“Había un grupo enorme de trabajadores que fueron los verdaderos artífices de la CONADEP”
Interes General marzo 24, 2026El director de cine aseguró en La Columna Vertebral que su documental pone el foco en quienes recopilaron testimonios durante la transición democrática y cuestiona el relato centrado únicamente en las figuras “notables”.
El director y documentalista Alejandro Cohen Arazi plantea un cambio de perspectiva sobre uno de los hitos más relevantes de la historia argentina reciente: la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas. En diálogo con el programa La Columna Vertebral, el realizador sostuvo: “CONADEP, pianos tiene la intención de contar un hecho muy importante de nuestra historia pero en la voz de sus trabajadores”, y subrayó que esa mirada “es algo muy poco común” en los relatos tradicionales.
Cohen Arazi explicó que el origen del proyecto no estuvo inicialmente ligado a la CONADEP, sino a una investigación paralela que derivó en el hallazgo de testimonios clave. “En el Archivo Nacional de la Memoria había una serie de entrevistas a trabajadores de la CONADEP que contaban esa vivencia del trabajo de todos los días”, relató el director, quien agregó que ese descubrimiento fue determinante: “Ahí se nos planteó esto de decir, bueno, acá hay una historia”.
El documentalista remarcó que existe una construcción simbólica instalada en torno al informe Nunca Más, asociada a figuras públicas de gran visibilidad. “Hay como una especie de imaginario general que está vinculado a los notables”, señaló, para luego contraponer esa idea con la evidencia recogida en su investigación: “En estas entrevistas lo que se revela es que había un grupo enorme de gente que eran los artífices de esta tarea”.
En ese sentido, el realizador insistió en la necesidad de revisar el enfoque histórico predominante. “La historia nos la cuentan no los que mandaron a hacer la CONADEP, sino los que efectivamente la hicieron”, afirmó, destacando el valor de reconstruir la memoria desde las voces que permanecieron invisibilizadas durante décadas.
Al abordar el contexto en el que se conformó la comisión en 1983, Cohen Arazi describió un escenario atravesado por la urgencia, la incertidumbre y la falta de precedentes. “No existía ese tipo de trabajador que hoy conocemos como trabajador de la memoria”, explicó, y detalló que quienes integraron el equipo debieron enfrentarse a una tarea inédita: “No había gente capacitada para sentar a alguien enfrente de tu escritorio y recibir ese tipo de testimonios”.
El director enfatizó que la conformación del equipo fue diversa y, en muchos casos, espontánea. “Había un poco de todo”, indicó, y precisó que participaron desde empleados estatales hasta integrantes de organismos de derechos humanos y voluntarios sin experiencia previa. “Eran estudiantes universitarios que dijeron ‘yo quiero saber, quiero acercarme a ver qué pasa’”, recordó, al tiempo que remarcó que el único denominador común era la empatía frente al dolor de las víctimas.
Sobre las condiciones en las que se desarrolló ese trabajo, el entrevistado no dudó en describir el clima de época como tenso y peligroso. “Lo vivían con mucho temor”, sostuvo, y añadió que quienes participaron de la CONADEP eran plenamente conscientes de los riesgos: “Sabían que donde se estaban metiendo podía tener consecuencias”.
En ese marco, el realizador reconstruyó el contexto político de los primeros años de democracia, marcados por la fragilidad institucional. “La pregunta lógica era cuánto iba a durar esto”, expresó, en referencia al temor latente de un nuevo golpe de Estado tras décadas de interrupciones democráticas.
Cohen Arazi también hizo hincapié en las amenazas concretas que recibieron los trabajadores de la comisión. “Vivían permanentemente con amenazas”, afirmó, y detalló situaciones que incluyen intimidaciones telefónicas, seguimientos y amenazas de bomba en el edificio donde funcionaba la CONADEP. “Había acciones coordinadas”, aseguró, al describir un entramado de hostigamiento sistemático.
En relación con la producción del documental, el director destacó el carácter autogestivo del proyecto. “Esta película se hizo 100% por una necesidad política”, afirmó, y subrayó que no contaron con financiamiento institucional. “Es un documental con presupuesto cero, literal”, enfatizó.
El realizador explicó que el acceso a material público fue clave para concretar la obra. “Estas entrevistas son de acceso público, forman parte del archivo nacional”, indicó, y añadió que el trabajo consistió en seleccionar, organizar y contextualizar ese material. “Fue el trabajo mío y de mi hermano”, señaló, destacando el carácter artesanal del proceso.
Asimismo, Cohen Arazi reconoció las dificultades económicas para llevar adelante la difusión del film. “Hicimos una campaña entre gente cercana que entiende la necesidad política de que esta película se difunda”, explicó, y ejemplificó con crudeza: “Gracias a ese aporte pudimos cargar la SUBE para venir a la radio”.
A lo largo de la entrevista, el director también reflexionó sobre el valor histórico de la CONADEP en el marco de la democracia argentina. “Se hizo dentro de un margen de maniobra en medio de muchas presiones”, sostuvo, y remarcó que, más allá de las críticas, el resultado fue trascendental. “Lo que se logró es importante, pasó a la historia”, afirmó.
En esa línea, el documentalista propuso una lectura equilibrada del proceso. “Puede haber gente más o menos crítica sobre cómo se constituyó”, reconoció, pero insistió en la necesidad de dimensionar el logro en su contexto. “Dentro del margen que hubo, se logró esto, y eso hay que destacarlo”, subrayó.
Finalmente, Cohen Arazi aportó una mirada que vincula el pasado con debates posteriores en materia de derechos humanos. Al referirse a las leyes de reparación de la década del noventa, recordó cuestionamientos de la época y contrapuso una conclusión surgida de su investigación: “Gracias a esas leyes apareció gente a hacer denuncias”, afirmó, destacando que incluso medidas controvertidas contribuyeron a ampliar la verdad judicial.
De este modo, el director sintetiza el espíritu de su documental: una invitación a revisar la historia desde sus protagonistas menos visibles. “Lo más interesante es encontrarse con la palabra de ellos en primera persona”, concluyó, reafirmando la importancia de escuchar a quienes, desde el anonimato, sostuvieron una de las tareas más decisivas en la reconstrucción de la memoria colectiva argentina.
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