Miércoles 22 de Julio de 2026 - 6:38:08 pm

Paula Rubinstein: “El teatro es catártico, es liberador y te permite expresar lo que muchas veces no podés decir de otra manera”

Espectáculos julio 22, 2026

La actriz pasó por Mundo Magazine y habló de su extensa trayectoria, el éxito de El Marginal, su pasión por el humor y su regreso al teatro con la obra Caricias.

Hay personajes que trascienden la pantalla y quedan grabados para siempre en la memoria del público. Algunos despiertan admiración, otros generan ternura y existen aquellos que provocan un rechazo tan intenso que terminan convirtiéndose en inolvidables. Eso fue precisamente lo que ocurrió con la hermana Rosetta, la siniestra religiosa de El Marginal, un personaje que marcó un antes y un después y que todavía hoy sigue despertando reacciones entre los espectadores. Detrás de esa interpretación estuvo una actriz con más de cincuenta años de trayectoria, capaz de pasar del humor más desopilante al drama más profundo con una naturalidad admirable y que continúa defendiendo al teatro como una herramienta indispensable para pensar la realidad.

“Vaya qué presentación me hicieron. Muchísimas gracias”, respondió entre risas Paula Rubinstein al comenzar la entrevista, sorprendida por el afecto con el que fue recibida. El reconocimiento no fue casual. Su extensa carrera en teatro, cine y televisión le permitió construir una trayectoria sólida que hoy la encuentra disfrutando del presente sin dejar de recordar aquellos trabajos que dejaron una huella imborrable.

Uno de ellos es, sin dudas, el de la hermana Rosetta. A varios años del estreno de El Marginal, el personaje continúa siendo motivo de comentarios y anécdotas. Rubinstein recordó especialmente las escenas que compartió con Juana Molina y confesó que fueron algunos de los momentos más gratificantes de aquella experiencia. “Esas escenas que tuve en el barro con Juana fueron maravillosas. Lo pasé muy bien porque Juana es una gran actriz y un ser muy especial. Además esas escenas las dirigió Estela Cristiani, así que verdaderamente fue un trabajo maravilloso”, aseguró.

La actriz reveló que, mientras construía el personaje, imaginó una historia mucho más amplia de la que finalmente apareció en pantalla. “Para mí, Rosetta conoce a Piquito desde muy chica. Hay cosas del personaje que nunca se mostraron y que uno como actor completa para poder interpretarlo. Siempre pensé que había un pasado entre ellas que en algún momento podía salir a la luz”, explicó.

La repercusión que alcanzó aquella monja despiadada sorprendió incluso a la propia producción de la serie. Según contó, el destino del personaje ya estaba definido antes de que el público pudiera reaccionar. “La primera y la segunda temporada se filmaron prácticamente de un tirón por cuestiones de producción. Nunca imaginaron que Rosetta iba a tener semejante repercusión. Yo estoy feliz con todo lo que pasó”, recordó.

Esa popularidad, sin embargo, también le dejó situaciones tan inesperadas como divertidas. Rubinstein relató que más de una vez fue confundida con el personaje y que algunas personas llegaron a mirarla con verdadera desconfianza. “Hay gente que me odia de verdad porque mezcla ficción con realidad. Una vez estaba en la caja de un supermercado y la cajera me miraba con miedo. Me dijo que me parecía mucho a una actriz. Entonces le respondí: ‘No me digas… ¿a una monja mala?’. Cuando todos empezaron a reírse, le terminé diciendo: ‘¿Viste? También vamos al supermercado’.”

Lejos de incomodarla, esas reacciones le generan satisfacción. Para ella significan que el personaje logró conmover al público. “Cuando la gente reacciona de esa manera quiere decir que uno hizo bien su trabajo. Es lindo que un personaje despierte emociones tan fuertes.”

Durante la charla también habló del enorme desafío que implicó interpretar a una villana cuando toda su formación y gran parte de su carrera estuvieron ligadas al humor. “A nosotros los actores nos encanta hacer malos porque son personajes que te permiten explorar otras zonas. Todos tenemos una parte buena y una parte mala. En mi caso era un desafío mayor porque adoro el humor. Mi gran referente siempre fue Niní Marshall. Hacer una monja tan desgraciada era un desafío actoral que disfruté muchísimo.”

Precisamente, el humor ocupa un lugar central en su vida artística. Creció admirando a figuras que marcaron la historia del espectáculo argentino y siempre encontró en la comedia un espacio de enorme libertad creativa. Esa pasión nació desde muy pequeña, aunque su destino parecía estar ligado inicialmente a la música debido a la tradición familiar.

“No fue una decisión difícil porque desde muy chica sentí que quería dedicarme a esto. Mis padres quizá pensaban que iba a seguir el camino de la música, pero cuando entré al Labardén descubrí todas las disciplinas artísticas y el teatro me atrapó para siempre”, recordó.

Sin embargo, aclaró que el camino nunca fue sencillo. “Es una profesión hermosa, pero también muy ingrata en algunos momentos. Como todas las disciplinas artísticas, exige mucha perseverancia. Hay que tener fortaleza para sostenerse y seguir creyendo cuando las cosas no salen.”

Después de más de medio siglo sobre los escenarios, siente que hoy está recogiendo el fruto de esa constancia. Aun así, evita idealizar la profesión y reconoce que el contexto actual representa un enorme desafío para todos los trabajadores de la cultura.

“Los que tenemos muchos años atravesamos situaciones muy distintas a lo largo de nuestra carrera y este momento también es complicado. La cultura está atravesando dificultades, pero uno tiene que seguir adelante porque es la profesión que eligió y la que ama.”

A pesar de ese panorama, mantiene intacta la convicción sobre el valor transformador del arte. “Yo tengo una profesión privilegiada porque me permite liberarme de muchas cosas. El teatro es catártico, es liberador. Todas las disciplinas artísticas tienen esa capacidad, pero el teatro además involucra el cuerpo y eso hace que el beneficio sea todavía mayor.”

Esa mirada atraviesa también Caricias, la obra que actualmente protagoniza junto a un numeroso elenco bajo la dirección de Andrés Bazzalo y basada en el texto del dramaturgo catalán Sergi Belbel. Allí, Rubinstein vuelve a encontrarse con un teatro que interpela al espectador desde lo cotidiano.

“Es una obra muy fuerte porque habla de algo que nos está pasando como sociedad. Nos estamos incomunicando demasiado. Nos cuesta escuchar al otro, nos cuesta expresar lo que sentimos y muchas veces terminamos comunicándonos con violencia o con desprecio.”

Para la actriz, uno de los mayores aciertos de la pieza es que cada espectador encuentra inevitablemente un reflejo de su propia historia. “En alguna escena todos se sienten identificados. Todos recuerdan alguna situación vivida, algún vínculo, alguna conversación pendiente. Eso hace que la obra llegue muy profundo.”

Al mismo tiempo, destacó que el espectáculo no se limita a mostrar conflictos, sino que invita a pensar nuevas formas de vincularse. “La obra propone reflexionar sobre cómo nos tratamos, cómo nos hablamos y qué nos está pasando como sociedad. Creo que eso es muy valioso.”

Rubinstein también celebró que una producción independiente pueda sostener un elenco de once actores en un contexto económico complejo. “Es un verdadero logro poder hacer una obra de estas características en este momento. Hay mucho esfuerzo detrás de cada función.”

Antes de despedirse, invitó al público a acercarse a Caricias, que se presenta todos los domingos a las 20 en El Portón de Sánchez. “Es un lindo horario para terminar la semana con teatro. Los esperamos porque realmente creemos que es una obra que deja pensando.”

Después de más de cinco décadas dedicadas al arte, Paula Rubinstein sigue demostrando que el talento no entiende de modas ni de épocas. Su capacidad para emocionar, hacer reír, provocar rechazo cuando el personaje lo exige o generar reflexión desde el escenario confirma por qué continúa siendo una de las intérpretes más respetadas de la escena nacional. Y mientras la hermana Rosetta todavía permanece viva en la memoria de miles de espectadores, ella sigue apostando por un teatro que, como define con absoluta convicción, “es catártico, liberador y profundamente humano”.

El Marginal: 

Estrenada en 2016, se convirtió en una de las producciones más exitosas e influyentes de la televisión argentina. Creada por Sebastián Ortega y producida por Underground para la TV Pública, la serie trascendió las fronteras del país gracias a su incorporación al catálogo de Netflix, donde alcanzó una enorme repercusión internacional. Con cinco temporadas, logró consolidarse como un referente del género policial y carcelario en América Latina.

La historia comienza con Miguel Palacios, un expolicía que acepta infiltrarse en la cárcel de San Onofre bajo una identidad falsa para investigar el secuestro de la hija de un juez. Lo que parecía una misión temporal se transforma en una lucha desesperada por sobrevivir cuando es traicionado y queda atrapado dentro del penal, rodeado de violencia, corrupción y códigos propios del mundo carcelario.

Uno de los mayores aciertos de la serie fue la construcción de personajes complejos e inolvidables. Entre ellos sobresalen los hermanos Borges, Mario y Diosito, interpretados por Claudio Rissi y Nicolás Furtado, quienes se convirtieron en verdaderos íconos de la ficción argentina. A ellos se suman las destacadas actuaciones de Juan Minujín, Gerardo Romano, Martina Gusmán, Esteban Lamothe, Maite Lanata y un amplio elenco que aportó intensidad y realismo a cada temporada.

Aunque la trama se desarrolla dentro de un universo de ficción, El Marginal aborda problemáticas como la violencia, la corrupción, las disputas de poder, la marginalidad, las desigualdades sociales y la fragilidad del sistema penitenciario. La serie nunca buscó ser un documental sobre las cárceles argentinas, sino construir un relato dramático con un fuerte ritmo narrativo y personajes de gran profundidad.

Otro aspecto que contribuyó a su éxito fue su cuidada producción. Las primeras temporadas fueron filmadas en la ex Cárcel de Caseros, cuya arquitectura aportó una atmósfera oscura y realista. Para las últimas entregas se recreó un nuevo establecimiento penitenciario, ampliando el universo narrativo y manteniendo el alto nivel de producción que caracterizó a la serie.

Además de conquistar al público, El Marginal recibió importantes reconocimientos de la crítica. Obtuvo premios como el Martín Fierro y diversas distinciones nacionales e internacionales, consolidando a la ficción argentina en el mercado global. Su llegada a Netflix permitió que espectadores de numerosos países conocieran una producción local que destacó por su calidad técnica, su intensidad dramática y la solidez de sus interpretaciones.

Con una narrativa atrapante, escenas de gran impacto y personajes que dejaron una huella en la audiencia, El Marginal marcó un antes y un después en la televisión argentina. A casi una década de su estreno, continúa siendo una de las series nacionales más vistas, comentadas y recordadas, demostrando que las producciones argentinas pueden alcanzar relevancia internacional cuando combinan una buena historia, actuaciones memorables y una realización de primer nivel.

Hablar de Paula Rubinstein es hablar de una artista que ha construido su carrera con perseverancia, sensibilidad y una profunda vocación por el teatro. Con más de cinco décadas de trayectoria, la actriz argentina ha logrado desarrollar un recorrido que abarca la actuación, la dirección teatral y la docencia, consolidándose como una figura respetada dentro del ámbito cultural.

Nacida en la ciudad de Buenos Aires, Paula Rubinstein encontró desde muy joven su pasión por las artes escénicas. Proveniente de una familia de músicos, comenzó su formación en el Instituto Vocacional de Arte “Manuel de Lavardén”, donde adquirió las primeras herramientas que marcarían su camino artístico. Más adelante amplió sus estudios en la Escuela Metropolitana de Arte Dramático (EMAD), egresando de la carrera de Dirección y Puesta en Escena, una formación que le permitió combinar la actuación con la dirección teatral y desarrollar una mirada integral sobre el hecho artístico.

A lo largo de su extensa carrera participó en más de treinta obras teatrales de autores clásicos y contemporáneos, presentándose en algunas de las salas más importantes de la Ciudad de Buenos Aires y del interior del país. Su trabajo también la llevó a realizar giras nacionales e internacionales, participando en festivales de teatro de habla hispana y compartiendo escenario con destacados artistas argentinos. Esa experiencia le permitió consolidar un estilo interpretativo caracterizado por la versatilidad, la profundidad de sus personajes y una permanente búsqueda expresiva.

Su labor fue reconocida en distintas oportunidades. Entre las distinciones más importantes figura el Premio Armando Discépolo del Centro Cultural General San Martín a la Mejor Actuación Femenina por la obra Manual de instrucciones para el último porteño. También obtuvo la Beca Familia Podestá otorgada por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y, más recientemente, recibió el premio a Mejor Actriz en el Festival Etreum Horror por su participación en el episodio Ratas, perteneciente a la producción Retratos del Apocalipsis.

En televisión y plataformas de streaming logró llegar a un público masivo gracias a su participación en producciones de gran repercusión, entre ellas la exitosa serie El Marginal, donde interpretó a la hermana Rosetta, un personaje que quedó en la memoria de los espectadores por su intensidad y particular personalidad. Su trabajo en ficción se complementa con participaciones en cine y otros proyectos audiovisuales, demostrando una notable capacidad para adaptarse a distintos géneros y formatos.

Además de su actividad como actriz, Paula Rubinstein ha desarrollado una importante tarea como docente y directora teatral, transmitiendo su experiencia a nuevas generaciones de intérpretes. Para ella, el teatro constituye un espacio de encuentro, reflexión y transformación, donde el trabajo colectivo resulta tan importante como el talento individual.

Actualmente continúa plenamente vigente, alternando proyectos teatrales, audiovisuales y actividades de formación. Su regreso a los escenarios con la obra Caricias reafirma una carrera marcada por el compromiso artístico, la sensibilidad y el deseo permanente de explorar nuevos desafíos. Después de más de cincuenta años de trayectoria, Paula Rubinstein sigue demostrando que la pasión por el arte no entiende de generaciones y que el escenario continúa siendo el lugar donde mejor expresa su creatividad y su amor por la actuación.

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