo que contribuyó a definir la identidad musical del grupo.
Esa dimensión compositiva aparece como una de las claves de su presente. Mientras parte del público sigue asociándolo exclusivamente con Riff, él busca desarrollar un proyecto que tenga su propia personalidad y que no dependa de reproducir de manera permanente el repertorio del pasado.
Al explicar su posición, fue contundente: “La principal diferencia con mis excompañeros es que yo seguí componiendo”. La frase no supone desconocer los caminos que eligieron los demás músicos, sino establecer una diferencia en el modo en que cada uno decidió continuar su carrera.
Serafine reconoció que Fin de una Era interpreta canciones de Riff en sus presentaciones, pero aclaró que no utiliza ese repertorio como único argumento promocional. Su intención es ofrecer una propuesta musical que incorpore aquellas composiciones a un lenguaje diferente.
“No me interesa” reproducir exactamente los solos, las interpretaciones vocales y cada detalle de las versiones originales, explicó. Para él, intentar construir una copia de Riff conduce a una comparación inevitable con una banda cuya identidad pertenece a una etapa irrepetible.
La alternativa consiste en tomar determinadas canciones y adaptarlas a la personalidad sonora de Fin de una Era. En ese sentido, mencionó temas como “La frontera inesperada” y “Zona de nadie”, que forman parte del repertorio que puede abordar con su actual agrupación.
El objetivo no es negar la historia ni desprenderse de ella, sino encontrar una forma de continuar. Las canciones conservan su esencia, pero se transforman al pasar por otros arreglos, otras interpretaciones y una concepción musical diferente.
Fin de una Era, explicó, no nació recientemente. El proyecto tiene ocho años de recorrido y atravesó cambios de integrantes, modificaciones en la composición y una evolución progresiva de su propuesta. Para Serafine, la construcción de una banda requiere tiempo, trabajo y una dirección artística definida.
“Es muy raro que una banda la hagas, componga, salga y pegue”, señaló. El guitarrista considera que consolidar una identidad musical no es un proceso inmediato, sino el resultado de múltiples experiencias, decisiones y ajustes que se acumulan con los años.
En su caso, esa búsqueda está acompañada por una idea precisa sobre cómo quiere que suene el grupo. Serafine explicó que no trabaja de manera improvisada y que tiene claro qué tipo de resultado busca. La potencia, los arreglos y la calidad de la producción forman parte de un concepto que procura mantener a lo largo de cada lanzamiento.
“Sé lo que quiero, sé a dónde quiero ir, sé el producto que quiero, sé cómo quiero que suene”, sostuvo. Esa definición también explica su manera de organizar el trabajo dentro de la banda.
Para el guitarrista, los proyectos musicales necesitan una dirección común. Cuando todos los integrantes intervienen sin una idea compartida, el resultado puede perder coherencia. En cambio, cuando existe una visión definida y cada músico comprende hacia dónde se dirige el conjunto, las posibilidades de alcanzar un sonido sólido aumentan.
Serafine aclaró que no se trata de impedir los aportes individuales. La cuestión es que las decisiones se integren en una propuesta artística reconocible. Una banda puede funcionar con un liderazgo claro o con una visión compartida entre sus integrantes, pero necesita evitar que las diferentes ideas terminen desdibujando su identidad.
En Fin de una Era, esa búsqueda se traduce en un sonido potente, cuidado y con una atención especial a los detalles. El trabajo compositivo se complementa con arreglos que amplían las posibilidades de las canciones y permiten construir una propuesta que va más allá de la interpretación tradicional del rock pesado.
El proyecto también cuenta con la colaboración de músicos que aportan conocimientos específicos a determinadas etapas de la producción. Entre ellos se encuentra Danilo Moschen, cuyo trabajo con los teclados resulta importante para la construcción de los arreglos que Serafine busca incorporar a sus composiciones.
La combinación entre guitarras, teclados y una elaboración más detallada de las estructuras musicales constituye una de las características de la propuesta. La intención es mantener la energía del rock, pero explorar otras posibilidades expresivas.
Ese enfoque se vincula con una convicción que Boff sostiene desde hace tiempo: la música no puede quedar detenida en la repetición de fórmulas conocidas. La experiencia adquirida durante décadas de trabajo le permite revisar su propio recorrido y decidir qué elementos conservar y cuáles transformar.
Por eso, el lanzamiento de “Borderline” y la preparación de nuevas canciones representan mucho más que una continuidad discográfica. Son parte de un proceso en el que Fin de una Era busca consolidar su identidad y ampliar su repertorio con material propio.
La banda se prepara para presentar esa propuesta en vivo el 29 de octubre en Makena Bar, ubicado en el barrio porteño de Palermo. Durante la entrevista, Serafine confirmó que antes del espectáculo se realizaría una conferencia de prensa organizada por Marianela, responsable de la prensa y la gestión del grupo.
El encuentro con los medios estaba previsto para las 19, mientras que el recital comenzaría puntualmente a las 21. El músico insistió en la importancia de respetar el horario y aclaró que el show no estaba pensado para comenzar con una demora considerable.
La presentación aparece como una oportunidad para que el público conozca de cerca el universo musical que la banda viene desarrollando. Además del material propio, el repertorio contempla canciones de Riff reinterpretadas desde la identidad de Fin de una Era, con arreglos y recursos sonoros que buscan ofrecer una experiencia diferente.
Durante el cierre de la entrevista, surgió una pequeña confusión técnica sobre la canción que acompañaría la despedida del programa. Mientras los integrantes del equipo intentaban determinar qué material tenían disponible, Serafine aclaró que el video oficial de “Borderline” podía encontrarse en los canales de PopArt y que también era posible recurrir a las plataformas digitales para escuchar las composiciones del grupo.
Finalmente, la conversación volvió sobre “Dentro de mí”, tema que se mencionó como una de las opciones para acompañar el final del encuentro. El guitarrista aprovechó ese momento para recordar la importancia del respaldo que la discográfica viene brindando al proyecto y destacó que uno de los lanzamientos había superado las 113.000 visualizaciones, según la cifra mencionada durante el programa.
El dato fue recibido como una señal positiva para una banda que busca ampliar su público y mantener una actividad sostenida. Sin embargo, el eje de la charla no estuvo puesto únicamente en las reproducciones o en los resultados de una publicación, sino en la posibilidad de seguir produciendo música y desarrollar una propuesta propia.
A lo largo del encuentro, Boff Serafine dejó en claro que su relación con Riff continúa siendo una parte esencial de su historia, pero que no está dispuesto a convertirla en el único capítulo de su carrera. La experiencia junto a Pappo y sus antiguos compañeros constituye un legado que reconoce y valora, aunque su presente artístico se encuentre orientado hacia otros objetivos.
La historia de su ingreso a Riff, contada a través de una sucesión de encuentros casuales, anécdotas y decisiones inesperadas, demuestra hasta qué punto algunos momentos pueden modificar el rumbo de una vida. Lo que comenzó con una invitación que ni siquiera se tomó demasiado en serio terminó convirtiéndose en una experiencia fundamental dentro del rock argentino.
Años después, el guitarrista continúa enfrentándose a un desafío diferente: demostrar que la trayectoria no tiene por qué transformarse en una obligación de repetir el pasado. Su respuesta está en la composición, en la búsqueda sonora y en la construcción de un proyecto que pueda sostenerse por sus propios méritos.
El nombre de Fin de una Era funciona, en ese sentido, como una declaración artística. No significa que el músico reniegue de su historia ni que pretenda borrar el recorrido compartido con Riff. Representa, más bien, la voluntad de cerrar una etapa para abrir otra, utilizando la experiencia acumulada como punto de partida.
El presente de Serafine combina la memoria de una banda histórica con la inquietud de un compositor que todavía tiene canciones por hacer. Entre las nuevas grabaciones, la preparación de sencillos y la evolución del sonido de Fin de una Era, el guitarrista demuestra que su vínculo con el rock continúa activo y que su búsqueda no depende exclusivamente de la nostalgia.
En una escena en la que los clásicos siguen convocando a varias generaciones, su apuesta consiste en ofrecer algo diferente sin desconocer el pasado. Una decisión que exige asumir riesgos, aceptar comparaciones y sostener una identidad propia frente a las expectativas del público.
La entrevista en “Atrapados por el Rock and Roll”, por Radio Zónica, dejó así una imagen de Boff Serafine que va más allá del guitarrista asociado a los años dorados de Riff. Es la de un músico que conserva el respeto por su historia, reivindica el valor del trabajo colectivo y entiende la composición como una tarea permanente.
Su mirada sobre el aprendizaje, la originalidad y la evolución artística atraviesa tanto los recuerdos de sus comienzos como los proyectos que prepara para el futuro. Desde aquella primera guitarra que creyó incapaz de tocar hasta las nuevas canciones que trabaja junto con su banda, el recorrido está marcado por una misma actitud: probar, corregir, aprender y seguir adelante.
Y si algo quedó claro durante la conversación es que Boff Serafine no considera terminada su historia musical. Mientras haya nuevas ideas para desarrollar, arreglos que perfeccionar y canciones que llevar al escenario, el guitarrista seguirá buscando una manera propia de hacer sonar el rock.
Boff Serafine, cuyo nombre es Héctor Oscar Serafine, es guitarrista, compositor y productor musical argentino. Su trayectoria quedó estrechamente ligada a Riff, la banda de hard rock fundada en 1980 alrededor de la figura de Pappo, en la que compartió formación con Vitico y Michel Peyronel. Integró la primera etapa del grupo y participó en trabajos discográficos fundamentales para el desarrollo del rock pesado nacional, entre ellos “Ruedas de metal”, “Macadam 3…2…1…0”, “Contenidos” y “En acción”. Posteriormente volvió a participar en distintas etapas de la agrupación, entre ellas la que dio lugar a “Zona de nadie” y “Que sea rock”.
A lo largo de su carrera también desarrolló proyectos propios y colaboró con diferentes músicos. Entre sus trabajos solistas se encuentran “Harto de esperar”, publicado en 2001, “Recargado”, editado en 2003, y “Hombre hostil”, de 2008. Además de tocar, desarrolló tareas de producción musical y trabajó en el sonido de guitarras de discos vinculados con Riff.
En su etapa actual lidera Fin de una Era, proyecto con el que busca combinar la potencia del rock con nuevos arreglos, teclados y composiciones propias. La banda interpreta también versiones de canciones de Riff, pero desde una perspectiva que prioriza la transformación musical antes que la reproducción exacta de las grabaciones originales. Con “Borderline” y la preparación de nuevos sencillos, Serafine continúa desarrollando una propuesta que procura mantener viva la energía del rock y, al mismo tiempo, construir una identidad artística independiente.
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