Carolina Vázquez Bendersky: “Cuando uno está desconectado de sí mismo, inevitablemente se inhabilita para conectar con el otro”
Interes General octubre 26, 2026La autora de La revancha del bienestar pasó por El Arranque, en Radio Zónica, y habló sobre mandatos sociales, autoconocimiento, estrés y la importancia de vivir en coherencia con los propios deseos.
La vida cotidiana puede convertirse en una sucesión de obligaciones, exigencias y responsabilidades que se cumplen casi sin pensar. Levantarse, trabajar, responder a las expectativas de los demás, resolver problemas y continuar avanzando sin detenerse a preguntarse si el camino elegido es realmente el que uno desea. Esa dinámica, que muchas veces se naturaliza como parte inevitable de la vida adulta, es el punto de partida de la propuesta de Caro Bendersky, autora de La revancha del bienestar: bitácora para habitar el lugar que deseamos. Durante una entrevista con Maxi Lequi en El Arranque, por Radio Zónica, la escritora invitó a revisar las reglas con las que vivimos, los mandatos que heredamos y las decisiones que tomamos sin advertir hasta qué punto pueden alejarnos de nuestra propia identidad.
“Y el estilo de vida actual, sin darnos cuenta, nos llevó a vivir en un estado de piloto automático”, planteó al comenzar a desarrollar su mirada sobre la vida contemporánea. Para explicar esa dinámica, recurrió a una imagen cotidiana: la de un vehículo que avanza por una autopista a toda velocidad, sin detenerse a observar el paisaje ni considerar la posibilidad de cambiar de dirección. “Es como entrás en esa variante y en esa autopista y ponés quinta y vas. Y en ningún momento, ir en la autopista te posibilita bajar a tercera, segunda, primera, parar y mirar a los costados”, explicó.
La metáfora le permitió describir una forma de vivir en la que las personas siguen adelante sin preguntarse si lo que hacen responde a un deseo genuino o a una serie de expectativas incorporadas a lo largo de los años. En ese recorrido, advirtió, se produce un alejamiento progresivo de uno mismo que termina afectando también los vínculos. “Siento que la vida, cuando entra en ese carril de la autopista, nos lleva a alejarnos de nosotros mismos. Y ese alejamiento es lo que nos va desconectando de nuestro verdadero deseo”, sostuvo.
Durante la conversación, el conductor coincidió en que ese funcionamiento puede hacer que se pierdan de vista cuestiones esenciales, como la cercanía, el encuentro con los demás y la posibilidad de construir relaciones auténticas. Sin embargo, para la autora, existe un paso previo que resulta determinante: la desconexión personal. “Cuando uno está desconectado de sí mismo, inevitablemente se inhabilita para conectar con el otro”, afirmó.
La reflexión abre una pregunta incómoda: ¿cuánto de lo que consideramos propio responde, en realidad, a decisiones que tomaron otros antes que nosotros? Bendersky explicó que buena parte de las reglas que orientan nuestra conducta se construyen a partir de los procesos de socialización que atravesamos desde la infancia. La educación formal, el hogar, las convenciones sociales y los mandatos familiares van delineando una manera de entender el mundo que, con el tiempo, puede confundirse con nuestra propia identidad.
“Vivimos con reglas propias, solamente que no nos damos cuenta de que, cuando las estamos jugando, son las heredadas”, señaló. Aunque esas pautas pueden resultar útiles para organizarnos y convivir, la dificultad aparece cuando nunca nos detenemos a examinar si coinciden con lo que verdaderamente queremos. “Las tomamos como reglas propias, pero no nos preguntamos si todo ese marco regulatorio lo elegimos realmente porque está en congruencia con lo que nosotros deseamos”, explicó.
Su propuesta consiste, precisamente, en revisar ese sistema de creencias y decisiones para descubrir cuáles responden a una elección consciente y cuáles se mantienen por costumbre, por temor al rechazo o por la necesidad de cumplir con las expectativas ajenas. “El planteo es: reconectemos, reconfiguremos ese esquema regulatorio, y desde esa conexión vos vas a poder descubrir si vas o no en piloto automático”, resumió.
La reflexión no surge únicamente de una elaboración teórica. Cuando Lequi le preguntó si alguna vez había tenido que detenerse para emprender su propia búsqueda de bienestar, la autora reconoció que durante mucho tiempo creyó que había hecho lo que quería, hasta que una experiencia personal la llevó a revisar esa certeza. “A pesar de que yo siempre creí que hice lo que quise, en algún momento me encontré haciéndome la pregunta de si la vida que estaba viviendo realmente expresaba quién yo era verdaderamente”, recordó.
La respuesta llegó en un momento difícil. Bendersky contó que atravesó un cáncer de mama en fase inicial y que esa experiencia se convirtió en un punto de inflexión. “En algún momento me encontré, por las malas, haciéndome esta pregunta. Por las malas porque me enfermé”, expresó. Lejos de presentar su historia como una fórmula universal, explicó que aquella situación la llevó a detenerse y a preguntarse qué podía hacer con lo que había sucedido y qué significado podía encontrar a partir de entonces.
“Afortunadamente tomé acción y pude, a partir de ese momento, decir: ‘Okey, paré por las malas. ¿Qué hago con esto que pasó? ¿Para qué pasó?’”, relató. La experiencia le permitió reconocer que muchas veces existen señales previas que invitan a revisar el ritmo de vida, aunque no siempre se las interpreta de esa manera. En lugar de escucharlas, las personas suelen acostumbrarse al malestar y continuar con sus actividades como si nada ocurriera.
“Lo que pasa es que ninguno de nosotros lo considera un llamado de atención”, advirtió. En ese sentido, mencionó situaciones frecuentes que suelen naturalizarse en medio de las exigencias diarias: la acidez, los dolores de cabeza, el colon irritable y otras molestias que pueden requerir atención médica y que, en ocasiones, se relacionan con el estrés o los hábitos cotidianos. Su planteo no fue que todos esos síntomas tengan una única causa, sino que resulta importante no ignorar las señales del cuerpo ni asumir que vivir con malestar permanente es inevitable.
“Nosotros vamos naturalizando vivir con acidez, vivir con dolor de cabeza, vivir con colon irritable, vivir con toda una serie de patologías que son propias del ritmo y de la vorágine de la vida moderna en la que vivimos y creemos que es normal”, sostuvo. Y agregó: “Son las llamadas de atención que va poniendo el cuerpo en la medida en que vos vas avanzando sin escuchar por dónde va el camino”.
A partir de esa experiencia, la autora encontró una motivación para compartir las herramientas que había incorporado durante su propio proceso. No buscó convertir su historia personal en una receta que otras personas debieran repetir, sino abrir un espacio de reflexión que permita a cada lector reconocer su situación y encontrar sus propias respuestas.
Por eso eligió que La revancha del bienestar tuviera el formato de una bitácora. El libro, publicado por Emporio Ediciones, propone un recorrido de autoconocimiento con espacios para registrar experiencias, emociones y pensamientos, sin imponer un orden rígido ni un método cerrado. La obra tiene una edición impresa de 2026 y 202 páginas. Su subtítulo, Bitácora para habitar el lugar que deseamos, resume la invitación central: explorar el mundo interior para construir una vida más coherente con lo que cada persona considera importante.
“Lo que va a encontrar es íntimo. Es único e irreproducible porque la experiencia que cada uno de nosotros vive es única, y la mirada que cada uno de nosotros aplica a cualquier cosa en la vida es única e irreproducible”, explicó durante la entrevista. La intención es que quien se acerque al libro pueda transitarlo a su propio ritmo, deteniéndose en aquello que le resulte significativo y utilizando las propuestas como disparadores para pensar su realidad.
“Lo definí como una bitácora porque no es un método cerrado, sino que es una invitación a ir a un viaje interior”, señaló. En ese sentido, hizo una distinción respecto de las categorías con las que suelen clasificarse este tipo de publicaciones: “Es un libro de autoconocimiento, no es de desarrollo personal ni de autoayuda”.
La propuesta incluye espacios para escribir, reflexionar y registrar lo que se experimenta durante la lectura. Bendersky describió la obra como un libro corto, sencillo y escrito en un lenguaje coloquial, aunque aclaró que llevar sus planteos a la práctica puede resultar mucho más desafiante que comprenderlos intelectualmente. Porque reconocer una conducta no significa necesariamente estar preparado para modificarla, y descubrir una creencia arraigada puede obligar a revisar decisiones que durante años parecieron incuestionables.
“Podés leerlo en el orden que quieras, hay una constante que se mantiene a través de los capítulos. Es un libro corto, que es sencillo, que está escrito en un lenguaje coloquial, llano, fácil de lectura, pero muy difícil en el proceso del trabajo práctico”, explicó.
Cuando Lequi le preguntó qué esperaba que encontraran los lectores, la autora volvió a poner el foco en el aprendizaje que surge de la experiencia, sin pretender establecer una verdad definitiva para todos. “No sé si razón. Lo que quiero es compartir mi aprendizaje”, aclaró. Su intención es acercar herramientas que puedan ser útiles para quienes decidan emprender ese camino de exploración personal, entendiendo que cada recorrido será diferente.
“Hay un solo camino, uno puede elegir cómo lo transita, en el tiempo y en el ritmo que quiere, pero el final es uno solo, que es conocerte”, afirmó.
La conversación también permitió comprender cómo su trayectoria profesional influyó en la mirada que desarrolla en el libro. Bendersky proviene del mundo de los recursos humanos y contó que, a lo largo de más de veinte años de trabajo en selección de personal, observó reiteradamente cómo las personas intentaban mostrar una versión de sí mismas que no siempre coincidía con sus características reales.
“Vengo del mundo de los recursos humanos. A lo largo de tantos años de ejercicio de la profesión, de tantos procesos de selección, miles de procesos de selección que llevé adelante, fui descubriendo que las personas se esforzaban mucho por mostrar algo que no eran en su afán de insertarse laboralmente”, relató.
Esa experiencia le permitió reconocer una conducta que, según su planteo, no se limita al ámbito laboral. La necesidad de ser aceptados, elegidos o incluidos puede llevar a las personas a construir personajes y adaptar su comportamiento según el entorno en el que se encuentran. El problema aparece cuando esa adaptación deja de ser una herramienta circunstancial y se transforma en una manera permanente de vivir.
“Ese modo de vivir que tenemos las personas tratando de adaptar las máscaras o los personajes que utilizamos para ser incluidos, aceptados, elegidos, son una de las principales razones que nos llevan a alejarnos de nosotros mismos”, sostuvo.
La búsqueda de aprobación puede generar una tensión constante entre lo que una persona siente que es y aquello que cree que debería demostrar. En lugar de desarrollar sus fortalezas, termina intentando reunir características que supone que los demás esperan encontrar. Esa exigencia, explicó, puede derivar en inseguridad, estrés y una sensación persistente de insuficiencia.
“Te vas deformando. Y eso hace que uno viva en alerta constante”, señaló. Para describir las consecuencias de esa dinámica, agregó: “Uno finalmente termina rechazándose a uno mismo y no se acepta. Y vive en alerta porque no está relajado y no está cómodo consigo mismo. Vive en alerta tratando de mostrar características, competencias o cualidades que no tiene naturalmente”.
El planteo se vuelve especialmente significativo cuando se traslada al mundo del trabajo, donde las entrevistas laborales y los procesos de selección suelen despertar el temor a no ser suficiente. Desde su experiencia profesional, Bendersky cuestionó la idea de que para conseguir una oportunidad sea necesario representar un personaje que responda a todas las expectativas imaginadas.
“Yo que hice selección durante más de veinte años te puedo decir que los que hacemos selección de personal podemos detectar las competencias que cada una de las personas tienen”, afirmó. Y fue más allá al cuestionar la frustración que aparece cuando alguien intenta demostrar habilidades que no forman parte de su perfil: “Entonces, no te van a elegir por algo que no tenés”.
Para la autora, el desafío consiste en reconocer las capacidades propias y encontrar espacios donde puedan desarrollarse, en lugar de invertir energía en aparentar cualidades ajenas. “Hay trabajos para todos”, sostuvo, al destacar que la búsqueda de una oportunidad no debería convertirse en una competencia por encajar en cualquier molde.
La idea de autenticidad también atraviesa su reflexión sobre las expectativas sociales. Cuando Lequi le preguntó cuánto del malestar cotidiano podía provenir del intento de cumplir expectativas que no son propias, Bendersky respondió de manera categórica: “Yo creo que el 100%”. Su afirmación formó parte de una reflexión personal sobre la responsabilidad que cada uno puede asumir frente a su manera de vivir, no de una medición clínica del malestar humano.
“Creo que es el 100%. No nos damos cuenta porque es más fácil culpar al entorno”, expresó. A continuación, aclaró que su mirada no desconoce las dificultades externas ni supone que todo depende de la voluntad individual. “Hay cosas que son inevitables, no es que estoy sentada diciéndote que la vida hay que vivirla como si vivieras en Narnia, en un mundo de fantasía, como si estuvieras en Disneylandia, porque no es así la vida”, explicó.
Su planteo apunta a distinguir entre aquello que sucede y las decisiones que cada persona puede tomar frente a esas circunstancias. No se trata de controlar todos los acontecimientos, sino de abandonar la fantasía de que todo puede manejarse y reconocer qué aspectos de la propia conducta sí pueden revisarse.
“En realidad no dominamos nada. No controlamos nada”, afirmó. Y agregó que muchas veces creemos tener el control porque necesitamos sentir seguridad frente a la incertidumbre. Sin embargo, aceptar que no todo depende de nosotros puede abrir la posibilidad de relacionarnos con la realidad de una manera menos rígida.
“Cuando vos vivís en un estado de aceptación real de quién verdaderamente sos y podés vivir en congruencia y en armonía con quién realmente sos, cuando salís al mundo te vinculás genuinamente”, sostuvo.
Para Bendersky, ser genuino también implica aceptar cierta vulnerabilidad. Quien deja de intentar agradar a todo el mundo ya no necesita modificar constantemente su personalidad para responder a cada expectativa. Puede reconocer sus fortalezas, admitir sus limitaciones y ofrecer aquello que verdaderamente tiene para compartir.
“Cuando uno es genuino, uno es más vulnerable. Eso es lo que uno trata de mantener bajo control”, explicó. Sin embargo, esa vulnerabilidad no tiene por qué entenderse como una debilidad. Por el contrario, puede convertirse en una condición para establecer relaciones más honestas, en las que cada persona tenga la posibilidad de mostrarse sin sostener una imagen artificial.
La autora recurrió a un ejemplo para ilustrar la dificultad de intentar responder a todas las demandas externas: “Cuando uno quiere mostrar lo mejor, ¿lo mejor para quién? Lo mejor para el otro. Porque lo mejor para uno es ser genuino, pero para el otro es: para vos A, para el otro B, para el otro C”.
Esa multiplicidad de expectativas puede convertirse en una tarea imposible. Intentar ser todo para todos conduce a una adaptación permanente, en la que la persona pierde de vista cuáles son sus propias capacidades y qué aspectos de su identidad desea preservar. “A lo mejor tenés las de Z, y en Z sos fantástico, pero te forzás en querer mostrar A y B y no tenés con qué. Estás en alerta, estás estresado, te sentís fracasado”, describió.
Frente a esa exigencia, la propuesta de La revancha del bienestar es recuperar la posibilidad de elegir sin quedar atrapados en la necesidad de obtener aprobación. No implica desentenderse de los demás ni desconocer las obligaciones que forman parte de la vida, sino construir una relación más consciente con las decisiones cotidianas.
Durante la entrevista, Lequi le pidió que compartiera algún ejercicio sencillo que pudiera servir como punto de partida para quienes quisieran comenzar a mirarse hacia adentro. La respuesta fue tan simple como concreta: respirar y prestar atención a la respiración.
“Con algo tan sencillo como eso: respirar, pero prestar atención a que estás respirando”, recomendó. En medio de la rutina, explicó, solemos realizar acciones esenciales sin detenernos a registrar lo que sucede en el presente. Llevar la atención a la respiración puede ofrecer un breve espacio de pausa, una oportunidad para interrumpir durante unos instantes el movimiento constante de los pensamientos y las obligaciones.
“Cuando vos prestás atención a la respiración, empezás a experimentar instantes de tranquilidad”, afirmó. Esos momentos, aunque sean breves, pueden convertirse en una puerta de entrada al silencio interior y a una observación más consciente de lo que sentimos.
“En esos instantes de tranquilidad encontrás fragmentos de silencio, y en esos fragmentos de silencio podés empezar a tratar de conectarte con vos mismo. Es como brindarte la posibilidad de encontrarte”, explicó.
La autora reconoció que el autoconocimiento no siempre resulta cómodo. Mirarse con honestidad puede implicar descubrir contradicciones, revisar decisiones y admitir que algunas elecciones estuvieron condicionadas por el miedo o la necesidad de aprobación. Sin embargo, consideró que ese esfuerzo puede abrir una posibilidad de vivir con mayor serenidad.
“El camino, el autoconocimiento, es durísimo, pero vivir feliz y en paz, aceptándote a vos mismo, es muy fácil. Es mucho más fácil de lo que las personas creemos. Lo que pasa es que no existe en el mapa de posibilidades hacer esto”, expresó.
Hacia el final de la charla, Lequi quiso saber qué significaba para ella haber alcanzado esa revancha del bienestar que da título a su obra. La respuesta volvió a cuestionar las ideas tradicionales sobre el éxito, muchas veces asociadas exclusivamente con los logros profesionales, el reconocimiento, la productividad o la acumulación de objetivos cumplidos.
“Significa vivir en paz”, respondió Bendersky. Luego profundizó en esa transformación: “Significa haber resignificado el concepto de tener éxito”.
La autora explicó que su vida no quedó libre de dificultades después de atravesar su proceso personal. Los problemas y las circunstancias que formaban parte de su realidad continuaron presentes, pero cambió la manera en que decidió relacionarse con ellos. “La vida no cambió, me siguen pasando todas las mismas cosas que me pasaban antes. Lo que cambió es la forma de vivir”, afirmó.
Esa distinción resume uno de los ejes centrales de su propuesta: el bienestar no necesariamente depende de que desaparezcan los obstáculos, sino de desarrollar una mirada diferente sobre la propia existencia. Tampoco supone convertirse en otra persona para alcanzar una versión idealizada de uno mismo. “Nadie cambia de forma de ser. Lo máximo que puede pasar es deshacernos de los personajes para encontrarnos con nosotros mismos, y desde ahí cambiar la mirada con la que vivimos”, sostuvo.
La revancha, entonces, no consiste en ganar una competencia contra los demás ni en demostrar que se ha alcanzado una vida perfecta. Se trata de recuperar la posibilidad de vivir de acuerdo con los propios valores, reconocer qué deseos siguen vigentes y revisar las reglas que ya no representan a quien uno es. Es una invitación a dejar de medir el éxito exclusivamente desde afuera y empezar a reconocerlo también en los pequeños momentos cotidianos.
“Para mí hoy es respirar. Abrir los ojos a la mañana, poder estar acá haciendo esto”, expresó cuando le preguntaron cómo definía actualmente el éxito. La respuesta pone el acento en una dimensión de la vida que suele quedar relegada frente a las exigencias: la capacidad de disfrutar el presente, reconocer lo que se tiene y encontrar tranquilidad sin esperar a que todas las circunstancias sean ideales.
Con esa mirada, La revancha del bienestar: bitácora para habitar el lugar que deseamos propone un recorrido que combina reflexión, registro personal y revisión de las creencias heredadas. La obra busca que cada lector pueda reconocer sus propias reglas, observar sus vínculos y explorar la relación entre sus deseos y sus decisiones. No promete una transformación instantánea ni un camino idéntico para todos, sino una invitación a detenerse y comenzar a hacerse preguntas que muchas veces quedan postergadas.
Antes de despedirse, Bendersky agradeció la oportunidad de compartir su aprendizaje y anticipó que aquel encuentro sería el primero de muchos. También invitó a quienes se sintieran identificados con sus palabras a acercarse al libro y seguirla en Instagram, donde se encuentra como @carobendersky.
La conversación dejó una reflexión que atraviesa tanto su experiencia personal como su propuesta editorial: vivir de manera auténtica requiere revisar aquello que damos por sentado, aprender a reconocer nuestras propias necesidades y dejar de sostener personajes para obtener la aceptación de los demás. Porque, como planteó durante la entrevista, la posibilidad de vivir en paz comienza cuando dejamos de alejarnos de nosotros mismos y nos animamos a descubrir quiénes somos realmente.
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