Miriam Lewin: “Para combatir al terrorismo, el Estado cometió crímenes todavía peores”
Interes General junio 3, 2026La periodista pasó por "Hablemos de" y habló sobre su presente como escritora, la investigación que llevó a la condena de Julio César Grassi, su secuestro durante la última dictadura militar y el rol del periodismo de investigación.
Miriam Lewin fue entrevistada en el programa “Hablemos de” y sostuvo que atraviesa una etapa de intensa actividad profesional, lejos de la idea tradicional de la jubilación. “Yo podría decir que estoy jubilada, aunque no refleja exactamente mi situación. Terminé mi período como defensora del público en 2024 y desde entonces retomé una pasión que nunca había podido desarrollar en toda su plenitud, que es escribir”, expresó.
La periodista recordó que en los últimos años publicó distintos trabajos vinculados con la investigación y la memoria histórica. “Escribí una novela que salió el año pasado. Antes había escrito libros como Iosi, el espía arrepentido, que se convirtió en serie, y Skyvan, que tiene que ver con la búsqueda de los aviones y los pilotos de los vuelos de la muerte. Ahora estoy preparando un nuevo libro que saldrá en septiembre”, contó.
Lewin señaló que además trabaja en la generación de contenidos audiovisuales y en proyectos documentales. “Es una época difícil para el cine y para las producciones audiovisuales, pero hay que seguir. Trabajo de lo que me gusta y tengo bastante poco tiempo libre. Pensaba que cuando me jubilara iba a dedicarme a estudiar tango, hacer Tai Chi o viajar más, pero la realidad es que sigo trabajando muchísimo”, afirmó.
Durante la conversación, la periodista se refirió a una de las investigaciones más emblemáticas de su carrera: el caso del sacerdote Julio César Grassi. “Hoy está preso, pero costó muchísimo. La investigación salió al aire en octubre de 2002 y aportó dos casos concretos de abuso y corrupción de menores. Después apareció una tercera víctima y recién en 2013 comenzó a cumplir una pena efectiva. Pasaron once años desde la investigación hasta que fue efectivamente encarcelado”, recordó.
La escritora describió el enorme poder que tenía Grassi en aquellos años y explicó por qué la investigación resultó tan compleja. “Era un hombre que se paseaba por los programas más importantes de la televisión argentina, que tenía vínculos con el poder político, económico y mediático. Parecía el más bueno de los buenos. Sin embargo, escondía una cara muy oscura”, sostuvo.
Lewin relató que el punto de partida de la investigación fue una nota publicada en un pequeño diario zonal de Morón. “Me llamó muchísimo la atención que existiera una denuncia por abuso sexual contra alguien que tenía semejante imagen pública. A partir de ahí empezaron a llegar denuncias al contestador de Telenoche Investiga y después correos electrónicos de personas que describían situaciones muy similares. Eran relatos de abusos, malos tratos y distintas irregularidades. Gente que no se conocía entre sí contaba exactamente lo mismo”, explicó.
La periodista recordó que inicialmente le costó creer las denuncias. “Pensé que podían ser personas resentidas, pero cuando empecé a cruzar testimonios vi que había coincidencias imposibles de ignorar. Ahí entendí que había algo muy importante para investigar”, señaló.
Sobre el respaldo que Grassi recibía de distintos sectores de la sociedad, Lewin afirmó: “Yo creo que la mayoría de la gente que colaboraba con él actuaba de buena fe. No puedo creer que artistas, empresarios o figuras públicas supieran lo que ocurría. Lo que sí creo es que era una persona extremadamente poderosa y que eso dificultó muchísimo que las víctimas pudieran hablar”.
La entrevistada también reflexionó sobre la respuesta de la Iglesia frente a los casos de abuso sexual. “La pedofilia es una perversión y un delito aberrante. No tiene nada que ver con el celibato. Va mucho más allá. Estamos hablando de personas que ejercen poder sobre quienes no pueden defenderse ni denunciar”, manifestó.
Lewin recordó que a lo largo de los años cubrió numerosos casos de abusos cometidos por sacerdotes. “Lo que ocurría muchas veces era que cuando un cura era denunciado lo trasladaban a otra diócesis. No lo apartaban. Lo enviaban a otra provincia y volvía a reincidir. Eso lo vi repetirse muchas veces”, aseguró.
La periodista también se refirió a su experiencia personal durante la última dictadura militar. “La excusa que esgrimían los militares era que estaban salvando al país de la subversión. Pero para combatir al terrorismo el Estado cometió crímenes todavía peores. Secuestró, torturó, asesinó, robó bebés y desapareció personas. Eso es algo que nunca voy a poder comprender ni justificar”, afirmó.
Lewin recordó que permaneció secuestrada en la Escuela de Mecánica de la Armada. “Yo veía mujeres embarazadas dentro de la ESMA y jamás imaginé que les iban a quitar a sus hijos. Nunca pensé que los militares iban a apropiarse de bebés y entregarlos como si fueran objetos. Es uno de los crímenes más aberrantes que se cometieron”, expresó.
La escritora cuestionó los discursos que intentan relativizar los delitos de lesa humanidad. “Aunque una persona hubiera cometido un delito gravísimo, la respuesta de un Estado democrático no puede ser secuestrarla, torturarla, violarla o arrojarla desde un avión. Tiene que ser juzgada conforme a la ley. Eso es lo que diferencia a un Estado de derecho de un Estado terrorista”, sostuvo.
Al referirse a su caso particular, explicó: “A mí me secuestraron porque militaba en la izquierda peronista y porque querían llegar a una amiga mía que estaba en la clandestinidad. Me preguntaban permanentemente por ella. Pero cuando uno se pregunta por qué secuestraron a determinada persona, la realidad es que no había una lógica individual. Era un sistema destinado a eliminar cualquier forma de oposición”.
La periodista relató que durante su cautiverio fue sometida a torturas físicas. “Hubo picana, submarino seco, simulacros de fusilamiento y amenazas permanentes. En el caso de las mujeres existía además una dimensión sexual de la tortura que era particularmente cruel. Los comentarios sobre nuestros cuerpos, los manoseos, las amenazas y las violaciones tenían un impacto devastador”, recordó.
Lewin precisó que permaneció privada de su libertad desde mayo de 1977 hasta enero de 1979. “Pero cuando salí tampoco recuperé realmente la libertad. Vivía bajo vigilancia. Ellos decidían dónde podía vivir, dónde podía trabajar y para cualquier movimiento tenía que pedir autorización”, explicó.
La periodista recordó además que, paradójicamente, sus primeras tareas vinculadas con el periodismo ocurrieron dentro de la propia ESMA. “Los marinos estaban obsesionados con la imagen internacional de la dictadura. Me obligaban a traducir artículos publicados en medios extranjeros y también a redactar textos que defendían al régimen militar. Escribía columnas editoriales que me dictaba directamente el Tigre Acosta y después eran difundidas por medios afines”, reveló.
Consultada sobre el periodismo de investigación, Lewin sostuvo que toda práctica periodística debería incluir una mirada investigativa. “Si nos limitamos a reproducir comunicados oficiales nos convertimos en simples propaladores. El periodismo tiene que buscar todas las versiones, explorar todas las aristas y tratar de iluminar aquello que el poder quiere mantener oculto”, afirmó.
La escritora consideró que una investigación periodística adquiere relevancia cuando expone una disfunción social o una situación que afecta a un grupo significativo de personas. “Hay que tener olfato para detectar cuándo una historia merece ser investigada. Muchas veces el detonante parece pequeño, pero detrás puede esconderse algo enorme”, señaló.
Lewin también evocó sus primeros años de vida y destacó la importancia de la educación pública en su formación. “Tuve una infancia muy feliz entre Villa Devoto y Villa del Parque. Fui a la escuela pública, jugué en la calle y crecí en un hogar de clase media trabajadora. Nunca sentí diferencias con mis compañeros porque la educación pública igualaba muchísimo”, recordó.
Sobre los referentes que marcaron su carrera profesional, mencionó especialmente a Eduardo Suárez. “Fue mi profesor de técnica periodística y era un maestro extraordinario. Siempre lo recuerdo. Era una persona brillante y profundamente comprometida”, expresó.
La periodista también destacó la influencia de otros colegas. “Tuve muchos maestros. Santo Biasatti, Mónica Cahen D’Anvers y especialmente el Turco Ezcurra. El Turco fue como un padre para mí. Lo extraño todos los días. Me enseñó muchísimo sobre el oficio y sobre la vida”, afirmó.
Hacia el final de la entrevista, Lewin resumió buena parte de su recorrido profesional y personal en una idea central. “Siempre creí que el periodismo tiene que servir para iluminar aquello que permanece oculto. Ya sea una injusticia, un hecho de corrupción o una violación de derechos humanos. Ese sigue siendo el desafío más importante de nuestro trabajo”, concluyó.
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