Roly Serrano: “El teatro es el lugar donde nos transformamos en adultos para contarles cuentos a los niños”
Teatro julio 8, 2026El actor pasó por "Mirada de Espectadores" para hablar de su presente con Geppetto, repasar una carrera que atraviesa teatro, cine y televisión.
Hay artistas que, más allá de los personajes inolvidables que interpretaron, logran transmitir una profunda pasión por el oficio. Ese fue el clima que se vivió durante la entrevista, donde el presente teatral, los recuerdos del cine, la televisión y las reflexiones sobre la cultura fueron apareciendo de manera natural, con la calidez y el humor que caracterizan al protagonista de la charla.
El encuentro comenzó con un saludo para Alan, compañero de escenario del entrevistador años atrás. Entre sonrisas, contó que actualmente el actor integra el elenco de Invasiones en el Teatro San Martín y comentó: “Por ahora el papel de Alan lo está haciendo Demian Bello, que es un actorazo, un pibe divino y además son muy amigos con Alan y viven juntos”, destacando el compañerismo que existe dentro del ambiente artístico.
La conversación rápidamente se trasladó a Geppetto, la obra de Tito Cossa que protagoniza todos los domingos en el Teatro del Pueblo. Lejos de la historia del célebre carpintero de Pinocho, explicó que la pieza propone un conflicto mucho más humano y contemporáneo.
“Geppetto cuenta la historia de un profesor que está prácticamente enamorado en todos los aspectos de una alumna jovencita. Digo enamorado en todos los aspectos porque cree y está absolutamente seguro de que ella tiene mucho talento. Él es profesor de literatura y está convencido de que esta joven va a ser una gran escritora. Desde esa admiración que tenemos a veces los adultos por los jóvenes, que también puede confundirse, nace una relación muy especial. Después aparece el novio de ella, muy celoso, muy Otelo, y ahí empieza todo el conflicto”, resumió.
Con humor, agregó que muchas personas se acercan al teatro creyendo que la obra tiene relación con el personaje creado por Carlo Collodi. “Mucha gente me preguntaba si tenía que ver con el papá de Pinocho”, dijo entre risas.
El entrevistador aprovechó entonces para recorrer buena parte de una trayectoria que supera ampliamente las cuatro décadas de trabajo y que incluye títulos emblemáticos del cine y la televisión argentina. Desde Nueve Reinas hasta El Polaquito, pasando por Bajo Bandera, Garage Olimpo, Campeones, Los Simuladores, Mujeres Asesinas y tantos otros trabajos que consolidaron una carrera construida desde la versatilidad.
Uno de los recuerdos que más emoción despertó fue el de Rey Muerto, el cortometraje con el que también debutó en la dirección Lucrecia Martel y que marcaría un antes y un después para ambos.
Serrano recordó que en aquellos años tenía una mirada muy distinta sobre la televisión y el cine. “Éramos luchadores de la cultura y considerábamos que la televisión te pudría la cabeza. En el Conservatorio hasta estaba prohibido trabajar en televisión. Teníamos esa idea y seguíamos haciendo teatro independiente y trabajando muchísimo con los títeres, que eran mi gran pasión”, evocó.
El actor relató que el encuentro con Martel se produjo casi por casualidad y que una improvisación terminó cambiando su destino profesional.
“Ella era salteña y no sabía que yo también era salteño. Me dijo que el personaje lo iba a hacer otro actor, pero decidió seguir buscando. Entonces me pidieron que improvisara un salteño. Hice la primera escena del corto improvisando ahí mismo y Lucrecia alucinó. Me dijo: ‘quiero por Dios que lo hagas’. A partir de ese momento trabajé con la gran mayoría de los cineastas jóvenes y me transformé, de alguna manera, en una especie de actor fetiche”, recordó.
Aquella experiencia abrió las puertas de una extensa carrera cinematográfica, aunque aseguró que nunca abandonó el teatro, espacio que considera su verdadero hogar artístico.
Con el paso de los años, explicó, también aprendió a elegir los proyectos desde otro lugar, privilegiando el disfrute y la calidad humana por encima de cualquier otra consideración.
“Ya con los años me permito hacer el teatro que amo hacer, como en este caso Geppetto, y también hacer una buena comedia en el verano. Amo hacerlo porque para mí son como vacaciones”, expresó.
Luego recordó con enorme cariño la última temporada realizada en Villa Carlos Paz con Suspendan la boda, dirigida por Eva Halac.
“Pasé un verano extraordinario. Me han mimado, me han tratado como a un señor. Tuve unos compañeros del alma, hermosos. Y además nos iba muy bien. Estábamos entre la segunda y la tercera obra más vista”, contó con evidente gratitud.
También explicó que jamás desarrolló una fórmula para seleccionar sus trabajos.
“Muchos me preguntan cómo elijo lo que hago y la verdad es que no tengo un método. Si siento que voy a estar bien, que voy a trabajar con buena gente y que el proyecto es sano, lo hago. Si veo que es algo nocivo, prefiero decir que no”, afirmó, dejando en claro que la calidad del vínculo humano resulta tan importante como el desafío artístico.
Uno de los momentos más emotivos de la entrevista llegó cuando le preguntaron qué representa el teatro en su vida. La respuesta fue una verdadera declaración de amor hacia el escenario y hacia un oficio que lo acompaña desde la juventud.
“Cuando empecé a hacer teatro encontré un mundo de familia. Yo estaba estudiando en Córdoba y de pronto encontré en ese grupo de actores y directores una familia que yo no tenía. Durante muchísimos años el teatro fue eso para mí”, recordó.
Lejos de describir únicamente un espacio de trabajo, el actor habló de un lugar donde todavía hoy encuentra refugio y pertenencia.
“Es el lugar donde, si hay que estar una hora antes, yo estoy dos horas antes. Es el lugar donde, cuando termina la función, no me quiero ir corriendo. Me gusta el olor de los teatros, la sala con las luces en penumbras. Me gusta sentir lo que pasa ahí”, confesó.
Para Serrano, cada función mantiene intacta la magia que lo enamoró cuando era un joven estudiante.
“Es un momento mágico donde nos transformamos en padres, madres o adultos para contarles cuentos a los niños. Y esos niños nos escuchan con amor, con ilusión. Es eso el teatro”, resumió con emoción.
La charla derivó entonces hacia la situación actual de la cultura argentina y las dificultades que atraviesa el sector audiovisual. Sin esquivar el tema, sostuvo que el momento exige compromiso y perseverancia.
“Una actriz me decía hace poco: ‘hay que resistir, hay que seguir’. Y tiene razón. Hay muchas trabas, muchas dificultades, pero hay que seguir, como siempre”, expresó.
El entrevistador comparó la situación con la historia de la radio, que muchas veces fue anunciada como un medio condenado a desaparecer y, sin embargo, logró reinventarse una y otra vez. Serrano encontró allí un claro paralelismo con el teatro.
“La radio nunca murió. Y el teatro tampoco va a morir. La gente ama ver a los actores. Ama ese ritual de bañarse, elegir el espectáculo, salir de la casa, compartir la función y después conversar sobre lo que vio”, reflexionó.
A su entender, esa experiencia compartida es imposible de reemplazar.
“De alguna manera también te limpia un poco la cabeza”, aseguró.
Cuando el conductor resumió esa idea diciendo que el teatro “te sana y te salva”, la respuesta fue inmediata.
“Totalmente, pero absolutamente”, respondió convencido.
Otro de los temas inevitables fue El Marginal, la exitosa serie en la que interpretó al inolvidable Sapo Quiroga, uno de los personajes más recordados por el público. Ante los rumores sobre un posible regreso, el actor fue contundente.
“No, no, no”, respondió entre risas antes de explicar el motivo.
“El problema es que el Sapo murió. En la segunda temporada, que era una precuela, murió. Después la gente lo quería tanto que aparecía como un fantasma, pero ya no había manera de revivirlo”, señaló.
Sin perder el humor, dejó abierta una pequeña puerta para la imaginación.
“Bueno… salvo que los productores digan que apareció una piedra mágica en San Onofre…”, bromeó provocando las risas de todos los presentes.
La química con el conductor fue creciendo a lo largo de la charla y el tiempo previsto para la entrevista terminó quedando corto.
“Te pedimos diez minutos y necesitamos dos horas”, comentó el entrevistador antes de comprometer un futuro reencuentro.
“Exactamente. En la próxima más”, respondió Serrano con una sonrisa.
Antes de despedirse, aprovechó para renovar la invitación al público a disfrutar de Geppetto.
“Los espero a ustedes también. Un abrazo grande para todos”, dijo, cerrando una conversación cargada de anécdotas, recuerdos y una enorme pasión por el teatro.
Sin pausa, el programa continuó con otro invitado ligado al mundo escénico: el actor y director Carlos Kaspar, quien presentó su nueva puesta Puntera de Acero, que llegará al Teatro Beckett bajo la producción de la compañía El Vacío Fértil.
El realizador recordó su primer encuentro con el conductor durante la época de Enfermedad de juventud, la recordada versión que dirigió en el Método Kairós con un elenco integrado, entre otros, por Nico Furtado y Nai Awada.
“Las vueltas de la vida… ahora vuelvo también al Kairós”, comentó con entusiasmo.
Al hablar del nuevo proyecto destacó el trabajo compartido con Romina Pinto, Iván Steinhardt y Sol Vanelli.
“Trabajar con Romina y con Iván es un lujo. Hace mucho que queríamos hacer algo juntos. Leímos esta obra y sentimos que había una temática que realmente nos interpelaba”, explicó.
También dedicó palabras de enorme reconocimiento a su compañera de vida y productora.
“Trabajar en familia es maravilloso. Sol tiene un sentido de la ética, de la responsabilidad y del trabajo que es realmente único”, aseguró.
Aunque el eje principal de la emisión estuvo puesto en el presente teatral de Roly Serrano, la conversación con Carlos Kaspar terminó ampliando el debate sobre el oficio del actor y permitió encontrar varios puntos de contacto entre ambos artistas: el amor por el escenario, la búsqueda permanente de nuevos desafíos y la convicción de que cada personaje exige un trabajo distinto.
Con una trayectoria que supera los sesenta largometrajes y decenas de participaciones en televisión, Kaspar aseguró que nunca creyó en los encasillamientos.
“Yo disfruto mucho los personajes. Para mí no existen papeles chicos ni grandes, ni encasillamientos. El encasillamiento es una condición psicológica; si uno se quiere encasillar, se encasilla. Cada personaje tiene su historia y sus características. El verdadero desafío está en no repetirse”, explicó.
El director recordó especialmente su trabajo en Resistiré, donde comenzó interpretando a un villano y terminó convirtiéndose en uno de los personajes más queridos por el público.
“Empecé siendo un villano y después terminé protegiendo al personaje de Pablo. Al final todas me querían porque defendía al galán. Me acuerdo que en la despedida de la novela había una bandera que decía: ‘Somos las viudas del Bebé’. Imaginate lo que significó para mí”, contó entre risas.
También repasó parte de una carrera que incluye títulos como Chiquititas, Floricienta, Casados con hijos, Pequeña Victoria, Wakolda, La desaparición de Mengele, Dignity y numerosos largometrajes nacionales e internacionales.
Más allá de la diversidad de trabajos, sostuvo que el secreto siempre fue el mismo.
“Cada personaje tiene algo distinto. Uno tiene que descubrir qué necesita ese personaje y construirlo desde ahí. Eso es lo apasionante de esta profesión”, afirmó.
La reflexión de Kaspar dialogó naturalmente con todo lo que Serrano había expresado minutos antes sobre el teatro como espacio de encuentro y de crecimiento humano. Ambos coincidieron, desde recorridos diferentes, en que el actor nunca deja de aprender y que cada proyecto representa una nueva oportunidad para transformarse.
En el caso de Serrano, esa búsqueda permanente también aparece al momento de elegir cada propuesta.
“Si siento que voy a trabajar con buena gente y que el proyecto me va a hacer bien, lo hago. No tengo un método más complicado que ese”, había dicho durante la entrevista.
Esa filosofía parece haber atravesado toda su carrera, desde los primeros pasos en el teatro independiente hasta los grandes éxitos de cine y televisión que lo convirtieron en uno de los intérpretes más reconocidos del país.
Cuando recordó aquellos comienzos junto a Lucrecia Martel, también dejó entrever que el camino nunca estuvo planificado.
“Improvisé una escena haciéndome un salteño y cambió mi vida. A partir de ahí empecé a trabajar con muchísimos directores jóvenes”, recordó.
Ese mismo espíritu de apertura continúa vigente hoy, mientras disfruta de una etapa donde puede combinar proyectos de profundo contenido dramático con comedias populares, sin prejuicios y con el único objetivo de seguir actuando.
Durante toda la charla quedó claro que, para Serrano, el reconocimiento del público nunca modificó su manera de entender la profesión.
Por el contrario, insistió una y otra vez en la importancia del trabajo colectivo, del respeto entre compañeros y del valor de compartir el escenario.
El recuerdo del elenco de Suspendan la boda fue una prueba de ello.
“Me trataron como a un señor. Fueron compañeros del alma y vivimos un verano extraordinario”, resumió.
Del mismo modo, al hablar de Geppetto, prefirió detenerse en la historia que propone la obra antes que en su propio lucimiento actoral.
“Es una historia sobre la admiración, sobre los vínculos y sobre los malentendidos que pueden surgir entre generaciones”, explicó, invitando al público a descubrir una pieza que va mucho más allá del título que inevitablemente remite al universo de Pinocho.
Mientras tanto, el afecto que sigue despertando el Sapo Quiroga demuestra que algunos personajes permanecen vivos en la memoria colectiva mucho tiempo después de haber abandonado la pantalla.
El propio Serrano se sorprendió al comprobar que, años después del final de El Marginal, muchos espectadores todavía le preguntan si existe alguna posibilidad de volver a verlo interpretando al célebre preso.
Su respuesta volvió a combinar realismo y humor.
“Ya murió el Sapo… salvo que aparezca una piedra mágica”, bromeó, provocando una nueva carcajada en el estudio.
Más allá de los personajes inolvidables, de los premios o del reconocimiento popular, la entrevista dejó ver a un Roly Serrano profundamente agradecido por el camino recorrido y, sobre todo, convencido de que el teatro continúa siendo un espacio imprescindible para la sociedad.
Su definición sobre el escenario terminó sintetizando toda una manera de entender el arte.
“Me gusta el olor de los teatros, me gusta la sala con las luces en penumbras. Me gusta sentir lo que pasa ahí”, expresó, antes de completar una de las frases más significativas de la charla: “Es un momento mágico donde nos transformamos en adultos para contarles cuentos a los niños.”
La conversación también permitió descubrir al hombre detrás del actor. Al recordar sus inicios habló de una juventud atravesada por el teatro independiente, los títeres y la militancia cultural; evocó con enorme cariño a Lucrecia Martel y el nacimiento de Rey Muerto; celebró los compañeros que fue encontrando en el camino y dejó en claro que, después de tantos años de carrera, sigue emocionándose exactamente igual cada vez que se abre el telón.
Esa emoción aparece también cuando habla del público.
Para Serrano, cada espectador que decide salir de su casa para compartir una función mantiene vivo un ritual que ninguna plataforma digital puede reemplazar.
“La gente ama ver a los actores. Ama elegir una obra, compartirla y después conversar sobre lo que vio. Eso nunca va a desaparecer”, aseguró.
En tiempos donde el futuro de la cultura suele convertirse en motivo de debate, el actor eligió un mensaje esperanzador.
“Hay que seguir. Siempre hay que seguir”, repitió, convencido de que el trabajo artístico encuentra la manera de sobrevivir incluso en los contextos más complejos.
Esa misma idea apareció, desde otra perspectiva, en la participación de Carlos Kaspar, quien remarcó la importancia de continuar creando nuevos proyectos y de asumir cada personaje como un desafío diferente.
“El verdadero desafío está en no repetirse”, resumió el director, dejando una reflexión que dialogó naturalmente con el espíritu de toda la emisión.
Con el estreno de Puntera de Acero cada vez más cerca, Kaspar reafirmó su entusiasmo por seguir explorando nuevas historias y trabajando junto a equipos que compartan la misma pasión por el teatro.
Mientras tanto, Serrano continúa encontrándose con el público cada domingo en el Teatro del Pueblo con Geppetto, una obra que lo entusiasma especialmente porque le permite volver a ese lugar donde, según sus propias palabras, comenzó todo: el escenario.
Antes de despedirse, el conductor lamentó que el tiempo no alcanzara para seguir conversando.
“Te pedimos diez minutos y necesitamos dos horas”, le dijo entre risas.
La respuesta del actor fue inmediata y dejó abierta la puerta para un próximo encuentro.
“Exactamente. En la próxima más”, contestó.
Con esa promesa quedó cerrada una entrevista que recorrió buena parte de la historia reciente del teatro, el cine y la televisión argentina a través de la mirada de uno de sus intérpretes más queridos. Un artista que supo construir personajes inolvidables como el Sapo Quiroga, emocionar en el cine, divertir en la comedia y conmover sobre las tablas, pero que, por encima de todo, sigue definiéndose como alguien que ama profundamente el teatro y que encuentra en cada función una nueva oportunidad para compartir historias con el público.
La emisión concluyó con el agradecimiento de los conductores a ambos invitados y con la sensación de haber asistido a una conversación donde las anécdotas, la memoria, el presente y la pasión por el oficio se combinaron para ofrecer un valioso recorrido por dos trayectorias que continúan escribiendo nuevas páginas en la escena argentina.