Miércoles 8 de Abril de 2026 - 11:40:49 pm

Pablo Asán: “La muerte no es un momento: es un proceso que forma parte de la vida”

Salud abril 8, 2026

El profesional de la salud fue entrevistado en "InfoSalud y Bienestar" por María Lorena Belotti y Luciano Cirigliano.

En una charla profunda, abordó la fibromialgia, el impacto del estrés y las emociones en el cuerpo, el rol de la medicina integrativa, los cuidados paliativos, la empatía médica y la necesidad de acompañar al paciente y a su entorno para evitar el sufrimiento.

La fibromialgia continúa siendo una de las patologías más complejas de diagnosticar y abordar dentro del sistema de salud. Así lo explicó el doctor Pablo Asán durante su participación en InfoSalud y Bienestar, donde desplegó una mirada integral sobre una enfermedad que, según advirtió, sigue siendo muchas veces “de descarte” para numerosos profesionales.
Asán remarcó que uno de los grandes problemas de esta condición es la demora diagnóstica. “No es un trastorno fácil de tratar. De hecho, para los profesionales de la salud sigue siendo lamentablemente una enfermedad de descarte”, sostuvo. Esa afirmación dialogó con una realidad que atravesó gran parte de la entrevista: pacientes que pasan años sin que nadie considere la posibilidad de fibromialgia.

Para el especialista, la dificultad no radica necesariamente en la ausencia de señales clínicas, sino en la superposición con otros cuadros. Dolores corporales persistentes, fatiga extrema, trastornos del sueño, agotamiento, falta de sociabilidad y sensación de bajón pueden confundirse con depresión, trastornos ansiosos u otras patologías. “Hay falsos positivos también, y eso es una realidad. Como en muchas otras patologías hay falsos positivos, hay falsos negativos, y en el caso de la fibromialgia es una patología que se puede confundir con otras totalmente”, explicó.

Aun así, dejó en claro que hoy existen suficientes indicadores para sospecharla con anticipación. Cuando un paciente presenta insomnio, cansancio crónico, dolor generalizado y determinados signos en el examen físico, la fibromialgia debería estar, al menos, dentro de las primeras hipótesis diagnósticas.
Uno de los ejes más fuertes de la entrevista fue el crecimiento sostenido de casos en los últimos años, especialmente en mujeres. Para Asán, el aumento no responde solamente a una mejor detección, sino a cambios profundos en las condiciones emocionales y sociales que atraviesan la vida contemporánea.

“El estrés, la ansiedad, la angustia, los duelos mal hechos o hechos como se pudo, la autoexigencia, el dejarse a uno para último momento, esos son grandes gatillos de la fibromialgia”, señaló. Desde su mirada, estos factores actúan como disparadores que comienzan con síntomas esporádicos y terminan consolidándose como un cuadro crónico.
La enfermedad, precisó, tiene una incidencia mucho mayor en mujeres, aunque también puede presentarse en hombres. Existe cierta predisposición familiar, pero no se trata de un factor determinante. “Con cualquiera de los factores que te mencioné recién alcanza”, resumió.

El médico vinculó esta realidad con un modelo de vida marcado por la exigencia permanente, la postergación de las necesidades propias y la falta de espacios para tramitar emocionalmente el dolor psíquico. Esa acumulación, explicó, repercute de manera directa sobre el sistema nervioso y sobre la percepción del dolor.
Desde esa perspectiva, la medicina que propone no puede limitarse a lo farmacológico. Asán defendió con énfasis una mirada holística, integrativa e interdisciplinaria. “Somos un todo. Cualquier patología psicológica o emocional se transmite o se puede transmitir al cuerpo físico, y es lo que ocurre con la fibromialgia”, afirmó.

Para explicarlo utilizó una imagen clara: la del tratamiento como una mesa de varias patas. El abordaje farmacológico es solo una de ellas. Las otras incluyen el trabajo emocional, psicológico y espiritual. “Si a esa mesa le falta una de esas patas, la mesa se va a caer antes o después”, sintetizó.

En ese sentido, insistió en que no alcanza con recetar medicación y prometer alivio. Hacerlo, dijo, sería mentirle al paciente. La verdadera medicina integral debe contemplar todas las esferas del ser humano: el cuerpo, las emociones, la mente y la dimensión espiritual, entendida no como religión sino como conexión con el sentido, la trascendencia y el propio proceso vital.
La conversación también permitió ampliar la mirada hacia otra de sus especialidades: los cuidados paliativos. Allí Asán se detuvo a desmontar uno de los mitos más extendidos: que esta disciplina se limita a acompañar a personas en los últimos días de vida.

“Es para cualquier enfermedad crónica avanzada”, aclaró. Si bien incluye patologías oncológicas, también abarca demencias, enfermedades neurodegenerativas, cuadros irreversibles y situaciones donde la principal problemática no es solo el dolor, sino la complejidad del síntoma y la fragilidad del entorno familiar.
El foco, explicó, no está puesto únicamente en la enfermedad, sino en evitar el sufrimiento innecesario. “Todo médico de cuidados paliativos puede tratar el dolor, pero no todo especialista en dolor puede tratar los cuidados paliativos”, precisó, marcando la diferencia entre ambas áreas.
Para el profesional, elegir esta rama de la medicina exige una sensibilidad particular. “Soy una persona muy espiritual. Yo creo que el profesional de cuidados paliativos tiene que tener una pizca de espiritualidad”, reflexionó. Y agregó que la motivación más profunda está en la posibilidad de disminuir el sufrimiento de quien atraviesa una enfermedad crónica, irreversible o terminal.
Uno de los pasajes más potentes de la entrevista llegó cuando habló del modo en que la formación médica tradicional se relaciona con la enfermedad. Según sostuvo, en las facultades se enseña casi exclusivamente a curar, pero no a acompañar.

“En las facultades no se enseña a acompañar, a tratar, a consolar, a cuidar. Se enseña solamente a curar”, lamentó. Frente a eso, reivindicó el valor de la escucha, la empatía y la humanidad como herramientas terapéuticas centrales. “Un abrazo, una escucha, la empatía, la humanidad”, enumeró, al describir lo que considera el verdadero corazón del acto médico.
Incluso fue categórico al aconsejar a los pacientes que no se conformen con vínculos asistenciales donde no se sientan escuchados. “Buscá hasta que encuentres un médico con el que te sientas cómodo”, recomendó, y fue aún más directo: frente a la falta de empatía, “huí”.

En otro tramo de la charla, Asán compartió la filosofía que atraviesa su libro Sigo aquí, no he partido, orientado a pacientes, familiares y cuidadores. Allí trabaja temas como la tristeza, la espiritualidad, el duelo y el proceso de morir.
Su mirada sobre la muerte se aleja de la idea de evento abrupto y se acerca a una comprensión procesual, profundamente humana. Allí surgió el textual que define el espíritu de la entrevista: “La muerte no es un momento: es un proceso que forma parte de la vida”. Desde su perspectiva, ese proceso no comienza con la enfermedad, sino con la propia existencia, y comprenderlo permite quitarle dramatismo al final y poner el foco en la calidad de vida y en el alivio del sufrimiento.
La clave, insistió, es comprender que morir no tiene por qué equivaler a sufrir. “La enorme mayoría de personas que he acompañado en su lecho de muerte no le tienen miedo a la muerte, sino al sufrimiento, al malestar, a la soledad”, aseguró.

Por eso volvió a poner en el centro el trabajo interdisciplinario. Médicos, psicólogos, enfermeros, kinesiólogos, acompañantes terapéuticos y referentes espirituales forman parte de una red destinada a evitar que el dolor físico, emocional y existencial se transforme en una experiencia insoportable.
La entrevista también abrió un debate sobre la eutanasia, tema sobre el que Asán sostuvo una posición clara. Si bien defendió el derecho a la autonomía del paciente, consideró que antes de llegar a esa instancia existen numerosas herramientas paliativas capaces de reducir el sufrimiento extremo.
“Los cuidados paliativos lo que quieren hacer es disminuir al máximo el sufrimiento e incluso prevenirlo”, señaló. En los casos en que todas las estrategias farmacológicas y no farmacológicas fallan, explicó, existe la sedación paliativa como recurso para disminuir la conciencia y garantizar tranquilidad al paciente, siempre en escenarios muy específicos.

A lo largo del programa, otro punto fuerte fue la importancia del entorno. La familia, los amigos y los cuidadores forman parte esencial tanto en fibromialgia como en cuidados paliativos. Asán lamentó que muchas veces las personas con enfermedades crónicas pierdan vínculos, sufran incomprensión o queden aisladas.
Por eso celebró especialmente el testimonio del español Beñat García Escribano, quien impulsa desafíos deportivos para dar visibilidad a la enfermedad. Para el médico, gestos de ese tipo recuerdan cuánto puede sanar el acompañamiento y cuánto ayuda la empatía social a quienes transitan dolor crónico.
Hacia el cierre, el profesional volvió a una idea central: la autoexigencia. Frente al relato sobre años sin descanso mental, múltiples estudios y exigencia permanente, advirtió que ese patrón también puede convertirse en combustible para la fibromialgia.

“Descansá. Bajá un cambio”, recomendó, sintetizando en una frase no solo un consejo personal sino una definición clínica: el cuerpo termina hablando cuando la mente y las emociones no encuentran espacio.
La entrevista dejó una conclusión poderosa: detrás del dolor crónico, de la fatiga, de la enfermedad avanzada y del miedo, lo que más necesita una persona es ser mirada en su totalidad. No como un diagnóstico, no como una resonancia, no como un síntoma aislado, sino como una historia completa, con cuerpo, emociones, vínculos, creencias y sufrimientos.

En tiempos donde la medicina tecnológica avanza a gran velocidad, la voz de Pablo Asán recupera una certeza tan antigua como urgente: escuchar, acompañar y aliviar también es una forma profunda de sanar.

Escuchá “Infosalud y Bienestar” todos los Martes 15 hs. por Radio Zonica

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