SERGIO AUGER: “A una chiquita le habían pegado un balazo en el cuello, gracias a Dios sobrevivió pero cuando salí del quirófano me puse a llorar. No podía dejar de proyectar que eso le podía pasar a mi hijo”.
Interes General enero 2, 2026El Dr Sergio Auger conversó sobre su trayectoria y vivencias en Zonica+.
“La historia comenzó en el Santojanni, yo soy un médico que me recibí en la unidad docente hospitalaria, en la facultad. Los últimos tres años los cursé en mi querido hospital Santojanni, el hospital de mi barrio y allí hice toda mi carrera de cardiólogo. Llegué a ser médico de guardia de unidad coronaria, después pasé a ser jefe de guardia durante 10 años, también en ese lugar. Tres años como jefe de departamento manejando los consultorios del hospital. Luego pasé tres años como director y finalmente me llamaron desde el ministerio para encomendarme la tarea de la Dirección General de Hospitales. Desde hace 10 años ya en esta tercera gestión estamos tratando de mantener un rumbo de los hospitales de la Ciudad. Una lucha que obviamente llevamos adelante junto a todos los directores y a los profesionales de la salud pública del distrito. Antes nos pasaba de que si vos no te buscabas una guardia, por ejemplo vos estudiabas en la UBA y las guardias como practicante no te las dejabas hacer en hospitales de la Ciudad, es decir estar y aprender al lado del médico. Teníamos que ir hacerla a la Provincia de Buenos Aires. Ahora sí. Yo apenas empecé a estudiar, en mi segundo año de facultad entré en la guardia del Policlínico de San Justo asi que hasta que me recibí estuve haciendo guardias todos los viernes allí”, rememora el Dr Sergio Auger con una mirada a aquellos primeros pasos de su profesión.
También el médico cardiólogo especializado en Chagas señala: “Fui practicante menor, practicante primero y así fue pasando, pero eso te permite llegar con una práctica de tal forma que cuando te recibís y empezas a ejercer la medicina es fundamental. El manejo de la guardia sobre todo. La guardia tiene esa adrenalina para los que somos médicos del equipo de salud; enfermeros, médicos, técnicos, administrativos, que tenés lo imprevisto, o sea, vos entras a la guardia y no sabes qué te va a tocar ese día, o qué te va a pasar, si hay una tragedia, un choque, por ahí es una guardia muy tranquila pero muchas veces y depende del hospital que te toque. Hoy en día yo te diría que los hospitales tienen una guardia muy activa porque la verdad es que la afluencia de la gente es muy grande en la actualidad. Realmente es ahí donde de un momento para otro puede cambiar todo y convertirse en un gran caos que tenés que tratar de resolver. Yo tenía dos especialidades que eran lo que más amaba, por un lado era la pediatría y por el otro la cardiología. Creo que Dios quiso que en un momento de mi vida durante mi formación en la universidad pasara por el Hospital Gutiérrez para hacer pediatría. Nos separaban por grupos; unos iban a la clínica pediátrica, otros a traumatología pediátrica, y a mí me tocó oncología pediátrica. Cuando vi los chicos sufrir, si bien detrás de todo este tipo de enfermedades hay esperanza y la posibilidad de salir adelante y hacer una vida normal, en aquellos momentos era muy duro”.
“Ahí me di cuenta que lo mío no era la pediatría porque sufría mucho con los chicos. Sufría viendo sufrir a los chicos con lo cual me incliné por la segunda ya que siempre me gustó, que es cardiología para adultos. Yo que tuve la oportunidad de estar durante 10 años como jefe de guardia, al principio los domingos, luego los lunes en el Santojanni, es una guardia muy movida porque recibimos una gran cantidad de población de barrios vulnerables de la zona sur de la ciudad de Buenos Aires y de lo que nosotros llamamos la zona de influencia que es toda el área de La Matanza, la gente que proviene de la Provincia de Buenos Aires. Realmente cuando te viene un chico que está muy grave o que ha tenido un accidente te cambia el humor de toda la guardia, de todo el personal. Al principio pensaba que era yo luego percibí que le sucedía a todo el personal médico, cuando le pasa algo grave a un chico uno lo siente muchísimo más. Y más cuando sos padre porque estás viendo sufrir a un chico que tiene la edad del tuyo y proyectas sobre él lo que está viviendo ese niño. Es como que es difícil la situación, una vez le pregunté a un pediatra que era terapista neonatológico, que estaba en una terapia intensiva de ese sector y le preguntaba cómo hacía para estar 24 hs con chicos están tan graves y al borde de la muerte”, asume Auger.
“Yo era médico de unidad coronaria en ese momento. Él me decía ‘yo no sé cómo haces vos para poder atender adultos dentro de una unidad coronaria con gente que se está por morir o está grave’. O sea, cada uno tiene una personalidad preparada para darle la atención a diferentes tipos de pacientes. Obviamente que en situaciones de emergencia te olvidas de todo y te ocupas, y pones el foco en la atención del niño. A mí me ha tocado tener que entrar a un quirófano donde estaban operando a niños baleados, que habían quedado en el medio de una balacera entre policías y ladrones. Son momentos donde ahí si, te despojas de los sentimientos y atendes al paciente. Me acuerdo muy bien de una chiquita a la que le habían pegado un balazo en el cuello que gracias a Dios salió pero cuando terminamos de atenderla salí y te puedo asegurar que me puse a llorar como si fuera un chico. No podía dejar de proyectar que eso le podía pasar a mi hijo que tenía la misma edad de esa nena. A veces son situaciones duras y sobre todo la de los chicos cuando están enfermos o en muy malas condiciones de salud. Nosotros adquirimos la cultura de los europeos y los del norte de América, me refiero a Canadá. Comemos como si fuéramos a salir a la nieve y resulta que estamos hoy con 32 grados de temperatura, con lo cual en lo que refiere a comida, tal vez ahora se da un poco menos que antes, donde en la mesa había dos millones de calorías en medio de ese clima. Si al otro día no te sentías mal era un milagro”, cerró.
El alerta del Dr. Bruno Zelaya sobre las enfermedades transmitidas por alimentos
Diciembre es sinónimo de celebraciones, encuentros y mesas largas. Sin embargo, también es uno de los meses con mayor riesgo sanitario en relación a la alimentación.
El Dr. Bruno Zelaya, especialista en gastroenterología, advirtió que durante esta época del año se incrementan de manera significativa las consultas por gastroenteritis, vómitos, diarrea y deshidratación, una situación que se repite cada temporada y que, en gran parte, puede prevenirse.
Según explicó, el problema no se limita únicamente a los días festivos:
“Yo creo que no solo son estas dos semanas, sino que viene todo el mes. Todo diciembre tenemos las cenas de egresados, las cenas de la fábrica, las empresas. Entonces ya venimos comiendo distinto”.
Un mes entero de excesos
Las despedidas de año ya no comienzan en Navidad. Actualmente, las celebraciones se adelantan a noviembre y se extienden incluso hasta los primeros días de enero.
Esta continuidad de eventos genera una ingesta excesiva y desordenada, muchas veces sin respetar horarios ni cantidades.
El Dr. Zelaya lo resume con claridad:
“Diciembre se permiten muchas cosas. Y llegan las fiestas, comemos mucho”.
A esto se suma un factor clave: el calor. Las altas temperaturas afectan directamente la conservación de los alimentos y favorecen la pérdida de la cadena de frío, especialmente en postres, cremas, mayonesas y bebidas.
Alimentos europeos en pleno verano
Otro punto que destacó el especialista es el choque cultural entre las tradiciones gastronómicas y el clima local. Muchos de los alimentos típicos de las fiestas provienen de países donde diciembre es invierno.
“Hemos adoptado como propios los alimentos europeos. En Europa están en invierno y nosotros estamos en pleno verano”, explicó.
Productos como el pan dulce, las cremas y los platos elaborados resultan pesados y calóricos, lo que genera una sobrecarga para el sistema digestivo, especialmente cuando se consumen en exceso y sin control.
Contaminación y pérdida de la cadena de frío
La mayoría de las enfermedades gastrointestinales de esta época están relacionadas con la contaminación de los alimentos. Según datos del Ministerio de Salud mencionados por el médico, el 40% de las enfermedades transmitidas por alimentos ocurre durante estas fechas.
El problema suele originarse en pequeños descuidos cotidianos: comidas que permanecen horas fuera de la heladera, traslados sin refrigeración, heladeras sobrecargadas o cortes de energía que afectan el frío necesario para conservar los productos.
“Las heladeras se abren mucho, los postres pierden cadena de frío. Y después llegan las consultas a la guardia por gastroenteritis, vómitos y diarrea”, señaló Zelaya.
La diarrea no siempre debe cortarse
Uno de los errores más frecuentes, según el especialista, es intentar frenar rápidamente la diarrea. En muchos casos, se trata de un mecanismo de defensa del organismo.
“La diarrea y el vómito son un proceso de defensa. Algo entró nocivo y el organismo intenta rápidamente limpiarlo”, explicó.
Por este motivo, automedicarse sin consulta médica puede ser contraproducente, sobre todo en los primeros momentos del cuadro.
Grupos de riesgo y cuidados especiales
El Dr. Zelaya remarcó que hay personas que requieren una atención especial frente a estas situaciones: menores de cinco años, adultos mayores, embarazadas e inmunodeprimidos. En ellos, las consecuencias de una intoxicación alimentaria pueden ser más graves.
“El nivel de tolerancia del intestino es mínimo ya, porque es una agresión permanente”, advirtió.
Prevención: pequeños gestos que marcan la diferencia
El eje central del mensaje del especialista es claro: prevenir es mejor que curar. La correcta higiene de manos, la separación de alimentos crudos y cocidos, el cuidado de la cadena de frío y la atención a las condiciones de conservación son medidas simples pero fundamentales.
“Son pequeños detalles que nos sirven para prevenir y pasarla bien”, concluyó.
Disfrutar de las fiestas, compartir y celebrar no debería convertirse en un problema de salud. Con conciencia y cuidados básicos, es posible atravesar diciembre sin que las guardias hospitalarias formen parte del festejo.
Recomendaciones para prevenir intoxicaciones alimentarias durante las fiestas
Senasa destaca la importancia de saber cómo cuidar la alimentación y prevenir enfermedades para disfrutar las comidas de fin de año.
Buenos Aires – Muchas personas organizan los preparativos para las celebraciones de Navidad y Fin de Año y con ellos aparecen las dudas sobre qué recaudos tomar al hacer las compras, al preparar alimentos y al guardar los sobrantes de alimentos.
Para prevenir enfermedades transmitidas por alimentos (ETA), el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) informa sobre las principales pautas que las y los consumidores responsables deberán considerar para cuidar su salud y la de sus afectos durante estas fiestas.
Las enfermedades transmitidas por alimentos se producen cuando comemos alimentos o bebemos agua con contaminantes principalmente biológicos peligrosos que pueden afectar nuestra salud. Algunos síntomas incluyen vómitos, diarrea, dolores intestinales y otros semejantes a los de una gripe y pueden comenzar desde unas horas hasta unos días luego de ingerir el alimento o agua contaminada.
Estas intoxicaciones e infecciones alimentarias se pueden prevenir considerando los potenciales riesgos que pueden ocurrir por el consumo de alimentos en estas fechas e incorporando ciertos cuidados en los hogares. Resguardando especialmente a los niños pequeños, los ancianos y las personas inmunosuprimidas.
Al hacer las compras
Organice su salida de compras y haga una lista.
No coloque en el mismo lugar la comida preparada y caliente con productos frescos o congelados.
No compre alimentos con sus envases rotos, deformados, sucios o con pérdidas de contenido.
Sí compre productos con rótulos, léalos atentamente y rechace los productos vencidos.
Observe que se mantenga la cadena de frío en productos refrigerados o congelados.
Al preparar alimentos
No se deben descongelar las carnes a temperatura ambiente.
No vuelva a congelar algo que ya se descongeló.
Coloque la carne en en la heladera, en estantes por encima de las verduras para evitar los derrames hacia los cajones de frutas y verduras que se consumen crudas.
Utilice agua potable para lavarse las manos y lavar alimentos.
Siempre separe los alimentos crudos –especialmente las carnes y pescados– de los alimentos cocidos. Al prepararlos, utilicé diferentes utensilios.
Los alimentos deben ser cocinados por completo: especialmente la carne, el pollo y los pescados.
Cocine bien las carnes destinadas a la alimentación de los más pequeños (no deben quedar partes rosadas o rojas en su interior, en lo posible asegurarse de alcanzar los 71 ºC).
Evite darle carne picada a menores de 5 años.
Al guardar los sobrantes
Si va a consumir un alimento dentro de las 48 horas, almacenarlo en envases herméticos en la heladera.
Si va a consumir los sobrantes en más de 48 horas, guardarlos en el freezer siempre y cuando no contengan aderezos.
Antes de almacenar, anote la fecha en la que lo hizo y el contenido del envase.
Si va a consumir alimentos sobrantes, caliéntelo lo suficiente y por completo.
Si tiene la posibilidad, done los alimentos que se encuentren en condiciones óptimas a las personas que no tienen adecuado acceso a la alimentación.
La adopción de hábitos simples y cotidianos puede hacer la diferencia en cuanto a la prevención de enfermedades transmitidas por alimentos y disfrutar de unas felices fiestas.
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