Sábado 8 de Agosto de 2026 - 2:09:15 am

Ricky Maravilla: “Dios no quiso que hubiera un ingeniero, quiso que hubiera un artista”

Música agosto 7, 2026

Ricky Maravilla pasó por Planeta República, conducido por Jonathan Tolisano, que se emite los martes de 18 a 20 por Radio Zónica, donde repasó su vida, su carrera y los proyectos que aún lo emocionan.

A casi cuatro décadas de haber comenzado una carrera que lo convirtió en uno de los máximos referentes de la música tropical argentina, Ricky Maravilla asegura que todavía la vida logra sorprenderlo. “Cada año se van generando más posibilidades, más proyectos, y gracias a Dios los vengo confirmando a todos”, expresó durante una extensa entrevista en Planeta República, donde además reveló una noticia que calificó como uno de los reconocimientos más importantes de su trayectoria. “Te puedo dar una primicia: en mi provincia de Salta el Gobierno va a instalar una estatua de Ricky Maravilla en el Cerro San Bernardo para todos los visitantes y turistas. Es un homenaje en vida, porque normalmente se hace cuando uno ya no está físicamente, pero en este caso quisieron reconocerme para poder estar allí, en mi provincia, plasmado para el recuerdo de todos”, contó con emoción.

El cantante aseguró que ese reconocimiento sintetiza una historia construida con esfuerzo y con el cariño del público. “El artista se va, pero los temas quedan”, afirmó, antes de recordar que en cada rincón del país alguien le cuenta que tuvo “su propio Ricky Maravilla” dentro de la familia. “Muchísima gente me dice: ‘Mi papá te imitaba, hacía el flequillito, levantaba los deditos y cantaba tus canciones’. Eso es muy gratificante porque significa que fui parte de la historia de muchísimas familias. Siempre me dicen que en Navidad, Año Nuevo, carnavales, cumpleaños, casamientos o despedidas de solteros siempre suena un tema mío. Creo que Dios me puso en este camino para alegrar al que está triste, al que está enfermo o al que simplemente está celebrando un momento importante de su vida.”

Paradójicamente, ese destino nunca estuvo en sus planes. Ricky confesó que durante su juventud soñaba con una profesión completamente distinta. “Yo quería ser ingeniero electrónico. Nunca me propuse ser artista. Mirá vos las vueltas de la vida”, recordó. Su vocación nació entre libros, fórmulas y circuitos, mientras cursaba la secundaria técnica y proyectaba una carrera universitaria. Sin embargo, detrás de esa decisión también había una promesa mucho más profunda, nacida cuando apenas tenía cinco años.

Con una sinceridad que atravesó toda la conversación, el cantante recordó la escena que marcó para siempre su existencia. Tras enterarse de que su padre había fallecido cuando él tenía apenas dos años y descubrir que su madre trabajaba como empleada doméstica porque no tenían vivienda propia, comprendió por primera vez el significado de la pobreza. “Le pregunté a mamá si nosotros éramos pobres y me dijo que sí, que no teníamos casa. Entonces le prometí que iba a estudiar, que iba a ser ingeniero y que le iba a regalar la casa que no teníamos y un auto para llevarla a pasear”, relató. Aquella conversación quedó grabada para siempre en su memoria. “Mamá me abrazó y me dijo que no iba a ser pobre. Yo le creí.”

La historia comenzó en los Valles Calchaquíes, en Salta, y continuó años después en Buenos Aires, cuando la familia se instaló en una pensión del centro porteño. Ricky ingresó a la ENET N.º 7 General San Martín, donde obtuvo los títulos de técnico electrotécnico y técnico en comunicaciones. “Toda la vida estudié con la idea de convertirme en ingeniero. La música era solamente un hobby”, recordó. Con algunos compañeros armó primero un conjunto folklórico, luego un trío melódico y más tarde una banda que interpretaba rock and roll, canciones de Los Beatles, Elvis Presley, Creedence Clearwater Revival, Sandro, Palito Ortega y Leo Dan. “Cantábamos para divertirnos. Nos invitaban a almorzar a casas de familia y después tocábamos como agradecimiento. Nunca pensamos que eso podía transformarse en un trabajo.”

El destino cambió cuando un empresario los escuchó actuar y les ofreció presentarse en varias confiterías bailables de Buenos Aires. Aquellos shows les permitían reunir algo de dinero para continuar estudiando, pero una noche ocurrió el hecho que transformaría definitivamente su vida. Entre el público se encontraba Óscar Anderle, histórico compositor de varios de los mayores éxitos de Sandro. “Me llamó a su mesa y me dijo: ‘Escuchame, nene, me gusta tu voz. ¿Querés grabar un disco?’. Yo me quedé paralizado porque jamás había imaginado algo así.”

La propuesta parecía imposible de rechazar, aunque Ricky todavía no estaba convencido de abandonar el camino que había elegido. “Óscar Anderle me dijo que era un disco infantil porque mi voz servía para ese tipo de canciones. Yo acepté por curiosidad, pero cuando terminó la grabación le aclaré que no iba a poder salir de gira porque estaba estudiando y quería ser ingeniero, no artista”. La respuesta del productor cambió para siempre el rumbo de su vida. “Me dijo: ‘Tenés un éxito y no lo vas a aprovechar. Dame seis meses. Si en ese tiempo no te gusta el escenario, el público o los viajes, seguí estudiando’. Probé seis meses… y esos seis meses se hicieron casi cuarenta años de trayectoria artística.”

Aquella primera grabación nació de sus propios recuerdos de infancia. Ricky evocó los años que vivió en una estancia salteña rodeado de animales y decidió convertir esas imágenes en canciones. “Me acordé de mi caballo, de mi perro, de mi gato, del gallo, de la pata… Les ponía nombre a todos y me seguían cuando iba a la escuela. De ahí salieron ‘El gallo y la pata’, ‘El pavo y la pava’, ‘La jirafa y el monito’ y tantos otros temas”. El fenómeno fue inesperado. “El disco fue un éxito, pero no para los chicos sino para los grandes. Ahí Anderle me dijo que había pasado algo extraordinario.” Con el tiempo llegarían clásicos como Qué tendrá el petiso, canciones que atravesaron generaciones y que hoy siguen sonando en fiestas familiares, clubes, carnavales y celebraciones populares.

Mientras el éxito comenzaba a crecer, Ricky continuaba trabajando como técnico electrónico en una empresa que comercializaba las primeras fotocopiadoras llegadas al país. “Ya estaba trabajando y hasta me habían nombrado jefe del departamento técnico. Tenía un sueldo importante.” Sin embargo, el primer objetivo de su vida no era comprar instrumentos ni cumplir caprichos personales. “Vivíamos en una pensión de la calle Pellegrini y yo quería salir de ahí. Empecé a ahorrar y pude comprar mi primer auto. Después, gracias a un plan inmobiliario, compré un departamento. El día que le entregué la llave a mi mamá lloramos los dos. Le dije: ‘Esta es la promesa que hice cuando era chico’. Ahí entendí que Dios y los Reyes Magos no se habían olvidado de mí.”

Ese vínculo con su madre atraviesa permanentemente cada recuerdo. Ricky reconoce que buena parte de las decisiones que marcaron su carrera estuvieron guiadas por los consejos que recibió en su casa. “Cuando le conté que iba a ser artista me preguntó de qué iba a vivir. Ella tenía miedo porque conocía los altibajos de esta profesión. Yo le prometí que iba a manejar bien mi carrera y que iba a elegir el camino sano.” Esa promesa continúa vigente hasta hoy. “Siempre les digo a los chicos que la música es una bendición, pero también tiene muchas tentaciones. Hay que decirle no a las drogas, no a los excesos y sí al deporte, a la buena alimentación y al estudio. Si uno elige el camino correcto, termina siendo un orgullo para su familia.”

Con el paso de los años llegaron los reconocimientos que jamás imaginó cuando cantaba para sus compañeros de colegio. Ricky recordó con emoción que en octubre viajará a Estados Unidos para recibir un premio internacional por haber superado los dos mil millones de reproducciones audiovisuales y celebró que sus canciones continúen expandiéndose por el mundo gracias a las plataformas digitales. “También me van a incluir en un vinilo de oro junto a artistas enormes como Raphael, Roberto Carlos, Julio Iglesias y José Luis Perales. Para mí es un orgullo inmenso como argentino y como salteño.” La emoción lo obligó a hacer una pausa durante la entrevista. “Perdón… me acuerdo de las palabras de mamá y no puedo evitar emocionarme.”

El cantante también recordó cómo un inesperado éxito en Punta del Este terminó modificando la percepción que muchos tenían sobre la música tropical. “Después de ‘Qué tendrá el petiso’ empezaron a llamarme de todos lados. Sonaron los teléfonos de Mirtha Legrand, Susana Giménez, Marcelo Tinelli y aparecieron las tapas de revistas como Gente y Caras. Hasta el presidente Carlos Menem me invitaba a sus reuniones para ponerle alegría a encuentros donde participaban empresarios y dirigentes de distintos países.” Aquella popularidad también le permitió compartir escenarios y momentos inolvidables con figuras como Sandro, Diego Maradona, Palito Ortega y otras grandes personalidades del espectáculo argentino, experiencias que recuerda como algunos de los mayores regalos que le dio la profesión.

Entre todas esas experiencias, una ocupa un lugar especial en su memoria: el vínculo que construyó con Sandro. “Cuando fui a verlo al Gran Rex me ubicaron en la platea y, en medio del recital, Roberto paró la música para saludarme delante de todo el público. Dijo que quería saludar a alguien que admiraba mucho y me nombró. Yo me quedé helado. Que una figura tan inmensa detuviera su show para reconocerme fue algo que jamás voy a olvidar.” A partir de aquella noche decidió repetir ese gesto cada vez que se presenta sobre un escenario. “Cuando veo entre el público a algún artista o a alguien conocido, siempre paro un momento para saludarlo. Eso me lo enseñó Sandro.” También recordó con afecto su relación con Diego Maradona. “Era un muchacho simple, muy sensible. Bailaba mis canciones y siempre me recibía con un abrazo enorme. Creo que reconocía en mí a alguien que también había salido de abajo.”

Lejos de conformarse con el éxito alcanzado, Ricky continúa estudiando una de sus grandes pasiones: la electrónica. “Nunca la abandoné. Sigo armando circuitos, plaquetas, servomecanismos para abrir y cerrar puertas automáticamente y me mantengo al día con toda la tecnología.” Esa curiosidad lo lleva también a reflexionar sobre los cambios que vive el mundo. “Hoy todo avanza muy rápido. Antes los equipos duraban años y ahora parecen descartables. La tecnología ofrece oportunidades enormes, pero también plantea desafíos para el trabajo. Por eso insisto tanto en que los chicos estudien. Hoy tienen tutoriales, cursos y toda la información al alcance de la mano. Hay que aprovecharla.” El mismo consejo lo trasladó a sus hijos, quienes, además de compartir el gusto por la música, eligieron formarse profesionalmente. “Tengo un hijo arquitecto, otro operador de sistemas y el más chico trabaja en la parte comercial. Todos son músicos, pero siempre les dije que debían tener una profesión paralela.”

Cuando baja del escenario, asegura que sigue siendo exactamente la misma persona. “No tomo posturas. Soy igual arriba que abajo. Siempre tengo tiempo para una foto, un autógrafo o una entrevista porque los periodistas son la vidriera de nuestro trabajo y el público es quien nos permitió llegar hasta acá.” Ese contacto permanente con la gente es, según explica, el verdadero motor de una carrera que logró atravesar cuatro generaciones. “Me mandan videos de abuelos, padres, hijos y ahora también de bebés bailando ‘El gallo y la pata’. Ese es el premio más grande que puedo recibir.”

Mientras prepara una nueva gira por Estados Unidos, con presentaciones en California, Texas y otros estados, además de futuros proyectos en México y España, Ricky Maravilla asegura que sigue sintiendo la misma emoción que cuando comenzó a cantar en aquellas confiterías porteñas. “No era mi idea ser artista, pero Dios, los Reyes Magos y la vida me pusieron en este camino.” A casi cuarenta años de aquel desafío que le propuso Óscar Anderle, el músico salteño continúa recorriendo escenarios dentro y fuera del país, con un repertorio que forma parte de la memoria popular argentina y que convirtió canciones como Qué tendrá el petiso, El gallo y la pata, El pavo y la pava, La bomba Chita y La Granja de Ricky Maravilla en verdaderos clásicos de la música tropical. Los premios Konex, Prensario, Clave de Sol de Oro y numerosos reconocimientos nacionales e internacionales acompañan una trayectoria que sigue vigente, pero él prefiere resumirla con la misma sencillez que aprendió en su infancia: “Todo se puede cuando uno se traza un propósito y le pone empeño. Yo solamente quería cumplir la promesa que le hice a mi mamá. Lo demás fue un regalo que la vida me dio.”

Escuchá “Planeta Republica” todos los Martes de 18hs a 20hs. por Radio Zonica

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