Lunes 24 de Junio de 2024 - 11:56 pm

María Marull: “Cada actor es una oportunidad para revivir la obra”.

Espectáculos noviembre 15, 2023

La actriz, dramaturga y directora de teatro, María Marull, compartió en “El Arranque” las sensaciones de la obra que protagoniza con su hermana gemela Paula, ‘Lo que el río hace’, en el Teatro Astros.

´Lo que el río hace´, provoca reacciones a granel en el público, causa de todo, menos indiferencia. Pero antes, hubo un antes… la semilla del proceso creativo. Así lo revela una de las protagonistas, María Marull: “La obra nace antes de la pandemia cuando empezamos a escribir el texto con Paula para el Teatro San Martín donde tuvimos varias reuniones con los directores de ese momento, por ejemplo Jorge Telerman. Allí empezamos a pensar qué historia podría ser, qué historia teníamos ganas de contar. Un poco más intuitivamente, partiendo de una idea, de imágenes. Teníamos que presentar el anteproyecto de escenografía el día que se declaró la pandemia, aprovechamos e hicimos un documental durante la pandemia sobre el proceso creativo de la obra. Al documental lo dirigió Belina Savadisca y allí se pueden ver los ensayos, cómo dirigimos las escenas, de donde nacen algunos personajes que tienen su origen en personas o en lugares reales como en la oficina, por ejemplo. Esto nos acercó al material, y terminamos estrenando la obra el año pasado en el San Martín. La trama trata la historia de Amelia que es una mujer que, se podría decir que está desnaturalizada, urbanizada. Vive en la Capital Federal y es escritora. Tiene que entregar un material y está demorada con esa cuestión. Además, tiene una hija. O sea que está sumergida en la demanda citadina de las grandes ciudades. Los que tienen que combinar el trabajo con tantas otras cosas. Ella está atravesando una crisis sin que se dé cuenta, no es que se lo está planteando, y está pasada de rosca. A esto se le suma una exigencia más que es hacer un viaje relámpago a Esquina, Corrientes, para destrabar un trámite familiar vinculado a un campo que su papá le dejó con un problema jurídico, y que ella tiene que abordar. Y el viaje termina siendo bisagra en su vida porque se transforma en un viaje de más de un día porque cae justo en la Fiesta Nacional del Pacú donde la terminan invitando a pescar, ella se resiste, y la historia se va expandiendo”.

“Allí se encuentra con un amor del pasado, luego con Dora, que es muy amiga de su padre fallecido. A eso se le suma que ella para en un hotel donde paraban con sus padres cuando era chica. Con Paula teníamos ganas de trabajar juntas en el escenario y de utilizar el parecido físico como un recurso poético desde lo teatral. Encontrar la manera para justificar la presencia de ambas. Entonces encontramos esta forma donde ambas somos Amelia. El desdoblamiento es solo una cuestión de edición donde termina una escena y se pisa casi con otra. Y hay otros momentos en donde toma un vuelo te diría más poético, ya que la otra Amelia es el pensamiento, con acciones del pasado. O hace algo que la otra no se anima a hacer. Empiezan a desdoblarse con diferentes significados, apelando a una única mirada por parte del espectador”, indicó la escritora.

Por último, Marull sostiene que “Con el tiempo me he amigado con esta situación teatral de llevar adelante reemplazos. A veces uno le tiene cierto temor pero después de entender que el teatro es poner el cuerpo y que a veces surgen los imponderables. He aprendido por la experiencia, por ejemplo de La Pilarcita, que es otra obra que está en cartel. Cada actor es una oportunidad para revivir la obra, para que la obra crezca porque obliga a volver a foja cero y encontrarnos con el texto de nuevo, y a redigitar cosas que a veces se van desdibujando por las funciones. Y cada actor le pone su impronta personal. Entonces siempre ha sido una experiencia muy enriquecedora”.

FICHA TÉCNICO ARTÍSTICA

Autoría:

María Marull, Paula Marull

Actúan:

María Marull, Paula Marull, William Prociuk, Monica Raiola, Mariano Saborido, Debora Zanolli

Diseño de vestuario:

Jam Monti

Diseño de escenografía:

Gonzalo Cordoba Estevez

Música original:

Antonio Tarragó Ros

Stage Manager:

Jeremías Sapire

Operación de sonido:

Mateo Sapire

Diseño De Iluminación:

Adrian Grimozzi

Asistencia de dirección:

Alejandra D´elia

Prensa:

Carolina Alfonso

Producción ejecutiva:

Laura Quevedo

Dirección:

María Marull, Paula Marull

PARTICIPACIONES

Este espectáculo formó parte del evento: Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA 2023)

Duración: 100 minutos

Clasificaciones: Teatro, Presencial, Adultos

María Marull, la actriz y dramaturga rosarina que brilla con sus obras

“Lo que el río hace” recibió siete nominaciones a los premios María Guerrero, entre otras distinciones. Cómo se las ingenia para ir tras su deseo en un mundo tan caótico. La relación con su hermana Paula. Su historia.

“Mi papá era un árbol, que a veces había perdido sus hojas en algún temporal cuando yo esperaba descansar bajo su sombra, pero otras, que lo suponía seco, me sorprendía con flores que anticipaban la primavera”. Esto escribió y compartió en sus redes María Marull para el Día del Padre.

En ese texto en homenaje a Roque hay mucho de la historia y del presente de la actriz, dramaturga y directora de teatro multipremiada que de una manera u otra está siempre volviendo: a su niñez, a los días de paz y de risas, a los momentos difíciles, a los rincones de su memoria, a esos lugares íntimos y profundos. Quizá para reencontrarse, para saber algo más, para descansar, y sobre todo, para hacerse preguntas aunque no tengan respuestas.

María es rosarina. Nació en el Sanatorio Parque, en el centro de la ciudad, un 2 de abril de 1974. Algo particular ya ocurrió por entonces, porque no llegó al mundo sola. Paula, su hermana gemela, es su compañera, su refugio y su auxilio desde los comienzos. Parte fundamental de su universo.

Las mellizas Marull. Así se las conocía en esta ciudad cuando eran adolescentes y brillaban en las pasarelas como modelos. Así las reconocen muchos todavía, porque han transitado caminos muy parecidos en lo vocacional y en lo profesional. Porque siguen actuando juntas, escribiendo y dirigiendo a la par, en un montón de ocasiones.

Tan intensa es la unión que en más de una oportunidad, cuando está contando algo personal, María habla en plural y ni siquiera se da cuenta. “Siento que, genuinamente, nos gusta hacer cosas juntas”, dice, para explicar que el modo de transitar experiencias a la par es más una necesidad, casi visceral, que el producto de una imposición por ser gemelas.

Con dos obras propias en escena, este 2023 tiene a María Marull con la agenda al rojo vivo. Actuar, dirigir, ocuparse de los detalles de “La Pilarcita” y “Lo que el río hace” (que acaba de recibir 7 nominaciones a los premios María Guerrero) la obligan a ordenar su día a día para tener el tiempo necesario para dedicarle a sus dos hijas, a su pareja, a su casa, a lo social. Planificar para, además, seguir estudiando y aprendiendo, algo que disfruta plenamente.

“La verdad es que nunca fui muy organizada pero desde que soy mamá tuve que hacerlo. Tengo un montón de actividades personales, y por supuesto con mis hijas. Ellas están en la etapa en la que tengo que llevarlas y traerlas, acompañarlas en todo lo que hacen, que es muchísimo. Armar mi agenda requiere esfuerzo y energía porque si no, no me quedan espacios para poder trabajar”, admite.

-Sos una persona que se dedica en lo laboral a procesos creativos que a veces son más caóticos o que necesitan introspección ¿cómo equilibras tantas cosas?

-Ante todo, me gusta mucho lo que hago y lo disfruto, siento que es un privilegio. Para lo creativo también se necesita organización, porque una tiene plazos, fechas con las que cumplir. Aunque la escritura tiene mucho de exploración, de habitar el pensamiento libremente, hay una estructura con la que tenés que amigarte para que salga bien. El hecho de tener hijas en verdad logró que aprovechara mejor el tiempo. Ellas me conectaron con un nuevo ritmo, porque son las que marcan ese ritmo, y yo valoro más o administro mejor lo que me queda para dedicarme a mi trabajo, en todas sus facetas.

-¿Cómo te llevás con la demanda de las nuevas tecnologías, con los mensajitos, la hiperconectividad?

-Siento que el tiempo se va dinamitando cada vez más. Eso de recibir mensajes y mensajes puede ser asfixiante. Y me genera algo de malestar. De repente, sentís que no das más, hay algo de hostigamiento y una termina haciendo malabares para responder a todo porque no alcanza el tiempo.

-El tiempo -el que pasó, el que se transita- es bastante central en tus obras…

-Sí, es cierto. Sin dudas, cuando escribo es sobre temas que me generan preguntas, aunque no logre responderme esas cuestiones. El tiempo me está atravesando… y si me pongo a pensar, ya antes de la pandemia, cuando escribimos con Paula “Lo que el río hace” estaba esto dando vueltas. Quizá por eso volvimos al ritmo del pueblo (la obra que se puede ver en el Teatro Astros, en Buenos Aires, transcurre en Esquina, Corrientes). Pero cuando hablo de volver no es al tiempo del reloj sino al mental, al del alma, ese que te permite conectar con vos misma. En mi caso, el teatro me provoca eso. Volver a lugares que no están más, a esos mundos imaginarios pero también al pasado real.

-Naciste y viviste en Rosario hasta que terminaste la secundaria… pero Esquina, donde estaba tu papá, fue un lugar fundamental en tu vida por lo que te he escuchado y por lo que se ve en “Lo que el río hace”.

-Sí, nosotras nacimos en Rosario y vivimos casi siempre en el centro. Mi papá por un tiempo estuvo en Fisherton y luego se fue a vivir a Corrientes (los padres de María se separaron cuando eran pequeñas). Hicimos la primaria en el Integral y la secundaria en el Politécnico, donde la pasamos muy bien, aunque las materias no tenían ese costado humanístico que nos gustaba más. Y volviendo a Esquina, nuestros veranos, vacaciones, muchos fines de semana fueron allí, en ese lugar al que yo le sigo llamando pueblo aunque es una ciudad, pero tiene ese ritmo pueblerino.

-En Rosario eran modelos y luego empezaron a recorrer un camino bastante diferente, ¿cómo ocurrió?

-Terminamos el Politécnico y nos fuimos a Buenos Aires a estudiar Diseño Industrial pero no, no era lo nuestro (se ríe). De más chicas trabajamos varios años como modelos, ¡me acuerdo de los desfiles de Melocotón! Incluso acá (en Buenos Aires), cuando vinimos, trabajamos como modelos pero no teníamos claro que queríamos ser actrices. Al poco tiempo de estar en Diseño yo me pasé a Letras y comencé a estudiar actuación. Ahí sentí que ese era mi lugar, que no quería dejar de hacer eso. Y luego vino el estudiar Dirección y también Dramaturgia. Cuando leía esas obras, cuando ensayaba, cuando me relacionaba con gente con intereses tan parecidos a los míos me fascinó.

-Puede resultar curioso, aún siendo gemelas, que hayan hecho caminos tan similares en lo profesional.

-Sí, pero para nosotras es natural hacer cosas parecidas. Hay un acompañamiento que está desde siempre y fuimos descubriendo juntas los gustos. Siento, genuinamente, que nos gustan esas mismas cosas y hacer muchas de esas cosas juntas. De chicas escribíamos un diario, después otro, y otro, y terminaron siendo obras de teatro. Quizá haya algún misterio ahí que tiene que ver con ser gemelas, no lo sé. La mayoría de las personas nace de a una (reflexiona…) Nosotras somos súper unidas, compañeras. Nos miramos y nos entendemos incluso sin palabras.

-¿Había en la familia quienes se dedicaban al teatro, a la actuación?

-Nuestro papá trabajó como productor de cine. Nuestra abuela era una de las dueñas de La Comedia. Pero admito que yo me sentí actriz, o que encontré esa vocación, cuando comencé con las clases de teatro. No recuerdo exactamente cuál fue el primer papel que hice, porque fui actriz antes de eso. Sin embargo, hay un recuerdo en el que pienso ahora: “Vuelve”, la primera obra que escribió Paula y en la que actué. Fue fuerte, y una grata sorpresa que nuestro universo llegara a la gente, al público.

-El hecho de “volver” está muy presente en vos, en tu relato, en tu trabajo…

-Puede que tenga una personalidad algo melancólica, pero desde esa necesidad de volver a una. No como algo triste ni trágico. Creo que estamos siempre volviendo a la infancia, a las cosas que pensábamos antes y cómo se relacionaron con lo que vino después. La infancia es ese territorio de los recuerdos que quedan impregnados para siempre y está vivo en muchas de nuestras obras.

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