Miguel Ángel “Tití” Fernández: “¿Cómo vas a dudar de Messi? Perdimos porque España fue mejor y hay que saber aplaudir al rival”
Deporte julio 29, 2026El reconocido periodista deportivo pasó por Hablemos de, recordó sus más de cinco décadas de carrera, habló de Lionel Messi, la Selección argentina, los diez Mundiales que cubrió, entre otras cosas.
“Yo tuve suerte. Lo debo haber hecho bien en el trabajo, pero también tuve muchísima suerte”, dice apenas comienza la charla, como si quisiera quitarle mérito a una trayectoria que lo convirtió en una de las voces más queridas del periodismo deportivo argentino. Del otro lado está Miguel Ángel “Tití” Fernández, un hombre que lleva más de medio siglo recorriendo canchas, vestuarios y concentraciones, pero que sigue hablando con la misma sencillez con la que empezó en el oficio.
El periodista recuerda que comenzó su carrera en 1975 y que desde muy temprano integró equipos que marcaron una época. “Tuve la suerte de formar parte de los equipos de Víctor Hugo Morales. Él le cambió la cara al periodismo argentino y con él recorrimos el mundo. Fue un compañero extraordinario y un gran amigo”, asegura. Aquella experiencia sería el primer gran impulso de una carrera que luego encontraría otro punto de inflexión cuando fue convocado para integrar Fútbol de Primera.
“Entrar a Fútbol de Primera era tocar el cielo con las manos. Hoy parece normal porque cualquiera prende el televisor y mira fútbol de cualquier parte del mundo, pero antes no era así. El domingo a la noche millones de personas esperaban ese programa para ver los goles del campeonato argentino. Era el único lugar donde podían hacerlo”, recuerda.
Con la memoria intacta, Fernández vuelve sobre aquellos años en los que la tecnología estaba muy lejos de simplificar el trabajo cotidiano. “Éramos cronistas de cancha. Primero pasábamos las formaciones y para eso había que encontrar un teléfono. Muchas veces caminábamos dos o tres cuadras hasta un almacén donde algún vecino nos prestaba la línea. Después del partido pasábamos el resultado y las incidencias y recién más tarde íbamos al diario a escribir el comentario que salía al otro día. Así se hacía periodismo en esa época.”
Lejos de renegar del presente, reconoce que fueron tiempos inolvidables. “Había una pasión distinta. La gente esperaba los diarios de la tarde para enterarse de los resultados y para ver las fotos de los goles. Era otra manera de vivir el fútbol.”
A lo largo de su carrera cubrió diez Copas del Mundo. Sin embargo, explica que su primer Mundial fue muy diferente a los que llegaron después. “En 1978 trabajé desde afuera de las canchas. Hacíamos móviles con la gente porque todavía no tenía el lugar que después fui construyendo. En 1982 estuve afectado al trabajo de televisión mientras el equipo viajaba a España y recién desde México 1986 empecé a recorrer los Mundiales desde adentro. Ahí cambió todo.”
Con semejante recorrido, pocas voces tienen tanta autoridad para analizar el presente de la Selección argentina. Sin embargo, evita cualquier postura grandilocuente y prefiere detenerse en el fenómeno que, según entiende, generaron las redes sociales después de la derrota frente a España.
“Tengo muy buenos amigos españoles y sé perfectamente lo que pasó. Hoy es muy fácil generar un clima adverso con tres o cuatro tuits de personas que tienen muchos seguidores. Eso se amplifica y termina pareciendo una verdad. Acá no somos racistas. Jamás fuimos un país racista. Si hay un lugar donde siempre se recibió bien a los inmigrantes fue la Argentina.”
El periodista fundamenta esa mirada desde su propia historia familiar. “Yo soy hijo de una española. Mi abuelo vino solo desde España para trabajar y varios años después pudo traer a toda la familia. Como mi historia hay millones en este país. Somos hijos y nietos de inmigrantes italianos, españoles y de muchísimas otras nacionalidades. ¿Cómo vamos a ser racistas?”
También rechaza las teorías conspirativas que aparecieron luego de la caída del seleccionado nacional. “¿Cómo vas a decir que Messi o cualquiera de estos jugadores fueron para atrás? No resiste el menor análisis. En un vestuario hay cincuenta personas entre futbolistas, cuerpo técnico, médicos y dirigentes. ¿Vos te imaginás a alguien diciéndole a Messi que tiene que perder un partido porque alguien se lo pidió? ¿O al Cuti Romero? Es imposible.”
Para Fernández, la explicación es mucho más sencilla. “Argentina perdió porque España jugó mejor. Nosotros llegamos con jugadores lesionados, con futbolistas disminuidos físicamente y enfrente hubo un rival que hizo mejor las cosas. Punto. Así como cuando ganamos festejamos, cuando perdemos también hay que saber reconocer al que fue superior.”
Pero si hay un tema sobre el que habla con una admiración imposible de disimular es Lionel Messi. Cada respuesta deja en claro que, además del extraordinario futbolista, encontró en él a una persona que lo conmovió por su manera de ser.
“Las grandes figuras suelen ser egoístas. Messi nunca lo fue. Podría haberse creído superior a todos y jamás actuó de esa manera. Siempre ayudó al compañero, siempre estuvo cerca de la gente y jamás perdió la humildad.”
La anécdota que más lo emociona ocurrió después de la conquista del Mundial de Qatar. No fue un gol, ni una entrevista exclusiva, sino un gesto que, según confiesa, jamás olvidará. “Yo le decía a Messi que tenía el pálpito de que íbamos a jugar los siete partidos y que íbamos a salir campeones del mundo. Él siempre se reía y me contestaba: ‘El Dibu está loco, el Dibu está loco’. Cuando terminó toda la fiesta vino a hacerme una nota y, mientras hablábamos, miró dos veces hacia un costado. Le estaba haciendo señas al masajista para que le acercara la Copa del Mundo. Me había prometido que me la iba a prestar para besarla y cumplió. Soy uno de los privilegiados que pudo besar esa copa gracias a Messi.”
Al recordarlo todavía se emociona. “Son regalos que te da esta profesión. Después cuarenta y siete millones de argentinos querían abrazar esa copa y yo tuve la suerte de tenerla en las manos porque él se acordó de una promesa que me había hecho. Esas cosas hablan de la clase de persona que es.”
Para Fernández, el capitán argentino rompió todos los prejuicios que suelen rodear a las grandes estrellas. “Maradona era un genio maravilloso, pero tenía otra personalidad. Messi nunca salió en la tapa de un diario por un escándalo. Siempre apareció porque jugó bien. Tiene una familia hermosa, unos padres que lo acompañaron toda la vida, una mujer con la que formó un hogar increíble, hijos que son su debilidad y hasta un perro famoso. Vive con un perfil bajísimo para todo lo que representa.”
El periodista sostiene que esa forma de vivir también se refleja en su costado solidario. “Hay gente que junta casas, autos o barcos como si eso fuera la felicidad. ¿Para qué querés diez autos si podés manejar uno solo? ¿Para qué querés diez barcos si solamente podés navegar en uno? Cuando ya sabés que tu familia va a vivir bien, llega el momento de pensar en los demás. Messi tiene esa inteligencia.”
La conversación deriva naturalmente hacia la realidad social argentina y allí vuelve a aparecer el hombre sensible que muchas veces mostró frente a las cámaras. “Hace un rato saqué a pasear a la perra y vi a un hombre durmiendo en la entrada de un edificio en construcción. Es imposible no pensar en eso. Yo creo que cualquier persona sería mucho más feliz si pudiera mantener a su familia con un trabajo digno antes que depender de un plan. El problema es que para eso hay que generar trabajo.”
Aclara que no le gusta hacer política, aunque inmediatamente explica que sí le interesa hablar de las personas. “No se trata de un partido político. Se trata de la gente. Cuando uno recorre el país durante tantos años termina conociendo historias muy duras y entendiendo que hay muchísima gente que todos los días hace un esfuerzo enorme para salir adelante.”
Uno de los momentos más profundos de la entrevista llega cuando recuerda a Marcelo Gallardo. La relación entre ambos se construyó a lo largo de décadas de confianza y respeto mutuo. “Lo conozco desde que tenía diez años. Siempre supimos separar las cosas. Lo que era off era off y lo que era on era on. Él sabía que podía contarme algo porque yo nunca lo iba a traicionar.”
La muerte de Soledad, su hija, marcó para siempre esa amistad. Fernández recuerda que decidió volver a trabajar apenas unos días después del accidente ocurrido durante el Mundial de Brasil 2014. “Yo necesitaba volver. Llegué al estadio de Estudiantes y Marcelo salió del vestuario para dar la charla técnica. En lugar de irse a hablar con los jugadores vino y me dio un abrazo larguísimo. Yo le decía que se fuera porque tenía que preparar el partido y él me respondió: ‘Tití, con lo que te pasó a vos, ¿a quién le puede importar ahora una charla técnica?’. Nunca me olvidé de esas palabras.”
Meses más tarde fue Gallardo quien sufrió la pérdida de su madre y el periodista estuvo cerca para acompañarlo. “Yo conocía el estado de salud de la mamá porque era muy amigo de Máximo, su papá. Sabía que el desenlace era inevitable. Cuando lo vi llorar después de ganar un título entendí perfectamente todo lo que estaba sintiendo. Los dos habíamos atravesado dolores enormes en muy poco tiempo.”
La admiración hacia el entrenador de River también pasa por el costado humano. “No somos amigos de llamarnos todos los días, pero hay un afecto muy grande. Cada vez que nos encontramos nos damos un abrazo sincero. El respeto no necesita explicaciones.”
La charla inevitablemente vuelve a uno de los capítulos más dolorosos de su vida. A más de una década de la muerte de Soledad, ocurrida durante el Mundial de Brasil 2014, Fernández reconoce que el tiempo ayuda a aprender a convivir con la ausencia, pero no a olvidarla. “Yo estuve peleado con Dios durante mucho tiempo. Se lo dije personalmente al Papa Francisco cuando tuve la oportunidad de conocerlo. Le confesé que estaba enojado con Dios y él me escuchó con una serenidad impresionante. Me dijo unas pocas palabras, pero cuando salí de esa reunión ya no era el mismo.”
Recuerda ese encuentro como uno de los momentos más significativos de su vida. “El Papa sabía absolutamente todo lo que pasaba en la Argentina. Era impresionante la información que manejaba. Nosotros no terminamos de valorar lo que significó tener un Papa argentino. Muchos lo criticaban, pero yo creo que tendríamos que sentirnos orgullosos de que la máxima autoridad de la Iglesia haya sido un compatriota.”
A partir de esa reflexión amplía el concepto y habla del orgullo de pertenecer a un país que, pese a sus dificultades, produjo figuras admiradas en todo el mundo. “Tenemos que valorar a la gente que hizo grande a la Argentina. Maradona, Messi, el Papa… Somos un país de apenas cuarenta y siete millones de habitantes y, sin embargo, logramos trascender en muchísimos ámbitos. Cuando uno viaja entiende verdaderamente el lugar que ocupa la Argentina en el mapa y todo lo que consiguió.”
Sin embargo, considera que el gran desafío sigue siendo la unidad. “Nosotros tenemos un problema: somos demasiado buenos para pelearnos entre nosotros. Cada cuatro años, cuando juega la Selección, desaparece la grieta. Durante el Mundial de Qatar no existieron diferencias políticas ni sociales. Todos empujábamos para el mismo lado. Terminó el torneo, volvimos a discutir. En este último Mundial pasó exactamente lo mismo. Perdimos una final y al día siguiente ya aparecieron las teorías conspirativas. ¿Cómo vas a desconfiar de tipos que te dieron tantas alegrías?”
En ese punto vuelve a defender con firmeza a Lionel Scaloni, un entrenador al que admite haber juzgado antes de tiempo. “Cuando lo nombraron técnico de la Selección yo mismo me pregunté cuáles eran sus pergaminos. Era una duda genuina porque prácticamente no tenía experiencia. Y me tapó la boca de una manera extraordinaria.”
Lejos de esconder aquella opinión, asegura que sintió la necesidad de reconocer públicamente su error. “La primera vez que me crucé con Scaloni le pedí disculpas. Le dije que yo había dudado de él. ¿Sabés qué me respondió? ‘Tití, es que no los tenía’. Esa respuesta habla de la humildad que tiene. Nunca buscó revancha ni me hizo sentir incómodo.”
Para Fernández, el gran mérito del entrenador fue construir un grupo antes que un equipo. “Nos enseñó que había futbolistas extraordinarios de los que casi nadie hablaba. Descubrió al Dibu Martínez, consolidó al Cuti Romero, a Lisandro Martínez, a Enzo Fernández, a Mac Allister y a tantos otros. Además consiguió algo mucho más importante: que Messi asumiera definitivamente el liderazgo.”
Recuerda que durante muchos años el capitán convivió con referentes históricos que ocupaban naturalmente ese lugar dentro del plantel. “En otras Selecciones estaban Verón, Milito y futbolistas con mucha experiencia. Llegó un momento en que Messi entendió que ahora le tocaba ser a él. Y fue un líder de verdad. No solamente por cómo jugó, sino porque pedía la pelota cuando quemaba, porque daba la cara en los momentos difíciles y porque transmitía tranquilidad al resto.”
También cuestiona algunas versiones que circularon después de conocerse imágenes del capitán arengando a sus compañeros. “Escuché decir que esa era la gran arenga de Messi y me daba risa. Las arengas no se hacen delante de las cámaras. Se hacen adentro del vestuario. Lo importante queda siempre entre los jugadores. El vestuario tiene códigos y cuando esos códigos se rompen empiezan los problemas.”
Otro de los recuerdos que rescata con una enorme sonrisa es su paso por Cantando por un sueño, una experiencia que aceptó casi como un juego y que terminó transformándose en un fenómeno de audiencia. “Yo llegué pensando que iba a divertirme un rato y terminé ganando el certamen. El primer día les dije a todos los integrantes del equipo que no quería escándalos. Les aclaré que, si aparecía un solo quilombo, me iba del programa. Por suerte formamos un grupo extraordinario y todo salió mucho mejor de lo que imaginábamos.”
Aquel paso por la televisión abierta le permitió descubrir un público completamente distinto al que lo seguía cada fin de semana en las transmisiones deportivas. “Ese programa me regaló algo que nunca había tenido. La gente del fútbol ya me conocía, pero de golpe me empezaron a saludar señoras que jamás miraban un partido. Me di cuenta cuando la revista Gente me hizo una producción vestido de smoking en el medio de la cancha de River y tituló la nota ‘El Pavarotti del fútbol’. Yo me reía porque sentía que el mérito no era mío. Tinelli me había prestado durante un rato la pantalla más vista de la televisión argentina.”
Recuerda que aquel fenómeno modificó definitivamente su relación con el público. “Hasta ese momento el reconocimiento estaba muy ligado al ambiente futbolero. Después del programa empecé a caminar por la calle y me saludaban familias enteras. Me estacioné acá a la vuelta y una señora me gritó ‘¡Hola, Tití!’. Entré al edificio y la recepcionista me dijo que era una alegría verme. Esas cosas son impagables.”
Sin embargo, insiste en que la popularidad nunca fue un objetivo. “Lo único que hice durante toda mi vida fue trabajar. Nunca pensé en hacerme famoso. Si la gente me quiere es porque sintió que siempre fui auténtico. Yo nunca actué un personaje delante de una cámara.”
Fernández asegura que esa manera de ejercer el periodismo le permitió construir vínculos sólidos con jugadores, entrenadores y dirigentes. “El respeto se gana con los años. Los protagonistas sabían que podían confiar en mí. Si me decían que algo era en reserva, moría conmigo. Esa confianza no se consigue de un día para otro; se construye durante toda una vida.”
Para él, el periodismo deportivo cambió profundamente con la llegada de las redes sociales y la inmediatez de la información. “Hoy todo es urgente. Antes había tiempo para chequear, para hablar, para escuchar. Ahora muchas veces se publica primero y se verifica después. Yo sigo creyendo que la credibilidad es el patrimonio más importante que tiene un periodista. Una primicia dura unos minutos; la confianza de la gente puede durar toda la vida.”
Aun después de tantos años de profesión, conserva la misma emoción cuando pisa una cancha. “Cada vez que entro a un estadio siento algo especial. El día que deje de sentir esos nervios será porque llegó el momento de dedicarme a otra cosa. Mientras tanto sigo disfrutando de este trabajo como cuando era un pibe.”
Sobre el final de la entrevista, el clima se vuelve más íntimo. Osvaldo le agradece haber aceptado la invitación y le reconoce el enorme cariño que despierta entre la gente. Él responde con la humildad que atravesó toda la conversación. “Osvaldito, yo también te quiero mucho. Gracias por invitarme y por hacerme sentir como en casa. Algún día vamos a contar una historia que muy pocos conocen, la de aquellos casetes que me fuiste a buscar y con los que, sin saberlo, me salvaste la vida. Esa anécdota merece una charla aparte.”
La última referencia vuelve inevitablemente a Soledad, la hija que perdió en un accidente automovilístico durante el Mundial de Brasil y cuya ausencia sigue marcando cada uno de sus días. Su voz se quiebra apenas unos segundos, aunque enseguida recupera la serenidad que lo caracteriza. “Gracias por terminar recordándola. La Sole fue una gran piba y va a seguir siendo una gran piba para nosotros. Está presente todos los días. La recordamos en cada charla, en cada reunión familiar y en cada abrazo. El día que dejemos este mundo será el día en que volvamos a encontrarnos con ella.”
No hace falta agregar nada más. Después de más de cincuenta años de profesión, diez Copas del Mundo, miles de transmisiones y millones de kilómetros recorridos detrás de una pelota, Miguel Ángel “Tití” Fernández sigue convencido de que el mayor premio no fue una exclusiva ni una primicia. Su verdadera conquista fue el afecto de la gente. Ese reconocimiento que no se compra, no se fabrica y tampoco se improvisa. El que nace de la credibilidad, del respeto, de la palabra cumplida y de una forma de ejercer el periodismo en la que la noticia nunca estuvo por encima de las personas. Quizá por eso, cuando habla de Messi, de Scaloni, de Gallardo o de su querida Soledad, lo hace exactamente igual: con la emoción intacta de quien entiende que detrás de cada figura pública hay un ser humano. Y esa, después de toda una vida frente a un micrófono, sigue siendo la mayor lección que Tití Fernández deja para las nuevas generaciones de periodistas.
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