Jueves 3 de Septiembre de 2026 - 2:33:24 am

Guillermo Lobo: “Para las redes sociales y el algoritmo, la verdad no es un insumo”

Salud septiembre 3, 2026

El periodista y comunicador científico pasó por FUCA Streaming y habló sobre salud, desinformación, hábitos saludables, voluntariado y su vínculo de más de 20 años con la Fundación Cáncer.

“¿Qué gusto estar acá con vos, que los veo y ahora resulta que estoy acá en el estudio?”, dice Guillermo Lobo apenas comienza la entrevista con Guido D’Anaire en FUCA Streaming. La frase tiene algo de sorpresa, pero también resume una característica que atraviesa toda su carrera: detrás del periodista que durante más de tres décadas ocupó pantallas, condujo programas y se convirtió en una de las voces más reconocibles de la comunicación científica y médica argentina, todavía aparece aquel joven que llegó a un casting casi de casualidad, rodeado de figuras consagradas y convencido de que no tenía demasiadas posibilidades.

La conversación ocurre a pocos días de la Noche FUCA 2026, la gala anual de recaudación de fondos de la Fundación Cáncer, de la que Lobo será uno de los conductores. Pero la charla rápidamente excede la agenda de un evento. Aparecen su infancia en Jujuy, su llegada a Buenos Aires, los comienzos de Todo Noticias, el nacimiento de TN Ciencia, la transformación de la comunicación a partir de las redes sociales y la inteligencia artificial, la responsabilidad de hablar sobre salud, el vapeo, los consumos problemáticos, la prevención y, finalmente, una palabra que parece funcionar como hilo conductor de toda su vida profesional: servicio.

“De muy chico” supo que quería ser comunicador. Nació en Volcán, en el departamento Tumbaya, Jujuy, en 1969, en una familia en la que la comunicación tenía un lugar importante. “Soy de una familia que nace en el interior”, recuerda. En aquella época, explica, la televisión y la radio tenían una influencia enorme en las provincias. Desde allí se miraba a Buenos Aires a través de los grandes canales y emisoras. Su madre tenía una fuerte vocación comunicadora y también encontró en sus docentes de primaria y secundaria estímulos que terminaron de acercarlo a ese universo.

“Fue natural”, explica. Y ese aprendizaje temprano se produjo además en un momento histórico particular. Había quedado atrás la dictadura y existía una fuerte necesidad social de expresarse. Después llegó la explosión de las radios zonales, la televisión por cable y nuevos espacios de comunicación. Lobo identifica aquella etapa con la que actualmente se vive alrededor del streaming y las plataformas digitales: distintos momentos históricos en los que la aparición de nuevas tecnologías abrió las puertas a más voces.

Pero su vínculo con la comunicación también atravesó distintas etapas personales. Primero estuvo el deseo infantil de agradar a su madre. Después apareció una motivación bastante más terrenal: “Yo quería ser famoso para firmar autógrafos”. Con los años, sin embargo, esa mirada cambió radicalmente. La profesión dejó de ser una cuestión de protagonismo para convertirse en una responsabilidad.

“Fui aprendiendo que, como diría Francisco, el poder está en el servicio”, afirma. Y enseguida profundiza: “La comunicación, en realidad, no es lo que me puede dar a mí, sino lo que nosotros podemos dar a la persona que nos ve y nos escucha. Nosotros estamos al servicio de ellos. De nada vale este traje, de nada vale este micrófono, si no es para que sea útil para quien nos ve y nos escucha”.

Esa concepción de la profesión aparece una y otra vez durante la entrevista. Para Lobo, el periodista no debería ocupar un lugar de superioridad frente al público, sino funcionar como puente. Su tarea consiste en buscar a quien sabe, formular las preguntas necesarias y traducir conocimientos complejos para que puedan ser comprendidos.

La historia de su llegada a TN tiene, además, una cuota de azar y otra de perseverancia. En 1993 se abrió un casting para incorporar profesionales a una señal que se llamaría Todo Noticias. Había alrededor de mil postulantes para apenas cuatro lugares. Lobo ni siquiera consiguió dejar su currículum en los lugares que inicialmente había pensado. “No me lo recibieron”, cuenta. Una persona de la entrada le sugirió que se lo llevara porque ya habían llegado demasiados.

Finalmente dejó el currículum en Canal 2, donde trabajaba Estela Carta, secretaria de Ricardo Pipino. Desde allí llegó la llamada que cambiaría su vida profesional. Cuando entró al cuarto piso y vio a figuras como Santo Biasatti, Silvia Martínez, Luis Otero y otros reconocidos periodistas, sintió que sus posibilidades eran mínimas.

“Yo no tenía ninguna posibilidad”, recuerda entre risas. Entre los postulantes estaba José Antonio Gil Vidal, que ya llevaba años como jefe de noticieros de Radio Continental. También participaban profesionales que luego tendrían carreras destacadas. Lobo, en cambio, se encontró frente a una situación que lo intimidaba: “Yo me pongo muy nervioso, soy realmente tímido”.

El contrato inicial era por apenas tres meses. La señal le explicó que no debía hacerse demasiadas ilusiones. Sin embargo, esos tres meses se convirtieron en una historia de más de tres décadas. “Me dijeron que el contrato era por tres meses, y ya son 31 años”, resume.

La anécdota de aquellos primeros meses es casi cinematográfica. Como estaba convencido de que su contrato terminaría, el último día llevó Bon o Bon para repartir entre sus compañeros. Era su manera de despedirse. Incluso le entregó el último chocolate al jefe. Cuando le preguntaron por qué hacía aquello, explicó que era su último día. La respuesta fue inesperada: no se iba. Le renovaban el contrato por otros tres meses.

Aquel joven que había llegado al casting sintiéndose un intruso comenzó así una carrera que lo convertiría en uno de los históricos de TN. Pero Lobo asegura que, incluso después de tantos años, algo de aquella sensación inicial permanece. “Cuando yo entre al estudio, para mí va a ser como la primera vez”, dice. Y agrega una frase que define su actitud: “Dicen que uno es profesional solo cuando pierde el entusiasmo. No soy profesional”.

La diferencia, aclara, está en que ya no siente aquellos nervios paralizantes de los comienzos. Lo que aparece ahora es otra clase de tensión: la responsabilidad. “Era el sueño de mi vida, pero lo que ha cambiado mucho es que cuando yo entro no son los nervios que te paralizan, sino la responsabilidad maravillosa de ser comunicador”.

Ese concepto adquiere especial dimensión cuando se habla de salud. Allí, explica, no alcanza con tener un micrófono y una cámara. El comunicador debe establecer vínculos de confianza con especialistas e instituciones, investigar y comprender aquello que está contando.

“Yo necesito conectar al mejor especialista en oncología para que les lleve respuestas”, sostiene. “Él sabe mucho y yo lo único que puedo hacer es hacerles preguntas”. En esa cadena aparecen instituciones, médicos, investigadores y fundaciones. Para Lobo, el periodista tiene que ganarse la confianza de todos ellos para poder acercar ese conocimiento al público.

Su especialización en ciencia y salud tampoco fue producto de un plan trazado desde el comienzo. Fue impulsada por Carlos de Elía, una figura central en la construcción de TN Ciencia. Cuando Lobo llegó a la señal, el programa tenía una concepción muy diferente de la que luego desarrollaría. Había contenidos provenientes de embajadas y materiales sobre distintos aspectos culturales y científicos internacionales.

Cuando tuvo la posibilidad de hacer dos suplencias, empezó a mirar alrededor y descubrió la enorme cantidad de conocimiento científico producido en la Argentina. “Pero si acá tenemos CONICET, Secretaría de Ciencia y Tecnología, Instituto de Biología y Medicina Experimental, tenemos la Fundación Leloir, tenemos el IBYME”, enumera. Y la conclusión fue inmediata: había que contar la ciencia argentina.

Así nació una nueva etapa. “Hagámosle entrevistas a los científicos argentinos”, propuso. De allí en adelante, la ciencia dejó de ser para él una sucesión de contenidos especializados y pasó a ser una manera de acercar conocimiento a la sociedad.

La salud llegó después. Cuando De Elía le planteó que se hiciera cargo de la edición de esa área, Lobo respondió con una sinceridad que terminó siendo, paradójicamente, su mayor fortaleza: “Yo soy un adoquín. No soy médico”.

La respuesta que recibió fue decisiva. “Justamente porque no sos médico. Sos paciente o potencial paciente. Vas a hacer las preguntas que necesita tu tía, tu abuela, tu mamá, tu papá”. Esa idea terminó de construir una metodología que Lobo mantiene hasta hoy: no hablar desde la falsa autoridad de quien sabe todo, sino desde la curiosidad y las necesidades concretas de quien escucha.

Su formación acompañó ese camino. Se formó en el Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica y realizó un posgrado en Comunicación Científica, Médica y Ambiental en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. Su carrera quedó estrechamente vinculada a la divulgación científica, médica y ambiental y a la formación de periodistas y comunicadores.

TN Ciencia se convirtió en uno de los grandes espacios de divulgación científica de la televisión argentina y obtuvo numerosos reconocimientos. Años después, esa línea de trabajo encontró continuidad y actualización en Con Bienestar, un espacio dedicado a salud, ciencia, ambiente y al concepto de “Una Salud”. TN destacó en 2022 la trayectoria de Lobo y el reconocimiento que recibió por parte de la Universidad de Buenos Aires por sus aportes sostenidos a la comunicación científica, médica y educativa.

Pero el mundo en el que hoy debe comunicar es mucho más complejo que aquel en el que comenzó. La información que antes era escasa ahora llega desde todas partes y en todo momento. Para Lobo, ese cambio no necesariamente significó que la sociedad esté mejor informada.

“Pasamos de una escasez de información a un barullo gigantesco”, plantea. Describe el escenario como “20 voces hablándome al mismo tiempo”. Instagram, TikTok, Facebook, X y otras plataformas multiplicaron las posibilidades de acceso al conocimiento, pero también hicieron más difícil distinguir entre información verdadera, falsa, incompleta, interesada o directamente peligrosa.

“Lo que hay es una intoxicación de información. ¿Qué es verdad y qué es mentira? ¿Qué es lo correcto y lo incorrecto? ¿Cuáles son las buenas intenciones y las malas intenciones?”, se pregunta.

En ese contexto, sostiene que los medios con editores responsables todavía tienen un papel fundamental. Durante años se anunció que las redes sociales terminarían con los medios tradicionales y con el periodismo profesional. Lobo cree que la realidad demostró que la necesidad de verificar y contextualizar la información sigue vigente.

Y lo resume con una frase contundente: “Para las redes sociales y el algoritmo, la verdad no es un insumo”.

Para él, esa diferencia es central. El algoritmo no tiene una obligación ética con el público. No necesita preservar una reputación profesional ni responder ante una audiencia por las consecuencias de una información falsa. El periodista, en cambio, sí.

“Mi nombre es Guillermo Lobo, vivo en mi misma casa hace 30 años, mi DNI es 20.555.042 y soy el editor responsable”, dice, aunque aclara que lo importante de esa enumeración no es el dato personal sino lo que simboliza: su nombre está asociado a una responsabilidad. “Mi credibilidad es vital. Yo con esto mantengo a mi familia”, explica.

Por eso, frente a una noticia que promete una cura milagrosa contra el cáncer o anuncia un descubrimiento revolucionario, su reacción no consiste en reproducir el titular. Busca a los especialistas, consulta a los institutos y contrasta la información.

“Cuando aparezca un intruso hablando de cáncer o alguien prometa la cura milagrosa de algunos cánceres o dos grandes laboratorios anuncien algo muy promisorio, yo lo que voy a ir es hablar con el Instituto Roffo, voy a hablar con el doctor Mario Bruno, voy a hablar con Matías Chacón, con el doctor Mordoh”, enumera.

Y detrás de esa responsabilidad profesional existe también una dimensión profundamente personal. “No solo porque es mi trabajo, con el que mantengo a mi familia, sino porque uno de los seres que yo más quiero en el mundo está atravesando…” Allí se detiene. El entrevistador comprende la referencia y la conversación continúa. Pero el concepto queda instalado: hablar de salud para Lobo no es solamente una especialización profesional.

También cuestiona la manera en que los algoritmos pueden reforzar nuestras propias creencias. Habla del “sesgo de confirmación”, esa tendencia a buscar o aceptar con mayor facilidad aquello que coincide con lo que ya pensamos.

El problema es que las plataformas pueden aprender rápidamente qué contenidos atraen a cada persona. “La decisión que yo acabo de tomar, ¿la tomé yo o la tomé influida por tal cosa?”, plantea. Una pregunta que excede ampliamente al periodismo y alcanza la vida cotidiana.

La salud es, en ese sentido, uno de los terrenos donde más peligrosamente puede operar esa dinámica. Una persona preocupada por una enfermedad puede encontrarse con decenas de videos que confirman sus temores o, por el contrario, con mensajes que prometen soluciones rápidas. En medio de esa saturación, la diferencia entre divulgación responsable y desinformación puede tener consecuencias concretas.

Lobo también pone la mirada sobre los hábitos saludables y el funcionamiento del sistema de salud argentino. Ve, según sus propias palabras, “el vaso medio vacío y el vaso medio lleno”.

En el lado vacío ubica la situación que atraviesan el sistema público y el subsector privado. De poco sirve, sostiene, recomendar a una persona que haga controles, coma mejor o realice actividad física si después esa persona necesita atención y obtiene un turno dentro de varios meses.

“Estamos tirando granos de sal en el desierto”, sintetiza.

Su planteo es que la salud debe ser una política de Estado y que la prevención no puede pensarse separada de la posibilidad efectiva de acceder a la atención médica. Pero también observa señales alentadoras. Los jóvenes, dice, tienen mayor conciencia sobre alimentación y actividad física. “Vamos a vivir más”, afirma. La pregunta que queda abierta es si también vamos a vivir mejor.

En ese punto aparece otra de sus preocupaciones: el consumo de tabaco, vapeadores, alcohol y otras sustancias. El tema lo toca especialmente porque su propia historia familiar está atravesada por el cáncer de pulmón. “Mi papá murió de cáncer de pulmón con metástasis en el cerebro porque era tabáquico”, revela.

Por eso, cuando escucha debates sobre nuevas formas de consumo de nicotina o alternativas al cigarrillo tradicional, no puede ser indiferente. Al mismo tiempo, evita las respuestas fáciles. Considera necesario profundizar la investigación y discutir el control de daños con información seria.

“Estamos muy preocupados a veces con esta cuestión, que es importante que la debatamos”, plantea. Vapeadores, tabaco calentado y otras modalidades requieren, a su criterio, una discusión responsable que no se reduzca a consignas.

Su preocupación se extiende también a la normalización cultural de los consumos problemáticos. Observa que determinados contenidos audiovisuales y transmisiones pueden presentar el alcohol, la marihuana u otras sustancias de una manera liviana, incluso cuando son consumidos por públicos muy jóvenes.

“Acá tenemos un debate, vamos a debatirlo y vamos a trabajarlo, pero bien, bien, bien”, insiste.

Para él, ese es apenas “la punta del iceberg”. Y esa mirada conecta directamente con uno de los programas de FUCA que considera fundamentales: Aulas Abiertas.

La iniciativa lleva décadas acercando a las escuelas contenidos vinculados con la prevención y la concientización sobre el cáncer. El objetivo no es asustar a los adolescentes ni convertirlos en especialistas, sino brindarles herramientas para que puedan tomar decisiones más saludables y convertirse ellos mismos en agentes de cambio dentro de sus familias.

En ese sentido, Lobo coincide con la idea de que la prevención comienza mucho antes de que aparezca una enfermedad. El conocimiento sobre actividad física, alimentación, controles médicos, vacunación, tabaco, alcohol y cuidado de la piel puede transmitirse desde edades tempranas.

Y esa lógica de educación preventiva tiene, para él, un enorme potencial multiplicador: que sean los propios chicos quienes recuerden a sus padres la importancia de determinados controles y hábitos.

La conversación vuelve entonces a FUCA y a la Noche FUCA 2026, que se realizará el 8 de septiembre en La Rural. Lobo será uno de los conductores de una noche que reunirá a integrantes de la comunidad científica, médicos, voluntarios, pacientes, familiares, empresas y colaboradores.

Su vínculo con la Fundación, sin embargo, no comenzó por una cuestión meramente profesional. Conocía FUCA y conocía al Instituto Alexander Fleming, pero en determinado momento la institución adquirió para él un significado personal.

“Ellos atendieron tan bien, tan bien a mi familia”, cuenta. Un ser querido recurrió al Fleming y la experiencia le permitió valorar no solamente el conocimiento médico sino también el modo en que se acompañaba al paciente.

“Más allá de la ciencia, más allá de la investigación que hacen, el humanismo médico que yo encontré ahí fue tan profundo y tan importante”, explica.

Esa experiencia convirtió su admiración en compromiso. Desde entonces, su participación en las actividades de FUCA se transformó en una manera de devolver algo de aquello que recibió.

Con el paso de los años, participó de distintas acciones de la organización, compartió actividades con médicos, científicos, artistas y otros colaboradores y fue convirtiéndose en una presencia habitual de la Noche FUCA. Recuerda especialmente algunas imágenes de actividades deportivas realizadas junto a integrantes de la Fundación, incluso un partido en Nueva Chicago en el que terminó ocupando el arco.

También recuerda el clima particular que se genera en la gala. “Se genera mucha buena energía y mucha linda comunidad. Realmente se vive como una noche mágica. Hay mucho amor, mucha ciencia también”, describe.

Pero detrás de la celebración existe un objetivo concreto: recaudar fondos para investigación, becas y formación de profesionales. Para Lobo, esas contribuciones tienen un significado que excede la cifra económica.

“Estos salvavidas, esa noche recaudamos fondos para salvar vidas”, afirma.

Su mirada sobre el voluntariado tampoco está separada de esa concepción del servicio. Considera que las organizaciones de la sociedad civil cumplen una función indispensable en la Argentina y que, sin ellas, distintos sectores del sistema social y sanitario tendrían enormes dificultades.

“Si no fueran por ellas, Argentina haría crack”, sentencia.

No limita esa valoración a las organizaciones vinculadas con la salud. También incluye clubes de barrio, instituciones educativas, comedores y todo tipo de espacios comunitarios. En su visión, la sociedad civil constituye una red que sostiene a millones de personas.

Por eso, cuando le preguntan qué les diría a quienes todavía dudan en convertirse en voluntarios, utiliza una comparación futbolera. Recuerda las veces en que los argentinos, mirando a la Selección, pedían un esfuerzo más incluso cuando los jugadores ya estaban agotados.

“Un pique más. Que vayan al piso una vez más. Una atajada más del Dibu”, propone.

Ese “una más” es para Lobo la síntesis del voluntariado. No hace falta transformar la vida entera para empezar a ayudar. Puede ser una hora, una tarea, un conocimiento, una colaboración o simplemente presencia. “Tu granito de arena va a formar una montaña muy poderosa”, afirma.

Y agrega algo que considera esencial: “Uno a veces dice: ‘Voy a dar, macana’. Es más lo que uno recibe que lo que uno da, ¡mucho más!”.

En esa frase aparece otra vez la idea del servicio que fue construyendo desde su juventud. Ayudar no es solamente entregar algo propio. También es una manera de transformarse.

Cita entonces a Teresa de Calcuta: “Hay que dar hasta que duela y cuando duela dar más”. Y vuelve a la misma conclusión: “El poder está en ese servicio”.

Su relación con la oncología también tiene una dimensión profesional que comenzó muchos años atrás. Recuerda uno de sus primeros viajes internacionales cuando todavía ni siquiera conocía el mar ni había viajado en avión. En ese contexto participó de un congreso internacional de oncología en Europa junto a referentes argentinos como Reinaldo Chacón y Elizabeth Mickiewicz.

La escena que conserva en la memoria tiene una dimensión casi futbolística. En medio de un congreso con miles de profesionales, escucha por los altoparlantes que Reinaldo Chacón dará una conferencia en el salón principal. De pronto, médicos de distintos países comienzan a dirigirse hacia allí.

“Era Messi”, resume Lobo, comparando la expectativa que generaba Chacón en aquella comunidad científica con la que provoca una gran figura del deporte.

El recuerdo también permite comprender cuánto cambió su propia trayectoria. Aquel joven periodista que había llegado a TN sin saber si permanecería tres meses terminó entrevistando a algunos de los científicos y médicos argentinos más reconocidos, viajando a congresos internacionales y construyendo una carrera especializada en explicar cuestiones complejas a una audiencia masiva.

Su trayectoria incluye además numerosos reconocimientos por su trabajo de divulgación científica y médica. Entre ellos figuran premios Martín Fierro y ATVC por su labor televisiva, además de distinciones vinculadas específicamente con el periodismo científico y la comunicación en salud.

La propia Universidad de Buenos Aires reconoció su trayectoria y su compromiso con la difusión sostenida de contenidos científicos, educativos y culturales. En aquella oportunidad, la institución destacó el aporte de su trabajo a la comunicación de calidad.

En los últimos años, además, la evolución de sus contenidos llevó la comunicación científica hacia una mirada más amplia, vinculada con el concepto de “Una Salud”, que entiende la relación entre la salud humana, animal y ambiental. Esa perspectiva prolonga una línea de trabajo que Lobo comenzó a desarrollar cuando la divulgación científica todavía tenía un espacio mucho más reducido en los medios masivos.

Sin embargo, cuando habla de su carrera, no parece interesado en enumerar premios ni en hacer balances grandilocuentes. Prefiere volver a aquella primera sensación frente a una cámara. La misma que conserva cada vez que entra a un estudio.

“Cuando yo entre al estudio, para mí va a ser como la primera vez”, repite.

Quizás allí esté una de las claves de una trayectoria tan extensa. El entusiasmo que no desapareció, la curiosidad de quien todavía pregunta, la conciencia de que el periodista no es la fuente sino el puente y una idea de responsabilidad que se volvió cada vez más profunda.

Por eso también su vínculo con FUCA parece tener una lógica natural. La Fundación trabaja con investigación, docencia, prevención y concientización; Lobo hizo de la comunicación de la ciencia y la salud una parte central de su vida profesional. La organización necesita transmitir conocimiento y reunir voluntades; él entiende que comunicar consiste precisamente en ponerse al servicio de quienes necesitan esa información.

El 8 de septiembre volverá a ocupar el escenario de la Noche FUCA. Allí estará junto a Gabriela Sobrado, con la participación de Abel Pintos y una serie de acciones destinadas a recaudar fondos para sostener programas, becas e investigación. Pero para Lobo no será simplemente otro evento.

“Con mucho amor, con mucho cariño”, anticipa. Y vuelve a definir la noche con la imagen que parece acompañarlo durante toda la entrevista: “Entendemos que estos pequeñitos granitos de arena van a salvar vidas”.

Guillermo Lobo nació en Volcán, Jujuy, el 1 de septiembre de 1969. Se formó como locutor en el ISER y posteriormente profundizó su especialización con estudios de posgrado en comunicación científica, médica y ambiental en la Universitat Pompeu Fabra. Antes de consolidarse en televisión tuvo experiencias en radio y en medios locales de San Isidro. En 1993 ingresó a Artear, en los comienzos de Todo Noticias, y desde entonces desarrolló allí gran parte de su trayectoria profesional.

Fue una figura central de TN Ciencia, ciclo pionero en la divulgación de ciencia y tecnología en la televisión argentina, y posteriormente desarrolló contenidos vinculados con salud, ambiente y bienestar. TN reconoció en 2022 que su trayectoria de casi tres décadas había sido fundamental para la consolidación de ese tipo de comunicación en los medios masivos.

También ejerció tareas docentes y académicas y participó en espacios de formación vinculados con el periodismo y la comunicación digital y científica. Su trabajo fue reconocido en diferentes oportunidades por instituciones periodísticas, científicas, médicas y educativas.

Pero después de 31 años de aquella primera contratación, Lobo sigue contando su historia como si todavía estuviera llegando al cuarto piso de TN, abriendo el ascensor y encontrándose con los grandes nombres de la televisión. Con la misma sorpresa y el mismo agradecimiento.

Quizás porque, después de todo, la frase que mejor resume su recorrido no tenga que ver con los premios, los años en pantalla ni la cantidad de programas realizados. Está en otra parte: “De nada vale este traje, de nada vale este micrófono, si no es para que sea útil para quien nos ve y nos escucha”.

Ese es, para Guillermo Lobo, el verdadero sentido de comunicar.

Escuchá “FUCA Streaming” todos los Lunes 16hs. Por Radio Zonica

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