Pablo Bereciartua, ministro de Movilidad e Infraestructura porteño: “Las ciudades importantes van a competir cada vez más por su capital identitario”
Interes General julio 31, 2026El ministro de Movilidad e Infraestructura de la Ciudad de Buenos Aires repasó su historia personal, su formación como ingeniero y los desafíos de la gestión.
Nacido en la ciudad de La Plata y criado entre Gonnet y City Bell, Pablo Bereciartua asegura que buena parte de su forma de entender la gestión pública nació mucho antes de ocupar cargos ejecutivos. En una extensa entrevista concedida a Radio Sónica, el actual ministro de Movilidad e Infraestructura de la Ciudad de Buenos Aires repasó su historia personal, recordó sus años como estudiante en la Universidad Nacional de La Plata, habló sobre su formación internacional, su temprana participación política y explicó cuál es la visión que impulsa el ambicioso plan de obras que lleva adelante la administración porteña.
“Yo nací en la ciudad de La Plata y crecí en el norte de la ciudad, entre Gonnet y City Bell. Estudié en la Universidad Nacional de La Plata y tuve la enorme oportunidad de formarme en la universidad pública”, recordó al comenzar la charla. Según contó, desde muy joven sintió fascinación por la matemática, la lógica y el desarrollo tecnológico, intereses que terminaron orientándolo hacia la ingeniería. “Me gradué de ingeniero a los 22 años. Era una época en la que las computadoras crecían a una velocidad enorme y eso también despertó mi curiosidad”, explicó.
Su desempeño académico le abrió rápidamente las puertas del exterior. Primero obtuvo una beca para realizar una maestría en Delft, en los Países Bajos, donde comenzó a trabajar con algoritmos que hoy forman parte del desarrollo de la inteligencia artificial. Más tarde fue distinguido con una beca Fulbright que le permitió continuar sus estudios en la Universidad de California en Berkeley, una de las instituciones más prestigiosas del mundo.
“Ya en esa época trabajábamos con algoritmos genéticos, que hoy son fundamentales para sistemas como los vehículos autónomos. Fue una experiencia extraordinaria porque me permitió estudiar algunos de los problemas tecnológicos más complejos”, recordó.
Sin embargo, para Bereciartua la universidad no solamente significó formación técnica. También fue el ámbito donde nació su compromiso con la política. Mientras cursaba la carrera fue elegido presidente del Centro de Estudiantes de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata, una experiencia que considera decisiva para su presente.
“Siempre me interesó la política. Fui presidente del centro de estudiantes cuando tenía 21 años y aprendí muchísimo sobre cómo construir consensos, negociar y transformar ideas en propuestas concretas. Esa experiencia tuvo muchísimo que ver con todo lo que hago hoy”, afirmó.
Consultado sobre si la ingeniería le enseñó principalmente a resolver problemas, sorprendió con una reflexión que trasciende lo estrictamente técnico. Para el ministro, el gran desafío actual ya no pasa solamente por encontrar respuestas, sino por formular correctamente las preguntas.
“Durante mucho tiempo la ingeniería estuvo enfocada en responder preguntas. Cómo construir un puente, cómo levantar un edificio o cómo resolver un problema matemático complejo. Pero hoy vivimos un cambio histórico. Estamos modificando la energía que usamos, la manera en que nos comunicamos y también cómo nos movemos. En este contexto se vuelve mucho más importante saber formular las preguntas correctas que responder cualquier pregunta.”
En ese sentido sostuvo que la inteligencia artificial modificará profundamente la forma de trabajar de muchas profesiones y que justamente por eso el liderazgo deberá enfocarse cada vez más en identificar cuáles son los problemas verdaderamente relevantes.
“Con la tecnología actual prácticamente cualquier respuesta puede encontrarse. Lo difícil es saber cuál es la pregunta que realmente vale la pena hacerse. Creo que ahí está el enorme desafío para la educación argentina y para quienes tengan responsabilidades de conducción.”
Lejos de la actividad política, Bereciartua reconoce que intenta mantener espacios personales que le permitan despejarse de la intensa agenda cotidiana. El deporte ocupa un lugar central en esa rutina.
“Hago bastante deporte. Me gusta correr, nadar y trato de mantener esas actividades aunque ahora tenga mucho menos tiempo.”
Entre esas experiencias recuerda especialmente haber participado de la media maratón de Buenos Aires, una competencia que considera única por la posibilidad de recorrer una ciudad completamente diferente a la habitual.
“Es increíble poder correr por el centro de Buenos Aires sin autos, disfrutando la arquitectura y el paisaje urbano. Si además toca un día de sol, realmente es una experiencia espectacular.”
La natación ocupa otro lugar importante en su vida. Incluso participó en pruebas de aguas abiertas de alta exigencia física.
“Nadé la carrera de la Isla Huemul, en el lago Nahuel Huapi. Son seis kilómetros y medio en aguas muy frías. Fue uno de los desafíos deportivos más importantes que hice.”
Durante la pandemia descubrió además una actividad completamente distinta que terminó convirtiéndose en un hábito: la pintura.
“Empecé a pintar con acuarela y seguí haciéndolo hasta hoy. Me di cuenta de que pintar obliga a concentrarse completamente en una sola cosa. Lo mismo me pasa cuando nado. Es una forma de desconectarse y muchas veces también aparecen nuevas ideas.”
Al describir qué es lo que más disfruta de recorrer la Ciudad de Buenos Aires, el ministro evitó hablar primero de edificios, avenidas o monumentos. Para él, el mayor patrimonio de la capital son quienes la habitan. “Lo que más me fascina es la gente. Hablar con los porteños siempre genera nuevas ideas. Es imposible reunirse con cuatro o cinco vecinos y no salir de ese encuentro con propuestas sobre cómo mejorar la ciudad. Hay una energía muy especial, un enorme orgullo por Buenos Aires y muchísimas ganas de transformarla”, afirmó.
También destacó la enorme oferta cultural que posee la ciudad y aseguró que intenta aprovecharla cada vez que la agenda se lo permite. Contó que frecuenta tanto el circuito teatral de la avenida Corrientes como las salas independientes, donde, según explicó, muchas veces aparecen las propuestas más innovadoras. Como ejemplo recordó una versión experimental de “Hamlet” en la que jueces, fiscales y abogados reales participaron del espectáculo y el público debía emitir el veredicto final como jurado. “Ese tipo de propuestas muestran el nivel creativo que tiene Buenos Aires. Es una ciudad que permanentemente está generando nuevas ideas culturales”, sostuvo.
Al ingresar en los temas de gestión, Bereciartua señaló que la movilidad representa uno de los desafíos más complejos que enfrentan hoy las grandes ciudades del mundo. Para explicarlo volvió sobre una idea que atraviesa toda su concepción de la política pública: el tiempo. “La movilidad devuelve tiempo de vida. Una ciudad que funciona bien permite que las personas puedan encontrarse, trabajar, estudiar, producir, consumir y desarrollar sus proyectos con mayor facilidad. El tiempo es uno de los bienes más valiosos que tenemos y la infraestructura debe ayudar a recuperarlo.”
Según explicó, el primer gran problema continúa siendo la movilidad metropolitana. Recordó que la Ciudad de Buenos Aires tiene cerca de tres millones de habitantes permanentes, pero cada jornada recibe alrededor de dos millones de personas provenientes del conurbano bonaerense. Esa realidad, dijo, requiere una planificación conjunta entre distintas jurisdicciones.
“Hoy seguimos teniendo una deuda importante. Gobernamos de la General Paz hacia adentro, pero la movilidad metropolitana necesita políticas compartidas entre la Ciudad, la Provincia y la Nación. Mientras eso no ocurra, seguiremos recibiendo una enorme cantidad de automóviles porque el transporte público metropolitano todavía no tiene el desarrollo que debería tener.”
Para el ministro, ese desafío excede cualquier gestión en particular y representa uno de los grandes debates pendientes del sistema político argentino. Aun así, destacó que la administración porteña decidió avanzar con un fuerte programa de inversiones para modernizar la infraestructura existente y preparar a la ciudad para las próximas décadas.
En ese marco mencionó como uno de los proyectos más ambiciosos la futura Línea F de subterráneos, cuya licitación calificó como una inversión histórica. “Estamos hablando de una obra que representa alrededor de 1.500 millones de dólares. Para tener una dimensión, el Paseo del Bajo fue durante muchos años la mayor inversión realizada en la Ciudad y ahora estamos impulsando una obra de una magnitud incluso superior.”
También destacó la transformación integral de la autopista Dellepiane, una intervención que definió como la mayor obra vial actualmente en ejecución en el país. Según explicó, el proyecto no solo modernizará la infraestructura existente sino que incorporará un parque lineal de cuatro kilómetros y medio y carriles exclusivos para el Metrobus, mejorando la conexión entre distintos barrios del sur porteño y el centro de la ciudad.
“Queremos que barrios como Villa Lugano y toda la Comuna 8 estén mucho mejor conectados. La infraestructura también es integración social y desarrollo urbano”, aseguró.
Otro de los ejes centrales de la entrevista fue el desarrollo del Trambus, un nuevo sistema de transporte eléctrico que comenzará a funcionar progresivamente y que, según explicó, cambiará la lógica de desplazamiento dentro de Buenos Aires.
Bereciartua explicó que, a diferencia del Metrobus, que reorganizó recorridos ya existentes, el Trambus creará nuevos corredores transversales que permitirán conectar barrios sin necesidad de pasar por el microcentro. “Estamos construyendo una ciudad policéntrica. Queremos que una persona pueda ir, por ejemplo, desde Caballito hasta Belgrano de manera mucho más rápida y eficiente, sin tener que concentrar todos los viajes en el Obelisco.”
El funcionario resaltó además que las nuevas unidades serán eléctricas, silenciosas y fabricadas en la Argentina, incorporando tecnología de última generación, desde puertos USB hasta sistemas de asistencia mediante inteligencia artificial. A eso se sumará un mecanismo inteligente de sincronización con los semáforos que permitirá reducir significativamente los tiempos de viaje.
“Cuando el Trambus se aproxima a una intersección existe una coordinación digital con el sistema semafórico que extiende algunos segundos la luz verde para evitar detenciones innecesarias. Eso permite aumentar la velocidad promedio del recorrido sin necesidad de incrementar la velocidad máxima.”
Como ejemplo concreto indicó que un trayecto entre Pompeya y Aeroparque, que actualmente demanda alrededor de una hora y cuarenta minutos, podrá realizarse en poco más de una hora. “Estamos devolviéndoles tiempo a los ciudadanos. Ese tiempo vuelve a ser de las personas para trabajar, descansar, estudiar o compartir con sus familias. Esa es la verdadera función de una política moderna de movilidad.”
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