Martes 6 de Octubre de 2026 - 7:09:45 pm

Pablo Fernández Pereira: “Soy un sobreviviente porque pasé todo”

Interes General octubre 3, 2026

El periodista, abogado penalista y comunicador habló de Justicia, medios, policiales, su historia personal, familia y nuevos proyectos.

Llegó por primera vez al estudio de Radio Zónica después de varios años de invitaciones y lo hizo dispuesto a hablar de todo, aunque dejando en claro desde el comienzo que algunas fronteras no piensa cruzarlas. El doctor Pablo Fernández Pereira, abogado penalista, licenciado en Comunicación, locutor y periodista especializado en policiales, conversó con Sandra Martín en Más allá de tu mirada y mostró una faceta que muchas veces queda escondida detrás de la imagen seria que construyó durante más de tres décadas en los medios. Con humor, ironía y una mirada particularmente crítica sobre el funcionamiento de la Justicia argentina, habló de su trayectoria, de los casos que lo marcaron, de sus límites como abogado, de sus experiencias en zonas de conflicto y también de aquello que considera verdaderamente importante cuando el ruido de los medios desaparece.

“Al final lograste traerme”, fue una de sus primeras frases al sentarse frente a la conductora, en referencia a una invitación que, según contó, se había repetido durante aproximadamente tres años. Fernández Pereira reconoció que sus horarios laborales son difíciles de compatibilizar con una entrevista extensa. “Ayer a las dos y media de la mañana, como tantas otras madrugadas, estaba escribiendo un alegato”, contó, antes de explicar que suele dormir apenas tres o cuatro horas y que su jornada comienza alrededor de las siete y cuarto de la mañana.

Su historia profesional parece construida a partir de dos mundos que, lejos de excluirse, terminaron complementándose. Es abogado penalista, pero también es licenciado en Comunicación por la Universidad Nacional de San Martín y locutor egresado del ISER. Durante veinte años fue la voz de la revista Pronto, una experiencia que todavía hoy hace que muchas personas reconozcan su voz antes que su rostro. “¿Te acordás del famoso ‘¡Pronto, solo dos pesos! ¡Revista Pronto!’? Era yo”, recordó entre risas.

También pasó durante dos décadas por Canal 26 y construyó una extensa trayectoria vinculada con el periodismo policial y judicial. Su recorrido, explicó, estuvo siempre atravesado por la adrenalina. “Todos los laburos que tuve tuvieron adrenalina. Toda mi juventud tuvo adrenalina”, resumió. Para Fernández Pereira, la exposición pública nunca fue un motivo para considerarse superior a los demás. Por el contrario, reivindicó una formación vinculada con la calle y con el contacto directo con las personas. “Uno es un servicio. Uno es un eje de un servicio, nada más”, sostuvo.

En ese sentido, recordó que nadie de su familia había sido abogado ni periodista. Su madre fue médica psiquiatra y miembro del Cuerpo Médico Forense de San Martín, mientras que su padre fue ingeniero electrónico y licenciado en Administración de Empresas y ocupó durante años un cargo importante en Philips. Sus hermanos siguieron caminos completamente diferentes: uno vive en España y trabaja en una empresa vinculada a la industria de las golosinas, mientras que su hermana es agente inmobiliaria y, en algunas oportunidades, trabaja junto a él cuando una sucesión requiere vender una propiedad.

La conversación rápidamente se trasladó hacia uno de los temas que más le preocupan: el funcionamiento de la Justicia argentina. Sin demasiados rodeos, Fernández Pereira calificó algunos de los debates jurídicos actuales como “un circo” y cuestionó especialmente la distancia que existe entre la sanción de determinadas normas y la infraestructura necesaria para aplicarlas. Su ejemplo estuvo relacionado con la discusión sobre la responsabilidad penal de adolescentes. “Si vos vas a meter una franja entre los 14 y 16 años presos, tenés que tener las instituciones correspondientes, y en Argentina no hay”, afirmó.

Para graficar esa contradicción utilizó una comparación contundente: “Vos hiciste la autopista, pero no tenés autos”. Su crítica, aclaró, no está relacionada con una postura romántica sobre los derechos de los menores ni con una defensa de la delincuencia, sino con la necesidad de que cualquier modificación legal pueda ser aplicada efectivamente.

El concepto que volvió una y otra vez durante la entrevista fue el del Estado. Frente a distintos casos de violencia, abusos, femicidios y fallas en los sistemas de protección, el abogado fue directo: “Estado argentino”. Para él, no alcanza con que existan mecanismos de alerta si después nadie actúa frente a esas señales. “El tema es: disparan las alertas, ¿quién las escucha?”, planteó.

También cuestionó la eficacia de determinados dispositivos electrónicos de protección para víctimas de violencia. Recordó casos en los que mujeres contaban con botones de pánico y, aun así, terminaron siendo asesinadas. “En la Argentina los elementos electrónicos para sacar a un agresor sexual o a un presunto femicida de la cercanía a la víctima, no sirven”, sostuvo, y remarcó que el problema no puede reducirse a una discusión entre garantismo y mano dura.

Para Fernández Pereira, una de las dificultades centrales está en la manera en que algunos jueces interpretan y aplican las normas. “Cuando vos le das al juez la potestad de expresar su íntima convicción, tenés el aporte de la ley y la concepción propia del juez”, explicó. Según su mirada, eso genera que una misma situación pueda recibir respuestas diferentes dependiendo del tribunal que intervenga.

Su propuesta es que los magistrados estén obligados a fundamentar sus decisiones de manera estrictamente vinculada con la legislación aplicable. “Al juez le tenés que decir: ‘No, señor, ninguna íntima convicción, acá tiene la ley. Usted tiene que fallar en virtud de esto’”, sostuvo.

En ese punto apareció otro de sus cuestionamientos: el Consejo de la Magistratura. Fernández Pereira fue especialmente crítico con el sistema de control sobre los jueces y utilizó una metáfora para describirlo: “Es una rueda de amigos preguntando quién paga la pizza”. Más tarde fue todavía más gráfico: “Son jueces enjuiciando jueces”.

Para él, el problema es estructural. “Es la familia judicial”, dijo, y recordó que muchos integrantes del sistema se conocen desde la universidad, donde algunos fueron docentes de quienes posteriormente ocuparon cargos judiciales. Su alternativa es avanzar hacia mecanismos de participación ciudadana. “El juicio tiene que ser popular. El ágora”, sostuvo, para luego defender el juicio por jurados también para analizar la conducta de los magistrados.

“No estoy hablando de todo el Poder Judicial”, aclaró. En su opinión existen jueces “muy técnicos, muy precisos” y profesionales a los que respeta profundamente. Su crítica apunta a quienes, desde su perspectiva, no están a la altura de la responsabilidad que tienen.

La entrevista también abordó la capacidad del sistema judicial para enfrentar delitos complejos como la trata de personas, los abusos sexuales y la violencia de género. Fernández Pereira consideró que uno de los principales problemas es la lentitud de las respuestas. “Son unas tortugas”, definió, al referirse a determinadas actuaciones judiciales.

Frente a las falsas denuncias, además, sostuvo una postura tajante: la ley debe aplicarse de la misma manera para todos. “Si vos hacés una falsa denuncia, seas mujer, hombre, no importa, un no binario, no sé, no importa: hacés una falsa denuncia y vas preso”, afirmó. Su argumento se sostiene, según explicó, en la idea de igualdad ante la ley y en la necesidad de evitar que una denuncia falsa destruya la vida de una persona.

Sin embargo, su propia práctica profesional tiene límites muy claros. Fernández Pereira explicó que no acepta defender determinados delitos sexuales ni femicidios. “A todo menos el 119, que es los delitos de integridad sexual; al femicidio y al homicida”, precisó. Sí acepta intervenir en situaciones donde exista una muerte provocada en legítima defensa o en exceso de legítima defensa.

Cuando Sandra Martín le planteó el principio según el cual toda persona tiene derecho a ser defendida hasta que se determine su responsabilidad, respondió con crudeza que quienes queden fuera de sus propios criterios profesionales pueden recurrir a defensores oficiales o al patrocinio gratuito. La razón de su decisión tiene, además, un componente personal. “Tengo una hija. Mi límite, además mío, me lo pone mi hija”, explicó. “Me convierto en uno de mis defendidos” fue otra de sus frases para describir el conflicto que le genera imaginar determinadas situaciones desde el lugar de padre.

Su hija Milagros tiene doce años y ocupa un lugar central en la etapa actual de su vida. Fernández Pereira reconoció con humor que como padre se considera “un desastre”, pero durante la entrevista dejó claro que el vínculo con ella representa una de las cuestiones que más valora.

La experiencia de ser padre también aparece ligada a su reflexión sobre el paso del tiempo. A los 63 años, nacido en 1963 y de signo Tauro, se definió sin eufemismos: “Viejo”. Rechazó con humor las expresiones que intentan convertir las distintas etapas de la vida en algo diferente de lo que son. “Los setenta son los nuevos cincuenta”, ironizó. “¡Dale, loco! Si te duelen los huesos…”.

Sin embargo, esa aceptación de la edad no significa para él una decisión de retirarse. Cuando Sandra Martín le preguntó si había llegado el momento de llevar una vida más tranquila, respondió entre risas: “¿Tranqui? ¿Tranqui? El día que me lleves en silla de ruedas”. Contó que todavía puede pasar horas escribiendo de madrugada y que continúa trabajando con intensidad.

Esa relación con el trabajo tiene raíces profundas. Fernández Pereira explicó que eligió el derecho penal porque era la especialidad que más vinculada estaba con su experiencia como periodista policial. Llegó a la Universidad de Morón y destacó que no tuvo ningún privilegio por ser una persona conocida en televisión. “Reprobé tres exámenes”, contó. Para él, esa formación tuvo además un valor especial porque Morón, Lomas y La Matanza constituyen, según su visión, una escuela particularmente fuerte del penalismo argentino. “A mí me encanta el barro. A mí me encanta la pelea en el barro”, afirmó.

Su mirada sobre la profesión también se apoya en una palabra que considera indispensable: confianza. “Ser fiable, ser confiable”, respondió cuando le preguntaron qué virtud resulta fundamental para un abogado penalista. La explicación fue contundente: “Estás manejando uno de los bienes más preciados de la persona, que es la libertad”. Por eso, sostiene que un abogado debe reconocer honestamente sus límites. “Si no podés hacer nada, no le cobres y decile: ‘No te puedo hacer nada’”.

Fernández Pereira también habló sobre la relación entre la Justicia y los medios de comunicación. Para él, no todo aquello que genera interés público debe transformarse en espectáculo. Diferenció el interés público de la opinión pública y criticó la transmisión permanente de determinados conflictos judiciales. “Los litigios judiciales no tienen por qué ser transmitidos en vivo y en directo”, sostuvo.

Su crítica alcanzó a los llamados abogados mediáticos. Reconoció que algunos colegas tienen una fuerte presencia televisiva, pero cuestionó a quienes, según él, utilizan las cámaras como principal plataforma de construcción profesional. “Los abogados mediáticos son eso: abogados mediáticos”, afirmó. Incluso habló de los “abogados de tres notas”, aquellos que aparecen durante un caso, realizan declaraciones frente a numerosos micrófonos y luego abandonan la representación.

En esa misma línea, asumió una responsabilidad que alcanza a los propios periodistas. “Los hicimos nosotros, los periodistas”, dijo sobre algunas figuras mediáticas del mundo jurídico. “Me cansé de inventar abogados”, agregó, mencionando a reconocidos periodistas que, a su criterio, también contribuyeron a instalar determinadas figuras.

Sin embargo, él mismo lleva más de treinta años trabajando frente a las cámaras. La diferencia, según explicó, está en que no utiliza sus causas para alimentar su exposición pública. “Mañana yo sigo una causa hipermediática y nadie lo va a saber”, aseguró. Su principio es preservar la confidencialidad de los casos y separar el trabajo jurídico del espectáculo.

La trayectoria periodística de Fernández Pereira está atravesada por algunos episodios que forman parte de su propia memoria profesional. Uno de los más recordados fue el robo al Banco Río de Acassuso. Mientras otros periodistas todavía no podían determinar qué había ocurrido, él sostuvo al aire que los delincuentes habían escapado por los túneles. “Se fueron por los caños”, repitió en aquel momento.

Su información generó incredulidad, pero horas después se confirmó que los delincuentes habían utilizado un sistema subterráneo para escapar. “No recibí ningún aumento ni nada”, recordó entre risas, asegurando que todavía espera que alguien le reconozca aquella primicia.

También relató una situación relacionada con Carlos Carrascosa. Mientras viajaba por el Acceso Oeste recibió información de una fuente policial que le aseguró que el acusado por el crimen de María Marta García Belsunce había obtenido una morigeración. Decidió salir al aire con la información aun cuando otros periodistas y hasta abogados vinculados al caso todavía no tenían confirmación oficial.

Su relación con las fuentes policiales fue una característica de aquella etapa del periodismo. Recordó incluso anécdotas vinculadas con investigaciones de alto impacto, entre ellas el famoso “jarrón de Coppola” y la tecnología que permitía escuchar las comunicaciones de los antiguos teléfonos celulares. “Tuve siempre una relación muy carnal con las policías”, describió.

Pero antes de convertirse en abogado y periodista reconocido, Fernández Pereira atravesó experiencias que excedieron ampliamente el estudio de televisión y los tribunales. Una de ellas fue su viaje a Haití durante el conflicto que terminó con la segunda salida del poder de Jean-Bertrand Aristide. Había viajado como periodista para acompañar a los Cascos Blancos que llevaban ayuda humanitaria.

El escenario que encontró fue de extrema violencia. Desde el aeropuerto de Puerto Príncipe podía escuchar los tiroteos que se producían dentro de la ciudad. Vestía un chaleco antibalas con placas cerámicas y terminó ingresando en una zona donde grupos armados disparaban con fusiles.

“¿No te dio miedo?”, le preguntó Sandra Martín. “Mucho”, respondió. Y luego contó uno de los episodios que más recuerda de aquella experiencia. Un grupo armado los identificó como estadounidenses. La situación podía volverse peligrosa hasta que uno de los integrantes del equipo, que había trabajado en Irak, se quitó el chaleco y mostró una camiseta de Diego Maradona.

“‘¿Qué gringo? ¡Maradona, flaco! ¡Maradona!’, le gritó en la cara”, recordó. La palabra “Maradona” funcionó como una inesperada contraseña cultural. Los hombres armados comenzaron a repetir el nombre del futbolista y finalmente el grupo pudo retirarse.

“Nos salvó la camiseta de Maradona”, resumió.

Experiencias como esa, sumadas a accidentes, tiroteos y cuatro operaciones, lo llevaron a definirse de una manera particular. Sandra Martín le preguntó si se consideraba resiliente. Fernández Pereira hizo una distinción: “Resiliente es el que tiene la oportunidad de poder encarar. Yo soy un sobreviviente porque pasé todo”.

También recordó el impacto que tuvo pertenecer a una generación atravesada por transformaciones históricas, como la aparición del sida, y habló de una juventud intensa, con viajes, deporte, noches, experiencias y riesgos. Durante casi cuatro años vivió en Brasil, país al que llegó por decisión propia y hasta en moto. Conserva el idioma portugués y explicó que necesita escuchar el idioma durante unos minutos para que su cabeza cambie automáticamente del español al portugués.

El deporte ocupa otro lugar importante en su vida. Es un apasionado del tenis y contó que incluso ganó dinero jugando al vóley, tanto en Argentina como en Brasil. También es buzo certificado y sueña con conocer algunos destinos vinculados con esa actividad. Entre sus pendientes aparecen viajes para presenciar torneos de tenis como el Abierto de Estados Unidos y Roland Garros.

En los últimos tiempos sumó además una nueva pasión: Franco Colapinto. Reconoció que antes no tenía demasiado interés por el automovilismo, pero se convirtió en seguidor del piloto argentino. Destacó especialmente su historia familiar y el esfuerzo que hizo su entorno para acompañar su carrera. “El pibe la remó de abajo”, afirmó.

También valoró el papel de Bizarrap en la construcción de la imagen pública de Colapinto y sostuvo que el piloto representa una nueva imagen argentina. “Este pibe es un rockstar”, afirmó. Para Fernández Pereira, su carisma y espontaneidad lo distinguen de otros corredores.

Esa admiración tiene ahora un componente familiar: viajará con su hija a San Pablo para verlo correr. El viaje aparece como uno de esos momentos que quiere atesorar. Porque cuando Sandra Martín le preguntó qué le interesa realmente en esta etapa, la respuesta fue mucho más profunda que cualquiera de sus bromas: “Dejar un legado en mi hija, en mi hijo, en mi hija”.

También habló de sus dos hijos, Luka y Milagros, y de sus matrimonios. Contó que su primera esposa fue Lorena Paola, madre de su hijo Luka, y que posteriormente se casó con Alejandra, madre de Milagros. Sobre su primera separación fue cuidadoso y evitó alimentar versiones periodísticas. “Nos fuimos en buenos términos”, afirmó. “No hay más nada”.

Con respecto a su vida sentimental posterior, reconoció haber tenido relaciones con personas del medio, algunas conocidas públicamente, pero decidió preservar sus nombres. “Por respeto yo no las nombro”, explicó. También negó haber utilizado su condición de figura mediática como herramienta para seducir o conquistar personas.

En paralelo, continúa trabajando en un proyecto literario. Tiene escrita parte de una novela negra policial de aproximadamente 350 páginas en la que transformó experiencias y personajes de su juventud en ficción. La historia gira alrededor de un grupo de justicieros que decide combatir la delincuencia por fuera de las instituciones y aplicar su propia idea de justicia.

“Es una novela negra de policiales que es ojo por ojo y diente por diente”, describió. El material, según contó, es crudo, violento y está atravesado por un lenguaje de barrio. Algunos personajes están inspirados en compañeros reales de su adolescencia, aunque las situaciones son llevadas al terreno de la ficción.

El libro tiene también un escenario central: un viejo bar de barrio, con billares, humo, bebidas y personajes que representan una determinada cultura urbana. “Es muy barrio”, explicó. Allí se reúnen los integrantes de esa particular banda de justicieros, mientras un automóvil al que llaman “la porquería” se convierte en parte de sus operaciones.

Sandra Martín intentó obtener el final de la novela, pero Fernández Pereira se negó a revelarlo. Solo adelantó que “se mueren todos” y que no existe el típico superhéroe que aparece para resolver la situación.

A lo largo de la entrevista apareció varias veces la definición que él mismo utiliza para explicar su presencia pública: “agente provocador”. No se considera simplemente un periodista que informa ni un abogado que analiza. Reconoce que busca generar una reacción, crear climas y romper expectativas. “Yo soy un provocador serial”, afirmó.

Esa faceta también aparece en sus redes sociales. Fernández Pereira relativizó la idea de que Instagram o las plataformas digitales reflejen la vida real. “Las redes no son la vida”, sostuvo. Las definió como “una plataforma de ventas” en la que actualmente se comercializa prácticamente de todo.

Su sentido del humor atravesó toda la conversación, incluso cuando se habló de su edad, de sus lesiones, de su pasado, de su vida sentimental o de sus propias contradicciones. En varios momentos recordó que sus compañeros de medios conocen una personalidad diferente a la que suele mostrar frente a una cámara durante una cobertura policial.

Esa combinación entre seriedad profesional y provocación fue, justamente, una de las características que más llamó la atención de Sandra Martín. El hombre acostumbrado a explicar expedientes, delitos y conflictos judiciales apareció durante dos horas como un personaje mucho más amplio: padre, deportista, viajero, escritor, amante del tenis, seguidor de Colapinto, exjugador de vóley, buzo, sobreviviente y hombre de medios.

Al final, cuando le preguntaron con quién le gustaría trabajar y todavía no tuvo la oportunidad, no dudó: Moria Casán. “Creo que ella puede ser la bomba y yo la mecha”, dijo. La frase sintetizó buena parte de la entrevista: una personalidad acostumbrada a tensar los límites, a buscar la reacción y a convertir cada conversación en un territorio imprevisible.

Fernández Pereira también recordó sus dos premios Martín Fierro y dejó en claro que aspira a obtener un reconocimiento individual por su trayectoria profesional. Sin embargo, cuando apareció la palabra “trayectoria”, volvió a bromear con la cercanía simbólica de los homenajes a quienes están próximos a retirarse. Él, definitivamente, no parece dispuesto a hacerlo todavía.

La entrevista terminó entre bromas, llamados telefónicos, chocolate con forma de habano, recuerdos, proyectos y una promesa de volver. Después de más de treinta años frente a las cámaras, Fernández Pereira mostró que detrás del periodista policial, del abogado penalista y del personaje televisivo existe una historia marcada por la intensidad, la supervivencia y la necesidad de seguir haciendo cosas.

Quizás por eso, ante la pregunta sobre qué hay más allá de su mirada, la respuesta fue sencilla y contundente: “Un agente provocador, corazón”. Y en esa definición parece concentrarse buena parte de lo que mostró durante la entrevista: un hombre que no busca pasar inadvertido, que conserva el humor incluso frente al paso del tiempo y que, mientras continúa trabajando, escribiendo, viajando y acompañando a sus hijos, parece tener todavía demasiados pendientes como para pensar en detenerse.

Escuchá “Más Allá de tu Mirada” todos los Jueves 20hs. Por Radio Zonica

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