Miércoles 12 de Agosto de 2026 - 8:22:38 am

Esteban Corio: “La ciencia ficción no es fantasía, porque si algo no ocurrió, podría ocurrir”

Interes General agosto 12, 2026

Escritor, lector apasionado de la ciencia, consultor empresarial y autor de novelas de ciencia ficción, Esteban Corio encontró en la literatura un camino de ida.

Desde su infancia, cuando un libro sobre un viaje a la Luna le hizo mirar el cielo de otra manera, hasta sus actuales investigaciones sobre fenómenos anómalos, vida extraterrestre, inteligencia artificial, viajes en el tiempo y enigmas históricos, su obra se mueve en una frontera fascinante: aquella donde la imaginación se encuentra con la ciencia y con las preguntas que todavía no tienen respuesta. En esta entrevista habla de sus libros, de su fascinación por el cosmos, de las civilizaciones antiguas, del fenómeno OVNI, del Camino de Santiago y de su última novela, En busca del Arca de la Alianza.

—¿Cómo definirías hoy tu relación con la escritura?
“Digamos que surgió, porque he sido siempre un ávido lector, ya desde que era chico. Desde que era chico.”
—¿Y qué leías cuando eras chico?
“Ciencia ficción.”
—¿Siempre?
“Sí, y fantasía. Hay una diferencia entre los dos géneros realmente que me percaté de ellos ya siendo mayor. Pero, en la niñez, la entrañable colección Robin Hood, esos libros de tapa amarilla: Bomba, El libro de la selva, Sandokán. Y bueno, eso era fantasía. Pero cayó a mis manos un libro llamado De la Tierra a la Luna, de Lester del Rey, cuando tenía por ahí seis años. Y ese fue…”
“Sí, sí, sí. Realmente, para mí hoy, con las costumbres actuales, el hecho de que los niños no lean me inquieta un poco. Me gustaría que lean más. En ese momento, por lo menos, yo los devoraba. Y ese libro realmente me puso en perspectiva, me obligó a mirar al cielo y vi la Luna como algo tal vez no tan inalcanzable. Después terminó dándome la vida la razón, años después, en el 69.”
—La llegada del hombre a la Luna debe haber sido un momento muy importante para vos.
“Absolutamente. Yo creo que para los que vivimos ese momento fue algo sobrecogedor porque, de vuelta, la Luna pasó a estar en los cielos, pero a ser algo que podía ser alcanzado por el ser humano. Y a partir de ahí, descubrir de a poco la inmensidad de donde estamos nos puso en perspectiva, no solamente la pequeñez nuestra, sino la pequeñez de la Tierra frente al cosmos.”
—Y ahí aparece una de las grandes preguntas que atraviesan la ciencia ficción: ¿estamos solos en el universo?
“Es una de las materias predilectas. De hecho, colaboro con una organización de la sociedad civil en Estados Unidos y me desempeño como director para América Latina de una academia y estrategia sobre lo que se llama ahora el estudio del fenómeno anómalo no identificado.”
“Dentro de eso, la búsqueda de vida extraterrestre tiene dos niveles: uno es vida en sí y otro es vida inteligente, que de alguna manera son dos escalones.”
“Claramente, cuando uno ve la dimensión y la escala, llegás a tu conclusión: no puede ser que estemos solos. Pero todavía no se ha constatado, más allá de cualquier duda razonable, que haya vida extraterrestre. Yo tengo la impresión de que sí la hay. Pero una cosa es lo que uno quiere creer y otra cosa es lo que constata, en definitiva, la ciencia.”
“Para mí, la ciencia es el instrumento por excelencia que la humanidad ha podido desarrollar y que hoy en día nos permite postularnos esas cosas.”
—¿Qué significa entonces hablar actualmente de fenómenos anómalos no identificados?
“Es, digamos, la interpretación moderna del viejo fenómeno OVNI. ¿Por qué? Los fenómenos anómalos no solamente se dan a nivel atmosférico o en el espacio exterior. Se dan en todo nivel: bajo las aguas, en nuestra atmósfera superior, en nuestro nivel o en el espacio exterior. Pero no solamente eso, sino también a nivel de conciencia.”
—Ahí entramos en un terreno todavía más complejo.
“No digo todo, pero una gran parte. Lo que tradicionalmente pasaba con las personas que experimentaban ciertas situaciones de contactismo, incluso de abducción, de telepatía o de absorción de conocimientos por algunas entidades, es que en el pasado, en las últimas décadas, eran de alguna manera segregadas o vistas…”
—Mal vistas.
“Mal vistas. Y por eso mismo, por ese estigma que rodeaba el estudio de eso, esas personas terminaban en muchos casos arruinando su vida o su condición laboral o social, o tenían que mudarse y demás. Hoy ese estigma está cayendo.”
—¿Y eso permite que científicos se acerquen al fenómeno de otra manera?
“Acá en Argentina hay mucha casuística. Hay gente que ya está estudiando el tema, como en Estados Unidos. Y la verdad que los resultados… Uno usa, por ejemplo, una metodología. Si vos entrevistás a una persona que tuvo una experiencia así y no aplicás en tu mente ningún prejuicio previo, solamente extractás eso.”
“Para construir ciencia vos necesitás repetibilidad de situaciones. Y como cada experiencia personal es única, lamentablemente…”
—Es diferente.
“Diferente. Vos lo que tenés que hacer es tener muchas entrevistas con el mismo marco metodológico para extraer conclusiones: formas, morfología, cómo se comunicó y demás. Pero es un fenómeno probado.”
—¿Y qué explicaciones podrían existir para estos fenómenos?
“Vamos a hablar de plausibilidad, qué es lo que podría ser. Pueden ser seres interdimensionales, es decir, manifestaciones o entidades interdimensionales que vivan en dimensiones diferentes a nosotros y tengan la capacidad de pasar a nuestras tres dimensiones.”
“No es que haya tres dimensiones solas. Hay más dimensiones en el universo, pero no somos capaces, por nuestro sistema sensorial, de percibirlas. Probablemente haya tal vez otros seres que lo puedan hacer.”
“Otra explicación puede ser que seamos nosotros del futuro. Es decir, que allá por dentro de muchos años hayamos logrado vulnerar algunas leyes que hoy lo impiden y que podamos viajar en el tiempo para hacer turismo o para visitar a nuestros ancestros y que se manifiesten de esa manera.”
“Son explicaciones plausibles. Ahora, el término paranormal es un término más asociado a lo místico o a una pseudociencia. Por eso, en nuestro caso, cuando estamos estudiando el fenómeno desde el punto de vista científico, lo definimos de otra manera.”
—Hay casos históricos que siguen despertando preguntas, como el episodio de la escuela Ariel, en Zimbabue.
“Fue el episodio de la escuela Ariel, en Zimbabue, donde en un recreo, en esa escuela que está en el medio del campo, bajó una nave y bajaron unos seres que estuvieron interactuando con los niños. No fue un niño: fueron 60 los que lo vieron.”
“Hubo testimonios. Y Mack lo investigó. Se hizo un documental hace poco. Ya los niños ahora son adultos. Lo más notable es que cuando vos tomás individualmente a cada niño y le decís que refiera a lo que pasó y que lo dibuje, la mayoría de los dibujos coinciden, es decir, son similares. Hubo una visión en conjunto todavía sin explicación razonable.”
—¿Y qué dijeron esos chicos que habían visto?
“Está en los documentos y todo. Les hicieron algunos mensajes. Ahora, los mensajes son siempre generales: tengan cuidado con esto, tengan cuidado con lo otro, creo que tienen un futuro, sí, de prevención.”
“Descuento que a lo mejor haya habido en el subconsciente algún mensaje adicional, pero no lo sabemos.”
—También mencionaste antes la arqueología. ¿Qué relación encontrás entre estos misterios y las grandes construcciones de la antigüedad?
“Las pirámides es lo más evidente y, por así decirlo, lo más hablado o trillado de confrontarnos con algo que todavía no entendemos y que la arqueología convencional se encuentra en figurillas para explicar.”
“De alguna manera, asociar una tecnología para lograr tal obra arquitectónica con lo que sabemos de esa época todavía no encaja, aunque, de vuelta, la arqueología convencional trata de hacerlo.”
“Hay muchísimos más ejemplos que son menos conocidos. Por ejemplo, Puma Punku en Bolivia, Sacsayhuamán en Perú, Nan Madol en Indonesia, Yonaguni en Japón. Son reliquias de hace miles de años que muestran un grado de arquitectura y de construcción que claramente no encaja.”
—¿Qué te pasa cuando encontrás algo que no encaja con la explicación tradicional?
“Hay un tema en la ciencia que es complicado. Cuando los hechos no encajan con las teorías, lo que tenés que hacer es revisar las teorías. Muchas veces, para lograr un atajo, uno tergiversa los hechos para que encajen con las teorías con las que se siente cómodo.”
“Eso a veces conspira contra el avance. Yo creo que en algunos capítulos de esta historia humana la arqueología está haciendo eso. Está tratando de forzar los hechos para que vayan a una explicación fácil y de acuerdo con lo que conocemos.”
—También hablaste de Jacobo Grinberg y de otros investigadores que se animaron a entrar en terrenos incómodos.
“En otro plano no sabemos. Y si te tengo que dar una opinión, yo lamento profundamente, porque era una persona, pero para mí su principal pecado fue haber empezado esto hace 20 o 25 años, dadas las condiciones, en pleno estigma.”
“Era un científico que investigaba. Otro caso fue el episodio de la escuela Ariel en Zimbabue. Mack lo investigó, lo censuraron, trataron de quitarle la matrícula, le quitaron sus pensiones. Tuvo mucho predicamento hasta que al final pudo ser, de alguna manera, reivindicado.”
—Todo esto aparece también en tus libros. ¿Cuántos escribiste finalmente?
“No, en realidad escribí más. En lo que es ciencia ficción llevo escritas ocho novelas. Tengo dos libros de no ficción.”
—¿Cuáles son esos libros de no ficción?
“Uno es El Bien Hacer, que es un libro de reflexiones sobre la vida para jóvenes.”
“Y el segundo fue un poco para bajar a nivel público esta discusión de los fenómenos anómalos no identificados. Hice Por qué creo en el fenómeno, una monografía sobre el tema.”
—¿Y cómo llegaste a escribir ciencia ficción después de una vida profesional que también estuvo ligada al mundo empresarial?
“Yo me considero un escritor de pandemia, porque comencé a escribir allá por 2020, en plena cuarentena, y elegí dedicarme a la ciencia ficción como una especie de retribución por todo lo que me había brindado ese género durante mi infancia, juventud y adultez.”
—Tu último libro se llama En busca del Arca de la Alianza. ¿Por qué el Arca?
“El Arca es un objeto mítico y legendario y su destino final todavía pertenece al terreno del misterio. Lo último que se sabe de él, hace siglos, milenios diría, es que teóricamente fue destruido cuando los babilonios destruyeron Jerusalén.”
“Pero también hay algunas versiones y teorías conspirativas que decían que los templarios la habían rescatado y la habían ocultado.”
“El Arca, como tal, como objeto de estudio, primero tiene una capacidad narrativa increíble, una potencia simbólica e histórica increíble como para escribir una novela.”
—Y además aparece una conexión con Indiana Jones.
“Tuvo una resurrección cinematográfica con la saga de Indiana Jones, porque, en definitiva, la primera se llama En busca del Arca perdida, que fue una película muy popular.”
“Entonces es como que volvió a surgir el Arca después de tantos milenios de ser estudiada nada más que por las personas que hacían estudio de religión.”
—¿Cuál fue la pregunta que dio origen a tu novela?
“Cada novela empieza con una pregunta. Soy un tipo curioso por naturaleza.”
“La pregunta era: ¿puede un objeto de la antigüedad interpelar a una civilización del futuro? ¿Puede conservar todavía ese poder, esa potencia? Y eso me cautivó y dije: bueno, vamos a desarrollar esa idea.”
“Y ahí nació En busca del Arca de la Alianza. Puede conjugar un poco el deseo de que alguna vez podamos establecer contacto con otra civilización inteligente. Así que ahí di rienda suelta a una aventura galáctica, pero también, de alguna manera, la traje y la hice volver a la Hispania medieval.”
—Para escribirla incluso hiciste el Camino de Santiago.
“Maravilloso. El Camino de Santiago a Compostela. Hay varios caminos que confluyen a Compostela. Yo hice una parte del Camino del Norte, arranqué cerca de Santander, llegué casi hasta Gijón y desde Oviedo hice el Camino Primitivo hasta Santiago. Fueron 450 kilómetros en total.”
“El Camino Primitivo es el más agreste, es el menos transitado y es el que te permite una introspección, un contacto. Manejás tu tiempo personal de manera absolutamente diferente a lo que hacés en el quehacer diario.”
“Es un esfuerzo personal de fe y, para mí, también fue muy valioso porque yo quería ambientar una parte de la trama de esta novela en el Camino de Santiago, en la Hispania medieval de esa época.”
—Es decir que no te conformás con investigar desde un escritorio. Necesitás ir al lugar.
“Ahí. Increíble. Es una perspectiva muy valiosa al momento de escribir.”
—¿Cuánto tiempo te llevó escribir En busca del Arca de la Alianza?
“El último me llevó nueve meses. Es el más extenso: tiene 550 páginas.”
La novela, publicada en 2026 por Tinta Libre, tiene 548 páginas y combina ciencia ficción, aventura, historia y reflexión espiritual. Su protagonista, Clío Monger, emprende una misión que la lleva más allá del espacio conocido y también hacia el pasado, hasta la Hispania medieval vinculada con los templarios.
—Hay algo muy particular en tu manera de escribir: utilizás elementos reales. ¿Cuánto hay de realidad en tus novelas?
“Absolutamente. Esa pregunta me da pie para explicar un poco la ciencia ficción, que muchas veces se emparenta con la fantasía y no son lo mismo.”
“La ficción normal, la policial, la histórica y demás, las tramas no contravienen ninguna ley natural. Ocurrieron naturalmente, ocurren naturalmente y van a ocurrir naturalmente. Es la ficción.”
“Ahora, la ciencia ficción, a diferencia de la ficción, las tramas, si no ocurrieron, podrían ocurrir. Hay un elemento racional y plausibilidad.”
“En tanto que la fantasía lo que hace es convertir lo imposible en creíble. Las tramas nunca ocurrieron ni van a ocurrir. Harry Potter, El Señor de los Anillos, Juego de Tronos o los animalitos que hablan de Disney. Nos encanta, te hace creerlo. Es imposible, pero lo creés. Pero eso es fantasía.”
“La ciencia ficción no. Hay elementos ficcionales en la trama, sí, pero existieron los templarios, existió el Camino de Santiago, existió el Arca, existen las localizaciones interestelares porque existen, están probadas.”
“En todas mis novelas, el lector puede recurrir, cuando cito nombres, lugares, leyes físicas o lo que sea, y va a encontrar un correlato en la realidad.”
—Eso también permite que el lector investigue mientras lee.
“Absolutamente. Desde el nombre de un cráter en Marte en el primer libro hasta un pueblito de España. Está acá. Lo pueden encontrar.”
—Entre tus libros también están Marte, la madre patria, Travesía al pasado, Atlántida revelada y G.L.O.R.I.A.. ¿Qué buscás con todos ellos?
“Mi cometido es también ganarme un espacio, como uno tiene que ganarse en la vida, ganarme un espacio en la ciencia ficción argentina, que tradicionalmente ha sido muy de nicho y muy técnica, y llevarla un poquito más hacia el gran público porque es un género increíble.”
Su primera novela, Marte, la madre patria, apareció en 2020. Luego publicó Travesía al pasado, El futuro de la humanidad, Crimen en clave claytrónica, Pampa cósmica y Atlántida revelada, entre otras obras. En su producción aparecen de manera recurrente la astronomía, la física, la arqueología, los extraterrestres, la exploración espacial y los viajes temporales.
—Y también aparece la inteligencia artificial.
“Como ves, las últimas dos letras están en otro color porque significa inteligencia artificial. G.L.O.R.I.A. es una novela que, después de mucha investigación, nos confronta con un futuro que podría ser posible, en donde la inteligencia artificial llega a la singularidad planteada y supera a la inteligencia humana.”
—¿Te preocupa ese futuro?
“Somos seres empáticos, necesitamos eso y la tecnología no lo puede cambiar. Pero entender la inteligencia artificial creo que es un ejercicio que yo sugiero. Porque ahí los temores van a disiparse.”
—¿Y qué lugar ocupa la curiosidad en todo este recorrido?
“No, yo creo que la curiosidad se cultivó un poquito en los primeros años. Me interesa saber lo que ocurre, pero también me interesa saber por qué ocurre.”
—Y esa curiosidad te llevó bastante lejos.
“Sí.”

Esteban Corio, una vida entre la tecnología, la ciencia y la literatura:

Esteban Corio nació en Buenos Aires en 1959 y desarrolló durante décadas una carrera profesional vinculada al mundo empresarial y tecnológico. Su trayectoria incluye cargos y responsabilidades en compañías internacionales como NEC, Compaq, NCR, Samsung, Intel y HP, además de su participación en iniciativas relacionadas con desarrollo sostenible y emprendimientos. Tiene estudios de ingeniería electrónica, formación de posgrado vinculada con alimentación y agroindustria y capacitación en gestión empresarial, tecnologías de la información y responsabilidad social corporativa.
Su vínculo con la ciencia ficción, sin embargo, comenzó mucho antes de convertirse en escritor. Es un lector apasionado de astronomía, física, ficción y ciencia ficción, y entre sus autores de referencia figuran Carl Sagan, Kip .

Su debut literario llegó en 2020 con Marte, la madre patria, una novela que imagina una antigua civilización marciana y una amenaza para la Tierra. Luego llegaron Travesía al pasado, El futuro de la humanidad, Crimen en clave claytrónica, Pampa cósmica, Atlántida revelada y G.L.O.R.I.A., además de sus trabajos de no ficción.

En busca del Arca de la Alianza, su obra más reciente, profundiza una de las características centrales de su literatura: tomar un misterio histórico, científico o arqueológico y preguntarse qué podría suceder si ese enigma siguiera teniendo consecuencias en el futuro. La novela fue publicada por Tinta Libre en 2026.
Su propuesta literaria parte así de una premisa sencilla pero fértil: la ciencia ficción no consiste solamente en imaginar mundos imposibles, sino en preguntarse qué podría suceder si aquello que hoy parece improbable llegara algún día a convertirse en realidad.

Y quizá allí esté también la explicación de su propia trayectoria: un niño que leyó sobre un viaje a la Luna, levantó la mirada hacia el cielo y, décadas después, decidió convertir aquella primera pregunta en literatura.

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