Domingo 9 de Agosto de 2026 - 2:25:38 am

Ivana Szerman: “Milei destruye la solemnidad del cargo presidencial y rompe el peso institucional de la democracia”

Interes General agosto 7, 2026

La comunicadora cuestionó el discurso antipolítico del Gobierno, analizó la precarización del periodismo, el avance de la IA, las redes sociales y el desafío de reconstruir los vínculos.

“Es un poco amplia”. Así comenzó Ivana Szerman cuando le propusieron pensar cómo debería ser un nuevo contrato social para la Argentina. Pero detrás de esa primera respuesta apareció una mirada mucho más concreta sobre algunos de los principales problemas que atraviesan al país: la deuda, la política económica, la precarización laboral, el deterioro de las instituciones, el rol de los medios, las redes sociales y una sociedad cada vez más atravesada por la lógica de los algoritmos.

“No, es un poco amplia. Entiendo que hay un debate muy complejo de dar que lleva muchos años sobre la deuda, que entiendo que eso es como uno de los ejes neurálgicos de la problemática”, planteó. Y rápidamente ubicó allí una de las discusiones que, a su criterio, permanece demasiado alejada de la conversación cotidiana. “Hay muchas derivas ideológicas que consideran que la deuda está ok y que mientras la rolees está todo bien y nunca pasa nada y yo entiendo que hay un problema fuerte ahí y que es como repetir una y otra vez la historia del Fondo Monetario, de tantas indicaciones y de una deuda eterna y que nunca se resuelva y diciéndote cómo tiene que ser tu política y que esa política sea cada vez peor para las grandes masas populares.”

Para Szerman, el problema no es solamente económico sino también comunicacional. La deuda, sostiene, tiene una dificultad evidente: es demasiado abstracta para buena parte de la sociedad. “Entonces eso entiendo que es un punto neurálgico y que a la vez es, si bien esa deuda la tomó un partido político que fue el PRO y ahora la empeoró La Libertad Avanza, no sin el acuerdo de Guzmán durante el gobierno de Alberto y demás, la toma de deuda fue de todos, casi como constante, sí, es algo que lo tenemos que afrontar todos.”

La comunicadora entiende que ninguna fuerza política puede simplemente negar la existencia del problema. “No es que mañana viene un gobierno peronista o de izquierda o lo que fuera y dice no existe la deuda, eso es para todos”, sostuvo. Pero, al mismo tiempo, advierte que existe una enorme distancia entre ese debate y las preocupaciones inmediatas de una persona que trabaja para sobrevivir.

“Y no te da la sensación de que en términos comunicacionales nadie quiere debatir esto. Puede ser, también a la vez como siempre lo urgente tapa lo importante, en el sentido de que un humano que simplemente está intentando sobrevivir con su trabajo, no está, ni está pendiente ni quizás ni siquiera sabe que esa deuda existe.”

En cambio, explicó, determinadas imágenes de la política tienen una capacidad de impacto mucho mayor porque pueden visualizarse. “Entonces es mucho más charlable, sea una cascada o sean unos fajos en un vestidor. Es algo que sí puede estar mucho más cerca de cualquier humano que dice ‘loco, me están cargando, se ríen de mí’ y encima eso apunta porque efectivamente es lo que se demuestra, a todos los políticos son el horror y entonces terminan ganando los discursos antipolítica.”

Para Szerman, allí aparece una de las paradojas más fuertes de la política contemporánea: discursos que llegan al poder prometiendo terminar con la llamada “casta” y que, una vez en el Gobierno, reproducen algunas de las prácticas que cuestionaban. “Y después esos discursos antipolítica, anticasta terminan comportándose igual que la casta histórica y estamos todos viendo un derroche de guita que vos decís, aunque no sea linealmente así, decís ‘es la que me falta a mí. ¿Cómo puede ser? ¿Cómo puede estar esa plata ahí?’.”

El problema, según su mirada, es que hay dimensiones económicas que resultan mucho más difíciles de representar. “Y quizás no es tan fácil de ver. Mirá que mucha de la que te falta también es lo que debemos al Fondo, lo que hay que pagar de intereses y demás. Es más difícil de visualizar en términos concretos, entonces es más difícil que sea una demanda popular.”

También cuestionó la manera en que el Gobierno presenta su propia política económica. “De hecho, la gestión actual la tiene: es rolear esa deuda, posponerla, sacar otra deuda, volver al mercado de capitales, al mercado de deuda y que esto que el otro y seguir endeudándose. Es una propuesta, eso es un plan económico. No es el que a mí me gustaría, pero es un plan económico, esa propuesta existe.”

En esa discusión, Szerman también apuntó hacia la oposición y hacia las dificultades que tuvo el Frente de Todos para construir una posición común sobre la deuda. “Cuando gestionó el Frente de Todos la propuesta fue una renegociación y una aceptación de esa deuda y una pelea interna y entiendo desde recontra afuera que ese fue un problema grave para que el Frente de Todos deje de ser un frente y toda una interna que sigue en una deriva loca hasta hoy.”

La cuestión institucional aparece entonces como uno de los ejes centrales de su análisis. Y es allí donde su crítica al gobierno de Javier Milei adquiere mayor fuerza. Para Szerman, el modo de confrontar con periodistas, instituciones y actores políticos no solamente modifica la discusión pública, sino que contribuye a erosionar la legitimidad de las instituciones.

“No, a los periodistas igual por suerte ya se transformó medio en una parodia. Ya es tipo, ahora Milei dice ‘non sal, non sal’ y todos reímos”, ironizó. Sin embargo, inmediatamente marcó un límite para evitar que esa naturalización convierta el problema en algo menor. “Como que no quiere decir que no sea grave obviamente el hostigamiento que hubo un montón de gente, compañeras y demás que obviamente es señalado y en cada oportunidad no lo quiero banalizar.”

El problema, para ella, está en la reiteración de esa dinámica. “Pero también es cierto que él en esa repetición absurda y peleándose cada vez con un periodista nuevo, que le cuestiona cualquier cosa, va obviamente rompiendo con la solemnidad.”

Y esa ruptura de la solemnidad no la considera un fenómeno menor. “O sea, así como se rompe la institucionalidad del periodismo, la institucionalidad no sé qué, al principio era ‘el presidente atacando y diciendo…’, la solemnidad del cargo presidencial se destruyó por completo.”

Szerman incluso utilizó el propio lenguaje que se convirtió en una marca de esa confrontación para explicar hasta qué punto se naturalizó la descalificación. “Sí, non sal, de una, non sal, dale, dale, maestro. Non sal. Dale, dale para adelante.”

Pero detrás de la ironía aparece una preocupación mucho más profunda. “Entonces también se rompió, que también es parte de una lógica de esta época, o sea que Milei destruya esa solemnidad, que en algunos casos sí hay que ser un poco solemne o institucionalista, yo creo en eso, yo no me río de absolutamente todo.”

Para la comunicadora, la degradación de la institucionalidad no es exclusivamente argentina. Forma parte de un fenómeno internacional que puede terminar alimentando el desencanto democrático. “Pero tiene que ver con algo que pasa en el mundo entero y que nos lleva después a terminar diciendo ‘no, es que la democracia ya no da respuestas, la democracia ya no sirve’.”

En ese punto, Szerman cuestionó la idea de que la destrucción de las instituciones sea simplemente una consecuencia espontánea del cambio de época. “Está bien, pero hubo todo un laburo que parece casual, mirá qué loco este tipo, aporta también no sé Alberto Fernández la foto de Olivos, perdón que te tire el medio, Corea del Centro, pero quiero explicitarlo también, ¿no? O sea, sin problema, bienvenida.”

Su conclusión es contundente: “Todas esas cuestiones aportan a que se desarme esa institucionalidad que de mínima el presidente debería poder sostener, porque es la institución que le da a él ese rol precisamente”.

Y extendió esa crítica al conjunto del sistema. “Y lo mismo quienes acceden al Congreso, a la Justicia, como esa lógica de ir generando la idea de que todo en realidad es un circo, de que todo en realidad no tiene ningún peso institucional, lo que va rompiendo es el peso institucional de la democracia.”

El riesgo, según su lectura, aparece cuando esa deslegitimación comienza a generar dudas sobre las propias reglas del sistema. “Entonces después aparece un loco y gana o aparece uno que dice bueno, quizás el Congreso no sirve tanto para nada y después quizás no hace falta votar, bueno y una serie de preguntas que se van abriendo que empieza a tener asidero preguntárselas porque antes todo se destruyó.”

La discusión institucional se conecta, para Szerman, con otro problema que sí tiene una traducción inmediata en la vida cotidiana: el trabajo. “Volviendo a la pregunta sobre cómo se trabaja en el periodismo, un poco se vincula con tu primera pregunta de esas cuestiones que están en el centro del conflicto o de las trabas que estamos teniendo. Lo salarial y las condiciones de trabajo son un gran problema que efectivamente a diferencia de la deuda, sí verifica cada laburante en su vida material.”

La comunicadora describió un mercado laboral marcado por la pérdida de estabilidad. “Hay un problema muy grave del ingreso. Un problema muy grave tanto del nivel de ingreso como de la forma en que se consigue ese ingreso porque bueno todos esta semana justo fue de los datos de empleo, no sé cuándo sale el programa, pero bueno este cambio que igual venimos viendo hace un montón de meses de cambiar trabajo formal por trabajo precarizado, o sea se destruyen puestos formales y crecen monotributistas.”

Y agregó: “Y múltiples empleos y múltiples ingresos y un tetris.”

La discusión salarial también la llevó a cuestionar algunos de los argumentos utilizados por el Gobierno para presentar una mejora en los ingresos. “Hay una pregunta para una gestión inminente, si no fuera de este signo, incluso para esta gestión debería caber. Milei justo esta semana dio algunas respuestas, no, ahora el ingreso le ganó, el salario le ganó un punto a la inflación y ahora la jubilación, va toda falacia que rascas en dos segundos y no tiene asidero económico tampoco.”

Más allá de la coyuntura, considera que existe una pregunta que cualquier futuro gobierno debería responder: cómo reconstruir los ingresos de los trabajadores en una economía atravesada por la deuda y el ajuste. “Pero hay una pregunta sobre cómo se va a sustentar ese ingreso, si de deuda estamos tomados por completo y si se ganó ese debate sobre el superávit fiscal que a mí a priori no me parece mal obviamente pensar en un equilibrio fiscal es lo que cualquiera querría y con el salario ya destruido y la economía destruida, cómo vas a hacer para aumentar el salario si sos una gestión de otro signo.”

“Hay una pregunta ahí que en algún momento debería empezar a responderse”, sostuvo. “Yo espero que todo eso se esté pensando porque está muy en el límite la situación salarial desde aquellos famosos 20 puntos que habíamos perdido con Macri.”

En ese contexto, la inteligencia artificial aparece como un nuevo factor de tensión sobre el mundo del trabajo. Pero Szerman hace una distinción entre los usos tecnológicos que considera positivos y aquellos que, a su criterio, pueden afectar directamente las capacidades humanas.

“Claro, porque la productividad ya aumentó.”

“¿Y ahora qué hacemos? Y como que le falta la conexión ahí. Falta un pasito más en el razonamiento.”

Sobre la inteligencia artificial fue todavía más categórica: “La verdad que pensar obviamente que la inteligencia artificial es un desafío y es un problema y yo soy ultra anti inteligencia artificial en las cuestiones cognitivas.”

“No las cuestiones técnicas ni de investigación ni de la medicina ni del procesamiento de datos, sino la cuestión cognitiva, que escriba la IA por vos, eso a mí me parece un horror, una distopía horrible.”

Su rechazo no significa desconocer que los medios ya atravesaban una transformación profunda mucho antes de la llegada de estas herramientas. “Pero lo que sí me doy cuenta es que asistimos a esta transformación del mundo laboral y estamos todos comentándola y describiéndola y cualquiera que haya trabajado en los medios en los últimos 20 años es como, no entiendo, pero ¿no era así cómo se trabajaba? O sea, ¿qué es lo nuevo?”

“Es tremendo igual. Entonces como que nosotros ya estábamos en esa lógica”, explicó. “Obviamente que cierran medios, cierra Télam, todo se flexibiliza mucho más, el drama de la IA obviamente que empeora la situación, pero sí eso que están descubriendo un montón de laburantes de la informalización, del pluriempleo, esa uberización, esa bueno eso ya el trabajo en los medios ya era así.”

Szerman puso el foco especialmente en los trabajadores que quedan detrás de las grandes figuras de los medios. “Después todos los roles de producción, de locución, de operación técnica, de lo que fuera que hagas en los medios, el periodismo de cortar cables, como se hacía en un momento, de cortar llamados, cortar mensajes, todo lo que existiera siempre estuvo muy precarizado, sin horarios, sin descanso, sin salario acorde y en general sin un trabajo formal.”

Incluso cuestionó el rol del propio Estado como empleador. “Incluso desde los medios del Estado. O sea el propio Estado en general tiende a la contratación por monotributo, por tiempo acotado, lo que fuera. Entonces esa estabilidad medio que ya no estaba.”

Frente a ese panorama, intentó encontrar un elemento de esperanza. “Quizás es una, intento ser optimista, ¿no? Es una oportunidad en el sentido de ya saber de antes cómo moverse en un mundo así, como ya tener esa gimnasia que un montón de trabajadores están lamentablemente descubriendo ahora. El periodismo ya trabajaba así.”

Pero esa adaptación también tuvo un costo. “Pero bueno, también así se fue como degradando, también en esa lógica de bueno, esa institucionalidad que se va haciendo pelota, bueno, también se va.”

La discusión sobre el periodismo lleva inevitablemente al problema del territorio y del acceso a la información. Como creadora de Mate, Szerman reconoció que existe un sesgo porteño, pero advirtió que la desaparición o debilitamiento de estructuras capaces de producir información desde las provincias genera consecuencias democráticas.

“Bueno, a nosotros que nos acusan siempre de porteñocéntricos y con razón.”

“Claro, como que yo me doy cuenta en mi trabajo en el que toda la vida me dijeron porteñocéntrica que antes a mí me llegaba más fácil o yo accedía más fácil a la información en las provincias.”

“Y eso sí se dificultó, más allá del sesgo porteño que efectivamente tenemos y que lo afronto. Incluso en esa búsqueda loca, y que sé que tengo este sesgo, hay que compensarlo con los recursos que tenemos que son entrar a internet en el caso de Mate puntualmente.”

La falta de información, explicó, no siempre significa que no sucedan hechos importantes. Muchas veces significa que dejan de tener una cobertura capaz de convertirlos en información pública. “Cada vez está más difícil eso, como que te enterás alguien te escribe, los incendios son un clásico, pero fijate que este año era mucho menos como el caudal de información, la forma de acceder a esa información y pasa todos los años, pero cada vez llega menos y así infinitas cosas.”

“Te quedás con una anécdota, no con una información específica, no con lo que dicen las autoridades, no tenés buen nada. Yo lo veo en el déficit democrático que eso genera, ¿no?”

Y sintetizó esa idea en una frase que atraviesa buena parte de su mirada sobre el rol de los medios: “Como que parece resolvamos los problemas de la gente, bueno, pero para resolver los problemas de la gente lo tenés que conocer.”

“Hay algo fundamental del sostenimiento de la democracia de que lo que no se escucha, lo que no se ve, lo que no hace ruido mediático lo resuelven los poderes económicos de forma desigual.”

Por eso reclamó una mirada más federal sobre las transformaciones económicas que atraviesan al país. “Y en un momento que, o sea, nosotros hablamos mucho del extractivismo, del RIGI y todo eso, bueno, pero hay que contar cómo viven los pueblos de Catamarca.”

“Hay que contar cómo se vive en Vaca Muerta”, planteó. Y aclaró que su crítica no implica un rechazo absoluto a las inversiones. “Yo con esto no quiero hacer un discurso antiproductivista porque no es tampoco el mío. Digo si va a efectivamente encararse esa inversión para que efectivamente los recursos naturales de los argentinos traigan riqueza, bueno ahí esa distancia que mencionabas recién, de aumento de la productividad o de acceso a un bien o a un recurso natural que antes no se accedía o lo que fuera, es como que faltara la conexión en la parte en la que eso efectivamente derrama para algún lado.”

Su cuestionamiento se concentró en la relación entre el RIGI y la reforma laboral. “Yo siento que es imposible mirar la reforma laboral sin hacerla conversar con el RIGI.”

Y volvió sobre un concepto que considera central: la transformación de derechos en privilegios. “Esto sí es un drama del progresismo, de haber transformado en el discurso, ¿no? en privilegio cualquier cosa que antes era un derecho.”

“Pero empezar a hablar de privilegio por tener una casa o un trabajo, hacer unas vacaciones en el verano, bueno no, eso era lo mínimo de los derechos básicos desde los años 40, era lo mínimo porque si vos lo planteás como privilegio entonces hay que acotarlo.”

En esa misma línea, resumió una diferencia que para ella permite entender la verdadera posición de una persona dentro de la estructura social: “Si podés pasar un año sin trabajar estás en un lugar, si no podés estás en otro lugar.”

El debate sobre los medios llegó también al universo de los streams, una de las áreas donde Szerman desarrolla su trabajo. Para ella, las nuevas plataformas abrieron posibilidades de democratización, pero también generaron nuevos problemas de concentración y dependencia.

“Es complejo porque la negociación eso ya deja de ser entre un Estado y una empresa grande o entre trabajadores y capital y es una discusión en alguna medida con eso, con unas corporaciones internacionales con las que no es tan sencillo.”

“Entonces en ese sentido yo siento que es un monstruo que yo no tengo ganas de estar en otro lugar que no sea YouTube. Ojalá siga funcionando, o sea tengo ganas de que sea mejor laburar ahí.”

Pero justamente esa dependencia de las plataformas es una de las grandes paradojas del nuevo sistema de comunicación. “No sé. No soy tan especialista en. Sí, lo que pasa es que con quién lo das, dónde lo das, vas a Google ahí en Puerto Madero a tocar la puerta, ese es el, la trampa.”

Para Szerman, el problema no termina en quién controla una plataforma, sino en cómo las personas reciben y validan la información. “Y en un momento nos empezamos a preguntar, ‘¿y quién lo dijo? ¿Es verdad?’. Ni siquiera para desconfiar de la información, la mayoría de los periodistas laburan de forma veraz y comprometida con el tema, no, no es todo una gran mentira todo el tiempo. Pero podés analizar mínimamente el sesgo.”

El nuevo escenario, sin embargo, introdujo otra forma de autoridad: “Lo vi en internet”. Y para ella eso no necesariamente representa una mejora. “A la vez como contracara estamos básicamente informándonos por TikTok sin analizar ningún, hay una nueva objetividad que es lo vi en internet que es distinto a lo vi en la tele pero que el efecto en tu vida es el mismo y en la sociedad es el mismo que es una desinformación muy grande.”

La contradicción se vuelve especialmente evidente cuando los propios medios intentan combatir la lógica que los condiciona. “Imaginate que quisieras sacar de esto el reel más ganchero para publicar en Instagram y que intentes buscar el reel más ganchero de nosotros hablando de cómo regular esa lógica y publicarlo en las propias redes que tenés que regular y que se queden viéndolo y no lo pasen.”

“Estamos en una rueda de la que no es fácil salir. Yo me doy cuenta de ese problema y yo también termino el programa y quiero sacar el reel más ganchero, el que se queden mirándome a mí, no que lo pasen y miren el que publicás vos. Entonces es una trampa total.”

Esa lógica, según su mirada, también está atravesando a la educación. “En el medio también la escuela está en un momento muy tremendo de máxima destrucción, tanto salarial, precarización, inversión, desarticulación de programas, todo lo que ya sabemos, que también es parte de esta lógica de que cada institución que era como por lo menos un punto de arraigo, una constante, un lugar en el que algo era estable, se destruya.”

Y entonces aparece una definición que resume buena parte de su diagnóstico: “Es como una implosión de todo lo que sostenía la vida en sociedad.”

Para Szerman, la batalla no consiste solamente en prohibir o combatir la tecnología, sino en lograr que la vida fuera de las pantallas vuelva a tener atractivo. “Yo tengo la idea de que estaría bueno que lo que pase afuera del celular fuera más interesante que lo que pasa en el celular. Como competirle por la positiva.”

Pero esa competencia es mucho más difícil en un contexto de crisis económica y aislamiento. “Si nadie tiene un mango es más difícil hacer una salida, ir a comer, pasar un momento con tus afectos, o con una cita o con lo que fuera, es mucho más complejo.”

“Te lo tenés que pensar 50 veces, el celular ya está ahí, es gratis en alguna medida, ya está pago, está ahí siempre, no te va a generar ningún desafío, está trancando, te anestesia, te dice que estás ok, te da vibras, te dieron like, vibras, todo bien.”

“Es lindo eso. Es dramático.”

La consecuencia, según ella, es que hasta los vínculos requieren hoy un esfuerzo adicional. “Antes no era, bueno nos juntamos, a tal hora te veo, listo, y ahora es como un, hay un fuercito medio indescriptible, como que no se nombra.”

“Hay una cosa de, salgo de, no salgo solo de mi casa, salgo de esto en lo que yo ya estoy como conectada, esa fantasía del chip, me alejo de eso y me acerco a otra cosa. Eso es un trabajo extra que antes no había que hacer.”

Y ese fenómeno también impacta sobre la posibilidad de reconstruir comunidades. “La deriva retórica por lo menos del individuo como único garante de sí mismo también atenta contra eso, sea el ser nacional, sea un sindicato, una clase social o tu barrio, tu comunidad, todo.”

“Todo, cada instancia de la vida es una lógica de, yo me lo gano, va a ser mejor mi reel, va a ser mejor.”

“Y así con absolutamente todo y entonces es muy difícil que se reconstruya.”

Sin embargo, después de recorrer una entrevista marcada por críticas al sistema político, económico, mediático y tecnológico, Szerman eligió terminar con una mirada de esperanza. “Yo confío en Argentina igual.”

Ante la pregunta sobre cuál de todas las Argentinas, respondió: “En Argentina como un lugar que es distinto.”

Y allí apareció una defensa casi emocional de una identidad nacional que, para ella, todavía conserva algo particular. “Y hoy el humano más famoso del planeta es argentino. Y eso no es ni siquiera la primera vez que pasa, se murió el Papa, hace un año… el Papa fue contemporáneo a Messi y también a Maradona y así infinito.”

“Obvio que todos vamos a querer sentirnos especiales, pero yo realmente creo que hay algo en Argentina que es diferente a todos los demás.”

La conclusión llegó desde un lugar más íntimo que político. “Sabés cómo sobrevivo al apocalipsis… Hay algo ahí que, ya es, que es diferente, yo elijo creer, o sea, se re contra místico, yo elijo creer en Argentina, como algo diferente a todo lo demás.”

Y antes de terminar la conversación, cuando le propusieron dejar por escrito un compromiso desde su lugar como creadora de Mate, volvió a poner en palabras la responsabilidad que entiende que tiene el periodismo frente a sus propios sesgos.

“Desde Mate siempre cuestionar el propio sesgo para buscar como horizonte la veracidad, lo que no quita que nos podamos comer cualquier opereta, esto hay que estar siempre muy alerta.”

Y dejó una última definición, que sintetiza también su propia manera de entender la comunicación y las instituciones: “Nunca ser solemne, salvo precisamente cuando hay que ser solemne.”

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