Viernes 14 de Agosto de 2026 - 2:52:38 pm

María José Lubertino: “Milei comenzó una dinámica de cacería de brujas”

Interes General agosto 14, 2026

En el podcast Quién es, de Maxi Lequi, la histórica referente feminista y ambientalista cuestionó al Gobierno, habló de democracia, extractivismo y defendió la participación ciudadana.

“Los gobiernos pasan, los pueblos quedan, así que seguiremos empujando en el buen camino”. La frase resume buena parte de la mirada que María José Lubertino desplegó durante su participación en Quién es, el podcast conducido por Maxi Legi, donde recorrió su extensa trayectoria vinculada con los derechos humanos, el feminismo, la política, la defensa del ambiente y las luchas sociales. Abogada, doctora en Derecho, docente y especialista en derecho ambiental, fue legisladora porteña, convencional constituyente de la Ciudad de Buenos Aires, diputada nacional y presidenta del INADI. Actualmente preside la Asociación Ciudadana por los Derechos Humanos y continúa participando de distintos espacios de defensa de derechos y protección ambiental.

Durante la conversación, la entrevistada hizo un balance de los avances alcanzados por el movimiento feminista, pero también puso el foco en lo que considera un retroceso institucional y democrático. “Por un lado, todos los avances, las conquistas, los cambios que hemos generado desde el movimiento feminista a nivel global”, explicó, aunque inmediatamente planteó que todavía quedan pendientes cuestiones vinculadas con “la igualdad real de oportunidades y de trato entre varones y mujeres”. Para Lubertino, las conquistas legales fueron importantes, pero las desigualdades continúan presentes tanto en Argentina como en América Latina y en distintas regiones del mundo.

El contraste entre esos avances históricos y el escenario político actual fue uno de los ejes centrales de la charla. Consultada específicamente por el gobierno de Javier Milei, fue contundente: “Sí, creo que hay críticas para hacer en distintos momentos históricos, pero me parece que estamos en un pico de los más críticos”. Su preocupación, sin embargo, no se limita a la Argentina. La dirigente vinculó la coyuntura nacional con una tendencia global marcada por el crecimiento de las desigualdades, la concentración económica, los conflictos bélicos y la crisis climática.

“A nivel global creo que hay desaguisados importantes como que se gaste más dinero en las guerras que en lo que tiene que ver con la salud y el bienestar para la población, el desastre de la crisis climática”, sostuvo. En ese contexto, señaló el avance de sectores que definió como “antiderechos”, a los que relacionó con una concentración cada vez mayor del poder económico. “Están los super ricos, ricos, ricos, los mega ricos y cada vez más sectores de la población del mundo están empobrecidos, vulnerabilizados”, afirmó.

La discusión sobre las desigualdades llevó a Lubertino a reivindicar la necesidad de pensar alternativas y no quedarse únicamente con el diagnóstico. En ese sentido, mencionó informes internacionales sobre justicia global y trabajos vinculados con la distribución de la riqueza. “Hay una hoja de ruta de posibilidades de salida, porque si no nos quedamos solo en el diagnóstico y solo en la crítica”, señaló.

Su mirada también incorporó una dimensión prospectiva. La dirigente contó que había participado de un debate sobre el futuro de la Ciudad de Buenos Aires, en un espacio denominado Laboratorio de Futuro, y sostuvo que existen tendencias que ninguna administración puede desconocer. Entre ellas mencionó el envejecimiento poblacional, la crisis climática y las desigualdades sociales. “No se puede desconocer el envejecimiento como una tendencia, en la ciudad, en el mundo, no se puede desconocer la crisis climática y hay que tomar medidas y no se puede desconocer las graves desigualdades que hay entre las personas, los grupos, los colectivos y los países”, planteó.

En ese marco apareció una de sus críticas más fuertes al discurso político contemporáneo. Para Lubertino, los sectores que denomina antiderechos están vinculados con una concepción de sociedad que cuestiona la igualdad y que, en el caso argentino, encuentra una expresión particularmente intensa en el actual Gobierno.

“Son la ultraderecha”, definió al ser consultada sobre esos sectores. Y apuntó directamente contra el discurso presidencial: “Básicamente sectores antiderechos tiene que ver con que están en contra de la igualdad entre varones y mujeres”. A continuación sostuvo que existen “discursos de odio abiertos” hacia distintos colectivos y manifestó especial preocupación por las declaraciones oficiales que, según su interpretación, presentan a medios de comunicación, universidades y escuelas como espacios donde existirían “terroristas infiltrados”.

Para Lubertino, ese tipo de discursos no es inocuo. “Es peligrosísimo el discurso de estos días del presidente porque eso implica que arranca una dinámica de cacería de brujas”, afirmó, una expresión que sintetiza la principal advertencia política que dejó durante la entrevista. En su análisis, esa dinámica también puede observarse en las redes sociales, donde identificó la acción coordinada de bots y grupos que intentan instalar determinadas tendencias.

La relación con las redes sociales fue otro de los momentos de la conversación. Lubertino recordó que fue muy activa en Twitter durante los primeros años de esa plataforma, cuando, según su percepción, existía “otra onda”. Con el tiempo, observó una transformación hacia un espacio más agresivo. “Yo no le doy bolilla a las cuestiones agresivas o a los malos comentarios”, explicó. Actualmente utiliza Instagram, Facebook, X y YouTube para comunicar actividades, acciones e ideas, pero evita ingresar en discusiones que considera estériles.

“No entro en demasiadas polémicas”, dijo. Y agregó: “Si la gente consulta cosas de buena manera, contesto de buena manera, pero cuando aparecen bots o movidas orquestadas que nosotras tenemos la capacidad de darnos cuenta y de detectarlo, creo que no hay que entrar en el juego”.

La conversación avanzó entonces hacia una comparación entre la política de décadas anteriores y la actualidad. Maxi Lequi le preguntó si existía antes un mayor “vuelo intelectual” en la política. Lubertino relativizó la comparación y habló de circunstancias históricas diferentes. “Me parece que había de base otra militancia en otros partidos políticos”, sostuvo, aunque también ubicó en los años 90 un proceso de transformación y “vaciamiento de las instituciones”.

Para la dirigente, una de las dificultades actuales está en encontrar espacios de discusión democrática “de abajo hacia arriba”. Esa ausencia, explicó, llevó a muchas personas a trasladar su actividad hacia organizaciones de la sociedad civil. “No hay espacios perfectos, los espacios colectivos todos tienen sus problemas, sus dificultades, sus pujas de poder, sus conflictos”, reconoció.

Sin embargo, negó que fueran esas disputas internas las que la hayan alejado de la política partidaria. “Yo estoy a prueba de balas”, respondió con humor. El problema, explicó, fue otro: “La política ha sido expulsiva de las personas que no somos levantamanos o de las personas que no tranzamos con determinadas prácticas o determinados negocios”.

Ese punto aparece como uno de los principios que Lubertino reivindicó con mayor fuerza durante la entrevista. “Yo llego con principios, con valores, con ideales y con una historia y con una trayectoria que defiendo”, afirmó. Según relató, esa postura atravesó su actividad política y social, tanto en cuestiones de género como ambientales, sin importar quién ocupara el gobierno.

En la Ciudad de Buenos Aires, identificó particularmente las disputas relacionadas con el desarrollo inmobiliario y la defensa del patrimonio urbano. “Han sido las batallas más duras contra las lógicas del extractivismo inmobiliario en la ciudad, los negocios que esto implica, que siguen a tope, vigentes”, señaló.

Lubertino reivindicó además las organizaciones barriales y la participación directa de los vecinos. En su análisis, los partidos políticos muchas veces aparecen con fuerza únicamente durante los períodos electorales, mientras que los vecinos organizados mantienen una presencia más permanente en los conflictos concretos de cada barrio.

“Los vecinos se sienten en general abandonados y además reconocen mucho cuando algunos de nosotros estamos presentes siempre que hay un conflicto”, sostuvo. En ese contexto mencionó algunas de las luchas ambientales y urbanas en las que participa, como Basta de Demoler, la defensa de los árboles, Palermo Resiste y la protección de las tierras verdes ferroviarias.

“Hay que poner el cuerpo”, resumió. Y contó que mantiene una agenda intensa, con actividades que no se limitan a la Ciudad de Buenos Aires. A través del proyecto Defensoras Ambientales participa de iniciativas en distintas provincias. “Estamos yendo a Misiones, estamos yendo a Tierra del Fuego, estamos yendo a Córdoba, estamos yendo a Santa Fe, a Salta, a Río Negro”, enumeró.

Su defensa del trabajo de las organizaciones de la sociedad civil apareció también vinculada al financiamiento internacional. Frente a las críticas que sostienen que determinados organismos no sirven o que las organizaciones dependen de fondos externos, explicó que muchas iniciativas requieren recursos para capacitar, movilizar y acompañar a comunidades.

“Estos recursos vienen a reemplazar lo que el Estado no está haciendo”, afirmó. Al mismo tiempo, defendió la existencia de organizaciones independientes incluso cuando el Estado está presente, porque pueden aportar miradas críticas y propuestas. En el caso de la Asociación Ciudadana por los Derechos Humanos, explicó que existen además restricciones y criterios propios para evitar conflictos de intereses. La organización trabaja en áreas como género y diversidad, ambiente, patrimonio, derechos de usuarios y consumidores y otras políticas de derechos.

La crisis climática ocupó un capítulo central de la entrevista. Ante una pregunta directa de Maxi Legi sobre si el cambio climático existe, Lubertino fue categórica: “Bueno, por supuesto”. Incluso aclaró que, a su entender, ya no alcanza con hablar simplemente de cambio climático: “Hablamos de crisis climática”.

La dirigente explicó que los efectos no se limitan al aumento de la temperatura. Incluyen modificaciones en las sequías, los regímenes de lluvia, el nivel del mar y la pérdida de biodiversidad. “Hay una serie de factores que están concatenados”, sostuvo.

Para Lubertino, la respuesta debe construirse en diferentes niveles. Los Estados tienen responsabilidades internacionales, pero también las provincias y los municipios pueden adoptar medidas. Mencionó como ejemplo la transición energética y defendió la necesidad de avanzar hacia fuentes renovables sin repetir modelos de explotación que profundicen las desigualdades entre el norte y el sur global.

En este punto apareció una de sus principales críticas al modelo extractivista. “Los países del norte global que son los que más han generado esta crisis climática, por la emisión de gases de efecto invernadero, hoy están haciendo su transición energética de descarbonización hacia nuevas energías renovables, otra vez sobre las espaldas del sur global”, sostuvo.

El litio, los minerales considerados estratégicos, los hidrocarburos y el debate sobre los recursos naturales argentinos forman parte de esa discusión. Para Lubertino, la transición energética es necesaria, pero debe estar acompañada por el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas.

“Queremos una transición energética, queremos dejar atrás combustibles fósiles, pero también responsabilidades comunes pero diferenciadas”, explicó. Desde su perspectiva, el norte global tiene una responsabilidad histórica mayor y no debería realizar su propia transformación energética a costa de la destrucción de los bienes comunes de los países del sur.

Su crítica al extractivismo, además, no fue presentada como una cuestión exclusiva del gobierno de Javier Milei. Lubertino señaló que existen continuidades entre distintas administraciones. “El gobierno de Milei viene a dinamitarlo todo”, afirmó, al describir la orientación que atribuye al actual Poder Ejecutivo, pero inmediatamente agregó que gobiernos anteriores tampoco rompieron con el modelo extractivo.

“El gobierno de Macri estaba en la misma línea, lo hacía como más despacito y más delicadamente”, sostuvo, y también cuestionó las políticas de los gobiernos de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner. “Tampoco se salieron de la norma en términos de propiciar el extractivismo”, afirmó, al recordar las discusiones que mantuvo con funcionarios y el lugar que ocupó Vaca Muerta en el discurso económico.

La diferencia que estableció entre distintos gobiernos estuvo entonces vinculada con la posibilidad de diálogo y participación ciudadana. Al referirse a los gobiernos progresistas de la región, reconoció avances en materia de justicia social y de género, aunque señaló que existen asignaturas pendientes en materia ambiental.

Como ejemplo mencionó a Brasil y a Luiz Inácio Lula da Silva. Lubertino valoró la reducción de la deforestación en la Amazonia y la apertura al diálogo con distintos sectores, aunque reconoció que existen fuertes tensiones con el sector agroindustrial. Para ella, la clave está en observar la dirección de las políticas. “Los cambios no se hacen brutalmente de un día para el otro. El tema es ver la tendencia, ver si se asume, y vamos a ver si va más rápido, más lento”, explicó.

La entrevista regresó finalmente a una cuestión personal: qué le gustaría haber cambiado cuando llegue el momento de mirar hacia atrás sobre toda una vida de militancia. La respuesta estuvo lejos de cualquier idea de retiro.

“Yo hasta que me den las gambas y me pueda mover, voy a seguir haciendo esto mismo porque es mi vida”, afirmó. Reconoció que algunas jornadas está cansada y que muchas veces quisiera descansar, pero inmediatamente vuelve a encontrar una razón para continuar. “Lo siento una obligación, lo siento un compromiso cívico”, explicó.

En esa definición aparecieron como referencias las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, Norita Cortiñas, las militantes de la Campaña por el Derecho al Aborto y otras mujeres que continuaron activas durante décadas. “La gente que está con pasión, mientras te dé la salud, vamos para adelante”, sostuvo.

Su horizonte, dijo, es una Argentina diferente. Una sociedad con mayor igualdad, sin guerras y con justicia social, pero también una Ciudad de Buenos Aires capaz de convivir con su entorno natural. “Yo quiero vivir en una ciudad de Buenos Aires en armonía con la naturaleza”, expresó. Imaginó una ciudad “mirando al río, integrada”, una ciudad más humana y en armonía con la naturaleza.

Esa visión está directamente relacionada con su actividad actual. Su trayectoria combina el feminismo, los derechos humanos, la defensa ambiental y la participación ciudadana. Su propia organización señala entre sus áreas de trabajo los programas de Defensoras Ambientales, Ciudad Cuidadora, movilidad forzada por causas ambientales, usuarios y consumidores, mujeres, géneros y diversidad, prevención de la violencia e igualdad en diversidad.

Antes de terminar, Lubertino dejó una última definición que funciona como síntesis de su concepción de la militancia. Contó que continúa dando clases y que quiere entusiasmar a sus estudiantes de la UBA y a quienes la escuchan. “Cuando tenés bronca, cuando estás enojado, cuando las cosas no funcionan bien, no te quedes en tu casa, no te quedes solo con bronca, participá para cambiar lo que no está bien, de nosotros depende”, afirmó.

Y volvió a insistir en una idea que atravesó toda la conversación: la transformación no depende únicamente de quienes ocupan cargos públicos. “Estoy convencida de que muchas personas participando y unidas podemos dar vuelta las cosas”, aseguró.

La conversación con Maxi Legi terminó, pero Lubertino dejó planteado el desafío que, según su mirada, permanece abierto: transformar la indignación en participación, la participación en organización y la organización en cambios concretos. Su apuesta, después de décadas de actividad pública, continúa siendo la misma: derechos, igualdad, justicia social y una relación diferente con el ambiente. “Yo voy a luchar hasta el último día”, afirmó. Y cerró con una convicción que conecta sus antiguas batallas con las que todavía considera pendientes: “Yo creo que es absolutamente factible”.

En la actualidad, además de su actividad académica y de su trabajo en la Asociación Ciudadana por los Derechos Humanos, continúa vinculada con iniciativas ambientales y de participación ciudadana. Fuentes oficiales la identifican como abogada, docente feminista especializada en derechos humanos con perspectiva de género, doctora en Derecho por la UBA y especialista en derecho ambiental; también consignan su paso por la Legislatura porteña, la Convención Constituyente de la Ciudad y la Cámara de Diputados de la Nación.

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