Mona Moroni: “Las mujeres que habitan en mí son las que me construyeron a lo largo de toda mi vida”
Teatro junio 17, 2026La actriz y dramaturga presenta un unipersonal autobiográfico dirigido por Luis Campos, donde recupera historias familiares atravesadas por la memoria, la inmigración y la fuerza de las mujeres de su linaje.
“Las mujeres que habitan en mí son las mujeres que me construyeron a lo largo de mi vida”, resume Mona Moroni al referirse al espectáculo que protagoniza y que actualmente presenta en el Teatro El Crisol. La obra, escrita e interpretada por ella y dirigida por Luis Campos, nació a partir de relatos personales que poco a poco fueron encontrando una estructura teatral.
“Yo me crié con muchísimas mujeres. Estas son un puñado de ellas. Tengo más. Son mis abuelas, bisabuelas, tías y mi mamá. Soy lo que soy a partir de toda la enseñanza y de sus vidas. Aprendí mucho de cómo salieron adelante, muchas veces sin hombres, porque habían quedado viudas o porque los hombres no estaban. Eran mujeres muy fuertes, muy amorosas y con una enorme pasión por la vida”, cuenta.
Moroni explica que el proyecto comenzó mucho antes de imaginarse sobre un escenario. “Yo no sabía que iba a hacer una obra de teatro con esto. Lo que existía era la escritura. Había escrito cuentos y relatos. Un día Luis leyó algunos textos y le pareció interesante darles una forma teatral. Ahí empezó otro camino”.
Luis Campos recuerda que el proceso creativo también implicó encontrar la identidad definitiva del espectáculo. “Había un título original que no nos convencía. Era ‘Las mujeres de mi vida’. A mí me sonaba demasiado masculino. Como si hablara de amores. Entonces Mona siguió trabajando y apareció este título maravilloso. La palabra ‘habitar’ expresa exactamente lo que la obra cuenta”.
La pieza se apoya además en material documental familiar. Fotografías, objetos y documentos fueron incorporándose al relato hasta transformarse en parte esencial de la propuesta escénica. “Patricia Zangaro fue quien me hizo descubrir que estaba trabajando con material de archivo. Ahí entendí que la obra no era solamente biográfica. También habla de la inmigración, del peronismo, de las transformaciones sociales y de las historias colectivas que atraviesan a una familia”, explica Moroni.
Una de las figuras centrales del relato es su abuela materna, una inmigrante gallega que llegó sola a la Argentina siendo apenas una adolescente. “Mi abuela vino de Galicia a los 15 años, analfabeta, contratada como empleada doméstica. Esa historia me conmueve profundamente y forma parte de lo que cuento en la obra”, señala.
La actriz también evoca la casa familiar de Parque Patricios donde convivieron durante décadas varias generaciones. “Era una casa de tres patios. Mi abuela quedó viuda a los 25 años y toda la familia se fue a vivir junta para ayudarse. Compartieron la vida durante cuarenta años. Después llegó el desalojo durante la dictadura y tuvieron que separarse. Fue un desarraigo enorme y muy doloroso”.
Campos considera que allí reside uno de los aspectos más valiosos de la propuesta. “No sólo las figuras públicas construyen la historia y la cultura. También lo hacen nuestros familiares, las personas que nos transmitieron valores, modos de ver la vida y maneras de enfrentar las dificultades. Todo eso queda dentro de nosotros. Lo llevamos pegado para siempre”.
A pesar de compartir cuatro décadas de vida en común, la obra marca una experiencia singular para la pareja. “Hace cuarenta años nos conocimos trabajando en una película de Juan José Jusid. Después nunca más habíamos trabajado juntos. Cada uno tuvo recorridos diferentes. Recién ahora se dio esta oportunidad”, recuerda Campos.
Moroni destaca especialmente la experiencia de ser dirigida por su marido. “Fue un enorme aprendizaje. Siempre admiré muchísimo a Luis como actor. Como director tuvo la mirada justa y las palabras precisas para acompañarme en este recorrido. Hubo mucha escucha, mucha generosidad y mucho amor”.
La autora no duda en definir tanto la obra como el proceso creativo compartido desde una dimensión profundamente humana. “Creo que Las mujeres que habitan en mí es un acto de amor. Y lo nuestro también. En tiempos tan violentos como los que vivimos, siento que no es casual que este encuentro artístico haya sucedido ahora”.
El espectáculo puede verse los domingos a las 18 en el Teatro El Crisol, ubicado en Malabia 611. “La obra dura exactamente una hora. Cuidamos mucho el tiempo y el ritmo del relato. Queríamos que cada historia tuviera su espacio sin perder intensidad”, explica Moroni.
Y concluye con una frase que sintetiza el espíritu de la propuesta: “Ellas me enseñaron cómo se amasan los deseos. Esta obra nació justamente de eso, de un deseo amasado durante muchos años”.
A lo largo de su trayectoria, Mona Moroni construyó una carrera vinculada profundamente con la actuación, pero también con la escritura y la observación de las historias pequeñas que muchas veces terminan revelando grandes relatos colectivos. Su recorrido artístico estuvo marcado por una búsqueda constante de personajes atravesados por emociones reales, conflictos humanos y experiencias capaces de generar una conexión directa con el público. En ese camino, “Las mujeres que habitan en mí” aparece como una síntesis de muchas de esas inquietudes: la memoria, los vínculos familiares, las voces heredadas y aquellas historias que permanecen presentes aunque hayan pasado varias generaciones.
La actriz sostiene que recuperar esas experiencias familiares no significa solamente mirar hacia atrás, sino también comprender cómo esas vivencias continúan influyendo en el presente. Cada relato, cada fotografía y cada recuerdo funcionan como una puerta hacia una época determinada, pero también como una forma de reconocer los aprendizajes recibidos de quienes estuvieron antes. En escena, esas mujeres dejan de ser únicamente protagonistas de una historia personal para transformarse en representación de muchas otras mujeres que atravesaron situaciones similares, que enfrentaron dificultades y que construyeron sus caminos desde la fortaleza, el trabajo y la solidaridad.
La propuesta teatral invita al espectador a reflexionar sobre la importancia de la memoria familiar y sobre la manera en que las experiencias de nuestros antepasados forman parte de nuestra propia construcción. En ese sentido, la obra plantea una mirada sensible sobre los vínculos, sobre aquello que se transmite de generación en generación y sobre las marcas emocionales que permanecen a través del tiempo. No se trata solamente de recordar a quienes ya no están, sino de reconocer cómo sus enseñanzas continúan acompañando la vida cotidiana.
Para Moroni, llevar estos relatos al escenario significó también enfrentarse a una exposición personal diferente. Transformar recuerdos íntimos en una pieza teatral implicó abrir una parte de su propia historia y compartirla con el público desde un lugar de enorme vulnerabilidad. Sin embargo, esa apertura es justamente uno de los aspectos que genera mayor cercanía con quienes observan la obra, porque detrás de cada anécdota aparece una emoción universal: el amor por quienes nos formaron, la necesidad de comprender nuestro pasado y la importancia de valorar las historias que muchas veces permanecen silenciosas.
El trabajo junto a Luis Campos permitió además construir una puesta donde la palabra, la interpretación y los elementos documentales dialogan permanentemente. La dirección buscó acompañar el relato sin quitarle espontaneidad, respetando la sensibilidad del material original y potenciando cada momento de la narración. La experiencia compartida por ambos artistas demuestra cómo el encuentro entre distintas miradas puede enriquecer un proceso creativo y convertir una historia personal en una experiencia colectiva.
“Las mujeres que habitan en mí” propone un recorrido emocional donde el público puede reconocerse en esas historias de esfuerzo, amor y resistencia. A través de la mirada de Mona Moroni aparecen mujeres que trabajaron, que sostuvieron familias, que atravesaron pérdidas y que dejaron enseñanzas profundas. Son relatos que hablan de una época, pero también de sentimientos que continúan vigentes y que atraviesan a distintas generaciones.
La obra encuentra allí uno de sus principales valores: la posibilidad de recuperar voces que forman parte de la historia cotidiana y darle un espacio dentro del arte. Porque detrás de cada familia existen relatos que merecen ser contados, personas que dejaron huellas y momentos que explican, en parte, quiénes somos. Desde esa mirada, el espectáculo se transforma en una invitación a mirar hacia atrás con emoción, pero también a reconocer todo aquello que seguimos llevando con nosotros.
La historia de “Las mujeres que habitan en mí” también permite pensar el lugar que ocupa la memoria dentro del arte y la manera en que una experiencia individual puede transformarse en una narración capaz de representar a muchas personas. La obra nace desde un universo íntimo, pero encuentra una dimensión colectiva al abordar temas como la inmigración, los cambios sociales, las luchas familiares y el rol fundamental que tuvieron muchas mujeres en la construcción de los hogares y las comunidades a lo largo del tiempo.
En cada escena aparece la intención de recuperar esas voces que durante años permanecieron en espacios privados, dentro de las casas, en las conversaciones familiares o en los recuerdos transmitidos de generación en generación. Son historias que no siempre quedaron registradas en los libros, pero que forman parte de una memoria social que también construye nuestra identidad como sociedad. A través del teatro, esas experiencias encuentran un nuevo lugar desde donde ser escuchadas y valoradas.
El proceso de creación de la obra estuvo atravesado por una profunda investigación personal. La recuperación de documentos, fotografías y objetos familiares permitió reconstruir momentos que, con el paso del tiempo, podían quedar solamente en el recuerdo. Cada elemento incorporado al espectáculo funciona como una pieza de un rompecabezas emocional que ayuda a comprender no sólo la vida de esas mujeres, sino también el contexto histórico que las rodeó.
La inmigración ocupa un lugar central dentro de esa mirada. La llegada de personas provenientes de otros países, los esfuerzos para adaptarse a una nueva realidad y la construcción de una vida lejos del lugar de origen forman parte de muchas historias familiares argentinas. En ese recorrido aparecen sacrificios, sueños, pérdidas y conquistas que fueron transmitidas como una herencia emocional a las nuevas generaciones.
La obra también pone en primer plano una pregunta fundamental: cuánto de quienes nos precedieron permanece dentro de nosotros. Las decisiones, los valores, las formas de enfrentar las dificultades y hasta las maneras de relacionarnos con los demás muchas veces tienen raíces en aquellos que estuvieron antes. Desde esa perspectiva, el espectáculo propone una reflexión sobre los vínculos invisibles que unen pasado y presente.
El público que se acerca al Teatro El Crisol encuentra una propuesta donde la emoción surge de situaciones profundamente humanas. No es solamente el relato de una familia, sino una invitación a que cada espectador pueda recordar sus propias historias, aquellos nombres que marcaron su camino y esas personas que dejaron enseñanzas que todavía permanecen vigentes.
Para Mona Moroni, compartir este material implica también reconocer el valor de esas vidas anónimas que muchas veces no tuvieron la posibilidad de contar su propia historia. Mujeres que trabajaron, que cuidaron, que sostuvieron familias y que atravesaron momentos difíciles sin perder la capacidad de seguir adelante. La obra recupera esa fuerza y la transforma en una experiencia artística donde la sensibilidad ocupa un lugar central.
Con una puesta basada en la palabra, la emoción y los recuerdos, “Las mujeres que habitan en mí” reafirma el poder del teatro como espacio de encuentro y de reflexión. Una propuesta que combina historia personal y colectiva, que rescata las voces del pasado y que demuestra que muchas veces las historias más cercanas son aquellas que tienen la capacidad de conmover a todos.
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