Martes 22 de Septiembre de 2026 - 4:47:38 am

Guillermo Ferro: “Para cuidar a otro, también tenemos que cuidarnos a nosotros mismos”

Salud septiembre 19, 2026

El vicepresidente de A.L.M.A. y autor de Los recuerdos quedan habló sobre las señales de alerta, el impacto del Alzheimer en las familias y la importancia de acompañar a quienes cuidan.

El Alzheimer no afecta solamente a quien recibe el diagnóstico. También transforma la vida de toda una familia, modifica vínculos, rutinas y responsabilidades y, muchas veces, coloca sobre los cuidadores una carga emocional, física y económica que puede resultar difícil de sostener. En el marco del Mes Mundial del Alzheimer, Guillermo Ferro, vicepresidente de A.L.M.A. Asociación de Lucha contra el Mal de Alzheimer y autor del libro Los recuerdos quedan, compartió en el programa Estrategia Salud y Ambiente, de Radio Zónica, su experiencia personal y el trabajo que desarrolla la institución para acompañar a quienes atraviesan esta enfermedad.

Ferro convivió durante una década con el Alzheimer de su padre y contó que el proceso comenzó mucho antes de que llegara el diagnóstico. “Al principio uno empieza a ver ciertas señales o síntomas claros que todo indica, pero está en uno querer aceptarlo o pensar que eso realmente no está sucediendo”, relató. Repetir una pregunta varias veces, perder objetos, modificar determinadas rutinas o comenzar a aislarse de reuniones familiares pueden parecer, inicialmente, simples distracciones o cambios propios de la edad, pero cuando esas situaciones se repiten es importante prestar atención y realizar una consulta médica.

El vicepresidente de A.L.M.A. también recordó que su abuela, madre de su padre, había atravesado anteriormente una situación similar, aunque en aquel momento no habían llegado a un diagnóstico preciso. La experiencia con su padre fue diferente y lo llevó a informarse, buscar asesoramiento y comprender qué estaba ocurriendo.

“Después, a partir de tener el diagnóstico y de hacer los estudios correspondientes, es cuando traté de asesorarme sobre la enfermedad, de tratar de entender primero qué es lo que estaba pasando y aprender a partir de ahí cómo convivir con este tipo de enfermedades”, explicó.

Para Ferro, uno de los principales aprendizajes estuvo relacionado con modificar la mirada sobre aquello que el Alzheimer va quitando. Recordó especialmente el dolor que le provocaba que su padre ya no pudiera recordar los nombres de sus nietos. Con el tiempo comprendió que ese dato no necesariamente impedía que ambos pudieran compartir un momento de felicidad.

“Si él jugaba con el nene y el nene respondía al juego, es decir, abuelo y nieto tenían un momento de felicidad, eso era lo importante”, señaló. La enfermedad, sostuvo, supone un aprendizaje permanente y obliga a encontrar nuevas maneras de vincularse con la persona que la atraviesa.

Entre las señales que pueden llamar la atención aparecen las dificultades con el lenguaje, la confusión de palabras, los problemas para completar una oración, la desorientación temporal o espacial y determinados cambios en la conducta social. Ferro aclaró que los olvidos forman parte de la vida cotidiana y no necesariamente significan que exista una enfermedad, pero cuando comienzan a repetirse de manera persistente conviene consultar con un profesional.

“Si te empezás a olvidar de manera continua, es momento de ocuparse”, explicó, al tiempo que remarcó la importancia de no interpretar cada olvido como una señal inequívoca de Alzheimer. El diagnóstico corresponde a profesionales especializados y requiere una evaluación adecuada.

Una vez confirmado el diagnóstico, la información se convierte en una herramienta fundamental. Conocer las características de la enfermedad permite comprender comportamientos que de otro modo pueden generar enojo, frustración o conflictos dentro de la familia.

Ferro puso como ejemplo situaciones cotidianas: repetir una pregunta, leer reiteradamente la misma noticia, ofrecer varias veces un café o no recordar el nombre de una persona. “Lo que esa persona hace no es por desinterés, no es porque no te quiere prestar atención, no es porque te lo hace a vos o lo hace a propósito; es porque efectivamente hay una enfermedad que está afectando su comportamiento”, explicó.

Ese cambio de perspectiva puede modificar profundamente la convivencia. En lugar de interpretar determinadas conductas como una falta de interés o una provocación, la familia puede comprenderlas como parte de una enfermedad neurodegenerativa que modifica progresivamente las capacidades de quien la padece.

Pero existe otra persona que muchas veces queda relegada en medio de todo el proceso: el cuidador.

Según Ferro, las dificultades dependen de la estructura y las circunstancias de cada familia. Puede tratarse de un único hijo que asume la responsabilidad, de hermanos que no se comprometen de la misma manera o de familias en las que uno de sus integrantes debe abandonar su trabajo para dedicarse al cuidado. En su propia experiencia, recordó que su madre tuvo que dejar de trabajar para ocuparse de su padre, lo que generó además un impacto económico.

“Este tipo de enfermedades arrastra a la par al cuidador como al paciente”, afirmó. Las enfermedades neurodegenerativas pueden extenderse durante muchos años y producir un desgaste progresivo en quienes acompañan al paciente.

Por eso, una de las expresiones que más repite A.L.M.A. es “hay que cuidar al cuidador”. Ferro habló del síndrome de burnout y del agotamiento que puede aparecer cuando una persona sostiene durante mucho tiempo las tareas de cuidado sin contar con suficiente descanso, apoyo o espacios propios.

“Para poder estar bien con el otro, tengo que estar bien conmigo mismo”, resumió.

La culpa suele aparecer en ese proceso. Para muchos familiares, delegar parte del cuidado, tomarse un descanso o continuar con actividades personales puede sentirse como una falta de compromiso con el ser querido. Sin embargo, Ferro planteó que el autocuidado no debería entenderse como abandono, sino como una condición necesaria para poder acompañar mejor.

En ese sentido, recomendó buscar información, recurrir a asociaciones especializadas y construir redes de apoyo. A.L.M.A. brinda asesoramiento y acompañamiento tanto a las personas diagnosticadas como a sus familiares y cuidadores, y forma parte de la Red Argentina de Alzheimer, que reúne instituciones de distintas provincias.

Otro de los trámites que Ferro recomendó realizar después del diagnóstico es el Certificado Único de Discapacidad (CUD), ya que puede facilitar diferentes gestiones y el acceso a prestaciones. Reconoció que para algunas familias el trámite también implica enfrentarse emocionalmente con la idea de que existe una discapacidad, pero señaló que se trata de una herramienta que puede resultar importante durante el proceso.

La prevención también ocupó un lugar destacado durante la entrevista. El periodista científico Víctor Ingrassia explicó algunos de los resultados presentados en encuentros internacionales sobre investigaciones vinculadas con la prevención y el retraso del deterioro cognitivo. Entre los factores modificables mencionados aparecen la alimentación saludable, la actividad física, la estimulación cognitiva, el mantenimiento de los vínculos sociales y el cuidado de la salud cardiovascular.

Ferro retomó esos conceptos y remarcó que la prevención no debería comenzar después de un diagnóstico. “No hay que esperar a que llegue el diagnóstico para actuar por sobre este tipo de enfermedades”, sostuvo.

En ese contexto, destacó la importancia de mantener una vida social activa, estimular permanentemente al cerebro, realizar actividad física y llevar una alimentación saludable. También recordó que la evidencia científica ha puesto el foco en múltiples factores de riesgo modificables y no en una única causa.

La investigación sobre Alzheimer continúa avanzando y, aunque actualmente no existe una cura para la enfermedad, el conocimiento sobre sus mecanismos, factores de riesgo y formas de acompañamiento se encuentra en permanente evolución. Para las familias, mientras tanto, el desafío no pasa solamente por comprender la enfermedad sino también por aprender a vivir con ella sin perder completamente los espacios de encuentro, afecto y disfrute.

Esa mirada atraviesa el libro Los recuerdos quedan, escrito por Ferro a partir de su experiencia personal. “Yo conté en un libro lo que yo hubiese querido leer cuando yo empecé a investigar”, explicó. La intención fue alejarse de una mirada exclusivamente médica para incorporar también el dolor, la tristeza, la bronca y, especialmente, aquellos momentos de felicidad que todavía podían existir en medio del avance de la enfermedad.

El autor contó que en determinado momento llegó a sufrir más al observar el dolor de su madre que al enfrentarse directamente con el deterioro de su padre. “Mi papá en un momento, con un techo, con comida y con un abrazo y afecto, era el hombre más feliz del mundo”, recordó.

La frase resume uno de los aspectos más complejos de convivir con el Alzheimer: la necesidad de aceptar que la persona puede cambiar sin dejar de ser una persona con la que todavía es posible construir momentos significativos.

Durante septiembre, A.L.M.A. desarrolla distintas actividades de concientización, información y recaudación de fondos. Entre ellas se encuentran charlas, encuentros, acciones en centros de salud y propuestas destinadas a visibilizar la enfermedad y combatir el estigma que todavía existe alrededor de las demencias.

Ferro también invitó a la comunidad a acercarse a las redes sociales de la asociación para conocer las actividades previstas durante el Mes Mundial del Alzheimer y destacó la realización de una gala a beneficio bajo el nombre “Noche de Amor y Tango”, además de una caminata prevista para el domingo 27 de septiembre en los Bosques de Palermo.

El objetivo de todas estas acciones excede una fecha puntual. El 21 de septiembre es el Día Mundial del Alzheimer, pero para quienes trabajan durante todo el año con pacientes y familias, la concientización no puede limitarse a una jornada. Se trata de generar información, derribar prejuicios y construir redes para que nadie tenga que atravesar en soledad una enfermedad que modifica la vida de todos los que están alrededor.

En definitiva, la experiencia de Guillermo Ferro muestra que el Alzheimer puede implicar pérdidas profundas, pero también puede abrir la posibilidad de aprender nuevas formas de comunicación y de vínculo. Y en ese camino, cuidar a quien cuida deja de ser una cuestión secundaria para convertirse en una parte esencial del acompañamiento.

Escuchá “Estrategia, Salud y Ambiente” todos los Jueves 16hs. Por Radio Zonica

$data['img_url']

La RZ en donde quieras

Descarga la app disponible en tus plataformas favoritas

La Radio

La RZ nació hace 11 años. Junto a Radio Zonica y Zonica+ forma parte del #GrupoZonica; líderes y precursores de los medios digitales en Argentina.

Conocé más
Micrófono