Sábado 4 de Abril de 2026 - 10:42:01 pm

Carlos Vandera: “La música fue un misterio hermoso que me envolvió y me llevó a un océano desconocido”

Música abril 3, 2026

El músico, compositor y productor rosarino pasó por Psicoestela Radial para presentar “Dúos, tríos y coros”, el primer adelanto de su próximo álbum El verano en que dimos todo, y dejó una conversación íntima sobre memoria, fragilidad, autoestima, oficio y el lugar emocional que la música ocupa en su vida.

“Muy contento de estar acá, ya te había prometido venir y por suerte el tiempo conspiró a favor”, dijo Carlos Vandera al comenzar la charla, en un encuentro que rápidamente tomó un tono profundo, atravesado por la escucha de canciones de distintas etapas de su discografía. Desde el inicio, el hilo conductor fue claro: sus temas como una radiografía sensible de la época, de la identidad y de los vínculos.

Al hablar de “Like”, una de las canciones destacadas de sus trabajos anteriores, explicó cómo la coyuntura social y tecnológica se filtra inevitablemente en la escritura. “Era una época donde se hablaba mucho de los likes como un valor personal. Si tenés muchos likes o no tenés, como si eso definiera algo”, señaló. Y agregó una definición tan filosa como lúcida: “Me pareció obsceno que bajáramos la charla a eso y que quitáramos la música del centro, que es donde tiene que estar”. Sobre la automatización emocional de esa lógica digital, lanzó una frase potente: “El teléfono es el arma de destrucción masiva más chica que fabricaron”.

La conversación avanzó sobre “Piso y techo”, donde apareció uno de los rasgos más fuertes de su universo poético: la empatía. “Siempre trato de poner la cámara en todos los lugares y no reaccionar ante el primer conflicto”, explicó. “Todos estamos lidiando con algo que el otro no sabe, entonces muchas veces lo que vemos tiene una raíz atrás”. Desde esa mirada, dejó ver cómo su hipersensibilidad se convirtió también en un método de composición y de lectura del mundo.
Más adelante, al detenerse en “Gravedad”, Vandera reconoció que muchas de sus canciones están atravesadas por estados internos y por la tensión emocional propia del oficio artístico. “Es el recorrido de la autoestima”, resumió sobre ese tema. Y amplió: “En lo que hacemos hay mucha inseguridad, siempre estamos peleando entre saber qué queremos hacer, si está bien, si transmitimos bien”. Sin embargo, marcó un aprendizaje central de su presente: “Con el tiempo me obligué a soltar eso de cómo la emoción la ve el otro y jugar más con mi emoción, con lo que me pasa a mí”.

Uno de los momentos más ricos de la entrevista llegó con “El negocio de la música”, canción en la que revisita su vínculo más esencial con el arte. “Volví a mi primera sensación con la música, a cuando me quedaba los sábados a la noche tocando la guitarra solo porque me gustaba”, recordó. Desde allí, contrapuso ese impulso original con la dimensión industrial del presente. “Después entrás en las planillas, en las compañías, en las redes, en el contenido… pero yo siempre me conecto con ese instante inicial”, sostuvo. Y dejó la frase que terminó convirtiéndose en el corazón emocional de toda la nota: “La música fue un misterio hermoso que me envolvió y me llevó a un océano desconocido y hermoso donde nado hasta hoy”.

La fragilidad de esta época también apareció como uno de los grandes ejes de la charla, especialmente al hablar de “El gran escape” y de ciertas imágenes recurrentes en su obra, como el cristal, el papel o la rotura de estructuras. “Estamos viviendo épocas donde todas las cosas en las que nos apoyábamos se desarmaron”, reflexionó. “Nos sentimos flotando en la nada y todavía estamos mareados tratando de encontrar la emoción que nos permita sobrevivir”. En esa línea, cuestionó los mandatos contemporáneos del éxito inmediato: “Esa idea de que todo lo que sueñes lo podés conseguir tiene algo nocivo atrás, porque te proporciona un camino muy rápido a la frustración”.
La memoria afectiva ocupó otro tramo conmovedor cuando se detuvo en “La casa”, inspirada en la demolición de la vivienda de su abuela en Rosario. “Todos tenemos una casa que recordamos como muy especial. En mi caso fue la de mi abuela”, contó. El recuerdo no se limitó al espacio físico, sino a la figura emocional que lo habitó. “Fue una persona totalmente analfabeta y con una modernidad apabullante”, dijo sobre ella. Cuando esa casa fue demolida, lo vivió como un duelo. Sin embargo, la canción transforma esa pérdida en permanencia: “Hay algo que no se va a poder demoler. Tengo las llaves acá, cuando quiera puedo entrar”.

Ya sobre la actualidad, Vandera presentó el universo conceptual de su próximo disco, El verano en que dimos todo, que verá la luz el 8 de abril. Sobre el primer single, “Dúos, tríos y coros”, explicó el origen de la metáfora. “Surgió de una charla con un amigo que estaba pasando un momento afectivo difícil. Todo su entorno opinaba sobre algo que solo le había pasado a él”, relató. “Entonces en mi cabeza apareció esa imagen muy de la ópera: dúos, tríos y coros, todo el mundo diciendo qué hacer sobre una experiencia que ya dejó de pertenecerte”.

El nuevo álbum tendrá 11 canciones y, según explicó, está profundamente conectado con Rosario, su ciudad natal. “Hace años que no iba tanto y este último tiempo me fui reconectando con esa pertenencia”, contó. “Hay algo en la tierra donde nacés que es increíble, como si hiciera algo sobre tus pies”. Desde esa sensación nace también el título del disco. “Todos tenemos un recuerdo de un momento donde sentimos que la vida era hermosa y la plenitud estaba por todos lados. Yo lo traduje en un verano”.
Sobre la presentación en Café Berlín, adelantó que será una noche muy especial porque coincidirá exactamente con la salida del álbum. “Nunca me pasó tocar el mismo día que sale el disco, así que estamos ansiosos y muy enfocados en mostrarlo”, expresó.
En el tramo final, también recordó su trabajo en la banda sonora del documental sobre Guillermo Vilas, experiencia por la que fue nominado. “Fue precioso porque soy muy fan del tenis y meterme en su vida fue fascinante”, dijo. Sin dramatizar el resultado de la premiación, dejó otra reflexión muy de su estilo: “Que te nominen ya quiere decir que alguien puso la oreja ahí. Después ganar o no ganar es azar, no hay justicia ni es justo el que gana ni el que pierde”.

A lo largo de toda la charla, Carlos Vandera fue hilando canciones, recuerdos, ciudades, pérdidas y emociones con la misma sensibilidad con la que compone. Entre Rosario, la casa de la abuela, los likes, la autoestima, la fragilidad contemporánea y el misterio del arte, dejó una certeza que resume toda su poética: la música, para él, sigue siendo ese territorio donde todavía se puede entrar con llave propia.

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