Lunes 5 de Octubre de 2026 - 11:53:22 pm

Edu Vilches: “El desafío más grande que tengo es intentar que a alguien de mi edad le guste la política”

Interes General octubre 2, 2026

El militante peronista y estudiante de la UBA pasó por Un nuevo contrato social para la Argentina y habló sobre juventud, política, redes sociales, inteligencia artificial y el futuro.

A los 21 años, Edu Viches forma parte de una generación que creció entre la hiperconectividad, la pandemia, las redes sociales y una profunda incertidumbre respecto del futuro. Estudiante de la Universidad de Buenos Aires, egresado del Colegio Nacional de Buenos Aires y militante peronista, llegó al ciclo de entrevistas Un nuevo contrato social para la Argentina para conversar sobre los desafíos que enfrenta su generación y sobre la necesidad de recuperar el debate político entre jóvenes que, según su propia experiencia, se encuentran cada vez más alejados de las estructuras tradicionales de los partidos. Desde el comienzo de la conversación, Viches planteó una preocupación que atraviesa buena parte de su mirada: “Preocupado, que creo que es, me parece, la sensación mayoritaria que tenemos la gente de nuestra edad al menos, y más a los que nos interpela la política en cierto sentido”.

Su punto de partida es también generacional. Nació en una familia que, según contó, no estaba vinculada con el peronismo y se definía como antiperonista. Su acercamiento a esa tradición política no llegó por herencia familiar sino a partir de la lectura y de su experiencia educativa. “Toda familia antiperonista”, contó cuando Delfina le preguntó por sus antecedentes políticos. La transformación comenzó cuando tuvo que prepararse para el ingreso al Nacional Buenos Aires y empezó a leer historia. “Yo creo que cuando empecé a leer historia para el curso de ingreso al colegio me empezó a gustar el peronismo”, explicó. Y agregó, con humor: “Quizás te lavan la cabeza en el Buenos Aires, puede ser”. Sin embargo, rápidamente aclaró que su aproximación estuvo vinculada con la búsqueda de ideas y no con una tradición familiar: “La realidad es que leí historia y dije: ‘Ah, acá hay algo en el peronismo. Como que esto está bueno porque no sos trosco ni sos de derecha’. Y además es como sensato. Vos lo leés y es como algo que decís: ‘Che, esto está bueno para todos y funciona’”.

Su propia biografía política también está atravesada por una particular relación con los gobiernos que conoció durante su infancia y adolescencia. A diferencia de quienes tienen recuerdos políticos más definidos de los primeros años del kirchnerismo, Viches explicó que su primera conciencia política estuvo vinculada al gobierno de Mauricio Macri. “Yo tengo 21 años y es que mi primera noción política fue ver a Macri en un escenario pateando globos”, relató. Ante la pregunta de si aquella imagen lo había convocado, respondió inmediatamente: “No, cero”. Sobre los años anteriores, reconoció que su edad condiciona necesariamente la memoria política: “Yo podría hablar de lo encantador que fue el gobierno de Néstor, lo bueno que fue, que la economía, la gente podía comer, estábamos todos bien, y que el gobierno de Cristina, bueno, quizás el segundo un poco peor, pero yo no lo viví. O sea, yo qué tenía, ¿9 años? No me acuerdo, no me acuerdo”.

La mirada sobre sus pares aparece entonces como uno de los ejes centrales de la conversación. Viches aseguró que muchos de sus amigos inicialmente votaron a Javier Milei porque esperaban una ruptura con la política tradicional. “Mis amigos en general que en un principio votaron a Milei sentían que quizás podía pasar algo distinto”, explicó. En su interpretación, además, el voto joven se encuentra atravesado por una desideologización que modifica las formas tradicionales de identificación política. “Siento que también el voto con respecto a generaciones anteriores se desideologizó un montón”, sostuvo. Según relató, las discusiones políticas entre sus contemporáneos ya no necesariamente se organizan alrededor de grandes identidades ideológicas, sino de cuestiones más concretas o programáticas.

En ese marco, describió una expectativa que estuvo presente entre algunos de sus amigos: “Van a barrer a la casta”. Pero, según su relato, aquella promesa comenzó a entrar en tensión con las decisiones posteriores del gobierno. “Y yo creo que la decepción empezó a pasar cuando, che, Milei dijo… O sea, el segundo día Scioli era el secretario de Turismo, ¿qué onda? No, esto es raro al menos”, expresó. Para Viches, el desencanto también estuvo relacionado con una percepción de que la política tradicional continuaba formando parte de la estructura de gobierno. “Vieron que al final era un gobierno que iba a tener toda la política metida adentro”, afirmó.

Más allá de las identidades partidarias, el problema que considera más concreto para los jóvenes es económico. Viches planteó que para muchos de sus contemporáneos la posibilidad de independizarse y construir un proyecto de vida propio se volvió cada vez más difícil. “Para mí hay que partir de la base simple, y me parece que eso también frustra mucho a los pibes de nuestra edad, y es, ponele: es imposible para nosotros pensar en irnos a vivir solos”, sostuvo. La cuestión habitacional aparece, en su mirada, directamente relacionada con el trabajo y los ingresos. “Amigos que laburan todos los días 8 horas y ganan 400 lucas”, señaló, para luego comparar ese ingreso con el monto de una jubilación mínima.

La precariedad económica, agregó, también tiene una expresión cotidiana en el endeudamiento. “Amigos que sacan Mercado Crédito para pagar el bondi”, contó. El ejemplo del transporte público le permitió poner en escena una situación que, desde su perspectiva, muchas veces queda fuera de las discusiones políticas dirigidas a los jóvenes: “El bondi son 1.500 pesos y de la nada…”. En ese punto, Viches sostuvo que existe una frustración generacional vinculada no solamente con la falta de oportunidades sino también con la ausencia de incentivos para involucrarse en política.

Para él, una de las dificultades que tiene el peronismo para acercarse a esa generación está relacionada con la forma de comunicar. “Siento que eso falta muchísimo en el peronismo: ser genuino”, afirmó. Según explicó, percibe una distancia entre los discursos políticos y la manera en que realmente se expresan algunos dirigentes. “Yo cuando no sé, veo candidatos en general del peronismo y veo la forma en la que se expresan, yo sé que no son eso, ¿me entendés? Como que el discurso no sale de adentro”, sostuvo.

La crítica no se limita a la comunicación. Viches reclama también una agenda concreta para los jóvenes, que contemple empleo, acceso al crédito y condiciones para construir autonomía. “No hay como un soporte en materia de políticas. Che, ¿cómo podemos ayudar a los pibes? Un crédito, no sé, fuentes de laburo más fácil, piola, laburo bueno”, planteó. Y concluyó: “En ese sentido creo que también es una frustración enorme que no haya ningún tipo de incentivo para la gente de nuestra edad incluso a participar”.

Esa preocupación por la participación fue precisamente una de las razones que lo llevó, junto con otros jóvenes, a impulsar una experiencia política propia. Viches explicó que, después de terminar el secundario, él y sus amigos comenzaron a advertir que incluso entre jóvenes provenientes de ámbitos politizados existía un marcado desinterés por la política. “Lo que nos pasó en general cuando terminamos el secundario, con amigos que iban a ir a distintas facultades, era un tema creo que en general, y es que a los pibes de entre 16 y 25 años no les importa la política por más que estén en un ambiente politizado. No les interesa, no”, afirmó.

De esa inquietud nació el Centro de Jóvenes Políticos, una experiencia que busca generar un espacio transversal para discutir política sin exigir previamente una pertenencia partidaria. Viches describió la iniciativa como “una experiencia propia entre pibes de nuestra edad, genuina, de bueno, salimos del secundario, armemos algo por y hecho por pibes, que no nos banque nadie, que lo hagamos nosotros”. La propuesta consiste en invitar a dirigentes y referentes de diferentes espacios para recuperar una práctica que considera esencial: debatir.

“Empezamos a invitar políticos de todos los partidos. Pusimos a todos, pero la idea era esto: empezar a politizar y generar debate”, explicó. La experiencia, según relató, encontró una respuesta positiva justamente porque permitía salir de los circuitos de formación partidaria tradicionales. “Era: ‘¿Puedo escuchar a Carrió, pero a Kicillof, pero no sé, a Larreta o al secretario de Educación de Milei?’. Y pero se puede, y se puede debatir y che, vamos a discutir política”, señaló.

Para Viches, esa posibilidad de escuchar voces diferentes resulta especialmente importante en una generación que no necesariamente construye su identidad política desde una pertenencia rígida. “La idea es retomar el debate de política, quizás después de ideas. Como que quizás el primer estadio sea: bueno, vamos a debatir política. Después ideas”, sostuvo. En esa experiencia también aparece una preocupación por recuperar el contacto presencial, luego de una adolescencia atravesada por la pandemia.

“Yo hice segundo año en Zoom”, recordó. Y describió aquel período como una experiencia particularmente dura: “Eso es durísimo. O sea, un año y medio, porque también el año siguiente fueron burbujas, híbrido, en el que se perdió el contacto humano”. Por eso, para él, encontrarse personalmente también constituye una forma de reconstrucción social. “También retomar esa premisa humanista de bueno, vamos a encontrarnos en persona”, afirmó.

La conversación derivó entonces hacia la posibilidad de institucionalizar espacios de participación juvenil. Delfina relató experiencias europeas vinculadas con consejos de juventud y ámbitos donde conviven representantes de partidos políticos, organizaciones sindicales y asociaciones civiles. Frente a esa propuesta, Viches planteó una pregunta que considera central: “¿Era algo que interpelaba?”. La duda apunta a uno de los desafíos más complejos de las políticas públicas dirigidas a jóvenes: no solamente crear espacios institucionales, sino conseguir que esos espacios efectivamente sean utilizados y sentidos como propios.

En su mirada, la representación juvenil necesita superar la lógica de hablar “sobre” los jóvenes sin incorporar su propia voz. “Faltan instancias quizás de representación y participación más directa en la que se pueda escuchar a pibes de menos de 25 años, ponele, que digan: ‘Che, esta es nuestra opinión, podría ir por acá en el Congreso’”, sostuvo.

Las redes sociales constituyen otro de los grandes escenarios de esa discusión. Viches considera que la forma en que los jóvenes se relacionan en esos espacios está modificando las dinámicas de convivencia y debate. “Para mí también ahí es lo más importante las redes sociales y quizás cómo nos afectan en el día a día. Estar sometido todo el tiempo al juicio de las demás personas y que sea tan fácil poder juzgar al otro, que con un like, con un no like, con un dejar de seguir, con un seguir, con un bloqueo, es muy jodido”, explicó.

En ese contexto, planteó que el Estado puede tener un papel, aunque no necesariamente a través de la prohibición. Frente a la posibilidad de limitar el acceso de los jóvenes a determinadas plataformas, fue contundente: “Yo siempre tiendo a creer que la prohibición no genera nada positivo en general porque la gente lo va a seguir haciendo por más que lo prohíbas”. Su propuesta pasa por combinar regulación y educación. “Para mí, cierta forma de regulación, pero también una, no sé, como hubo educación cívica, que ya casi no hay, bueno, alguna cierta, o sea, una materia que sea educación digital”, propuso.

En esa educación debería incorporarse una mirada crítica sobre las herramientas tecnológicas y sobre la inteligencia artificial. “Digan: ‘Che, bueno, esto es peligrosísimo. Vos tenés la inteligencia artificial, la podés usar, pero sabé que esto, esto, esto, lo otro, lo otro, lo…’. Primero, advertir”, planteó. También señaló la importancia de la responsabilidad familiar y de establecer criterios respecto del acceso de los niños a los dispositivos. “Yo veo pibes de 10 años con el celular y a mí es una locura”, afirmó.

La discusión sobre inteligencia artificial ocupó buena parte de la segunda mitad de la entrevista. Ante la posibilidad de que la IA represente una amenaza existencial para la humanidad, Viches respondió que no considera probable ese escenario, aunque expresó otro temor: “Para mí no hay forma de que la IA termine con la humanidad. Lo que sí es que, y que me preocupa, es que siento que va a terminar con la capacidad de pensar la inteligencia artificial si no se controla”.

Su preocupación está vinculada con la delegación progresiva de tareas cognitivas. Puso como ejemplo la posibilidad de grabar una clase, enviar el audio a una herramienta de inteligencia artificial y recibir automáticamente un resumen. Para Viches, esa facilidad puede tener consecuencias sobre procesos que antes exigían concentración, síntesis y comprensión. “Tomar nota requiere primero procesar en la cabeza, después escribir en simultáneo y sintetizar”, explicó.

La cuestión también lo interpela personalmente. “Yo no leo nada, leo muy poco. O sea, por año leeré seis libros. Y es muy poco”, reconoció. Ante la pregunta sobre por qué lee poco, respondió con una mezcla de sinceridad y autocrítica: “No leo porque no tengo iniciativa para leer. Si me obligan a leer, me encanta lo que leo. Pero me da fiaca, no sé, me da ansiedad también”.

Esa ansiedad aparece como uno de los fenómenos que más le preocupan de la relación entre jóvenes, tecnología y vida cotidiana. “Estoy leyendo y quiero ver cuántas páginas me faltan para terminar el capítulo”, contó. Y vinculó esa sensación con la dificultad contemporánea para tolerar los momentos sin estímulos: “Esa cosa de todo el tiempo tener que tener un estímulo, e incluso no poder aceptar momentos en los que uno tiene que tener tiempo libre y no hacer nada. Porque también está ese tema: ¿qué hacemos con el tiempo de ocio? Nada, nada”.

Para Viches, esa hiperestimulación convive con una situación económica que ya genera ansiedad por sí misma. “La gente maneja una ansiedad en primer lugar por la situación actual, fuertísima; y en segundo lugar porque estás todo el tiempo sometido a ver lo que está pasando”, señaló. Las redes, en ese sentido, no solamente transmiten información sino que también pueden convertir los problemas sociales en una presencia constante en la vida cotidiana.

En medio de esa discusión tecnológica y cultural, Viches volvió a la política y a la identidad peronista. Para él, el desafío pasa por recuperar una mirada centrada en las personas. “Yo siento que ahí el peronismo también tiene un rol que es fundamental en el sentido de hablarle de vuelta al humano y dejar de pensar en el trabajador como un objeto para che, vamos a usar al laburante para nosotros hacer lo que queramos, y de vuelta a un sujeto”, sostuvo.

En esa definición también incluyó una demanda de cercanía. “Vamos a hablarle al trabajador, o sea, mirar a los ojos a la persona y decirle: ‘Che, nosotros estamos con vos, estamos en un Estado presente, no creemos en la crueldad del mercado, tampoco creemos en que hay que expropiar todo, somos sensatos y vamos a hacer las cosas bien’”, afirmó.

La expresión “hacer las cosas bien” se convirtió en una de las ideas más reiteradas de su intervención. Viches reconoció que el peronismo enfrenta problemas de credibilidad y que parte de la reconstrucción debería pasar por una revisión de sus propias prácticas. “Hay que hacer las cosas bien. Y yo siento que falta también principalmente, más allá de las ideas, porque el peronismo es una idea excelente, falta hacer bien las cosas”, sostuvo. Incluso incorporó una autocrítica directa: “Quizás implique chorear un poco menos, no sé, puede ser una alternativa”.

Su mirada sobre la política no es, sin embargo, de rechazo a la participación partidaria. Por el contrario, considera que la transformación requiere involucrarse y disputar espacios. Cuando Delfina le preguntó por el recambio generacional, respondió que no debería producirse simplemente porque los jóvenes lo reclamen. “Para mí el tema igual es que ese recambio no se tiene que dar porque nosotros exijamos el recambio, sino porque nosotros les ganemos a ellos”, afirmó.

La palabra “disputar” apareció entonces como una síntesis de su posición. “¿Y cómo los barrés? Ganando. Hay que meterse y participar, para mí es eso también: disputar, disputar”, explicó. Y agregó una definición que conecta con el espíritu de toda la entrevista: “Porque la gente no es generosa en la política”.

Para Viches, la participación juvenil no debería limitarse a ocupar lugares simbólicos. Tiene que implicar competencia, organización, propuestas y capacidad para construir una identidad política propia. “Vamos a disputar, joder. Que es también lo que tiene que hacer alguien de 20 años: joder”, expresó.

En el cierre de la entrevista, Delfina le propuso un ejercicio: imaginar que él fuera el representante de todos los menores de 25 años en una hipotética negociación para construir un nuevo contrato social para la Argentina. La pregunta apuntaba a saber qué compromiso asumiría su generación. La respuesta fue breve, pero condensó buena parte de lo que había planteado durante toda la conversación.

“Para mí a empujar. El empuje de tener ganas de hacer cosas y energía”, respondió. Y agregó otro concepto: “En segundo lugar, estar limpios. Porque tenemos 20 años, o sea, no… Estamos limpios”. Para él, esa condición generacional permite pensar en una política todavía no condicionada por años de acumulación de poder. “Entonces creo que es esencialmente el empuje y quizás también las ideas, o sea, que el empuje implique aportar ideas”, completó.

La conversación terminó como había comenzado: hablando de una generación que busca su lugar en una Argentina atravesada por la incertidumbre. Viches no presentó una receta cerrada ni una respuesta definitiva, sino una serie de preocupaciones y desafíos que considera centrales para los jóvenes: la posibilidad de independizarse, el trabajo, el acceso a la vivienda, la participación política, la salud mental, la relación con las redes sociales, la inteligencia artificial, la educación y la necesidad de recuperar espacios de encuentro presencial.

Su apuesta, en definitiva, parece estar asociada a una idea sencilla: volver a involucrarse. No abandonar la política porque las estructuras tradicionales no resulten atractivas, sino crear espacios nuevos y disputar los existentes. No reemplazar el debate por el algoritmo, sino recuperar la conversación cara a cara. No aceptar pasivamente las transformaciones tecnológicas, sino discutir cómo afectan la vida cotidiana. Y, sobre todo, lograr que una generación que muchas veces aparece representada por otros pueda comenzar a hablar por sí misma.

Antes de despedirse, mientras escribía el compromiso que le había propuesto la entrevistadora, Viches volvió a demostrar que su manera de entender la política también está atravesada por cierta espontaneidad. “Mirá, estoy escribiendo y hablando al mismo tiempo… se me complica”, bromeó. Pero finalmente encontró las palabras que resumían el espíritu de la charla: “Gracias por la invitación. Espectacular estuvo. Vamos a joder”.

La frase quedó como cierre y como declaración de principios. Para un joven de 21 años que llegó a la política desde una familia antiperonista, que encontró en la lectura una puerta de entrada al debate ideológico, que atravesó parte de su adolescencia durante la pandemia y que hoy busca convocar a sus pares a escuchar posiciones diferentes, “joder” no parece significar simplemente provocar. En el contexto de la conversación, significa participar, discutir, incomodar, disputar espacios y no resignarse a que otros decidan cómo debe ser el futuro de su generación.

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