“Yo realmente me preparé muchos años y se pierde en el medio”: Gisela Bernal, entre el Bailando, el Aquadance y una nueva etapa como formadora de talentos
Espectáculos agosto 26, 2026La bailarina pasó por “Cero de una”, de Radio Zonica, donde repasó sus comienzos, su explosiva llegada a la televisión, el histórico Aquadance con Flavio Mendoza.
Gisela Bernal habla de su carrera con la tranquilidad de quien sabe todo lo que tuvo que atravesar para llegar hasta donde está. Hubo televisión, teatro, grandes escenarios, competencias, momentos de enorme exposición y también situaciones personales que terminaron ocupando un espacio mucho mayor en los medios que sus propios logros artísticos. Pero cuando mira hacia atrás, hay una certeza que permanece intacta: nunca dejó de trabajar. “Nunca, nunca paré de laburar y no paré”, contó durante su paso por “Cero de una”, el programa de Radio Sónica, donde recorrió buena parte de su historia y presentó el proyecto que hoy concentra gran parte de su energía: Real Art Experience.
La relación de Bernal con la danza comenzó mucho antes de que su nombre se hiciera conocido en televisión. Su mamá fue quien advirtió desde muy temprano que había algo en ella que parecía natural. “Yo era muy muy pequeñita y mi mamá ya percibió que a mí la danza o el baile lo tenía como medio incorporado ahí y era buena”, recordó. Sin embargo, el descubrimiento definitivo llegó cuando ingresó a una escuela de danzas. “Lo que me sucedió fue que yo entré y me enamoré y dije, este es mi lugar, o sea, me di cuenta enseguida que era ahí”.
Desde entonces, la formación se convirtió en una parte central de su vida. La artista insiste en que detrás de lo que el público vio después en televisión hubo años de preparación, aprendizaje y trabajo. Y justamente esa es una de las cuestiones que más le preocupan cuando analiza la manera en que los medios suelen contar las historias de quienes alcanzan notoriedad. “Lo que pasa es que el valor de las personas por ahí hoy, y hace de años para acá, siempre es como lo picante, con quién salís, quién es tu novio, o sea, cosas que a mí me parecen mucho más efímeras que hablar de tus logros profesionales”, sostuvo.
Su llegada al Bailando se produjo cuando todavía era muy joven. Para participar tuvo que contar con una autorización especial porque en aquella época había un requisito de edad. “En esa época solo podía ser mayor de 21 años y yo no tenía todavía 21, me tuvo que autorizar mi mamá”, explicó. La oportunidad apareció mientras se encontraba de vacaciones en Jujuy, su provincia natal, y allí realizó la audición junto a compañeros de toda la vida. “La verdad que fue muy lindo. No me lo esperaba tampoco, ¿viste? Porque uno lo hace pero después no sabés qué va a pasar”, recordó.
El desembarco en el programa marcó un antes y un después. Bernal ya tenía formación y experiencia, pero la pantalla la llevó a un nivel de exposición completamente diferente. Ella misma reconoce que había soñado con estar allí. “Fue el mejor momento. Lejos. Del 2010. Yo soñaba con estar en el Bailando”, afirmó. Aquella joven que llegó al programa terminó atravesando diferentes etapas dentro de un formato que podía convertir a un participante en protagonista de la conversación pública de un día para otro.
Su primer compañero fue Matías Alé y el recuerdo de aquella primera presentación todavía aparece con una mezcla de ternura y nostalgia. “Ay sí, estaba re nerviosa, es lo que bailé todo, me acuerdo. Ay bailé ‘Celebration’, en un disco con Matías Alé. Porque arrancaba con el disco, había una cábala de Marcelo que arrancaba todos los años con el disco. Matías era re pendejo”, rememoró entre risas. También destacó a su compañero: “Qué buen compañero, él era bueno con él”.
Con el paso de los años, Bernal dejó de ser simplemente aquella joven que buscaba hacerse un lugar y comenzó a ocupar un lugar propio dentro del espectáculo. Ella misma marca esa diferencia cuando habla de sus primeros tiempos en el programa y de la etapa posterior. “Los primeros años que yo estuve, que también bueno, también era acompañante, no era bailarina, era soñadora, ahora sería primera figura. Claro, después me tocó estar como figura, son dos como energías distintas”, explicó.
Ese crecimiento profesional también estuvo acompañado por una sucesión de trabajos en teatro que fueron consolidando su trayectoria. Entre ellos aparece Stravaganza, el espectáculo encabezado por Flavio Mendoza que se convirtió en uno de los grandes fenómenos de la escena argentina. Allí Bernal tuvo uno de los momentos que más quedaron grabados en la memoria de quienes seguían el Bailando: el Aquadance.
Cuando en el estudio de Radio Sónica volvieron a mostrar imágenes de aquella presentación, la bailarina recordó hasta los detalles físicos de la experiencia. “Con las puntas, estaba yo. Congeladas las tenías, con las puntas de pie…”, contó. Y enseguida apareció una anécdota que ayuda a comprender la dificultad de lo que el público veía desde afuera. Antes de realizar la coreografía, había tenido que secar cuidadosamente los bordes de la estructura para evitar una caída. “Sequé todo para que no, no matarme con las puntas básicamente”, explicó.
El vínculo artístico con Flavio Mendoza fue otro de los grandes capítulos de su carrera. Bernal no dudó en definirlo como un excelente compañero y recordó que ambos llegaron a desarrollar una conexión profesional muy particular. “Qué buen compañero, buen compañero. Sí, sí, y aparte que bueno, nosotros nos llevamos bien desde el primer momento, trabajamos 100.000 años juntos, conectamos como también desde la mirada, nos conocemos tanto, tanto”, relató.
Pero aquel Aquadance tenía una dificultad adicional: estaban haciendo algo que prácticamente no tenía antecedentes dentro del programa. “De hecho no se podía, chicos. Nosotros lo hicimos contra las reglas. Fue la primera vez que me colgué yo, nunca me había, nunca había hecho algo aéreo”, recordó. La experiencia no fue sencilla. “Ay no sabés cómo tenía la mano en ese momento, yo tenía carne viva acá”, agregó.
El resultado, sin embargo, fue uno de esos momentos televisivos que quedan en la memoria. El estudio quedó en silencio y la reacción del público terminó convirtiéndose en parte de la escena. “Ese día hubo un silencio que yo solo dos veces en todos los años que hice Bailando lo escuché. Que fue ese día, y cuando bailé clásico con Nico Villalba en 2015”, recordó. “Lloraba la gente chicos, era, nunca visto, por eso yo creo que la gente se acuerda siempre de esto, porque fue realmente único.”
Esa capacidad para asumir desafíos también es la que hoy intenta transmitir desde Real Art Experience, su propia competencia de acrobacias aéreas. El proyecto reúne disciplinas como la lira, el trapecio y las telas, y tiene una característica que para Bernal resulta fundamental: salir de Buenos Aires y acercarse a quienes desarrollan su talento en distintas provincias.
“Mi competencia se llama Real Art Experience, porque es una experiencia”, explicó. La propuesta contempla participantes desde las categorías más pequeñas hasta profesionales y busca generar un espacio de competencia, aprendizaje y exposición para artistas que muchas veces no tienen la posibilidad de trasladarse a Buenos Aires. “De lo que se trata esto es de ir por provincias distintas buscando talentos desde muy pequeñitos, porque tenemos desde la categoría baby hasta profesional”, detalló.
La competencia comenzó con un formato más pequeño y fue creciendo. “El año pasado ya la teníamos pero hicimos solo tres fechas y este año ya nos fuimos agrandando y estamos haciendo más y así, como la idea es un poco que vaya creciendo”, contó. Cada jornada demanda muchas horas de trabajo y culmina con una entrega de premios. “Generalmente es un solo día que es una jornada bien larga, o sea, probablemente arrancamos a la mañana y terminamos a la noche con entrega de premios incluida y todo, pero bueno, tratamos de darle a cada uno también su tiempo para lucirse”, explicó.
Hay, además, una mirada personal detrás del proyecto. Bernal conoce desde adentro la ansiedad y los nervios de quien tiene que subir a un escenario y ser evaluado. Por eso, su criterio como jurado no se limita a observar la precisión de una técnica. “El 60% de la evaluación es artístico. ¿Qué significa esto? Que la parte técnica por supuesto es importantísima, que es el otro 40%, pero a mí me interesa más lo que tienen para dar. El show, la puesta en escena, y la actitud, el carisma, o el aura”, explicó.
Para ella, la técnica es indispensable, especialmente porque las disciplinas aéreas implican riesgos, pero hay una dimensión que no puede aprenderse únicamente a través de los libros o las clases. “Yo busco eso, porque para mí el artista es más eso que todo lo que estudia”, sostuvo. Y lo comparó con una idea más amplia sobre la experiencia: “Vos podés leer un libro, pero la experiencia te la da la vida. Bueno, esto es lo mismo. La práctica, el estar ahí, es lo que te da más cancha, más experiencia para estar increíble”.
Su propia historia aparece, entonces, como una especie de espejo de los jóvenes que hoy participan de su competencia. Ella también estuvo del otro lado. “Alguna vez estuve del otro lado, alguna vez fui participante, alguna vez estuve con los nervios, o sea, todo lo que viven ellos”, explicó. Por eso ahora intenta devolver parte de aquello que aprendió. “Al vivirlo ahora de este lado, puedo transmitirles porque obviamente les doy una devolución por audio a cada uno.”
En esa tarea también aparece una de las enseñanzas que la propia televisión le dejó. Los errores forman parte del escenario, incluso cuando quien está arriba tiene una enorme preparación. Bernal recordó sus experiencias junto a grandes figuras y explicó que una equivocación no debería convertirse automáticamente en una derrota. “Sucedan errores, suceden cositas siempre”, afirmó. Y agregó: “Todos hasta en el Bailando, nos hemos mandado, cada una, y la idea es que no se note, ¿no? Hasta con Flavio, que éramos los dos mega, y tratábamos de hacer cosas increíbles, y aún así, puede fallar, porque somos humanos todos”.
La diferencia está, según ella, en aprender a resolver lo que sucede en el momento. “La idea es que eso no se note y que parezca que era así”, resumió.
Pero si hay una parte de su historia que inevitablemente aparece cuando se habla de Gisela Bernal, es la exposición mediática que acompañó algunos momentos de su carrera. La bailarina considera que el interés por su vida privada terminó muchas veces desplazando aquello que para ella era más importante: el trabajo.
“Yo realmente me preparé muchos años, seguramente ustedes también para estar en los medios. Digo ustedes como periodistas, en mi caso yo no para estar quizás acá, pero sí en un teatro o en la televisión bailando, que es lo que estudio desde los 7 años”, expresó. “Entonces, por ahí se pierde en el medio, se hace como una nebulosa y por ahí garpa más la vida privada, qué hiciste, dónde fuiste a bailar el sábado, que tus logros a nivel personal.”
Bernal reconoce que esa situación influyó incluso en la manera en que decidió vincularse con los medios. “Cuesta la difusión y eso es verdad, pero bueno, yo elijo hacer pocas notas”, explicó. Y aclaró algo importante respecto de su supuesta intención de mantenerse alejada: “No. Yo siempre fui de perfil bajo”.
En ese contexto, la artista también recordó las propuestas que recibió para generar situaciones mediáticas artificiales. Según contó, en determinados momentos se le planteaba la posibilidad de salir a cenar con alguien para luego obtener una supuesta fotografía espontánea. “Me proponían, mirá… andá a cenar con alguien, y te sacamos la típica foto robada pero vos estabas cenando tipo en la vidriera, prácticamente, en una vidriera, y yo decía no, y nunca lo hice, no me interesaba inventar romances”, relató.
Su prioridad era otra. “A mí me gustaba ir, trabajar, e irme a mi casa, y estar tranquila”, aseguró. Y esa elección también tenía que ver con la forma en que entendía su identidad pública. “Yo sentía que ese era mi valor”, dijo.
A pesar de todo lo ocurrido, Bernal no reniega de aquella etapa. Si el Bailando volviera a convocarla, aceptaría regresar. “Sí, re. Obvio. A ver, es un ambiente de danza, y yo ahí adentro aprendí un montón, aparte de que bueno, digamos mi nombre se hizo conocido, soy una persona recontra agradecida”, sostuvo.
También reivindica el trato que recibió de algunos de los jurados y figuras con los que compartió aquellos años. “Yo no sentí que la falta de respeto fuese justamente en la pista”, explicó. Recordó especialmente a Nacha Guevara, Marcelo Polino y Moria Casán, con quienes además tuvo vínculos profesionales fuera del programa. “A mí me tocó estar con Nacha, por ejemplo, que es súper exigente, sin embargo Nacha siempre valoró un montón mi trabajo, lo mismo Marcelo Polino que lo amo, le mando un beso enorme”, contó.
La relación con el teatro de revistas también ocupa un lugar especial en su recorrido. “Yo soy muy de teatro de revistas, mis primeras obras de teatro fueron teatro de revistas. ¡Amo! Yo primero fui media vedette, o sea pasé por todos los pasitos”, recordó. Para Bernal, esa progresión explica también la identidad profesional que construyó: “Yo hice una carrera como tan impecable, todo de a poco, nadie me regaló nada”.
Sin embargo, la fama también le dejó aprendizajes personales. Uno de ellos tuvo que ver con las relaciones que se construyen alrededor del éxito. “Después te estalla el escándalo que no es lo que vos elegís, porque la venís remando un montón, y venís haciendo todo bien, sin padrinos, nada”, señaló. Y entonces llegó una de las frases más contundentes de la entrevista: “Los amigos del campeón se alejaron todos”.
Lejos de quedarse únicamente con la decepción, Bernal eligió mirar esa experiencia desde otro lugar. “Yo soy la persona, la típica que ve la mitad del vaso lleno”, explicó. “A mí lo que me pasó es que yo me di cuenta que tenía muchos amigos de mentira, ¿viste? Muchos amigos del campeón.” La conclusión fue dolorosa pero también reveladora: “Cuando me iba todo bien y cuando estaba en Extravaganza y cuando esto que lo otro, sí eran uf… Y después, cuando claro, cuando vos los necesitás, ahí me quedaron los verdaderos. Entonces eso se valora mucho.”
La misma mirada aplica a los conflictos que atravesó durante su etapa televisiva. Bernal sostiene que, en su caso, las peleas y diferencias que se vieron en pantalla fueron reales. “Yo nunca me peleé de mentira, me hubiese encantado, la verdad, o sea, que sea de mentira y que terminamos y abrazamos y todo bien”, reconoció.
La exposición, además, podía colocarla en un lugar que nunca sintió propio. “Uno es tan humano como cualquier otro. Digo, todos en la vida tenemos cosas buenas, cosas malas, errores, aciertos”, reflexionó. Y rechazó la idea de que una persona conocida tenga que convertirse en un modelo de perfección permanente: “Yo soy bailarina y hasta ahí”.
Hoy, mientras continúa vinculada al mundo del espectáculo y la danza, Bernal parece estar transitando una etapa en la que la experiencia acumulada adquiere un nuevo sentido. Ya no se trata solamente de subir al escenario y demostrar lo que puede hacer, sino también de mirar a quienes están empezando y ofrecerles una oportunidad. Real Art Experience aparece así como una extensión natural de su propia historia: una joven que alguna vez audicionó en su provincia, que llegó a la televisión sin saber exactamente qué iba a ocurrir, que atravesó el vértigo de la exposición, que aprendió de grandes compañeros y maestros y que hoy quiere que otros artistas puedan tener su propia oportunidad.
Por eso, cuando le preguntan por qué continúa apostando a proyectos propios, la respuesta parece resumir esta nueva etapa: “Sí, en los proyectos, estos que me encantan, que primero que son propios también, ¿no? Algo con tu nombre, con tu impronta, es muy lindo de hacer”.
Después de tantos años de carrera, de la televisión masiva a los grandes espectáculos, del Aquadance a la formación de nuevas generaciones, Gisela Bernal parece haber encontrado una forma diferente de permanecer en el escenario. No necesariamente siendo siempre quien está bajo las luces, sino ayudando a que otros puedan llegar hasta allí. Y en ese recorrido hay una idea que atraviesa toda su historia: detrás de una figura conocida hay una artista que comenzó a estudiar desde niña, que se preparó durante años y que, incluso después de haber atravesado momentos de enorme exposición, sigue eligiendo que sea el trabajo el que hable por ella.
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