Jueves 9 de Julio de 2026 - 2:50:42 pm
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Juan Carlos Godoy: “Estamos excesivamente regulados; hay que desregular porque el mercado no puede quedarse quieto”

Interes General julio 9, 2026

El referente del mercado asegurador participó de un debate sobre el presente y el futuro de la industria, donde analizó la necesidad de modernizar las leyes.

Juan Carlos Godoy considera que el cambio no es una opción sino una condición indispensable para cualquier actividad que pretenda mantenerse vigente. Con esa convicción participó de un extenso intercambio junto a otros especialistas del sector asegurador, donde dejó definiciones sobre la necesidad de actualizar el marco regulatorio argentino, el papel de la tecnología, la importancia de generar una verdadera cultura del seguro y los desafíos que enfrenta una industria que, a su entender, todavía arrastra estructuras propias de otra época.

Al comenzar la conversación, el empresario lamentó la resistencia que todavía existe frente a los procesos de transformación y apeló a una referencia histórica para fundamentar su postura. “A mí me da tristeza que cueste tanto cambiar. Heráclito, seiscientos años antes de Cristo, decía que lo único constante es el cambio. Lo he dicho muchas veces porque no hay alternativa.”

A partir de esa idea, sostuvo que resulta contradictorio que el país continúe funcionando bajo normas concebidas para un contexto completamente distinto al actual. “Las leyes que tenemos vigentes hoy son de los años sesenta. Después de eso cayó el Muro de Berlín, terminó la Guerra Fría, el mundo cambió completamente, apareció la inteligencia artificial y nosotros seguimos con leyes que, para mí, han pasado de moda.”

Aunque aclaró que no es abogado y que respeta profundamente el trabajo de quienes elaboran las normas, expresó que las leyes operativas deberían evolucionar al mismo ritmo que lo hace la sociedad. “Yo puedo defender la Constitución Nacional como un gran marco institucional, pero las leyes que regulan determinados sectores necesitan actualizarse mucho más cuando la tecnología cambia a la velocidad con la que cambia hoy.”
Sin embargo, Godoy aclaró que detrás de esa falta de actualización existe una explicación mucho más profunda que la mera voluntad política. “La entiendo porque es un problema cultural. Y la cultura no cambia de la noche a la mañana ni por decreto. Cambia por procesos. Algunas decisiones pueden acelerar esos procesos, pero el cambio cultural siempre lleva tiempo.”

Más adelante, al analizar la reforma del sistema asegurador, volvió a insistir sobre la necesidad de generar un marco que favorezca la innovación en lugar de frenarla. En ese sentido sostuvo que la regulación debe cumplir un rol de acompañamiento y no convertirse en un obstáculo para quienes buscan desarrollar nuevos productos.
“Hay algo que me gusta mucho de este proyecto de ley. El cambio nace en la calle, donde aparecen nuevas necesidades. No nace en un decreto ni en una ley. Lo importante es darle libertad al creador del producto para que pueda desarrollar soluciones frente a una demanda que cambia permanentemente.”

Como ejemplo concreto mencionó el potencial del seguro de salud en un contexto donde las prestaciones médicas atraviesan serias dificultades.
“Con la crisis que tienen las obras sociales y las prepagas, el seguro de salud podría convertirse en una herramienta extraordinaria para darle respuestas a la sociedad. Hoy vemos que las prestaciones disminuyen porque los recursos no alcanzan o porque hubo malas administraciones. Ahí el seguro tiene muchísimo para aportar.”

Desde su perspectiva, el camino debería orientarse hacia un sistema donde las compañías puedan desarrollar nuevas coberturas sin atravesar interminables procesos burocráticos.
“Los productos no deberían necesitar permisos eternos para existir. Hay que crearlos, ponerlos en el mercado y después exigir que las empresas tengan la solvencia y el respaldo necesarios para cumplir con sus compromisos. Ese es el futuro que, para mí, debería tener la Argentina.”

A lo largo del intercambio también aparecieron distintos conceptos vinculados con la innovación comercial y la necesidad de acercar el seguro a la sociedad. Mientras otros participantes planteaban que el sector debía aprender a vender mejor, Godoy coincidió con ese diagnóstico, aunque aportó una mirada complementaria.
“Ojalá podamos ver eso que decís. Pero hoy el cuarenta por ciento de los seguros de automotores se despachan, no se venden. Ni siquiera hay alguien que los compre; simplemente se despachan. Y cuando hablamos de seguros de vida, para muchos argentinos la palabra vida sigue asociándose a la muerte.”

Esa realidad, explicó, responde a una ausencia histórica de educación aseguradora.
“Hace muchos años que no existe una verdadera idiosincrasia aseguradora. Es muy difícil que alguien quiera contratar un seguro si nunca entendió para qué sirve. La cultura del seguro nace en la escuela, no nace solamente en la calle.”

Para Godoy, ese déficit educativo continúa condicionando el desarrollo del mercado y limita enormemente las posibilidades de crecimiento del sector.

A partir de ese diagnóstico, Juan Carlos Godoy profundizó una de las ideas que atravesó toda la conversación: la necesidad de que la industria vuelva a conectarse con las verdaderas demandas de la sociedad. A su entender, los cambios no pueden seguir esperando decisiones burocráticas ni quedar atrapados en estructuras que responden a otra época. “El cambio se produce naturalmente en la calle, donde aparecen las nuevas necesidades de la gente. La demanda cambia todos los días y la oferta tiene que tener libertad para acompañarla.”

El empresario remarcó que muchas veces el Estado intenta regular mercados cuya dinámica desconoce profundamente. “El Congreso no conoce el mercado. Y yo diría que, muchas veces, tampoco el regulador lo conoce adecuadamente. Por eso es tan importante escuchar a quienes todos los días están frente al cliente, desarrollando productos y viendo cómo evolucionan las necesidades.”

Desde esa mirada, defendió la posibilidad de ampliar la libertad de acción de las compañías aseguradoras siempre que exista respaldo económico suficiente para responder frente a los asegurados. “Lo importante no es poner trabas para crear productos, sino garantizar que las empresas tengan solvencia y reaseguro para cumplir con aquello que prometen. Si eso está asegurado, hay que dejar que aparezcan nuevas soluciones.”

Durante el intercambio también se analizó el papel de la tecnología dentro del negocio asegurador. Allí Godoy sostuvo que la inteligencia artificial ya no representa un escenario futuro, sino una realidad que obliga a modificar la manera de pensar toda la actividad.

“Mucho más con la aparición de la inteligencia artificial tenemos que revisar cómo funciona el mercado. No podemos seguir trabajando con herramientas pensadas para otro tiempo. El mundo cambió demasiado rápido.”

Lejos de considerar a la innovación tecnológica como una amenaza, afirmó que representa una oportunidad para hacer más eficiente toda la industria. “La tecnología ayuda a bajar costos porque permite administrar enormes cantidades de datos. Eso hace que las empresas puedan ser más eficientes y conocer mucho mejor a sus clientes.”

En ese punto decidió compartir la experiencia de la compañía que dirige como ejemplo concreto de transformación digital.

“Nosotros hemos creado la única empresa completamente digital de la Argentina. La gente trabaja desde su casa y eso nos permitió empezar a conocer de otra manera cómo funciona la demanda.”

Según explicó, esa modalidad les permitió descubrir nuevos hábitos de consumo que difícilmente podrían haberse detectado bajo esquemas tradicionales.

“Hoy estamos vendiendo seguros de bicicleta a las dos o tres de la mañana. También seguros para gamers. Eso demuestra que la demanda existe, pero muchas veces el mercado todavía no terminó de entenderla.”

Godoy sostuvo que ese tipo de productos representan apenas una pequeña muestra de todo lo que puede desarrollarse cuando existe libertad para innovar. “El día que la tecnología termine de instalarse definitivamente dentro de la industria aseguradora, el mercado va a cambiar muchísimo.”

Incluso recordó que importantes consultoras internacionales vienen anticipando ese escenario desde hace varios años. “McKinsey lo dice claramente cuando habla del impacto de la inteligencia artificial. Muchas compañías trabajan con sistemas comprados que son muy difíciles de modificar y cualquier cambio cuesta una fortuna. Nosotros desarrollamos nuestro propio sistema y eso nos da una flexibilidad enorme para adaptarnos rápidamente.”

Para el empresario, esa capacidad de adaptación será una de las principales ventajas competitivas durante los próximos años. “No solamente hay que preocuparse por vender y bajar los costos. También hay que generar permanentemente nuevos productos. Muchas veces la demanda todavía no sabe que necesita una determinada cobertura, pero el técnico sí puede detectarlo antes y transformarlo en una solución.”

En ese sentido explicó que la innovación no consiste únicamente en responder a una necesidad existente, sino también en anticiparse a los cambios sociales y tecnológicos.

“El que estudia el mercado, el que mira lo que ocurre en Inglaterra, en Estados Unidos o en otros países que están avanzando, empieza a detectar oportunidades antes que los demás. Ahí aparece el verdadero valor de la innovación.”

A lo largo del debate también volvió sobre un tema que considera central para comprender las dificultades del sector: la falta de comunicación institucional y de liderazgo colectivo.

“En la Argentina el seguro tiene varios déficits. Uno de ellos es la falta de empresarios. Son muy pocos los verdaderos dueños del negocio. Hoy tenemos un mercado muy administrado por funcionarios.”

Desde su punto de vista, esa realidad también impacta sobre la capacidad del sector para defender intereses comunes.

“Hace mucho tiempo que faltan dirigentes al servicio del seguro. Por eso tenemos la cámara que tenemos y no logramos una posición unificada frente al Estado ni frente a la Justicia. Esa falta de representación también termina retrasando muchos cambios que serían necesarios.”

En otro tramo del debate, Juan Carlos Godoy volvió sobre una idea que considera determinante para el futuro del sector: comprender que la transformación no depende únicamente de modificar leyes, sino también de cambiar la manera de pensar el negocio. A su entender, la innovación debe estar acompañada por una mayor apertura para desarrollar productos que respondan a necesidades concretas de la sociedad.

“Muchas veces la demanda ni siquiera sabe que existe la posibilidad de asegurar determinadas cosas. Pero la oferta sí lo sabe. El técnico, el profesional que estudia permanentemente el mercado, puede adelantarse y crear soluciones antes de que el cliente las pida.”

Esa capacidad de anticipación, sostuvo, es una de las mayores fortalezas que puede desarrollar una industria aseguradora moderna. “Hay que ir entendiendo cada vez más cómo funciona el mercado, leer lo que sucede en otros países y observar hacia dónde va el mundo. No podemos seguir creyendo que la realidad argentina está aislada de todo lo demás.”

En ese contexto recordó que los procesos de innovación más exitosos suelen surgir precisamente de quienes se animan a romper con las estructuras tradicionales.

“La arena sobre la que estamos parados está completamente movediza. Todo cambia a una velocidad impresionante. Lo peor que podemos hacer es quedarnos quietos.”

La conversación derivó entonces hacia uno de los temas más sensibles del encuentro: el exceso de regulaciones que, según Godoy, condiciona el desarrollo del mercado asegurador argentino.

“Yo creo que estamos excesivamente regulados. Hay que desregular. No hay vuelta.”

Lejos de plantear una eliminación absoluta de los controles, explicó que muchas normas terminaron beneficiando intereses particulares antes que favorecer la competencia.

“Muchas de las regulaciones que existen fueron promovidas por sectores económicos que lograron proteger determinados espacios para que nadie más pudiera competir. Pasan los años y esas barreras siguen existiendo, cuando el mercado ya cambió completamente.”

Para el empresario, abrir el juego no significa perder controles, sino generar un escenario donde las mejores ideas puedan transformarse en productos concretos para la comunidad.

“Hay gente a la que claramente no le conviene la desregulación porque quiere que todo siga igual. Siempre pasa. Hay quienes prefieren no cambiar nunca. Lo vemos todos los días.”

Godoy también vinculó ese debate con el proceso de modernización tecnológica que atraviesan las empresas y destacó que muchas veces la normativa vigente termina siendo un obstáculo para acompañar esa evolución.

“Hoy la inteligencia artificial modifica absolutamente todo. No podemos pensar el mercado como hace veinte o treinta años porque ya no existe ese mercado.”

Durante la charla, otro de los participantes había insistido en que el gran desafío del sector era aprender a vender seguros y dejar de esperar que los clientes llegaran solos. Godoy coincidió con esa mirada, aunque volvió a poner el acento sobre una cuestión previa: generar conocimiento y confianza.

“Es muy difícil vender algo que la gente no conoce. Si no existe cultura aseguradora, el crecimiento siempre va a ser limitado.”

Por eso insistió una vez más en que la educación debería ocupar un lugar estratégico.

“El seguro nace en la escuela. Si desde chicos aprendemos qué significa proteger el patrimonio, la salud o la vida, después la sociedad incorpora naturalmente esa herramienta. Si eso no ocurre, siempre llegamos tarde.”

A su juicio, la Argentina todavía tiene una enorme deuda pendiente en ese aspecto y eso explica, en parte, la baja penetración del seguro respecto de otros países.

“No alcanza con hacer campañas publicitarias. Hace falta una verdadera comunicación permanente. Hoy esa comunicación prácticamente no existe.”

Godoy lamentó que el sector continúe hablando muchas veces hacia adentro en lugar de construir un vínculo mucho más cercano con la sociedad.

“La gente tiene que entender que el seguro no es un gasto sino una herramienta de protección. Mientras no logremos transmitir eso, vamos a seguir teniendo enormes dificultades para crecer.”

El empresario también señaló que el proceso de transformación exige dirigentes capaces de pensar el interés general de toda la industria.

“Necesitamos dirigentes que trabajen para el seguro. Que puedan construir consensos y representar al sector frente al Estado, frente a la Justicia y frente a toda la sociedad. Esa tarea hace muchos años que está pendiente.”

Aun así, se mostró optimista respecto del futuro y consideró que el contexto actual ofrece una oportunidad histórica para replantear muchas estructuras que parecían inamovibles.

“Estamos viviendo un momento donde todo está cambiando. Y cuando todo cambia, aparecen oportunidades enormes para quienes se animan a innovar.”

Sobre el cierre del encuentro, Juan Carlos Godoy volvió a poner el foco en el papel que deberán asumir las empresas aseguradoras en los próximos años y sostuvo que la transformación ya no admite demoras. A su entender, el contexto internacional, la aceleración tecnológica y las nuevas demandas de la sociedad obligan al sector a abandonar definitivamente viejos esquemas de funcionamiento.

“Respeto al mercado mucho más que cuando era joven”, reconoció al reflexionar sobre la evolución de su propio pensamiento. Lejos de plantear una defensa ideológica, explicó que su experiencia le permitió comprender que la dinámica del mercado es la que mejor refleja las necesidades reales de las personas y que, por ese motivo, cualquier regulación debería facilitar esa interacción y no obstaculizarla.

En ese sentido insistió en que el desafío consiste en permitir que las empresas desarrollen nuevas respuestas para una demanda que cambia de manera permanente. “La oferta muchas veces detecta necesidades antes que la propia demanda. Por eso hay que liberar la posibilidad de crear productos. Después, naturalmente, habrá que controlar que las compañías tengan la solvencia necesaria para responder, pero no impedir la innovación.”

Godoy remarcó que la tecnología ya comenzó a modificar profundamente la forma de trabajar dentro del sector asegurador y que quienes no acompañen ese proceso corren el riesgo de quedar definitivamente relegados. “Nosotros elegimos desarrollar nuestras propias herramientas digitales porque entendimos que el negocio iba hacia ese lugar. Eso nos permitió conocer mucho mejor al cliente, adaptarnos más rápido y ofrecer soluciones distintas.”

Como ejemplo mencionó nuevamente la comercialización digital de coberturas específicas durante horarios en los que tradicionalmente no existía actividad comercial. “Cuando una persona compra un seguro de bicicleta o un seguro para gamers a las dos o tres de la mañana, uno entiende que el mercado cambió. El consumidor ya no espera que abra una oficina para resolver un problema.”

Para el empresario, ese tipo de situaciones demuestra que la innovación dejó de ser un concepto teórico para convertirse en una necesidad cotidiana. “La tecnología se va a encajar cada vez más dentro de la industria aseguradora. No tengo ninguna duda. Y cuanto antes lo entendamos, mejor preparados vamos a estar.”

También sostuvo que el desarrollo tecnológico permitirá optimizar costos operativos y mejorar la calidad del servicio, aunque aclaró que esa evolución debe ir acompañada por una transformación cultural mucho más profunda.

“La cultura cuesta construirla, pero avanza igual. Puede hacerlo más rápido o más despacio, pero inexorablemente avanza.”
Esa afirmación sintetizó buena parte del espíritu de una conversación atravesada permanentemente por la idea del cambio. Para Godoy, la discusión ya no pasa por decidir si el mercado debe transformarse, sino por la velocidad con la que será capaz de hacerlo.

En ese contexto volvió a cuestionar el exceso de regulaciones que, según entiende, limitan la capacidad de innovación de las compañías. “Estamos excesivamente regulados. Hay que desregular. No hay vuelta.”
Aclaró, sin embargo, que esa postura no implica desconocer el rol del Estado ni de los organismos de control, sino promover un modelo donde exista mayor libertad para competir, crear y responder con rapidez a las nuevas necesidades sociales.

Durante el intercambio también dejó planteada una pregunta que, a su juicio, explica muchas de las resistencias que todavía existen frente a esos cambios. “¿A quién no le conviene la desregulación? Evidentemente hay sectores a los que les resulta más cómodo que todo siga igual.”

Según explicó, esa lógica conservadora no sólo atraviesa al mercado asegurador sino a buena parte de la vida política y económica del país. “Siempre hay quienes prefieren que nada cambie. Pero el mundo sigue avanzando aunque uno quiera quedarse quieto.”

Lejos de mostrarse pesimista, Godoy considera que la Argentina dispone de recursos humanos y conocimiento suficiente para dar ese salto, siempre que exista decisión para abandonar viejos paradigmas. En ese sentido volvió a insistir en la necesidad de fortalecer la educación aseguradora, profesionalizar el liderazgo sectorial, estimular el desarrollo de nuevos productos y aprovechar plenamente las herramientas que ofrecen la digitalización y la inteligencia artificial.

“La arena sobre la que estamos viviendo está permanentemente en movimiento. Todo cambia. Por eso, lo peor que podemos hacer es quedarnos quietos.”

Con esa reflexión cerró una participación en la que dejó una mirada crítica sobre el presente, aunque profundamente optimista respecto del futuro. Para Juan Carlos Godoy, la industria aseguradora tiene una oportunidad histórica para reinventarse, siempre que logre desprenderse de estructuras que ya no responden a la realidad actual y se anime a construir un mercado más moderno, competitivo e innovador. Porque, como recordó al comienzo de la charla citando a Heráclito, “lo único constante es el cambio”, y resistirse a esa evidencia sólo implica llegar tarde a una transformación que, tarde o temprano, terminará imponiéndose.

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